Mi Diablito
Tengo miedo. No sé hasta dónde seremos capaces de llegar. Ya le hicimos daño a su padre, ya se fue de nuestro lado. Siento que me estoy desmoronando… estoy completamente perdida por mi hijo..
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Tengo miedo. No sé hasta dónde seremos capaces de llegar. Ya le hicimos daño a su padre, ya se fue de nuestro lado. Siento que me estoy desmoronando… estoy completamente perdida por mi hijo..
Samuel se quedó quieto, se sentó en la sala, con los brazos colgando a los lados y la mente dividida entre lo que sentía y lo que debería hacer. Escuchó el sonido suave de la puerta de la habitación de su madre cerrándose y, por un momento, el peso en su pecho pareció aumentar..
Era nueva en la ciudad, habían transferido a mi padre por cuestiones de su trabajo y habíamos tenido que mudarnos. A Luis lo conocí en el parque de diversiones, justo en una atracción que nos llevó a un túnel oscuro, un pasaje misterioso que despertaba curiosidad y algo de inquietud. Me llamo Natali.
Desde que tengo memoria, el sexo ha sido más que un simple juego en mi familia. A los cinco años, mis tíos fanáticos me sentaron frente al televisor, me quitaron mi ropa y me explicaron, con la emoción desbordada, que aquello era la manera correcta en la que debíamos expresarnos, era una pasión here.
Un relato único, con el que anhelo conmover profundamente y reflejar el anhelo de tantos que enfrentan limitaciones sexuales en un mundo que no siempre los comprende..
En los vestidores, me puse una pantaloneta de jean sin ropa interior, sintiendo la tela áspera contra mi piel. Luego, salí y busqué a la chica que me había prestado la toalla. Al encontrarla, se la devolví con una sonrisa agradecida, acompañado de una disculpa sincera por las molestias que le había .
Bajo un cielo teñido de tonos amarillos, el día comenzaba de nuevo. Asher avanzó con paso firme, sintiendo en el aire lo desconocido. No era la primera vez despertaba de esta manera. Su pene aún goteaba semen cuando Asher exhaló con calma, observando los cuerpos dormidos a su alrededor. No sentía cu.
Siempre fui directo con las mujeres, sin rodeos ni dulzuras innecesarias. Mi rudeza nunca significó falta de educación; al contrario, mi manera de hablar, mi cultura y mi seguridad parecían despertar un interés especial en ellas. Supongo que mi físico también ayudaba..
Julián, un joven bogotano de 27 años, decide darle un giro a su vida. Luego de años trabajando en una oficina de contabilidad, siente que su rutina lo está agotando. Con los ahorros que ha acumulado, se inscribe en un diplomado de gastronomía, un sueño que ha tenido desde niño pero que siempre dejó.
Éramos una familia común, de esas que no llaman la atención. Nuestra vida transcurría en calma, entre la rutina del trabajo, las tareas del hogar y los momentos compartidos. Nunca imaginé que algo tan simple como la presencia de un vigilante en nuestro edificio pudiera cambiarlo todo. Pero lo hizo, .
