DEseo Tardío
Relato publicado originalmente en SexoSinTabues.com por Anonimo.
Es el que surgió en mí. En realidad allá por los doce años de edad me pasó lo que a tantos. Comencé por sentir deseos de probar en mí la ropa femenina. Tenía en mi casa viviendo a una tía bastante joven por entonces y los días de verano, cuando todos dormían la siesta solía apropiarme de su ropa interior, sus medias de nylon, o sus pantymedias, en aquella época recién salían al mercado. También me gustaba ponerme una malla, un traje de baño que ella tenía, del tipo enterizo. Me encantaba ponermela, ponerme algo en el pecho para pretender tener tetitas y meterme la parte de atrás entre mis nalgas, dejándolas al aire. Lo loco de esto es que lo hacía en el patio de mi casa, y sabía que más de algún vecino me podía ver, pero eso no solo no me importaba, sino que hasta me excitaba más.
De hecho, en la casa de al lado, separada de la mía con un cerco de ligustrina, vivían un matrimonio bastante anciano, y la señora le encataba espiarme, yo la veía claramente, cuando me ponía esas prendas, y luego me masturbaban, la mayoría de las veces, penetrándome al mismo tiempo con algo cilíndrico en la cola. Pero, si bien eso duró casi todos los años de mi adolescencia, nunca lo confesé a nadie, ni me decidí en algún momento a asumir el papel que, en realidad, tanto me gustaba jugar. Lo único que llegué a hacer fue una vez en que jugando a las escondidas lo hice en un lugar donde justo también se había escondido un chico más grande. Engañándome logró chantajearme para que, al final le mamara la pija. Yo lo hice, quejándome por fuera, pero muy feliz por dentro. Pero después de eso nada más paso, y mi vida se fue inclinando por lo que podríamos llamar los cánones normales. Me casé, y tuve hijos, que ya son grandes y son mi orgullo.-
Pero la cosa es que a partir de los cincuenta, ahora con la tecnología moderna, la posibilidad de entrar en diversos sitios donde uno adquiere mayores conocimientos de las diversas inclinaciones de la gente, yo comencé de nuevo a sentir el cosquilleo aquél que tenía cuando había alguna posibilidad de vestirme de mujer.-
De a poco fui consiguiendo ropa femenina, interior, medias, algunas polleritas, no demasiado por una cuestión de dinero, pero lo suficiente para vestirme como tal y mostrarme a algún hombre que le interesara y verlo masturbarse conmigo, lo cual me hace muy, pero muy feliz, sobre todo si los veo acabar, porque siento que acaban en mi honor y eso me encanta.-
Ese gusto me llevó, creo que inevitablemente a desear algo más, a desear, alguna vez tener la posibilidad de estar con un hombre, y ser una mujer para él.-
Cuanto más me exhibo, como Mónica, por Internet, y encuentro hombres que les gusta verme, y se excitan conmigo, a pesar de tener muchos años y (debo confesarlo) estar un poco gordita, más aumenta mi deseo de concretar aquella fase que en mi adolescencia quedó trunca es decir tener sexo con un hombre, en forma totalmente pasiva, poner chuparlo, y que me penetre por la cola, que me coja y me haga sentir, un poco más mujer.-
Es lógico, mi condición lo hace difícil y, por momentos me resigno a ser mujer por Internet.-
Por supuesto, yo sigo una doble vida, hombre en la generalidad, y cuando puedo y estoy solo, mujer. No me animé jamás a salir como tal a la calle y mucho menos a asistir reuniones donde otras crossdresser están.-
A veces, cuando estoy más excitada salgo a la calle, obviamente vestido de hombre, pero me pongo debajo de la ropa exterior, una de mis tangas y medias.-
Así fui a trabajar un día, pase todo el día con esa ropa, iba al baño cuando nadie había y me sentaba en la tasa, como las mujeres, vivía un estado de semi excitación, que iba a crecer, seguramente al llegar a mi casa (ese día iba a estar solo) y exhibirme por Internet.
Tomé el subte para volver que, como siempre a esa hora va muy lleno. Como siempre también había apretujones y “apoyadas”, pero era algo normal y no significaba más que gente tratando de lograr un espacio donde ponerse. En el viaje, me tocó tener detrás mio un hombre que de pronto apoyó su parte delantera fuertemente en la cola. Yo por supuesto no reaccione, sonreí intimamente, sintiendo claramente el bulto del hombre en mis nalgas, pero no pensé que en realidad el señor que estaba detrás mio hiciera eso con una intención sexual, sin embargo enseguida me extrañé. Es que el mencionado se quedó allí, sin intentar de modo alguno despegarse de mí. Se aplastó a mis nalgas, y allí se mantuvo por más de un par de minutos. Teniendo en cuenta como yo me sentía, por cierto que nada hice ni, menos dije, solamente me quede quietito, en ese momento sentí que en realidad me estaba quedando quietita, disfrutando de lo que sentía.
El subte siguió su marcha y en algún lugar se bamboleó, esa fue la oportunidad que mi desconocido aprovecho para moverse, pero no apartándose, sino refregando su pubis contra la cola. Inexplicablemente comencé a sentir cierta sequedad en la boca, mi respiración se hizo agitada, y el estómago me cosquilleaba, y, lo más importante me sentía cada vez más excitada. ¿Sería cierto lo que me estaba pareciendo, o era nada más que mi imaginación? Para comprobarlo, el, perdón, la que se movió ahora fui yo. Saqué mi cola hacia afuera, siendo yo la que me apretaba a él y luego me meneé suavemente. La reacción no se hizo esperar, como si me quisiera penetrar allí mismo y con el pantalón puesto, el hombre empujo sus genitales exactamente en la zona entre mis nalgas. Sentí un inmenso placer y, por supuesto, no tenía intenciones de hacer que eso se acabara, ¡todo lo contrario!. Así que me quedé quietecita, dejando que ese inesperado “amante” satisficiera sus sucios deseos en mí. Miré a través del espejo para averiguar quien era y como era. Aliviado advertí que se trataba de un señor mayor, inclusive mayor que yo. Observé, también en ese momento que el también me miraba a través del reflejo del vidrio de la ventanilla, al darme cuenta de eso bajé la vista, recatada, pero sin hacer nada para que la situación no siguiera.-
En un momento del viaje pude sentir que el hombre se hacía un tanto hacia atrás, pero antes de que la desilusión me ganara, sentí como era su mano ahora la que se posaba en mi trasero. Con suavidad y erotismo recorrió con un dedo la línea de mi tanga. Allí me di cuenta que la misma se me estaba notando a través del pantalón y que mi compañero de viaje advirtiendo que llevaba puesto ese tipo de ropa entendió mis inclinaciones, espero que también haya sido porque le gustó mi cola, pensé.-
Después del placentero recorrido de su dedo, ya no uno solo sino varios penetraron profundamente entre mis nalgas, tocándome atrevidamente el ano. ¡Ah, que placer!. Era, lo que estaba ocurriendo, lo más íntimo que había tenido con un hombre y eso me hacía sentir excitada y, por cierto que feliz. Decidí que era el momento de tomar alguna iniciativa. Me tomé fuertemente del pasamanos con una, y la otra la llevé atrás buscando el bulto de mi hombre. Cuando este sintió que mi mano tanteaba por allí, el mismo me lo colocó en la mano. Comencé lo más disimuladamente posible a magrearle, suavemente el paquete y, otra vez, con placer, advertí que lograba endurecerle la pija. Era a través del pantalón, si, pero era la primera vez que con mi caricía paraba la pija de un hombre. Mientras él me recorría con una suavidad intensamente excitante en la parte más íntima de mis nalgas. Así seguimos los dos acariciándonos hasta que el subte llegó a la estación en la que debía bajar. Con el mayor de los desencantos, porque ese momento tan lindo acababa, me dispuse a bajar.
Solté el miembro de mi ocasional compañero y me acerqué a la puerta. Sentí que alguién se disponía a bajar detrás mio, pero no me atreví a mirar de quien se trataba. El subte se detuvo y bajé. Por supuesto que detrás mio lo hicieron muchas personas. Ahi traté de mirar de reojo y pude advertir que el señor en cuestión venía caminando detrás. El corazón me comenzó a latir fuertemente, y el estómago me cosquilleaba casi de forma insoportable. ¿Me estaba siguiendo?
Subí las escaleras saliendo a la calle, caminé lentamente, y fui enseguida alcanzado por esa persona.
.- Hola, dejame decirte que linda te queda la tanga –me dijo- ¿Cómo te llamás?
Quise contestarle, pero el sonido no salió de mi garganta, pero el no se apartó de mi. Al final hice un esfuerzo y le di mi nombre, el masculino y entonces el me preguntó
.- ¿No tenés otro nombre?
A partir de esa pregunté fue que como mágicamente me desaté, ya sin vergüenza o ningún tipo de miedo contesté: Mónica.-
Luego le agradecí el halago a mi ropa interior, lo que continuó con un agradable comentario sobre mi cola. Todo eso, finalmente derivó en un diálogo distendido, en el que me comentó que su nombre era Matías. Y como la conversación fue fluida entonces pude comentarle ya sin problemas mi condición de crossdresser y las cosas que hacía como tal.
La charla avanzó y al finalmente preguntó si no quería pasar con él el resto de la tarde. Entonces yo le dije que que es lo quería que hiciéramos y el me dijo:
.- ¿Te gustaria tener sexo conmigo?
No por el hecho de que quería que me hiciera esa pregunta, no dejó de sorprenderme, casi tartamudeando conteste: Me encantaría, pero hay un inconveniente.-
.-¿Cuál?
.- Que a pesar de lo grande que ves que soy, nunca lo hice.-
.-¡¿ En serio?! –preguntó él, y me pareció que sonreía un poco.-
Le expliqué toda mi situación tal como la comenté antes, él entonces, me invitó nuevamente y me dijo que le encantaría ser el primero que me hiciera mujer, prometiéndome que me iba a tratar con toda suavidad. Yo le dije que aceptaba, pero le pedía un tiempo para ir a mi casa, porque quería que me lo hiciera estando yo disfrazada de mujer. Matías asintió con entusiasmo, y yo sentía una gran ansiedad y también bastentes nervios.-
Fui volando a mi casa, tomé el juego de baby doll azul con tanga, un par de medias negras (no tengo de otro color), y un par de sandalias, con tacho chino alto, que me levantaba muy bien la cola. Con todo, algo de maquillaje y la peluca salí a la dirección que Matías me había indicado.-
Cuando llegué presioné el botón del portero eléctrico del departamento, haciéndome la idea de que nadie iba a contestarme. De hecho me pareció que había pasado muchísimo tiempo, cuando una voz me contestó, con timidez pregunté: ¿Matías?. Sí Mónica, me contestó y sonó la abertura de la puerta del edificio. Con decisión, pero con el corazón latiéndome a mil, y nervios en el estómago, subí hasta su departamento. En cuanto salí del ascensor, la puerta del mismo se abrió y Matías sonriendo me franqueó la entrada. Rápidamente le dije, decime donde me puedo cambiar cuanto antes, quiero estar de mujer con vos.
Me señaló el cuarto de baño, y allí fui. Me desnudé. Primero me puse brillo en los labios, y algo de sombra en los párpados. La tanga, el bay doll, las medias, la peluca. Me miré en el espejo y me dio terrible pavor de no gustarle, pero, ya no había marcha atrás, calze mis sandalias y así salí.-
.- Ola –dije, porque no sabía donde está.-
.- Estoy por aquí –me contestó desde una habitación. Cuando llegué a la misma me di cuenta que era el dormitorio. Me asomé y vi a Matías, acostado en la cama, llevando puesto solo un slip. Me sentí absolutamente caliente, pero igual estaba temerosa de no gustarle.-
.- Ola!, ¡pero que linda estás!
El halago tuvo el efecto de tranquilizarme y, por cierto ponerme muy contenta “gracias” le contesté poniendo la vos más femenina que podía salirme, y poniéndome en la pose de una vergonzosa y recatada mujer. El se levantó y acercó a mi. Rodeó mi cintura con sus manazas y me dijo:
¿Te gustaría bailar un poco conmigo?
Si.- acepté yo con entusiasmo.-
El se levantó, puso música muy suave y se acercó a mi. Rodeó mi cintura con sus manos y me atrajo hacia él. Yo enlacé mis manos detrás de su nuca, un gesto femenino que, con toda evidencia vista la sonrisa que mostró le gustó. Entonces él me apretó contra su cuerpo más fuerte aun y apoyando claramente su pene en uno de mis muslos comenzamos a bailar, muy, pero muy pegados. ¡Que delicia! Sentirme así, apretado por un hombre, sintiendo su sexo endureciendo contra mi cuerpo (me preocupaba que con el mío pasaba lo mismo). Al principio me sentía dura, como cortada, pero él supo llevarme, mover mi cuerpo al ritmo de la música, se sentía hermoso. Sus manos comenzaron a moverse, acariciando mi espalda primero, pero llegando pronto a mi cola. Ahhhh, si, que placer, me provocaba unas cosquillas preciosas y juro que sentí mi anito abrirse y cerrarse ante ese estimulo.-
.- Mónica, me gusta tu culo –me dijo
.- Oh gracias mi amor.-
Mientras yo llevé mi mano, ya decidida, a su entrepierna, y comencé con caricias, por encima de su slip. Eso le gustó:
.- Ahhh, nena, vamos a la cama me dijo.- y tomandome de la mano, me llevó haciendo que me acostara en ella. El se acostó a mi lado y yo rápidamente recomencé con mis caricias por un instante, para luego tomar su slip y comenzar a bajárselo. Miré hacia abajo, su pene esta bien erecto y bien duro, y lo tenía ahí, para mi, no podía creer lo que estaba sucediendo ¡lo había deseado hacía tanto tiempo!
Lo rodee con mi mano, estaba tibio y suavecito y con la mayor de las delicadezas comencé a masajearlo. Me di cuenta que le estaba dando placer por la expresión de su rostro y la forma en que recibía mi caricia con los ojos cerrados y porque el además comenzó a acariciar mi cuerpo mientras tanto. Lo bueno fue que él tenía harto paciencia, teniendo en cuenta que era mi primera vez, eso era lo que más necesitaba. El me dejó obrar hasta que instintivamente surgió en mi el deseo de avanzar, y ese avanzar era ahora, agacharme y chuparle sumisamente la pija. Acerqué mi boca a la punta de su miembro, sintiendo que todo mi cuerpo temblaba de emoción. Le di el más dulce de los besitos en la punta y enseguida empecé a lamérsela. Sentía en mi lengua su textura, su sabor salado, me gustaba, sobre todo cuando sentí que le arrancaba un claro suspiro de placer. Entregada ya a mi labor, extendía mis lamidas a todo su tronco, para luego tomárselo con la mano y sin dejar de estimularlo moviendola a su alrededor, bajé aun más para lamer sus bolas, en un signo de total y completa sumisión. Recibí el estímulo de mi hombre que me pidio que siguiera mientras acariciaba mi cabeza allá, abajo, entres sus piernas. Pero en mi se hizo más grande el deseo de sentir su pene en la boca y decidí iniciar, por primera vez la mamada del miembro de un hombre
Abrí levemente mis labios y los posé, nuevamente en la punta del pene. Coloqué la punta de mi lengua en el ojito que cubrí con mi boca, y desde allí me fus deslizando hasta abajo abriendo mi mandíbula, hasta alojar en mi boca su deliciosa frutilla. La sorbí, la chupé!!!!, siii al fin, chupé la cabeza la pija con fruición, era maravilloso me encantaba, al fin era una verdadera petera. Arriba, mi hombre suspiraba y me decía siiii!!!!, y eso realmente me emocionaba. Estar dándole placer sexual a un hombre con mi boca, era algo que me hacía muy feliz, porque me hacía sentir mujer. Y entonces quise más y abría mi boca para alojar en ella una mayor porción del pene de mi machito
.- Ahhhh, siiiii, si nena, que bien me la estás chupando.-
.- Siiiii? –dije yo abandonando momentaneamente- te lo estoy haciendo bien papi?, es mi primera vez?
.- Si nena, se ve que tenés talento para esto, dale.-
Contenta como la más degenerada de las mujeres me introduce nuevamente la pija en la boca, y me sentí en la gloria
Sorbí ese pedazo de carne cálido, sentí su sabor salado en mi boca lo succioné haciéndolo suspirar. Me puse en la boca la mayor porción que pude, utilizando la mano a modo de tope para que en su movimiento natural mi hombre no me atragantara. Y así estuve un buen, rato más que el que realmente me pareció. Disfrutando, no solo de mi mamada, sino de las caricias que mi hombre me propinaba, en todo mi cuerpo, sobre todo en mi cola, pero me acariciaba toda, me hacía sentir su cariño ¡y yo me derretía de placer!
La piel de mis nalgas estabán muy sensibles, y sus caricias ahí me calentaban irremediablemente. Sobre todo cuando metió sus traviesos dedos bajo la tirita trasera de mi tanga, y sus dedos rozaron con delicadeza suprema el contorno rugoso de mi ano, que, sentí se dilataba naturalmente con ese estímulo.-
No se si el sintió lo mismo, pero al poco tiempo fue que me dijo.
.- Ahh si nena es momento que me des ese culito hermoso que tenés.-
Yo obediente, abandoné mi labor mamatoria:
– Si mi amor, te lo doy es todo tuyo, pero por favor, no olvides que soy virgen, se gentil conmigo.-
.- No te preocupes, quiero gozar y hacerte gozar, no me interesa que sufras.-
Y dicho esto tomó de su mesa de luz un lubricante y se untó los dedos al tiempo que me decía que me pusiera como perrita. Yo le hice caso y experimenté el placer de sentir como un hombre bajaba mi tanga. Después, su dedito comenzó a untarme el lubricante, para más tarde penetrarme y colocar la crema bien profunda en mi interior. Yo respiraba profundamenta y naturalmente gemía. Me quedé esperando un instante, hasta que sentí en la entrada de mi ano, el roce del pene de mi hombre. Estaba a punto de perder mi virginidad y decidí relarme lo más posible para hacerle más placentero a mi macho el cogerme.-
Placer fue el que él me dio, tratándome como a una dama. Me tomó con dulzura de mi cintura y afirmándome fue penetrando lentamente. Sentí la cabeza de su pene abriendo mi esfínter y yo me relajé lo más que pude para que lo lograra. Cuando la parte mas gordita de su cabecita entraba, sentí una pequeña punzada, pero me la aguanté y pronto tuve mi recompensa, al sentir toda la punta de la pija dentro mio.-
.-Ahhhhhhh, mi amooooor –le dije mimosa.-
.- Te gusta?
.- Claro papi, me gusta muuuuuucho.-
Tal asentimiento lo animó a continuar con su penetración. Ya no había dolor sino un cosquilleo interno que era un placer indescriptible. No pude ya más controlar mis suspiros, que trataba de expresar con la más femenina voz que me saliera, y en eso: ohhhhhhhh!!!! Siiiiiiiiiii!, su vientre golpeó contra mis nalgas. La tenía toda adentro!, estaba llena con la pija de mi amante! Y me gustabaaaaaa!!!!!.-
Una vez que llegó a ese estado, mi hombre comenzó ya a cogerme como dios manda. Su movimiento en mi trasero me excitaba, yo gemía y gemía y le decía:
.- ayyy, papi, papi, que me hacés papi?, ayyy me estás cogiendo?, ayyy si, como me coges!!!!, siiii, al fin un macho me hace hembra, me gusta, me gusta ser hembra, así papi, así siiiiii, cogeme, asi, cogeme toda mi amor, siiii, ayyy si, soy tuya, mi amor soy tu hembra, te gusta mi vida, te gusta cogerme?
.- Claro me gusta, me encanta cogerte, y me encanta lo putita que sos.-
.- Ayyy siii, soy putita, mi amor, no lo puedo evitar, pero es tu culpa como me gustaaaaaaaa lo que me hacés.-
Mi hombre quizá azuzado por mis palabras inició un movimiento más rápido metiendomela bien profunda.-
.- Ahhh siii, estoy llena , me llenas toda, siiiiii
De pronto mi amor empujo su pija bien bien adentro mio y ahí la dejó unos segundos al tiempo que comenzo a descargarse en mi interior
¡Que inmenso placer sentir la leche calentita derramándose en mi interior, sintiendo como todo su semen se deposito dentro mio!.-
.- Ahhhhhhhh, papiiiiiii, siiiiiiii, ayyy soy tuya ahora soy toda tuya.-
.- Siii, claro, sos mi puta y mi amante, que bien que lo hiciste putita.-
.- Si papi, me hiciste toda una putita, estoy tan feliz, nunca pensé que podía gozar tanto.-
.- Si, y que es lo que mas te hizo gozar.-
.- Sentirme la hembra de nuestra pareja, mi amor –le dije y recibí un hermoso regalo, un apasionado beso en la boca que fue el inicio de nuestra relación.-
Este relato es real… solo hasta el momento de la salida del subte, allí el hombre pasó a mi lado, me miró, esbozó una sonrisa… pero nada me dijo, dejándome deprimida, pensando en lo que pudo haber sido pero no fue.-
Es lógico, quizá ya sea demasiado grande para aspirar a esto, pero en fin, en un rincón de mi corazón siempre vive la esperanza de que alguna vez pueda vivir una historia como esta.-
Un beso a todos
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