Era uno de esos veranos que parecen eternos. El tipo de calor que te acaricia la piel hasta en la sombra, que se te mete bajo la ropa y te susurra cosas al oído. Había decidido irme sola unos días a la costa. Necesitaba desconectar del mundo, del trabajo, de la rutina. Solo yo, el […]
Anais, la cual mantenía sus ojos cerrados y su brazo derecho firme alrededor del cuello de ahora su macho de turno, el cual descontrolado se podía distinguir a través del cristal como movía sus dedos debajo de esa falda, haciendola casi desvanecer..