Adoro ir a la escuela
Narración de un delicioso encuentro sexual en un salón de clases.
ADORO IR A LA ESCUELA
Soy profesor de primaria y trabajo en una escuela que se encuentra en una zona difícil de la Ciudad de México.
El aula en la que laboro fue construida muchos años después que el edificio principal y por ello se encuentra al final de la escuela, en el rincón de la misma.
La escuela cuenta con un servicio de meriendas otorgadas por el gobierno y éstas se reparten a los estudiantes por grupos de madres de familia que se ofrecen a realizar esa labor.
A mi grupo se las reparte una señora joven, medio alta y de un cuerpo llenito pero sabroso, de pechos chicos pero unas nalgas grandes y poderosas. Al inicio del año escolar cuando empezó el reparto se comportaba seria y solo cumplía, entregaba y cobraba, pero poco a poco se fue soltando y empezamos a platicar, ella tenía una hija en otro grupo y por ello estaba mucho en la escuela, la verdad yo le eche el ojo como se dice y busque hacerle plática y acercarme, ella empezó a contarme que su marido era violento, que la menospreciaba y yo aproveché para hacerla sentir bien, sobre todo alabando su “belleza”, ella parecía no ceder en principio, sin embargo empezó a ir más seguido a mi salón con diversos pretextos, yo la hacía sentir bien y ella solo sonreía pero nada más. Un día en que estaba en que yo estaba en el salón durante el receso de los niños llegó a cobrar los desayunos y yo al darle el dinero retuve su mano, ella primero quiso retirarla pero insistí y la dejo, la jalé poco a poco y le dí un beso en la boca, para mi sorpresa respondió y hasta mordió mi labio, se puso roja, no dijo nada, se dio la vuelta y salió. Yo insistía y la invité a que fuéramos a tomar algo pero no acepto, pensé que ahí quedaba todo. Sin embargo un día en que los niños salieron temprano por asuntos administrativos de la escuela, yo que encontraba en el salón acomodando el mobiliario, que eran mesas dobles y sillas individuales. Cuando estaba acomodando sentí que alguien entraba sin tocar, volví la vista y ahí estaba, llevaba una blusa de botones que hacía resaltar sus senos y cintura, una falda algo larga pero suelta, unas sandalias que hacían que sus pies se vieran riquísimos (Aquí aclaro que soy amante de unos pies hermosos, con dedos pequeños y parejos) y los de ella eran pequeños, blancos, limpios, una belleza, me quedé desconcertado y ella se acercó y me dijo, me vas a acabar de dar el beso o me voy a quedar así con las ganas, a lo que respondí te voy a quitar las ganas de todo si me dejas, ella comentó, te atreverías a quitármelas aquí en el salón, yo lo pensé un momento y le contesté, aquí o donde me dejes, entonces me retó, quiero ver que me quites las ganas de coger que traigo aquí mismo.
Sin pensarlo demasiado la atraje hacia mí, la besé con fuerza, metí mi lengua en su boca y ella contestó ardientemente, besé su cuello, mordí sus orejas, su nuca y mis manos la abrazaron, recorrí su espalda y baje a sus nalgas, eran grandiosas, ella se pegó a mí, yo ya estaba más que excitado tenía mi verga parada y dura, me acomodé entre sus piernas y empecé a sobarle con la verga por encima mientras acariciaba sus nalgas, fui subiendo su falda y metí mis manos bajo ella, que sorpresa, tenía puesta una mini tanga de hilo dental, no cubría casi nada pero separaba tanto sus nalgas como los labios de su vagina, eso me enardeció aún más. Mis manos separaban sus nalgas y dedeaban su culito, que se sentía sedoso y suave, ella jadeaba, suspiraba y me decía, que ya le quitara las ganas que traía desde hace mucho, colocó sus manos en mi vientre, sobo mi verga y al sentirla dura abrió mi pantalón y metió sus manos, empezando a hacerme una deliciosa paja, yo estaba que reventaba de ganas y empecé a acariciar suavemente sus labios vaginales, metiendo poco a poco mis dedos, ella se mojaba y se me pegaba, ya no pude más, la voltee, la empujé suavemente para que se recargara en una de las mesas, separé sus nalgas y empecé a penetrarla por detrás, ella al sentir mi verga saltó cuando la sintió dentro pero luego nos acomodamos y empecé a cogerla con unas ganas que no había sentido nunca, ella movía sus nalgas, se me repegaba y golpeaba hacia atrás para recibirme aún más, después de unos minutos de gozo pero también de incertidumbre porque alguien llegara le solté dentro todo mi semen, ella me apretó hasta dejarme seco.
Yo creí que eso era todo pero me equivocaba, ella bajo su falda, volteó y con una sonrisa como de niña traviesa me miro y dijo, ya casi pero aún tengo ganas, se hincó, tomo mi verga y se la metió en su boquita, lamiendo, chupando, mordisqueando hasta dejármela limpia y hacer que empezara de nuevo a crecer, luego de un momento mis ganas hicieron el milagro y sin miramientos la levanté, abrí su blusa, lamí sus pezones que se pararon al instante, los mordí al igual que todo el seno, fui bajando, levante su falda, separé el hilito que separaba sus labios y empecé a mamar esa rajita deliciosa, ella empezó a decirme que no parara que se la siguiera mamando que me quería dentro por completo, yo metía mi lengua y chupaba su botoncito, de pronto sentí como su cuerpo se tensó, sus manos apretaron mi cabeza contra ella y empezó a venirse, mojando mi cara, yo me volvía loco, me levante, bajé mi pantalón por completo, la senté sobre la mesa, abrí sus piernas, las subí a mis hombros y le metí la verga hasta el fondo, bombeando como si no hubiera mañana con fuerza, con furia con pasión, en ese momento tomé conciencia de sus pies, sus piernas estaban a la altura de mi cara, detuve sus piernas con mis hombros y le quité las sandalias y empecé a besar y morder primero las piernas, luego sus piecitos hasta sus dedos, eso me puso a mil y para mi sorpresa a ella también, me metí sus deditos en la boca y los chupaba mientras la bombeaba, ella comenzó a gritar que le diera más que me quería todo dentro de ella y que no soltara sus pies, que sería mi mujer, mi puta, lo que fuera, yo seguí por unos minutos cogiéndola hasta que no pude más, con mis dedos empecé a sobar su clítoris hasta que ella empezó a apretarme con sus piernas, gritando y gruñendo hasta que nos venimos como locos al mismo tiempo, al terminar me dijo que nunca se la habían cogido así con tanto deseo y que comerme sus pies la había calentado totalmente.
Nos arreglamos la ropa y todo, ella se sentó en una silla y casi al instante llegó el director a darme un documento, por un pelo nos atrapa cogiendo en el salón. Desde entonces cogemos cada vez que se puede en su casa y en el salón nos besamos y manoseamos mutuamente. Que alegría es ir a la escuela.



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