Justo en lo que sentí el primer chorro chocar con mi hambriento culo mi putería volvió, el morbo se apoderó de mí de nuevo y le dije: mételo papi, préñame y cámbiame para siempre.
A Lucía cada vez yo le veía más espectacular su culazo y su raja no se diga, se le veía cada vez mucho más grande, a mi entender era por la cantidad de verga que recibía Lucía y de seguro que no culiaba solo en la casa sino también en otros lugares.
A pesar de que mi amante era tan joven, aguantaba bastante bien el ritmo de mis embestidas, pues tardó bastante más en venirse de lo que hubiese esperado. .