Se me corto el frenillo (IA)
Ella asintió, sin necesidad de que terminara la frase. Era un lenguaje que solo ellos dos entendían, construido en años de amistad y complicidad. Él se acercó lentamente, y sus labios se encontraron en un beso que comenzó suave, casi tímido, pero que pronto se fue volviendo más profundo, más hambrie.
