Con el paso del tiempo se volvió costumbre esta situación hasta que un día que empecé a oír los gemidos de mi madre, sentí curiosidad y como dejaron mal cerrada la puerta la empujé ligeramente y observé como mi padre tenía a mi madre de perrito metié.
Llegué a la cocina y ver a mi hermana en esa minúscula bombacha perdiéndose en su culo y apreciar que no tenía otra prenda acentuó aún más la erección con la que me había levantado. Sigilosamente me fui acercando y cuando estaba a un metro le dije:…