Trabajo de Niñera Capítulo 5
Quinta entrega de esta historia. El día anterior junte 3 faltas y hoy seré castigada, ¿que maldades se le ocurrieran a esa pequeña demonio? Solo me queda esperar que no sea tan dura conmigo, aunque conociéndola, sé que no me va a gustar nada. (Historia completamente ficticia).
Estaba bastante nerviosa, no sabía que tan duro sería el castigo que Liz me tenía preparado, no quiso contestar los mensajes que le envié preguntándole por eso. Los ignoro y en su lugar me envió una lista de links de compras, encargué todo lo que me pidió. Entre estos, había distintos juguetes, consoladores y otras cosas. De entre ellos uno era un strapon con diferentes tamaños, llegarían el domingo, supongo que lo estrenaría conmigo el lunes.
Llegue a su casa, salude a su mamá que traía prisa otra vez, se fue antes de que Liz bajara. Me asomé por la ventana, vi como su auto se alejaba. Rápidamente comencé a quitarme la ropa, no quería recibir un castigo de 5 faltas el mismo día. Liz bajo y me vió terminar dé desnudarme.
—Buena chica, sin duda este sistema está funcionando, cada vez eres más obediente.
—Bueno, aún no se que maldades se te pueden ocurrir, no tengo más opción.
—En eso tienes razón —dijo satisfecha.
—¿Entonces? ¿Cual es el castigo que me vas a hacer? —pregunté.
—Vaya, puede que en realidad seas una masoquista, ¿te urge tanto ser castigada?
—Es solo que no puedo con la incertidumbre, no es que lo deseé.
—Buenos, entonces creo que te dejaré un rato más así. A menos que cambies de opinión, puedes pedirme cuando quieras recibir tu castigo.
Esa niña… no se como siempre logra llevarme a la frustración. El día transcurrió parecido al anterior. Estaba jugando conmigo una vez más, quería que yo misma me humillara y se lo pidiera. ¿Pero, qué pasaría si no lo hacía? ¿Simplemente no me castigaría? ¿O sería peor? La segunda opción sonaba mucho más realista. Tal vez sería mejor simplemente recibirlo ahora con ella contenta, que después con ella enfadada. Sería como arrancar una bandita, no es por que en realidad desee ese castigo ni nada.
Liz estaba sentada viendo la televisión, hoy no me había prestado tanta atención como usualmente, casi todas las actividades las había hecho sola, yo más que nada solo la observaba. Sabía que esa era una de sus tácticas retorcidas, y lo peor es que ahora pensará que habían funcionado. No era así, eso creo…
—¿Liz? —llame su atención.
—¿Si? —dijo, sin despegar su vista del televisor.
—Este… ehm, creo… creo que estoy lista.
—¿Lista para que? —dijo, aún sin voltearme a ver.
—Tu sabes… para eso… —dije, ella sabía, solo quería que yo lo dijera.
—Ah, eso —dijo despreocupadamente—. Si quieres tu castigo solo tienes que pedirlo.
Maldición. No pienso humillarme de esa forma, no jugaré a su juego.
—Olvídalo, no es nada… —dije, un poco molesta.
—Está bien, si cambias de opinión, avísame. Pero te recomendaría que lo hicieras.
Justo como había pensado, sería peor si yo no lo pedía. Pase otra media hora debatiendo si valía la pena humillarme o no. Al final llegue a la conclusión de que no tenía sentido seguir manteniendo mi orgullo, de todas formas ya tenía que hacer todo lo que ella quisiera y ni siquiera tenía el derecho de usar ropa mientras lo hacía. Mi dignidad para este momento era una mera fantasía, era mejor acabar con esto ya. Pero cuando estaba a punto de pedírselo ella se levantó y apago la televisión.
—Bien se acabo tu tiempo —dijo, claramente molesta—. Que conste que te di una oportunidad.
—¡No! Yo estaba a punto de pedirlo, lo juro —dije desesperadamente.
—Tuviste mucho tiempo, ese tren se fue. Ven, vamos a mi cuarto —ordeno.
Tenía miedo, se veía bastante molesta, no sabía lo que me haría. Entramos a su cuarto, me indicó que me acostara en su cama, después sacó 4 esposas un listón negro y unas cuerdas de su cajón. Ya estaba viendo por donde iba la cosa y no me gustaba nada.
—Póntelas, manos y piernas.
—Ok —dije mientras obedecía, no tenía sentido hacerla enojar más.
Ella enganchó mis manos a la cabecera de su cama y después, con ayuda de cuerdas cuerdas, mis pies a las esquinas de la cama. Quede completamente expuesta, atada en pose de estrella. Mi corazón comenzaba a acelerarse.
—Antes de vendarte los ojos te enseñaré lo que te haré —dijo, con una sonrisa malvada en su rostro.
Sacó otros 2 objetos de su cajón, una vela y un encendedor. Ya sabía lo que vendría, había oído sobre una práctica que se se hacía con velas. Ella encendió la vela y la dejó en su mesita de noche. Se acercó a mi y me vendo los ojos. Ahora en la oscuridad, estaba comenzando a entrar en pánico.
—Liz, no se si esto sea buena idea, jugar con fuego puede ser muy peligroso —dije, aunque dudaba que mis súplicas fueran a ser escuchadas—. Es mejor que nos detengamos ahora, ya aprendí la lección, te juro que no tendrás que volver a castigarme.
—Shs shs shs, silencio, estarás bien.
Estaba esperando que en me pusiera la cera de inmediato, pero nada pasó. Un minuto, dos o quizás 5, nada pasaba. Una vez más me estaba haciendo esperar. Se me hizo eterno, como si llevara horas en un limbo oscuro, pero de pronto algo cambio.
—¡Aaaaah! —grite.
Liz había derramado cerca sobre mi abdomen, dolió mucho. Cuando apenas sentía que se estaba enfriando volví a sentir otra vez, después fue más seguido. Podía sentir que estaba avanzando hacia arriba, comenzó cerca de mi ombligo y fue subiendo. Yo solo podía gritar cuando ya no aguantaba el dolor. Llegó hasta mis pechos, y vació un poco entre ellos, después sentí en unos de mis pezones mucho calor.
—¡Aaaaah! Liz, para por favor —dije, casi llorando.
Mis súplicas una vez más no fueron escuchadas, mi otro pezon fue atacado de la misma manera. Después ocurrió algo aún más aterrador, Liz volvió a mi ombligo, pero esta vez empezó a avanzar en dirección opuesta. Cada vez se acercaba más a mis genitales, yo estaba desesperada, intentaba zafarme de las ataduras pero era inútil.
—¡Liz por favor! Ya detente, ahí no, ¡todo menos eso! —dije mientras comenzaba a llorar.
—Ya casi terminamos, resiste un poco más.
Liz continuó su camino, avanzando lentamente, dejando caer gotas de caliente cera sobre mi vientre. Se detuvo antes de llegar a mi clítoris. Por un momento me sentí aliviada, creía que se había detenido, que no sería capaz de quemarme ahí. Fui ingenua.
—¡Aaaaaaah! ¡Puta madre! —Grite.
—Tranquila, tranquila, ya terminamos —me quito la venda y me consoló.
—Liz, esto fue horrible, cómo pudiste hacerme esto —dije entre llantos.
—Ya, ya. Ya pasó —me dijo, como si eso solucionara algo—. Ah y además te dije que cuidarás tu lenguaje, tendré que agregarte otra falta…
—¿Es en serio? Tienes que estar bromeando. No pue…
De pronto sentí que se subió sobre mi y me planto un beso en la boca para callarme. Yo no quería besarla en ese momento, pero no podía hacer mucho para evitarlo. Comenzó a acariciarme todo el cuerpo, poco a poco me fui calmando, pero sentía mucho ardor en donde había vertido la cera.
—¿Ya estás mejor? —me pregunto.
—Un poco, supongo.
Estuvimos acostadas unos minutos, sin decir una sola palabra, todo esto había sido demasiado intenso. Voltee a verla varias veces, ella no me miraba, tenía una expresión de culpabilidad en la cara, tal vez hasta ella creyó que se había pasado.
—¿Liz? ¿Estas bien?
—¿Te preocupas por mi? ¿Incluso después de lo que acabó de hacerte? En serio eres ingenua.
—No voy a negar que eso fue horrible de tu parte, pero te veías algo preocupada.
—Por eso te adoro, aún después de todo lo que ha pasado sigue siendo amable…
Decidí aceptar su cumplido. Tal vez no era tan mala como ella misma creía serlo, o tal vez estoy comenzando a desarrollar un síndrome de Estocolmo. Liz se enderezó y comenzó a desatarme.
—Haremos algo más —dije, intentado hacerlo sonar como que no quería hacer nada más, por que en realidad no quería hacer nada más claro.
—¿Quieres hacer algo más?
—Solo preguntaba…
—Hmm, tal vez en un rato te dejaré lamerme, pero tu no recibirás nada hoy, es parte de tu castigo, no tienes permitido tener un orgasmo por el resto del día, si te postras bien tal vez mañana puedas tener uno.
—Está bien… Oye, ¿puedo preguntarte algo?
—¿Que cosa?
—¿Por qué tus padres tienen todas estas cosas? Y, sé que me dijiste que no te preguntara, pero, mencionaste que tú madre las usaba solo con otras chicas ¿como sabes todo eso?
—Supongo que puedo contarte… de todas formas no creo que so lo digas a mis padres….
Se levantó a desatarme los pies.
—En mi casa siempre ha habido una habitación cerrada, desde que tengo memoria ha existido, una habitación a la que sé que no tengo permitido entrar. Siempre me lleno de curiosidad su contenido, pero mis padres nunca quisieron hablar de él. Siempre cambiaban el tema o directamente me decían que no era de mi incumbencia. Un día, cuando tenía 6 años, mi mamá me pidió que le llevara algo que estaba en un cajón de su habitación, y la encontré por error al equivocarme de sitio.
Me dijo enseñándome una llave que sacó de su bolsillo.
—La guarde y espere a la noche. Por fin podría ver lo que mis padres tanto guardaban y no querían enseñarme. Me escabullí y abrí la puerta, lo que vi cambio mi vida.
—¿Que fue lo que viste? —pregunté, aunque ya empezaba a sospechar que era lo que había en esa habitación.
—Creo que será mejor que lo veas por ti misma, ven sígueme.
Me levante y salimos de su cuarto, caminamos hasta una habitación que estaba cerrada. Liz puso la llave en la cerradura y la abrió. Lo que vi dentro fue realmente impresionante, era una especie de mazmorra sexual. Parecía sacada de una película erótica, había una cama y diferentes muebles para tener sexo en muchas posiciones, repisas con un montón de diodos, consoladores y juguetes sexuales. También había una repisa llena de cajas de CDs, Liz se acercó a ellos y tomó uno.
—Bueno, pues ya puedes ver de donde sacó todo —dijo—. Mis padres traen a diferentes chicas y les hacen de todo, lo graban y lo almacenan en estos CDs. De aquí he sacado la mayoría de mis ideas.
—Esto es…. —No tenía palabras para expresar mi sorpresa.
—No pienses mal de mis padres, ellos jamás me han hecho nada, ni si quiera saben que yo he accedido a este lugar, y tampoco he visto a ninguna de las chicas de los videos. Supongo que las traen cuando no estoy en casa. Además todo lo que les hacen es completamente consensuado. De hecho se podría decir que yo soy mucho peor que ellos.
—Wow, ahora muchas cosas empiezan a tener sentido.
—Si, cuando descubrí todo esto me ayude de internet para entenderlo, creo que por eso es importante el control parental. ¿Qué opinas?
—Bueno, es… es muy impresionante, no tengo palabras.
—Si, he visto muchas cosas y hay muchas que quiero intentar contigo. Pero creo que por hoy es suficiente, salgamos de aquí.
Acomodo las cuerdas y las esposas en una repisa y luego salimos del lugar. Yo estaba completamente impresionada, jamás pensé que vería algo así. Pero esto explica un montón del comportamiento y conocimiento que tiene Liz. Tal vez si nunca hubiera encontrado esa llave sería la niña perfecta que es frente a sus padres. O tal vez siempre ha sido malvada, supongo que nunca lo sabré.
Liz cumplió su promesa, no me tocó de nuevo en todo el día, que no es que quisiera. Lo único que me pidió fue que le hiciera un oral. Esta vez no me negué, después de lo que me hizo y me enseño hoy… creo que no puedo seguirla considerando una niña inocente. La hice disfrutar como ayer, y yo no recibí nada, aunque no es que quisiera, claro. Después de eso sólo hicimos cosas normales. A las 7:50 más o menos llegó su mamá, antes de irme tenía que pedirle una cosa. Cuando entro Liz corrió a abrazarla como siempre.
—Hola cariño —dijo su madre.
—Hola mami.
—Hola Monica, como te fue.
—Excelente, muchas gracias por preguntar Dani, ¿Ya te vas?
—Si, pero antes hay algo que quería pedirle.
Liz puso una cara de sorpresa a mi comentario.
—¿Que sucede Dani? ¿Todo bien?
—Si, es solo que mañana es cumpleaños de mi mejor amiga, y quería ver si había forma de que salga una hora más temprano…
—Oh ya veo, está bien Dani, no creo que haya tanto problema con que Liz se quede una hora sola, puedes salir antes.
Liz volvió a poner una cara de sorpresa al escuchar nuestra conversación, después me lanzó una mirada inquisitiva, como reclamando por que no le había dicho. La verdad no le di mucha importancia, solo es una hora antes.
—Muchas gracias Monica —le agradecí.
—Al contrario, tu haces mucho por nosotros, si necesitas todos un día, dime, la abuela de Liz puede cuidarla una vez sin problema.
—Oh, muchas gracias Monica, pero con una hora que salga antes estoy bien.
Cuando Liz escucho eso puso una cara de indignación, no voy a mentir, fue bastante satisfactorio verla en ese estado. Me despedí de las dos y regresé a mi casa. Cuando entre a mi habitación mi teléfono comenzó a sonar. Seguro era Liz, por las caras que puso, ya presentía que recibiría un reclamo.
~¿Que fue eso de salir antes mañana?~
~¿Estabas ahí no? Voy a ir a la fiesta de cumpleaños de una amiga.~
~No te hagas la graciosa, me refiero a ¿por que no me dijiste nada de eso?~
~No pensé que tenía que decírtelo, solo voy a salir una hora antes. No recuerdo que estuviera en tus reglas que te tenga que avisar sobre mi vida social.’A excepción de lo del novio, claro.~
~Esa hora que saldrás antes, me pertenece. No a esa zorra con la que vas a pasar el rato. Tuviste que haberme pedido permiso.~
~Ah con que era eso…. Solo será una hora, celosita, no tienes de que preocuparte.~
~¡NO SOY ESTOY CELOSA! Dios, es imposible hablar contigo.~
~Relájate, solo es una amiga. Además, tu eres la única que me ha visto completa. Y la única que me a hecho todo tipo de cosas.~
~Buenos eso es cierto, además hoy tuviste un día difícil. Creo que dejaré pasar esto por esta vez. Además tendré un poco de piedad, te dejaré tocarte hoy, pero solo si es con esto.~
~[Archivo Adjunto]~
Sin duda esa niña tiene un humor retorcido, el contenido del archivo era el video de cuando me estaba dejando caer la cera por todo el cuerpo. Me terminé masturbando con el.
Continuará…


(6 votos)
Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!