Dos burras para mí solito
Durante ésta semana del 20 de febrero, logré penetrar un par de burras que logré conseguir, realmente no necesitaba hacer ningún trabajo, pero quería algo con una hembra.
Resulta que en la finca de mis papás hay que hacer mantenimiento de las cercas cada cierto periodo de tiempo, normalmente primero se hace un recorrido a pie y luego se lleva lo necesario para reparar, por acá poco se consiguen caballos, menos yeguas, pero hay un vecino que tiene una burra, ya con la mente envenenada envié al cuidandero a que la alquilara para el día siguiente, él fue la alquiló y la trajo, la verdad que en la noche tenía ganas de escaparme hasta el potrero, pero al fin y al cabo la tendría todo el día. El cuidandero trajo temprano a la burra, la enjalmó y alistó algunas herramientas, cuando salí me percato que también habían traído a la cría, otra burra de cuatro meses, el cuidandero me iba a acompañar por lo que le encargué otras tareas, cargué las herramientas en la burra y ya mi verga estaba muy dura, se notaba bastante crecido el pantalón, me tocó disimular porque la esposa del cuidandero se dio cuenta cuando me llevó un café, de todas maneras se notaba demasiado y lo pude ver en la mirada que me hizo a la entrepierna, arranqué por los primeros tramos y al ver que todo estaba bien seguí el recorrido, reparaba el alambre de púas roto y colocaba grapas donde hacía falta, durante mi recorrido eché a la burra vieja por delante, la cría la seguía atrás y yo iba con la verga a reventar detrás de la cría, de vez en cuando la manoseaba, cada que podía le metía los dedos por lo que la cría paraba y me daban ganas de meterle una culiada a la burrita ahí mismo pero era muy despejado, la leche de estas tres semana se la iba a dejar como fuera, ya llevaba tres horas y seguí rumbo a una cañada con bastantes árboles por donde pasa el rio, aproveché que estaba bien metido en la mata de monte para agarrarlas y hacerlas mías a ambas, amarré a la burra vieja a un árbol, mientras la burra pequeña se puso a mamar, me bajé los pantalones y sin esperar me le ubiqué en las caderas, me quedaba más bajita, le coloqué la verga en la entrada y trozo por trozo se fui hundiendo, la borrica dejó de mamar, se puso a mascujar, agachó la cabeza, levantó el rabo y se encorvó bastante, aunque a esa edad no estaba en celo, igual se dejó sin problemas, que cuca tan diminuta, recaliente, estaba re mojada por el sudor del animal, yo me agarré de sus caderas y empecé el mete y saca una y otra vez, se sentía apretada y le sonaba esa vagina cuando soltaba el aire que le quedaba atrapado, seguí acelerando lo más que pude comiéndome aquella cuquita tierna, joven y virgen que me estaba haciendo ver el paraíso, seguí el mete y saca por bastante rato, le saqué la verga a la burra joven y con unas ganas insoportables me pasé a la burra vieja, comencé a puntearla logrando clavarla totalmente pero la vulva era exageradamente grande y, aunque también gozaba por lo caliente y suave que se sentía, me gustaba más la borrica por lo apretada que estaba, así que se lo saqué y me pasé a la burra joven, me acomodé bien y la agarré por debajo para sostenerla en la medida que la ensartaba nuevamente, la burrita mascujaba y agachaba la cabeza, si bien no molestó, me permitió meterle una señora clavada, se lo ensartaba hasta donde más podía en la medida que gozaba como nunca, que rico se sentía por lo ajustada a mi verga, sentía rosar esas paredes vírgenes y tiernas, le saqué la verga, me agaché detrás de ella y le chupe esa diminuta vulva, cuando quede satisfecho la ensarté hasta las bolas, al rato no me aguanté la emoción, me aferré con todas mis ganas y me desocupé dentro de ella, al terminar la dejé ensartada, esperé un poco y cuando estaba flácido mi pene se lo saqué lleno de semen y de una especie de moco blanco y espeso, creo que con burras ésta fue la mejor culiada que les he metido. De regreso le metí una culiada a la burra vieja y en la tarde el cuidandero se fue y las devolvió a su dueño.




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