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Lesbiana, Voyeur / Exhibicionismo

Le cumplí su fantasía a mi esposo

Su mujer le cumple la fantasía de coger con otra mujer .
La habitación aún olía a sexo salvaje. El cuerpo de Laura estaba cubierto de una fina capa de sudor, sus pechos subiendo y bajando con la respiración agitada mientras se acurrucaba contra el pecho de su marido, Carlos. Habían follado como animales: él la había empalado contra la pared, la había hecho gritar mientras la penetraba por detrás y le daba nalgadas que todavía le ardían. Ahora, desnudos y exhaustos, la conversación tomó un giro más peligroso.

—Dime… ¿qué fantasía te gustaría cumplir de verdad? —preguntó Carlos, acariciándole el pelo con los dedos.

Laura sonrió con picardía, todavía con la entrepierna húmeda de sus jugos mezclados.

—No sé… ¿tú primero?

Carlos tragó saliva, su polla ya medio dura otra vez solo de pensarlo.

—Siempre he querido verte… con otra mujer. Verte besándola, tocándola… verte corriéndote mientras ella te come el coño. Yo solo mirando. Sin tocar. Solo viendo cómo te entregas.

Laura soltó una carcajada y le dio un empujón juguetón en el pecho.

—¿Estás loco? ¿Un trío? Ni de broma.

—No es un trío —aclaró él rápido, con los ojos brillantes—. No quiero tocarla. Solo quiero verte a ti. Verte siendo puta con otra mujer mientras yo me pajeo viéndote.

Ella se mordió el labio, pensativa. El silencio se alargó unos segundos.

—Si me cumples esa fantasía… —dijo Carlos con voz grave y cargada de deseo—, te cumplo la que tú quieras. La que sea. Siempre y cuando no sea con otro hombre.

Laura lo miró fijamente, sorprendida por la propuesta. Luego soltó una risa nerviosa.

—Estás completamente loco, mi amor… —Se quedó callada un momento, los ojos brillándole con algo nuevo—. Solo por curiosidad… ¿a quién tienes en mente?

—Esa parte te la dejo a ti —respondió él con una sonrisa lobuna.

Laura se quedó pensativa, mordiéndose el labio inferior. Al final sonrió, se acercó y le dio un beso largo y profundo.

—Luego vemos, mi vida —susurró contra su boca. Le guiñó un ojo y se dio la vuelta, dejando que su culo desnudo rozara la polla de él.

Desde esa noche, Carlos empezó a jugar sucio. Le mandaba videos cortos de mujeres comiéndose el coño, besándose con lengua, frotando sus tetas. Imágenes de tetas grandes contra tetas pequeñas, dedos dentro de coños mojados, gemidos grabados. Laura al principio se reía y le decía “estás obsesionado”, pero cada vez tardaba más en cerrar el video. Una noche, después de ver uno especialmente caliente, soltó un suspiro y murmuró:

—Está bien… está bien. Voy a invitar a cenar a Verónica, mi mejor amiga del trabajo.

Verónica llegó esa noche. Morena, alta, cabello negro azabache cayéndole en ondas por la espalda, guapa de cara y con un cuerpo que pedía pecado: tetas grandes y pesadas que apenas cabían en su blusa escotada, piernas largas con muslos gruesos y firmes, culo pequeño pero tan provocativo que se movía con cada paso. Tenía fama de comerse a los hombres que quería y dejarlos secos. Los tres cenaron, rieron y bebieron varias copas de vino. La sobremesa estaba llena de buen ambiente y risas.

El juego de verdad o reto empezó de forma ligera y divertida.

—Verdad —dijo Laura—. ¿Con quién has tenido el mejor sexo de tu vida?

Verónica soltó una carcajada y respondió sin vergüenza:

—Con un ex que me follaba como si no hubiera mañana. Me dejaba las piernas temblando durante horas.

Carlos sonrió y preguntó:

—Verdad para mí. ¿El lugar más raro donde lo han hecho?

Laura se sonrojó un poco pero contestó:

—En el balcón de un hotel, a las tres de la mañana, con riesgo de que nos vieran.

Las risas aumentaron. Luego las preguntas empezaron a subir de tono poco a poco.

—Verdad —preguntó Carlos, mirando a las dos—. ¿Lo harían alguna vez con una mujer?

Laura se mordió el labio y respondió con una sonrisa tímida:

—Sí… creo que sí. Me da curiosidad.

Verónica, con los ojos brillantes por el vino, contestó sin dudar:

—También. Nunca lo he hecho, pero la idea me excita mucho.

El morbo seguía creciendo. Carlos lanzó la siguiente verdad con voz más grave:

—Si tuvieran sexo con otra mujer, ¿con quién lo harían?

Laura miró directamente a Verónica y respondió con la voz un poco ronca:

—Contigo.

Verónica se mordió el labio inferior, sus ojos oscuros llenos de deseo, y contestó sin apartar la mirada:

—Contigo, Laura. Definitivamente contigo.

El ambiente se cargó de electricidad. El siguiente reto fue el primero realmente caliente:

—Reto —propuso Verónica con una sonrisa pícara—. Las dos tienen que darse un beso.

Se acercaron despacio en el sofá. Primero solo labios suaves, tímidos. Luego la lengua de Verónica rozó la de Laura y el beso se volvió húmedo, profundo, lleno de saliva. Se besaron como si se estuvieran probando, gimiendo bajito mientras sus bocas se devoraban con creciente hambre.

El siguiente reto: desabrocharse la blusa la una a la otra. Los botones cayeron uno a uno. Las tetas de Verónica, grandes y pesadas, salieron libres, pezones oscuros y duros. Las de Laura, más pequeñas pero con pezones rosados y muy sensibles, se endurecieron al instante.

—Quítate el sostén —ordenó Verónica en voz baja y autoritaria.

Laura obedeció. Sus tetas quedaron completamente al aire. Verónica las miró con evidente hambre.

Reto siguiente: masajear las tetas de la otra.

Las manos de Verónica fueron suaves al principio, apretando y amasando los pechos de Laura. Luego bajó la cabeza y atrapó un pezón rosado con la boca. Lo chupó lento, girando la lengua alrededor, mordisqueándolo suavemente. Laura soltó un gemido ahogado y metió los dedos entre el cabello negro azabache de Verónica.

—Joder… qué rico se siente —susurró Laura, arqueando la espalda.

Ahora se besaban con más fuerza, frotando sus tetas desnudas una contra la otra. Los pezones duros se rozaban, se aplastaban, enviando descargas de placer a sus coños ya mojados. Sus manos bajaban por las espaldas, apretando culos, jadeando cada vez más fuerte.

Carlos solo miraba desde el sillón, la polla dura como piedra dentro del pantalón, sin tocarse todavía.

El juego se rompió por completo. Ya no necesitaban retos.

Verónica empujó a Laura contra el sofá y le quitó la falda y las bragas de un tirón. Le abrió las piernas sin piedad y bajó la cara entre sus muslos. Su lengua ancha y caliente lamió el coño depilado de Laura desde abajo hacia arriba, saboreando los jugos que ya chorreaban abundantemente.

—Estás empapada, puta… qué rico sabes —gruñó Verónica contra su clítoris hinchado.

Laura arqueó la espalda con fuerza y gritó cuando Verónica metió dos dedos gruesos y empezó a follarla con ellos mientras le chupaba el clítoris sin piedad, succionando y lamiendo rápido.

—Ahhh… sí… así, Vero… no pares —gemía Laura, agarrándole el cabello.

Luego cambiaron de posición. Laura se puso de rodillas entre las piernas abiertas de Verónica. Le bajó las bragas y se encontró con un coño moreno, hinchado, brillante y completamente depilado. Lo olió un segundo, excitada por el aroma fuerte y dulce, y hundió la cara sin pensarlo.

Lamió como una puta hambrienta. Lengua plana contra el clítoris, luego penetrando dentro de la vagina caliente, chupando los labios hinchados, succionando el jugo que no paraba de salir. Verónica gemía fuerte, agarrándole el pelo con fuerza.

—Así… cómeme el coño, Laura… méteme la lengua más adentro, joder… qué buena eres para ser la primera vez.

En una de esas, Laura levantó la cara, la boca y la barbilla completamente empapada de los jugos espesos de Verónica. Se acercó a Carlos, lo besó con la boca bien abierta, metiéndole la lengua para que probara el sabor dulce y salado de su amiga. Carlos gimió dentro del beso, saboreando cada gota con avidez.

Lo hizo varias veces. Cada vez que se apartaba de devorar el coño de Verónica, iba a besarlo a él, compartiendo el sabor caliente y viscoso, dejando que su marido probara lo mojada que estaba su mejor amiga.

Después Carlos se retiró al sillón, sacó su polla dura y empezó a pajeársela lento mientras las miraba.

Ahora sí follaban de verdad y sin control.

Verónica se montó encima de Laura en posición 69. Sus tetas grandes y pesadas se aplastaron contra el vientre de Laura, su culo moreno y perfecto quedó justo en la cara de ella. Se comían el coño mutuamente con desesperación: lenguas entrando y saliendo, labios succionando clítoris hinchados, dedos follándolas profundo. Los sonidos eran obscenos: gemidos ahogados, sorbidos húmedos, carne mojada chocando.

Laura se corrió primero con fuerza. Gritó contra el coño de Verónica mientras sus jugos le chorreaban por la cara y la barbilla. Verónica no se detuvo; siguió lamiendo y metiendo los dedos hasta que Laura temblaba y se retorcía de placer.

Luego Verónica la puso en cuatro sobre el sofá. Se colocó detrás y empezó a frotar su coño empapado contra el de Laura, tribando fuerte y rápido. Sus jugos se mezclaban, los labios hinchados se rozaban y se aplastaban con cada embestida. Las tetas grandes de Verónica se balanceaban pesadamente mientras agarraba las caderas de Laura y la follaba con su coño.

—Quiero que te corras otra vez en mi coño… —gruñó Verónica, metiendo dos dedos en la vagina de Laura mientras frotaba su clítoris contra el suyo con fuerza.

En medio de esa fricción salvaje, Verónica cambió de posición. Se colocó de lado, levantó una de sus piernas y presionó su busto grande y pesado directamente contra el coño empapado de Laura. Empezó a frotar sus tetas contra la vagina abierta y chorreante de su amiga. El pezón duro y oscuro de Verónica se deslizaba entre los labios hinchados de Laura, frotándose contra su clítoris hinchado una y otra vez. Usaba su pecho entero como si fuera un juguete, masajeando el coño de Laura con su busto, haciendo que el pezón entrara y saliera ligeramente de la entrada mojada mientras apretaba la carne suave y pesada contra ella.

—Siente mis tetas en tu coño… ¿te gusta que te folle con mis pezones? —jadeaba Verónica, moviendo su busto en círculos lentos y luego más rápidos, frotando el pezón erecto directamente contra el clítoris sensible de Laura.

Laura gemía como loca, empujando sus caderas hacia arriba para sentir más presión.

—Dios… sí… frota más fuerte… me vas a hacer correr con tus tetas…

Verónica aceleró el movimiento, aplastando su pecho contra el sexo de Laura, el pezón duro rozando y penetrando ligeramente la entrada mientras los jugos de Laura cubrían completamente las tetas de Verónica, haciendo que brillaran.

Laura se corrió con violencia en esa posición, gritando y temblando mientras sus jugos salpicaban el busto de Verónica.

Verónica no le dio tregua. Cambió otra vez: Laura se sentó encima de su cara y Verónica la comió con furia, metiendo la lengua lo más profundo posible mientras Laura se restregaba contra su boca, gimiendo como una perra en celo.

Finalmente, las dos se pusieron en tijera, coño contra coño, frotándose con desesperación. Sus jugos chorreaban, los clítoris se rozaban directamente, sus tetas saltaban con cada movimiento violento. Los gemidos se volvieron gritos.

—Estoy a punto… —jadeó Laura.

— córrete conmigo… ¡ahora! —ordenó Verónica.

El clímax llegó al mismo tiempo y con brutal intensidad. Verónica se corrió con fuerza, gritando el nombre de Laura mientras su coño se contraía y chorros calientes de squirt salpicaban los muslos y el vientre de su amiga. Laura explotó segundos después, empujando su coño contra el de Verónica, temblando violentamente mientras sus jugos se mezclaban en un desastre caliente y viscoso.

Las dos cayeron abrazadas, sudadas, jadeando, besándose con lentitud ahora, saboreando los restos de placer en sus bocas hinchadas.

Carlos se acercó, todavía duro y con la polla brillando de precum, y besó a su mujer en la boca, probando todo el desastre que habían hecho entre las dos.

—Te amo —susurró contra sus labios hinchados.

Laura sonrió, exhausta pero con los ojos todavía llenos de lujuria. Se incorporó un poco, el cuerpo brillante de sudor y jugos, y miró a Carlos con una sonrisa perversa y la voz ronca, cargada de morbo y promesa:

—Ahora te toca a ti, amorcito… vas a cumplir mi fantasía. Y te juro que va a ser mucho más sucia, más larga y más pervertida de lo que imaginas. Prepárate, porque voy a hacer que te corras solo con mirarme mientras te vuelvo loco…

Carlos tragó saliva, la polla palpitándole con fuerza.

Laura le guiñó un ojo, aún con los labios hinchados y el sabor de Verónica en la boca.

—Continuará…

3 Lecturas/11 abril, 2026/0 Comentarios/por Premium
Etiquetas: amiga, culo, follado, hotel, polla, puta, sexo, vagina
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