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Zoofilia Mujer

Mi perro me quiere montar y no sé que hacer

Una visita a la veterinaria me abrió a un mundo nuevo con mi doberman .
Ana llegó a la clínica veterinaria nerviosa, con Thor caminando obediente a su lado. El gran Doberman negro brillaba bajo las luces, su cuerpo musculoso y atlético moviéndose con esa elegancia peligrosa que lo caracterizaba. Ana tenía 32 años, curvas generosas, pechos llenos y un culo redondo que siempre llamaba la atención. Vivía sola desde su divorcio y, desde hacía varios meses, su problema con Thor se había vuelto insoportable.

Cada vez que llegaba a casa, el perro se excitaba al instante. Se le subía por detrás, presionando su pelvis contra sus nalgas, jadeando fuerte mientras su miembro rosado y húmedo empezaba a salir. A veces la empujaba contra el sofá o la cama, intentando montarla con fuerza. Ana lo apartaba avergonzada, pero últimamente sentía una extraña mezcla de rechazo y curiosidad cada vez que notaba esa verga caliente rozándola.

La doctora Laura, una mujer alta de 38 años, cabello castaño recogido y cuerpo voluptuoso bajo la bata blanca ajustada, la recibió en su consultorio privado. Cerró la puerta con llave y le pidió a Ana que se sentara.

—Doctora, no sé qué hacer —dijo Ana, sonrojada—. Thor cada vez que me ve intenta montarme. Me lame las piernas, me empuja contra los muebles… ¿Es normal? ¿Debo castrarlo?

Laura sonrió con calma y miró al imponente Doberman.

—No es anormal en machos enteros tan dominantes como él. Huele tus feromonas, especialmente cuando estás relajada o en tu ciclo. Te ve como su hembra. Pero déjame ser muy clara contigo, Ana.

La veterinaria se acercó y bajó la voz, volviéndola íntima y sensual:

—Tener sexo con tu Doberman no solo es posible… en muchos aspectos es mucho mejor que con cualquier hombre. Te explico por qué.

Laura enumeró las ventajas con detalle, sin rodeos:

—Primero, el tamaño y la forma. El pene de Thor es más largo que el de la mayoría de los hombres y mucho más grueso en la base. Pero lo que realmente marca la diferencia es el nudo. Ese bulbo que se hincha dentro de ti hasta el tamaño de un puño. Te llena completamente, presiona contra tu punto G y contra las paredes vaginales con una fuerza constante. Ningún hombre puede darte esa sensación de estar totalmente ocupada, sellada, estirada al límite.

—Segundo, no puedes embarazarte. Puedes dejar que te llene de semen caliente y abundante sin ninguna preocupación. Su corrida es espesa, muy caliente y sale en chorros largos. Sentirás cómo te inunda el vientre, cómo se desborda de ti… y no habrá consecuencias.

—Tercero, el morbo. Es lo que más engancha. Ser follada por tu propio perro, en cuatro patas como una perra en celo, mientras él te monta con fuerza animal. Saber que estás dejando que un animal te use, que te marque por dentro. Ese tabú es tan fuerte que muchas mujeres se mojan solo de pensarlo. Es degradante y liberador al mismo tiempo.

—Cuarto, resistencia y cantidad. Un hombre se cansa y eyacula una o dos veces. Thor puede montarte varias veces seguidas sin perder la erección. Cuando se anuda a ti, puede quedarse dentro 15 o 30 minutos, bombeando semen sin parar. Te provocará orgasmos múltiples, largos e intensos, porque el nudo vibra y presiona sin cesar.

—Quinto, la lengua. Esa lengua áspera, larga y caliente puede lamer tu clítoris y tu coño con una velocidad y presión perfecta. Te llevará al orgasmo solo con lamidas, preparándote hasta que estés chorreando.

—Sexto, disponibilidad y fidelidad. Thor siempre está listo. No tiene excusas, no te juzga, no se ablanda. Es tuyo las 24 horas. Cuando quieras sexo, solo tienes que ponerte en posición y él te tomará.

Laura miró a Ana directamente a los ojos.

—Muchas mujeres que empezaron como tú terminan prefiriendo a su perro. Nada se compara a esa sensación primitiva de ser tomada por un macho tan grande y dominante.

Ana estaba visiblemente excitada. Sus pezones se marcaban bajo la blusa y sentía la entrepierna húmeda.

—¿Qué… qué debo hacer? —preguntó con voz temblorosa.

Laura sonrió.

—Esta misma noche, cuando llegues a casa, hazlo. Quítate la ropa, déjalo que te lama hasta que estés empapada. Luego ponte en cuatro patas en el sofá o en la cama, con el culo bien alto. Guía su verga con la mano al principio si es necesario. Relájate cuando sientas el nudo hinchándose. Déjate llevar. Te prometo que vas a gritar de placer.

Ana salió de la clínica con el corazón latiendo fuerte y las bragas mojadas.

Esa misma noche, apenas entró en su apartamento, Ana sintió la mirada intensa de Thor. El Doberman ya estaba agitado, olfateando el aire cargado de su excitación.

Sin decir una palabra, Ana se quitó la ropa en la sala. Sus pechos pesados quedaron libres, los pezones duros. Se sentó en el sofá y abrió las piernas.

—Ven, Thor… —susurró.

El perro se acercó de inmediato. Su lengua larga y áspera empezó a lamerle el coño con avidez. Lamía desde el ano hasta el clítoris, rápido y fuerte. Ana gimió, agarrándose los pechos. La lengua era implacable, áspera justo donde más placer daba. En pocos minutos ya estaba chorreando, temblando de un orgasmo intenso.

—Dios… sí… —jadeó.

Se puso en cuatro patas sobre el sofá, levantando el culo. Thor subió sobre ella al instante. Sus patas delanteras se clavaron en sus caderas. Ana sintió la punta caliente y puntiaguda buscando su entrada. Con una mano temblorosa guió el miembro rosado y resbaladizo dentro de ella.

Thor empujó con fuerza. El pene entró profundo de un solo golpe. Ana gritó de placer. Era más grueso y largo de lo que esperaba. El perro empezó a embestir con rapidez, follándola como un animal. Sus caderas golpeaban contra su culo con fuerza, haciendo que sus pechos se balancearan.

Ana gemía sin control.

—Fóllame… sí… más fuerte…

Entonces sintió cómo el nudo empezaba a hincharse. Se inflaba dentro de ella, estirándola, presionando contra todos sus puntos sensibles. El nudo creció hasta sellarla completamente. Thor ya no podía sacarlo. Seguía empujando corto y rápido, gruñendo en su oído.

El placer era abrumador. El nudo presionaba su punto G sin parar. Ana tuvo su primer orgasmo anudada, gritando, su coño contrayéndose alrededor del miembro hinchado. Thor no paró. Siguió bombeando. Ana sintió los chorros calientes de semen inundándola: espeso, abundante, muy caliente. Chorros tras chorros llenándole el vientre.

Se corrió de nuevo, más fuerte, temblando violentamente mientras el nudo palpitaba dentro de ella. El morbo la golpeó con fuerza: estaba siendo follada por su propio perro, anudada a él como una perra, llena de su semen animal.

Pasaron casi veinticinco minutos antes de que el nudo bajara lo suficiente para que Thor pudiera salir. Un torrente de semen blanco y espeso salió de su coño, goteando por sus muslos.

Ana cayó exhausta sobre el sofá, jadeando, con una sonrisa de satisfacción en los labios. Thor se lamió el miembro y luego lamió suavemente el coño de su dueña, limpiándola.

Esa noche, Ana lo buscó dos veces más. La segunda vez lo montó ella misma, sentada sobre él. La tercera vez dejó que la tomara en la cama, de lado.

A la mañana siguiente, Ana se despertó con Thor a su lado. Ya no sentía vergüenza. Solo una excitación profunda y constante.

Desde ese día, Ana dejó de salir con hombres. Prefería llegar a casa, quitarse la ropa y ponerse en cuatro patas para que su fiel Doberman la montara como la perra en celo que ahora sabía que era.

El placer del nudo hinchado, los chorros calientes de semen, la lengua áspera y la resistencia animal se habían vuelto adictivos.

Y nunca miró atrás.

15 Lecturas/3 abril, 2026/0 Comentarios/por Premium
Etiquetas: culo, follada, mayor, mujer, orgasmo, semen, sexo, verga
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