Viva en la marea
El viento del mar traía olor a algas. Desde la ventana del pequeño cuarto en el ático, Clara veía a su hermana caminar descalza por la playa, con el abrigo abierto y el vestido pegado al cuerpo por la bruma..
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El viento del mar traía olor a algas. Desde la ventana del pequeño cuarto en el ático, Clara veía a su hermana caminar descalza por la playa, con el abrigo abierto y el vestido pegado al cuerpo por la bruma..
El sol de Londres apenas se filtraba entre los edificios cuando Samuel y Gloria comenzaron su primer día juntos. Mientras caminaban por calles empedradas, Gloria, con su curiosidad inquieta, arrastraba a Samuel de un lugar a otro..
Benjy Stone recuerda haber crecido en un cine de barrio. Allí descubrió a Alan Swann: capa al viento, espada en mano, salvando princesas y enfrentando tiranos. Para el niño que fue, Swann no era un actor: era la promesa de que la vida podía ser grande, heroica, limpia de sombras..
Era un café que se tomaba a sí mismo con demasiada seriedad. Eso lo sabía cualquiera que hubiera entrado más de una vez —o incluso una— y advirtiera que las plantas parecían haber sido seleccionadas por alguien que aspiraba secretamente a dirigir un jardín botánico. .
No dormí bien. Eso es lo primero que pensé cuando abrí los ojos y vi la luz pálida filtrarse por las cortinas de lino. No dormí bien, pero no por las razones que todos en el colegio asumirían.
El invierno de 1918 llegó a Leópolis acompañado por el sonido de botas en las calles y banderas recién desplegadas en los balcones. La Gran Guerra había terminado, pero la ciudad —entonces parte del imperio austrohúngaro— se encontraba en el centro de un nuevo conflicto.
Amanda tenía nueve años y vivía en una casa al final de la calle de los Sauces, una vieja construcción de madera con un desván que era su refugio. Sus padres solían decir que tenía una imaginación prodigiosa, capaz de convertir cualquier rincón en un mundo distinto..
No fue el frío de la noche lo que me estremeció, sino ella: una niña de once años. Me la presentaron sin mayor ceremonia, y sentí que algo se encendía..
Mike Fallon caminaba por la acera junto al colegio con las manos en los bolsillos, la cabeza apenas gacha. .
Eco dormía escuchando los crujidos de la madera en la cabaña que nunca dejaban de sonar, como tampoco el murmullo de los pinos que rodeaban la casa. Su madre le decía que esos sonidos eran canciones que lo ayudarían a dormir..
