La pubertad hace que las niñas se liberen, y con la reforma de sus cuerpos también viene la inquietud de conocer y experimentar, principalmente si de sexo hablamos.
Cuando tenía 19 años se cumplió el deseo de disfrutar a mi sobrina Carolina, la consentida desde los 7 años, como buen tío y papá le fui enseñando a su cuerpo el placer de coger duro y a su mente el amor y cariño que puede nacer entre dos o mas perso.
Aprovechaba que siempre me sentaba en la silla más cercana al escritorio del profesor, pues desde ahí podía ver como su paquete se apoyaba sobre la silla mientras estaba sentado. Podía ver cada cambio de forma bajo su pantalón.