Limpieza y Sexo DOMICILIO
Esta historia relata la manera en que la mujer que me ayudaba limpio mi casa y mi verga en el mismo servicio.
Sexo y limpieza a domicilio.
Espero que la siguiente historia les guste, inicia algo lenta pero considero que hay que dar algo de contexto para que corra bien.
Por lo regular he trabajado a distancia, doy clases en una universidad en un programa en línea, sin embargo también doy cursos para adultos en varias instancias, el caso es que recientemente me contrataron para uno de esos cursos y ello es presencial, de tal manera que mi rutina se vio desarticulada, vivo en una casa de dos plantas y por lo regular y dado que siempre estoy trabajando desde ahí, la mantengo en orden y limpia regularmente.
Con el cambio en los trabajos, la casa empezó a descuidarse. Un sábado fui a la tienda cercana a comprar productos de limpieza y el responsable que me conoce mencionó -Hola, no te había visto ya, tiempo de limpieza?- le dije – Sí estoy trabajando fuera y ya no me da tiempo entre semana de hacer los quehaceres de la casa-. Entonces el me dijo -por qué no le dices a Silvia- Silvia es una mujer que hace de todo por donde vivimos. Limpia casas, cocina para personas. Cuida enfermos, hace mandados, en fín de todo y es muy conocida por ahí. Ella es una mujer de entre 25 y 35 años, eso no me es claro, siempre cortés pero seria, casi no sonríe, trabaja, cumple y listo. Juan, el encargado de la tienda me compartió el número telefónico de Silvia.
Yo me fui a la casa, hice la limpieza pero empecé a pensar en esta persona, de tal manera que me decidí y le llamé, le dije que era un vecino y que si podría ayudarme con algunas cosas de la casa, me ofreció ir a mi casa el lunes para que platicáramos, yo le comenté que solo podía por la tarde por el trabajo y ella se ofreció a llegar sobre las 6:30 de la tarde.
El lunes yo regresé de trabajar cerca de las 6:15, empecé a preparar algo de comer porque estaba hambriento y en eso llegó Silvia, me disculpe por estar ocupado y ella sin pena me dijo -si quiere le preparo algo de comer rápido y vamos hablando de lo que requiere. Acepté, me preparó un omelette bastante bueno y le platiqué que requería limpieza de la casa, lavado de ropa y comida para la semana, pero que solo estaba en la casa por las tardes como a esa misma hora. Ella me dijo que mejor porque a esa hora ya estaba libre casi siempre de sus otras ocupaciones, que la comida la podía preparar en su casa y llevármela ya hecha, que la ropa igual se la llevaba y la regresaba lavada y planchada, que solo la limpieza si tenía que hacerla en el lugar. Yo lo pensé, dudé un poco pero como estaba muy bien recomendada acepté. Ese mismo día se llevó algunos recipientes para la comida, algo de ropa y dinero, quedamos que iría los jueves a limpiar y a dejarme lo demás.
Por varias semana trabajamos así y el resultado fue bueno, ella llegaba, guardaba la ropa y la comida y empezaba a limpiar la casa, mientras ella lo hacía yo trabajaba en un estudio en la planta baja.
Un jueves cuando ella llegó e iba a empezar a limpiar recordé que tengo una aspiradora y se la ofrecí para que todo fuera más rápido y también menos pesado, dado que la casa no es tan pequeña. Ella aceptó, subí la aspiradora y empecé a trabajar.
Al poco rato yo trabajaba en la computadora, tenía unos audífonos y al tiempo que revisaba trabajos escuchaba unos audios eróticos, ya me estaba poniendo caliente, escuchaba a muy bajo volumen para no desconcentrarme del trabajo pero también para poder estar al tanto de la casa.
Empecé a escuchar el ruido de la aspiradora, fuerte y claro por un rato, después noté que empezó a fluctuar entre alta velocidad y luego baja y había momentos que parecía que se detenía de improviso, en uno de esos puntos creí escuchar algo como un gritito o suspiro algo fuerte, pensé que eran mis audífonos pero después volvió a suceder, baja en la aspiradora, grito y suspiro, luego jadeos, eso me extrañó, me quité los audífonos, puse más atención y noté que esos ruidos venían de arriba donde estaba Silvia trabajando, sin hacer ruido subí y me fui acercando al cuarto donde estaba ella, me asomé de a poco y lo que ví me dejo asombrado, ella estaba con la boquilla más delgada de la aspiradora colocándosela entre las piernas, como si quisiera aspirarse la vagina, se la acomodaba, la dejaba un ratito y soltaba su gritito y jadeaba, yo soy creativo en lo sexual, pero eso si me sacó de balance. Noté que tenía los ojos cerrados como si estuviera gozando de veras. Yo ya andaba caliente, mi verga estaba ya excitada y con lo que miraba acabó de levantarse. Pensé -Seguro quiere verga, si me arriesgo y me equivoco va a ser difícil que argumente que malinterpreté lo que hacía. Tomé valor, me acerqué a ella por la espalda, la abracé por detrás, tomé sus senos entre mis manos e incrusté mi verga entre sus nalgas, que por cierto estaban bien marcadas gracias al mallón que llevaba, ella en lugar de sobresaltarse o protestar, se acomodó, sus pezones saltaron de inmediato y sus nalgas se abrieron empezando a hacer algo parecido a remolinos con mi verga. Me repegué a su nuca y le dije al oído -quieres que te aspire este culito tan rico- ella no abrió la boca, simplemente acomodó la manguera de la aspiradora en su mallón, paso sus manos hacia atrás y empezó a trabajarme la verga, yo traía un pant, que es un pantalón deportivo lo que facilitaba el movimiento de sus manos, las metió, tomó mi ya bien parada verga y la sobó con cariño pero con firmeza, parecía que me conocía, me apretaba los huevos pero sin lastimarme y me jalaba la verga de modo que empecé rápidamente a mojarme.
Mientras tanto yo bajé mis manos a su cintura, encontré la manguera, la tomé y con ella empecé a pasarla sobre sus pezones, ella suspiraba y reaccionaba apretando más mis huevos y verga, bajé por su cintura y como si fuera un consolador se la pasé por su vagina, claro por fuera del mallón. Ella abría las piernas y me pedía más, incluso cerraba las piernas como si quisiera comerse la manguera, yo aproveché le dejé la manguera entre las piernas y pasé mis manos hacia atrás, las metí en su pantalón y la tanga que traía y empecé a sobar las nalgas, dedeando su culito, masajeaba esos dos cachetes que se movían con ritmo propio, ella bajó mi pantalón con todo y los calzoncillos y yo bajé sus prendas al mismo tiempo, retiré con suavidad sus manos y enfilé mi verga hacia su culo, sobando con ella su ojete y bajando hacia su rajita que como yo, estaba ya bastante mojada.
Mis manos pasaron hacia adelante y empezaron a sobar su vagina, mis dedos abrieron sus labios, descubrieron su botoncito, mismo que al ser jalado y oprimido creció hasta parecer un pequeño pene, ella ya no se contenía, me apretaba y masajeaba diciendo -si, por favor aspírame, sácame todo, quiero que metas tu manguera y me dejes limpiecita- yo no me hice del rogar, la incliné suavemente sobre la cama y desde atrás y abriendo sus nalgas empecé a meterle la verga en la vagina, misma que me recibió sin ninguna objeción, entré limpiamente y poco a poco se la metí hasta adentro, ella se movía hacia atrás y adelante, hacía remolinos con su cadera y yo me acomodé a su ritmo metiendo y sacando, cogiéndomela a placer, cuando mi excitación se elevó la tomé de la cintura y puse la boquilla de la aspiradora en su vagina, eso hizo que ella gritara con pasión pero también la aspirada me tocó, mis huevos se sintieron suavemente absorbidos, era como si me los estuvieran chupando y succionando, la verdad era riquísimo, por una parte su vagina se comía mi verga y por la otra la aspiradora nos comía a los dos, vagina y huevos eran succionados con suavidad.
Ya no duramos mucho, ella empezó a moverse salvajemente, jadeando y gritando y yo sin poder contenerme le solté toda mi leche dentro.
Así estuvimos todavía un rato, ella se incorporó, se dio la vuelta y me abrazó, yo la besé en la boca, empecé a comerme su lengua, luego salí a su cuello, sus orejas, su nuca y empecé a recorrer su cuerpo, bajando a sus senos, eran deliciosos, el sudor de la cogida y del trabajo le daban un sabor salado pero sabroso, ella tomaba mi cabeza y me llevaba por donde quería ser comida, comenzó a bajarme a su vientre y yo sin problema inicié a lamer y lengüetear sus labios vaginales, abriéndolos con la lengua y posteriormente ayudándome con mis dedos, entré en su vagina todo lo que pude con la lengua, chupando y succionando lo más que podía, ella me apretaba contra sí y en determinado momento su cuerpo se tensó, apretó mi cara y me soltó un chorro bastante generoso de jugos, eran ácidos, saladitos, parecía una bebida con sal. Seguí un buen rato mamando su vagina, ella seguía recostada en la cama, entonces levanté sus piernas y comencé a chupar y lamer también su culito que era suave, rosado, sedoso, mis labios chupaban, mordían succionaban y mi lengua horadaba ese agujero de ella. Silvia se movía como loca, pidiendo verga por el culo -métela, dame esa verga, cógeme, ya no me hagas sufrir, ya te dí mis jugos, ahora te toca a ti. Mi verga se dirigió a su culo y se la metía sin miramientos, ella me recibió como una guerrera, echando el culo hacia adelante y apretando el instrumento como con hambre. Entré y salí hasta que mi verga se endureció al máximo y soltó por segunda vez su carga, ella me apretó y me agradeció la lechada que le había dado.
Quedamos los dos echados sobre la cama un rato, después nos levantamos, vestimos y cada quien a su trabajo. A partir de ese día cada jueves me toca limpieza profunda y a ella su aspirada.
Espero que este relato les haya gustado y se tomen un momento para comentar.


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