Pasión con la perra luna
La habitación estaba oscura y caliente, solo se oía el ventilador viejo girando lento en el techo y el jadeo suave de Luna dormida. Ella yacía boca arriba en la cama hundida, patas traseras abiertas relajadas, la vulva hinchada y roja todavía palpitando levemente en sueños, chorreando un hilo lento .
Pasión con mi perra luna
La habitación estaba oscura y caliente, solo se oía el ventilador viejo girando lento en el techo y el jadeo suave de Luna dormida. Ella yacía boca arriba en la cama hundida, patas traseras abiertas relajadas, la vulva hinchada y roja todavía palpitando levemente en sueños, chorreando un hilo lento y constante de fluido caliente que empapaba las sábanas en manchas oscuras. El celo la había dejado exhausta después de las rondas anteriores, y ahora dormía profundo, la lengua colgando un poco por un lado, el cuerpo entregado por completo.
Luis Fernando no dormía. No podía. Se quedó arrodillado entre sus patas toda la noche, la cara hundida en ese chocho delicioso que no dejaba de oler y saborear. Besaba despacio, con una pasión contenida pero feroz, labios babosos presionando contra los labios vaginales hinchados, succionando suave para no despertarla del todo, pero lo suficiente para que el sabor salado-dulce le explotara en la boca una y otra vez. Lamía lento, profundo, metiendo la lengua hasta el fondo y revolviéndola con movimientos largos, saboreando cada gota que brotaba en sueños. El gusto era puro vicio: caliente, almizclado, adictivo, y él lo bebía todo, dejando el chocho completamente babiado de saliva espesa que se mezclaba con los jugos de ella, chorreando por sus ancas y goteando por su barbilla.
Mientras besaba, agarraba su propia verga de 23 cm —todavía dura, venosa, peluda y brillante— y la frotaba despacio contra el chocho dormido. Untaba su olor fuerte: sudor acumulado del día entero, precum rancio y espeso que salía en hilos gruesos desde la punta, mezclado con restos de semen de antes. Frotaba la cabeza hinchada contra los labios vaginales, embadurnándolos con ese aroma macho crudo y penetrante, untando el tronco venoso por todo el clítoris inflamado, dejando que el vello negro rizado rozara y se pegara a la piel sensible. Cuanto más le untaba su olor a verga sudada y precum rancio, más se excitaba él, más pasión le ponía a los besos.
Volvía a hundir la boca con hambre renovada: succionaba el clítoris ahora impregnado de su propio olor, lamía los labios vaginales untados de precum, chupaba los jugos mezclados con su esencia rancia, saboreando esa combinación sucia y deliciosa que lo volvía loco. Besaba más profundo, más baboso, dejando todo reluciente de saliva y fluidos combinados. Cada vez que frotaba la verga y untaba más olor, sentía un chorrito caliente brotar de la punta: se corría de a poquitos otra vez, semen espeso y lubricante chorreando por el tronco, goteando sobre el chocho que besaba, mezclándose con la baba y los jugos de Luna, cayendo en gotas pesadas sobre las sábanas.
Horas así. Toda la noche. Besando sin parar el chocho dormido, untándole su olor a verga sudada y rancia, y cuanto más lo untababa más lo besaba con pasión descontrolada: succionando, lamiendo, mordisqueando suave, dejando todo babiado y empapado de su esencia macho. La verga le chorreaba constante, lubricante y semen goteando sin control, el nudo hinchándose un poco en la base cada vez que lamía más profundo, pero sin penetrar, solo untando y besando, perdido en ese ciclo de morbo infinito.
Luna murmuraba en sueños, movía las ancas levemente hacia su boca sin despertar del todo, como si su cuerpo supiera y pidiera más. Él gruñía bajito contra la vulva untada y babeada, saboreando el gusto mezclado —el delicioso de ella con el rancio y sudado de él—, y seguía besando, untando, corriéndose poquito a poquito, hasta que el amanecer empezó a filtrarse por la ventana.
La verga seguía goteando restos calientes sobre el chocho reluciente. Él levantó la cabeza un segundo, los labios hinchados y brillantes, y murmuró ronco contra la carne hinchada:
—Duerme, mi perra… que yo sigo aquí toda la noche con tu chocho delicioso.
Y volvió a hundir la boca, besando con la misma pasión, untando más de su olor, perdido en el placer sucio que no terminaba nunca.
El celo duraba días. Y él no pensaba parar.
Soy de colombia 3126872869


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