Evangelina. Las aventuras amorales junto a mi ex. (Historia real de zoo).
Hola. Aquí les voy a contar una historia real acerca de vivencias que hemos compartido junto a Eva, mi ex pareja. Su nombre ha sido modificado para proteger y respetar su privacidad..
Siempre nos gustaron las fantasías raras, y descubrimos que teníamos muchísimas parafilias ambos. ¿Que nos juntó? ¿El destino? ¿El morbo? ¿Que nos quería enseñar esta situación de haber terminado juntos por más o menos 3 años? ¿Cuál era el punto? ¿Conocer nuestra oscuridad? ¿Nuestros lugares más recónditos de la mente y «cancelarles», amorales, prohibidos?
¿Estábamos lastimados los dos y el destino nos provocó para que terminasemos juntos y hagamos todas esas locuras que teníamos dando vueltas en algún lugar del subconsciente?
No sé. Pero valió la pena. Y no me arrepiento de nada de lo que vivimos juntos.
En este relato yo me voy a enfocar solamente en una situación, de las tantas que tuvimos… Hemos vivido cada experiencia rara y distinta en el sexo… Todas referidas a conductas sexuales desviadas o «no convencionales» o llamativas, digamosle.
Fué cuando ya se había apagado casi toda la llama de la relación. Es decir, cuando ya no estábamos más «juntos» oficialmente. Porque por más que mediante las palabras nos dijimos y acordamos que nuestra relación ya terminó y llegó a su fin, seguíamos teniendo sexo y viéndonos mínimamente 1 o 2, o incluso más veces por semana. Básicamente, no nos podíamos despedir, el amor era mucho. Tanto, tanto, que si la única manera de estar juntos, era a través del sexo, así lo aceptamos en ese momento, y durante todo el tiempo que duró nuestra eterna «separación», la cual de separación no tenía nada. Ya que nos resultaba devuelta, muy difícil. Es una sensación difícil de explicar si no la has vivido. ¿Te imaginas llevarte súper bien con alguien y amarlo con todo tu ser, y que al mismo tiempo esa persona sea súper calmada y tranquila? Bueno, para mí, es mi tipo de pareja ideal y fue la mejor relación que he tenido hasta ahora. Te extraño Evangelina, hoy y siempre.
En fin, era esa época, en la cual ya la estrella fugaz se estaba desintegrando, y con Eva nunca habíamos llegado a salir a bailar. Cosa que ella siempre quiso que hagamos juntos, así que fuimos a una discoteca en la cual estaban pasando música de cierta época y de cierto género, nada más. Era una fiesta temática digamos, de esas que no se hacen muy seguido la verdad. Y había pura gente grande, nada de los típicos niños que te faltan el respeto, o se emborrachan y empiezan a pelearse y a generar pleitos y molestias adentro de la disco. Yo no estaba muy a gusto con la idea de ir a bailar, osea, como que no tenía muuchas ganas. Pero aún así, fuí con ella y la verdad estuvo bueno, la música, verla a ella tan feliz y gozándolo, etc. Yo me acuerdo que me pedí uno o dos tragos en la barra. Y en un momento salimos a la parte de afuera de la disco y nos besamos y estuvimos ahí abrazados un rato, diciéndonos te amo. Y todo eso… Y bueno, yo medio que ya estaba medio cansado y como que no quería seguir estando hasta lo último de la fiesta y ya estaba empezando a excitarme poco a poco por la presencia de Evangelina conmigo. Así que le dije:
– ¿Vamos?
– Vamos. Respondió ella.
Y nos fuimos de la disco, nos subimos a mi vehículo y la rutina de siempre cuando llegamos a mi casa. Desnudarse, dejarla tirada en la cama, desnuda entera y penetrarme la vagina toda mojada que tenía y empezar a hablarle de temas sucios. No sé que nos había pasado esa noche, pero ahora que lo pienso bien, tengo la respuesta. No nos habíamos visto por mucho tiempo ni tampoco habíamos tenido intimidad en mucho tiempo, las ganas habían quedado acumuladas. El hecho de haber ido a la disco juntos nos calentó. Y todo el hecho de ir de ahí a mí casa a tener sexo, es algo que nunca habíamos hecho, se sentía como si éramos dos desconocidos que se encontraban en la disco y tenían sexo después en casa. Empezamos a hablar de temas sucios como siempre cuando estaba penetrándola en la posición de misionero. Ese día estabamos muy sucios los dos, sexualmente hablando. Muy… sucios. Y había una fantasía oscura y secreta que teníamos los dos que nunca nos habíamos contado. Yo mientras la penetraba y tomaba el coraje para decirlo, balbuceaba.
Era como un…
– ¿Q… Que… Querés?
– ¿Querés…?
-¿Q… Que…?
Hasta que por fin salió el:
– ¿Querés que el perro te coja?
A ella se le llenaron los ojitos de lágrimas, siempre le pasaba cuando se excitaba de más, lloraba y gemía al mismo tiempo y gritaba.
Cuando largué la pregunta, ella, con toda la cara roja, los labios apretandoselos para adentro y escondiendolos, asintió con la cabeza y con un millón de nervios encima dijo: Mmjm!
Pero quiero que sepan que ese «mmjm» no fue nada, comparado a como lo dijo su cuerpo. ¿Vieron cuando alguien se muere por las ganas? ¿Se derrite su cuerpo por la pasión y por la excitación? Su cuerpo habló. Habló tan fuerte que me traspasó con la mirada con ese «mjm». Nunca me voy a olvidar. Porque Evangelina hablaba con el cuerpo, con la mirada y con los deseos, más que con la boca. Y como le dijo, se le estaba haciendo agua la boca con ese deseo.
Dije rápidamente: ¡Lo traigo, lo traigo! (Haciendo alusión a traerlo al cuarto) Y ella se tapó la cara y sintió tremenda vergüenza y trataba de evitar sus pensamientos y excitación. En ese momento se empezó a querer arrepentir, y fueron segundos que parecieron horas. Pero como siempre lo hizo, tomó valor y dijo «bueno, dale». Lo dijo en un tono rápido, pero no echándose para atrás. Sino más un «¡bueno, dale, no perdamos más tiempo, que tiene que ser ya!». Porque ella sabía que si le daba muchas vueltas, se iba a terminar de arrepentir y ella no quería eso. Ya que era un deseo ardiente y fogoso que llevaba adentro, como yo.
Le iba a hacer que le chupe la vagina. La acomodé al borde de la cama sentada, y la hice abrir las piernas para que se deje ver su hermosa vagina peluda y labiuda. Sus pelos no eran desagradables, sino que más bien causaban excitación, porque al ella hacer actividad física todo el tiempo, tenía un cuerpo esbelto y muy atractivo. Y el hecho de dejarse pelo en el pubis, le quedaba muy bien. No era pelo en exceso, era simplemente, pelo.
Bueno… Ya puesta en la posición, le puse mayonesa en la vagina. Estaba asustada, excitada, curiosa, nerviosa y caliente al mismo tiempo. Estaba curiosa, ella siempre fue muy muy curiosa y nunca se dejó llevar por los tabúes de la sociedad. Y le calentaba muchísimo hacer cosas juntos.
Cuando finalmente el animal el estaba por empezar a chupar la vulva, yo dije «como me voy a pajear con esto», y así fué. Vería ahí toda desnuda, vulnerable, excitada y asustada, nerviosa, fue lo mejor. Ver esa sensibilidad en alguien y que te la regale, es una intimidad muy grande, la cual debe ser muy valorada. No todo el mundo te va a mostrar sus sombras y sus partes oscuras así. Bueno, el perro empezó a chupársela y ella no hacía gemidos, pero se notó que le gustaba. Era porque estava nerviosa, muy nerviosa. Pero poco a poco, le fué gustando más y más. Después de que fue suficiente para ella dijo «ya está» y nos quedamos tirados en la cama como siempre. Dándonos amor y mimos, tiempo de calidad. Le pregunté: ¿Te gustó, que se sintió la lengua de él?» Y me dijo; «Y tiene una lengua muy grande.» Y esas palabras quedaron grabadas en mi mente. Luego repetimos en otra ocasión una vez más la lamida, pero esta vez en el sillón. Y ahí sí se excitó sin nervios y gimió. Y en otra ocasión, la última vez que hicimos algo por el estilo, fue que yo la estaba cogiendo en posición de misionero, y él le estaba chupando una teta. Ella amaba eso, que le chuparan las tetas. Tenía los pezones muy sensibles. Al punto de que ella me dijo que muy posiblemente, si alguien le toca o le chupa muy bien los pezones, sin hacerla doler y haciéndolo con habilidad, es muy difícil que no se deje coger luego. Bueno, hasta acá la historia del día de hoy. Quiero que sepan que estos relatos no son inventados, son verídicos y siempre cambio obviamente los nombres y modifico ciertos datos para dar la intimidad necesaria y privacidad a las personas. Gracias por leer.
Cuéntenme que piensan.
Yaru.


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