Lo que mis ojos han visto
Antes de mi amigo Raúl .
Lo que mis ojos han visto.
Sin nombres ni descripciones, imagínatelo como tú quieras, lo que es un hecho es que lo que relato aquí es verdad.
No voy a pretender ser el escritor virtuoso de libros o novelas o inclusive de relatos, solo un humano que nació con un chip diferente creo yo, o que tal vez somos una raza que está dispersa por este universo y que a veces nos reconocemos cuando nos leemos.
Por ahí de los 60s aparecí en este mundo, además me toco una familia muy normal, pero pobre, de padres ignorantes por necesidad y no por huebones, ellos no tienen culpa de lo que realmente soy, ya que cada uno escoge su propio derrotero en este tren llamado vida, así que mi pensamiento y mis alucinaciones son mías y de nadie más.
Cuando tenía 7 en segundo de primaria, claro en escuela de gobierno en la capital, empezó la locura por descubrir cuál era el secreto que guardaban las niñas como para seguirlas como zombis hacia el agujero sin fondo, donde hay de todo como bufete, crueldad, desdén, celos, lujuria, angustia, traición, indiferencia, sometimiento, y mil estrategias más para mantenernos en ese agujero sin fondo.
Para las nuevas generaciones, antes en la escuela primaria nos sentábamos en bancas dobles, sí esto era por parejas cada banca para dos niños, de vil tablón, construidas de tal forma que desde las lumbares ya no tenías respaldo quedaba ese hueco entre la espalda y las nalgas ya asentadas en la otra tabla que era propiamente el asiento.
Bueno el chiste es (no la voy a hacer de emoción como otros monos) delante de mi compañero y mío se sentaban dos compañeritas, francamente eran de las más feítas del salón, pero achu, si yo era de los más gordos, bueno pues por ahí se compenso creo todo, lo que hacían estas dos compañeritas era que tiraban o la goma o el lápiz, o algo para que sus pinches gatos de atrás se los dieran de nuevo, a que pendejos éramos, hasta que nos dimos cuenta lo que querían. Cierto día hicieron lo mismo pero lo extraño fue que pedían las cosas por abajo sacando la mano y cuando le pasábamos lo que habían tirado dirigían nuestra mano hacia sus nalgas para que las sobáramos. La primera ves estupefactos retiramos las manos rápidamente salíamos a la superficie nos quedábamos viendo el uno al otro con caras de idiotas mientras ellas volteaban riendo viéndonos como diciéndonos con la mirada “es cierto queremos que nos agarren las nalgas”.
Así empezó la carrera de perversiones, recuerdo que la que me tocaba a mí un día, le tocaba al otro al otro día, me quede con una imagen de bambi del calzón de una de ellas, si, ya no era superficial ya entrando iban al baño se quitaban el short que traían debajo de la falda para que no les vieran los calzones imagínate, se enrollaban la falda en la cintura y como parte del día era estar sentados en clase ¿Quién se daba cuenta?, la maestra Juanita por cierto una viejecita bonachona por la que pasamos desapercibidos.
Bueno pues fue segundo de primaria que me extasié de nalgas y culo, para que después nos cambiáramos de casa al estado y ahí la historia se tornó más ruda.
En tercero de primaria, me toco un maestro bien mamado moreno, que por cierto su esposa también trabajaba donde mismo, pero era un hijo de la mañana, nos golpeaba con pelotas de squash, era un hijo de puta así que todo disque bajo control porque nos convirtió en actores mientras estaba el bien serio y cuando no que desmadre, bueno pensé que yo era el enfermito, pero cuando llegue a esa escuela me di cuenta que estaba muy fresa.
A unos compañeros los corrieron de la escuela porque los atraparon con una compañera en el baño de los hombres, eran dos y los atraparon completamente desnudos vayan ustedes a saber, pero a esa edad no creo que hubiera penetración, como fue los corrieron.
Con esto me di cuenta que existía un submundo dentro y fuera de la escuela que había algo que la gente mayormente los adultos no sabían y que sin embargo existía.
Trascendió el tercer año de primaria casi sin novedades en la escuela, pero ¿qué tal en casa?
No voy a describir a mi familia ni mucho menos, espero descubran todo.
Cuando mi tía llegaba de trabajar, siempre quejándose del transporte de las señoras que venían cerca de ella etc. Me apresuraba a quitarle las zapatillas para intercambiarlas por sus pantuflas de descanso llevar su bolso hasta su recamara, tenía 8 años ella le calculo unos 30 y tantos, (tampoco voy a describirla), para cuando llegaba ya eran como las 9 de la noche sus hijos cuatitos ya dormían, mi pobre abuela le calentaba la cena en lo que ella se cambiaba, se ponía un camisón que le llegaba a las rodillas y enzima una bata rosa, sus pantuflas, se desprendía de toda joyería, primero se dirigía al baño y luego a la mesa en donde mi abuela ya le había servido, todo ordenado tortillas calientes baso agua o café, lo que la dueña de la casa requiriera para que no se molestara.
Mis hermanos y mi madre en la recamara que teníamos asignada, sabíamos que no estaba a gusto con su vida y comenzaba a tirar mierda por cualquier cosa, el único que aguantaba vara era yo, gracias a que siempre tenía hambre, mi abuela me consentía y acompañaba a mi tía siempre con algo, un pan, un dulce o algo de lo que había calentado, eso le agradaba a ella y por lo menos por un poco la hacía feliz. Ahora comprendo, después de más de 4 años de estar “sola” trabajar todo el día y llegar a una casa donde otra familia invade tu intimidad pues si estaba muy cabrón, pero su hermano, mi padre, conchudo nunca lo entendió y nos sometió a vivir encimados con mi tía y mi abuela además de con los cuates.
No digo que siempre pero me acomedía a lavar los platos antes de ir a dormir, ahora sí que ya como a las 10:30, cada chango a su mecate casi todos dormidos solo se quedaban mi madre y mi tía a ver la televisión, le gustaba a mi tía ver aquellas películas que pasaban a media noche, mi madre (que será otra parte de la historia), solo se quedaba un rato a acompañarla y a contarse los chismes más recientes, casi siempre me llevaba a dormir a fuerza excepto los viernes porque al otro día no tenía escuela donde aprovechaba para quedarme a ver las películas con mi tía.
Aquí es donde comenzó una etapa de mi vida que para mí fue la que determino muchas de las situaciones que se presentaron después.
Como todos los viernes, todo normal, mi madre se retiró a dormir como eso de las 11 de la noche, nos quedamos en la sala mi tía y yo ya en pijamas los dos listos para ver la película del canal 11, había un sofá justo frente a la tele y frente a las dos entradas de las recamaras, a la izquierda la de mi familia a la derecha la de mi tía con los cuates y enfrente mi abuelo y mi abuela en camas separadas. Algo peculiar paso esa noche puesto que mi padre como regularmente pasaba por su trabajo apenas llegaba y además con algunos tragos encima, para lo cual mi madre se tenía que levantar a darle de cenar.
Mi tía toma la decisión y me dice que nos vayamos a su recamara en donde tenía una televisión casi nueva a color que solamente ella usaba, de inmediato nos paramos y nos fuimos a su recamara.
Ella solo escuchaba al mismo tiempo que se arreglaba las manos y los pies, los cuales me tocaba pintarle las uñas, no sé, pero le encantaba que le diera masaje en sus pies y que le pintara las uñas, cuando terminaba ella ya estaba dormida, esperaba a que terminara la película y me retiraba a mi litera, pero esa noche apague la tele y ya me iba cuando me llama y me dice que me quede con ella que ya no moleste a mis padres, a lo mejor sabía algo que yo no.
Me acosté a su lado, ya solo llevaba su camisón yo no tenía pijama solo dormía con una playera y claro mis calzones de manga larga que eran muy frescos.
Ahora sé lo que es terminar un día molido por el trabajo deseando solo dormir dormir y dormir, Se volteo hacia la entrada y con su mano izquierda me jalo del brazo y me pego a ella, mi brazo quedo enredado en su torso pegado a ella de cucharita, en dos minutos se desvaneció.
Cuando me di cuenta su culo estaba pegado a mi pene y mi mano tocando una de sus tetas, no podía dormir bajo esa situación, he aquí que la reacción fue inmediata mi pequeño pene comenzó a estirarse en automático, no supe que hacer, pero ella sí, con su mano agarro mi cadera y me empujó hacia ella casi quedando incrustado después subió la mano tomo la mía y la puso en su pecho haciendo movimientos circulares junto con mi mano, al unísono comenzó a mover las caderas chocando su culo contra mi pene, como tenía mi mano atrapada con la suya y su teta no pude despegarme que bueno, ni quería, sentía como mi pene estaba entre sus nalgas y lo apretaba con ellas y atrás y adelante, no puedo hasta ahora describir la sensación era algo divino siguió y siguió cada vez más intenso hasta que de repente solo soltó un gemido y me soltó tanto de la mano como de las nalgas que por cierto yo sentí mojado tanto mi calzón como el camisón de ella puesto que no traía calzones, sentí como un cansancio infinito solo la abrace y nos quedamos dormidos.
Al otro día, todo normal, cinco de la mañana ya estaba preparándome para ir al baño, como éramos bastantes casi siempre me bañaba con mi hermana mayor, y en chinga puesto que había que vestirse desayunar y arre a la escuela.
En ese entonces yo ni por enterado de lo que veía, solo me bañaba y me sacaba mi hermana primero y ella se terminaba de bañar sola, mi hermano mayor esperaba siempre a que saliéramos del baño, el muy separado de nosotros de mi hermana y de mí, como que aborrecía convivir con nosotros de hecho siempre se apuraba y salía primero que nadie, para entonces mi hermana ya estaba en la prepa, y como de costumbre desde la primaria ella andaba sola nunca ni mi madre y mucho menos mi padre la llevaron a la escuela, bueno ni a nosotros que la escuela estaba escasamente a unas calles siempre adolecimos de ese acompañamiento, veía como a mis compañeros los acompañaban hasta la puerta y los despedían cariñosamente, algo paso en nuestras vidas con respecto a eso.
Transcurrían los días, los meses y los años y todo seguía como muy normal, era un fastidio llegar a casa a escuchar solo ordenes…. Ve por las tortillas, tu ve a la tienda, recoge tu ropa arregla a la niña (mi hermanita), en fin, comíamos viendo tele y después lava los trastes arregla la cocina, ahora ponte a hacer la tarea de la escuela, así era nuestra vida, claro de los hijos llamémosle así “normales”, porque a mi hermano mayor le valía una pura y dos con sal, él se salía con sus amigos y mi madre no le decía nada.
Mi hermana y yo nos poníamos a hacer la tarea juntos y claro que siempre la cuestionaba para que se me hiciera más fácil, a veces me mandaba a la chingada y me decía que, si no podía hacerlo solo, según estuviera de humor.
Si terminábamos rápido pues me daban chance de ver tele que casi siempre pasaba, no me despegaba de la tele, al grado que mi madre un día me dijo que saliera a buscar amigos que fuera a jugar, yo creo que me veía muy gordo y quería que por lo menos me parara del sillón.
Todo cambiaria cuando entre al cuarto grado, tenía un maestro muy tranquilo comprensible porque fue cuando me desate en rebeldía, tal como hoy de todo la hacía de emoción, discutía y argumentaba tal vez puras pendejadas, pero ya había cambiado. Todo se convirtió en el lado obscuro cuando casi a los quince días de haber comenzado el ciclo escolar llego a mi grupo un compañero nuevo, el profesor no tuvo más remedio que sentarlo junto a mi como ya expliqué lo de las bancas, pues para no hacer el cuento largo, nos hicimos súper amigos y entonces mi madre ya no pudo echarse para atrás.


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