Al pasar a solas, una noche lluviosa con un vecino, no podía creer que voluntariamente me dejé penetrar.
No podía creer, que eso que, para mí en otros momentos de mi vida, me pareciera un acto, tan denigrante en un hombre, yo lo estuviera disfrutando tanto en esos momentos..
No podía creer, que eso que, para mí en otros momentos de mi vida, me pareciera un acto, tan denigrante en un hombre, yo lo estuviera disfrutando tanto en esos momentos.
Me encontraba solo en casa, aburrido como una ostra, ya que ese fin de semana, mi esposa e hijas habían salido de viaje, a visitar a los padres de ella.
Quizás por la falta de costumbre de estar solo, me sentía mal. Por lo que decidí salir a caminar por la urbanización, y como no tengo costumbre de beber, no pensé en ir a ningún bar.
Ya llevaba un buen rato caminando, cuando en la pequeña plaza de la urbanización me topé con un vecino que conocía más bien de vista, él y yo nos pusimos a charlar, y continuamos caminando, cuando de momento se desató una fuerte lluvia, justo cuando pasábamos frente a mi casa, los dos corrimos a guarecernos bajo mi portal, y ya estando ahí lo invité a pasar, en realidad nos conocíamos tan poco que cuando entró a mi casa, me preguntó por mi esposa, y fue cuando se enteró que yo era soltero, la fuerte tormenta continuaba arreciando, y en el poco tiempo que tardamos en llegar a mi casa, nos empapamos completamente, el vecino me pidió que le prestase un paraguas para continuar su camino a su casa.
Pero le indiqué que el único paragua que tenía se encontraba en mi auto, que a su vez se encontraba estacionado frente a la casa, por lo que ir a buscarlo y continuar a su casa hubiera obtenido el mismo resultado, terminaría completamente empapado de pies a cabeza, fue en ese momento que le propuse que esperase a que escampara, y que mientras tanto, podíamos seguir conversando, lo cierto es que como la otra opción era mojarse bajo la fuerte lluvia, aceptó mi invitación.
De inmediato entré a una de las habitaciones y al salir de ella traje un par de toallas, le entregué una mientras le dije que se quitase la camiseta que estaba usando, y se secase no fuera a ser que atrapase un resfrío por quedarse mojado, por lo que finalmente se quedó con sus pantalones cortos y sus zapatillas de caminar, por un buen rato solo hablamos de tonterías, política, y cosas así por el estilo, cuando levantándome de mi silla, le pregunté que deseaba tomar, yo le serví, candela liquida, es una especie de ron, hecho en alambique, y almacenado en una barrica de madera por un buen tiempo.
El líquido era completamente transparente, con un aroma indefinido, pero que, al entrar en contacto con las papilas gustativas de su boca, me comentó que ese el nombre le iba al pelo, cuando me comenté lo fuerte que era eso, a manera de demostración, en el pequeño vaso que yo tomaba después de bajarme de un solo golpe todo su contenido, prendí una cerilla y la coloqué como a medio centímetro de mi vaso, y de momento como por arte de magia, el pequeño vaso se prendió en candela, era algo desproporcionado, digo tomando en cuenta de que el vaso estaba ya vació, para la fuerte llama que se encendió.
Por un rato después de apagar con mi mano el fuego, continuamos charlando, a medida que seguíamos charlando, le volví a servir otro trago de mi candela liquida, la que él se tomó de la misma forma que yo lo hacía, de un solo trago, del tema de la política pasamos a charlar sobre otros temas y desde luego que seguimos bebiendo de su candela liquida, después de un buen rato, a pesar de la fuerte lluvia, y del frío que por lo general hace por donde vivo cuando llueve de esa manera, los dos nos sentíamos algo acalorados.
A pesar de nada más estar en pantalones cortos, cuando me lo comentó, le dije que me sentía igual de acalorado, y levantándome de mi sillón, me dirigí al ventanal que da a su patio trasero y lo abrí de par en par, el espectáculo era único la lluvia continuaba cayendo con fuerza, y en mi piscina se podía ver claramente como las gotas de lluvia golpeaban una y otra vez la superficie de la piscina, mientras observábamos eso, le volví a servir otro trago, y al dárselo le comenté. “¿No te provocaría darte un baño bajo la lluvia?” Mi vecino me dijo que lo cierto es que justo en eso estaba pensando en ese instante, como llovía con fuerza, pero sin que hubiera truenos ni relámpagos, la verdad que provocaba meterse al agua aún bajo la lluvia.
Le dije en ese instante. “Si gustas por mí no te detengas, que bastantes veces que lo he hecho.” Y al terminar de decir eso, después de quitarme las zapatillas de correr que usaba en esos momentos, al igual que yo él se encontraba con pantalones cortos, así que de golpe salí de la casa y me di tremendo chapuzón, el vecino por unos instantes dudo en seguirme, pero con el calor que sentía por todo su cuerpo, no lo pensó más, al igual que yo también se quitó sus zapatillas de caminar y siguiendo mi ejemplo se tiró al agua.
Creo que los dos nos sentíamos como unos adolescentes, con toda esa lluvia cayendo sobre nosotros, mientras disfrutábamos de la piscina, en cierto momento salí del agua, y fue cuando por primera vez mi vecino creo que se fijó en mi cuerpo, no es que fuera un fisiculturista, pero me veo bastante bien, quizás un poco más robusto que mi vecino, pero proporcionado, yo noté que él me observaba de esa manera, cuando aun lloviendo y sentado al borde de mi piscina, le comenté. “Lo mejor de esta casa es que nadie ve lo que sucede en este patio.” y al decir eso me despojé de mi pantalón corto, quedando completamente desnudo.
Mi vecino se dio cuenta de que realmente lo que yo le decía era cierto, mi propiedad quedaba en lo alto de una loma, y una alta tapia separaba mi casa del siguiente vecino, que de paso es una casa que estaba abandonada, así todo desnudo, volví a entrar a la casa y regresé con la botella que contenía la candela liquida, y tras darme un buen trago a pico de botella, entré nuevamente al agua y le entregué la botella al vecino.
Él al igual que yo también se dio un buen trago, mientras que yo me dediqué a nadar de espaldas, el vecino al tiempo que se dio ese otro trago, no pudo despegar sus ojos de mi miembro, fue cuando al parecer se dio cuenta de eso, apartando la vista de mi verga.
Pero a los pocos segundos, después de tapar y dejar la botella en el borde de la piscina, al vecino le provocó quitarse también su pantalón corto e interiores, los que dejó sobre una tumbona al lado de la piscina.
El vecino parecía sentirse de lo mejor, libre, bañándose completamente desnudo en mitad de la noche bajo la lluvia, después de lo cual me dio alcancé, yo me encontraba en la parte menos honda de la alberca, sentado con mis piernas bien abiertas, exponiendo todo mi miembro ante mí vecino.
Mi vecino se sentó a mi lado en la misma posición, disfrutando del baño que le daba la lluvia, fue cuando de manera quizás inocente se volvió a fijar en mi miembro que, a simple vista, era uno mucho más desarrollado que del.
Cosa que por lo visto él también hizo, y no es que tenga la costumbre de estar comparándome con otros tipos, pero en ese instante ambos lo hicimos, y lo cierto es que me pareció que él se sintió algo avergonzado, no por estar mirándolo, sino por las pequeñas dimensiones de su miembro.
Pero para no seguir sintiéndose así, decidió tirarse al agua nuevamente, nadó lentamente de pecho, hasta la otra orilla, donde se encontraba la botella, la tomó y regresó donde estaba yo, y después de que se dio un buen trago, me la ofreció, pero sin dejar de seguir admirando mi miembro.
Fue cuando le dije. “Espero que no tomes a mal lo que te voy a decir, pero veo que tienes un lindo cuerpo.” al escucharme, se quedó sin saber que responder, y dijo lo primero que se le vino a la cabeza. “Tú también tienes un buen cuerpo, y una verga espectacular.” Al terminar de decir esas palabras, debió pensar que no debió haber dicho eso, y se quedó con cara de que pensaba ¿Qué iba a pensar mi vecino de mí?” Yo agarrando mi miembro entre una de mis manos, mientras jugueteaba con él, me le quedé viendo, y sin vergüenza alguna le pregunté directamente. “¿Te agradaría agarrarlo?”
Quizás pensó que en ese mismo instante se debió salir del agua, pero en lugar de eso, se colocó frente a mí y al tiempo que lo hacía, dirigió su mano derecha directamente sobre mi miembro, y bajo su propio asombro, comenzó a masturbarme lentamente, en cosa de segundos mi verga se puso bien dura y erecta entre sus nerviosos dedos.
Yo permanecía sentado en la orilla de la piscina, con una cara de satisfacción lo observaba, permanecía con mis piernas bien abiertas, mientras que él temerosa pero suavemente me masturbaba.
Me volví a dar otro trago, y de inmediato le pasé la botella diciéndole. “Daté otro antes de que entremos a casa.” mi vecino se encontraba bien confundido, con cara de que en su vida había hecho eso, ni tan siquiera pensado en estar con otro hombre, en esos momentos no sé qué le pasaba por su mente, él estaba como subyugado por mi cuerpo, por lo llamativo de mi miembro, por mi manera de hablarle.
Por lo que cuando me escuchó decirle. “Me gustaría que le dieras una corta mamada.” él como si estuviera hipnotizado sin voluntad propia, me vio a los ojos, y de inmediato llevó su boca a mi colorado glande.
Aun lentamente su boca fue arropando la totalidad de la cabeza de mi verga, la que lentamente comenzó a chupar, al principio nada más se concentró en mi rojo capullo, pero poco a poco como que fue ganando confianza, y gran parte de mi tallo desaparecía dentro de su boca.
Para él era algo inaudito lo que estaba haciendo, no salía de su propio asombro, y a medida que seguía cabeceando sobre mi verga, yo disfrutaba plenamente de lo que él me hacía.
Hasta que en un tono seductor le dije. “Detente, sal del agua para que subamos a mi dormitorio.” El vecino sin voluntad ninguna, solamente me obedeció, lo ayudé a salir del agua, y al estar frente a frente a mí lo tomé entre mis brazos y le he estampado un tremendo beso con lengua y todo dentro de su boca.
Por unos instantes, se quedó paralizado, sin la menor idea de que hacer, con un sinfín de imágenes que bullían en su mente, sintió mis brazos abrazándole y acariciando todo su cuerpo, mi miembro contra el del, hasta que mientras yo lo abrazaba y acariciaba, coloqué una de mis manos sobre sus desnudas nalgas, fue cuando sus brazos rodearon mi cuerpo y su boca respondió salvajemente a mis besos, todo eso sucedía, mientras la lluvia había comenzado a amainar.
No sé cuánto tiempo los dos permanecimos así, de pie frente a la piscina, besándonos y acariciándonos mutuamente, hasta que dándole una pequeña nalgada le dije, en un zalamero tono. “Amor vamos a subir.”
A medida que ya íbamos subiendo la escalera dentro de la casa, mis manos no dejaron de tocar y acariciar sus nalgas, sin que él pudiera o quisiera detenerme, ya en mi habitación nos volvimos a besar intensamente, y a los pocos segundos, lo fui recostando sobre mi cama, él estaba que como le pusiera, así se quedaba.
Era tal su condición, que ni pensó en lo que estaba a punto de dejar que le hiciera, se recostó boca abajo y tras sacar aceite de mi mesa de noche, me dediqué a masajear todo su mojado cuerpo, centrándose completamente en sus nalgas, mis manos le las apretaban de manera cariñosa, mis dedos lentamente fueron explorando su esfínter, y posteriormente separando sus nalgas.
Él esperaba algo tenso ser penetrado, fue cuando me escuchó decirle. “Relájate, no te pongas tenso, que yo no deseo hacerte daño alguno amor.” Al mismo tiempo mis dedos lentamente se movían dentro de su cuerpo.
A los pocos segundos comenzó a sentir algo especial, eran mis labios y lengua que se los estaba pasando por entre sus nalgas, deliciosamente besando y lamiendo su culo, cosa que lo relajó más todavía, de momentos me comentó que había pensado en que diría su mujer, si se enterase de lo que él estaba a punto de dejar que yo lo penetrase.
Pero la sabrosa sensación que en esos momentos disfrutaba, borró de su mente, cualquier pensamiento inoportuno, únicamente deseaba llegar a sentir eso dentro de su cuerpo.
Yo en todo momento me mantuve hablándole, de manera suave y seductora, le dije que sus blancas nalgas eran todo un regalo para mí, y comencé a pasar mi glande lentamente sobre su esfínter, mientras que él deseoso de que siguiera, comenzó a abrir y cerrarlo invitándome a que lo penetrase.
En ese momento, procuró mantenerse lo más relajado posible, y yo comencé a enterrar la cabeza de mi miembro dentro del, aunque ciertamente sintió algo de dolor, quizás mi saliva o el aceite que después se dio cuenta que le había puesto, evitaron que le doliera mucho más.
Con mucha calma, bien despacio, poco a poco fue sintiendo como yo en esos momentos era su amante, su macho, le iba penetrando, hasta que mi pecho y su espalda, mi vientre y sus nalgas entraron en total contacto.
Mi vecino no podía creer, que eso que era para él en otros momentos de su vida, le pareciera un acto, tan denigrante en un hombre, él lo estuviera disfrutando tanto en esos momentos, no bien nuestros cuerpos entraron en total contacto, él voluntariamente comenzó a mover sus caderas, como si en ello le fuera la vida.
Por mi parte, me di a la tarea de ir metiendo y sacando casi totalmente toda mi verga de su culo, lo que él disfrutaba placenteramente, era una cosa que me dijo que no sabía cómo describirla, sentir mis fuertes brazos alrededor de su cuerpo, o agarrándole por la cintura, mientras le enterraba una y otra vez toda mi verga, por todo el centro de su ojete, para mí vecino eso era la gloria.
Cuando comencé a besarle por el cuello y mordisquear sus orejas, me dijo que se sentía derretir, también me dijo que una fuerte sensación de seguridad invadió todo su ser, su cuerpo se quebraba bajo el mío, a cada sabrosa embestida que él recibía.
Él buscando sentir un mayor placer, había levantado sus nalgas, y la restregaba con fuerza contra mi verga, en esos momentos, me dijo que realmente deseaba que nunca me detuviera, que siguiéramos así de por vida, para él era algo increíble, se encontraba como endrogado, en un éxtasis tal, que pensó que si alguien entrase a esa habitación en esos momentos poco le importaría, lo que llegase a pensar esa persona.
En cierto momento deslicé una de mis manos bajo su cuerpo, agarrando su verga, la que se encontraba contraída y en total estado de reposo, pero no hice nada más que medio tocarla que se le puso erecta y bien dura, y a medida que yo lo continué clavando y dando verga comencé a manosear la del, hasta que llegó el punto en que sin esfuerzo alguno se vino, entre mis dedos.
Los que llevé a su boca, y me los chupó uno a uno, hasta dejarlos sin rastro de su propio semen, por un buen rato, sintió toda mi humanidad sobre la del, hasta que comencé a acelerar mis movimientos pélvicos, y él a mover con mayor furor sus nalgas.
Mis brazos lo apretaban contra mi velludo pecho, mientras que él gemía y deliraba de placer, quizás fue idea del, pero me juro que sintió ese primer chorro de semen dentro del.
No sé qué le pasó, pero me comentó que él se visualizaba a sí mismo, viéndose en su imaginación desde diferentes ángulos, cuando tanto él como yo finalmente nos detuvimos, nos quedamos acostados en mi cama, hasta que la luz del siguiente día nos despertó.
Cuando eso sucedió, me dijo que se sintió aterrado, se preguntaba a sí mismo como pudo haber hecho eso, que diría su mujer, si se enterase, que haría ahora conmigo, como actuaría yo con él.
Fue cuando le di una deliciosa nalgada, y le dije. “Despiértate, amor, que ya amaneció.” Él no sabía qué hacer, ni cómo actuar, se acordaba de todo claramente, y sabía que nada de eso hubiera sucedido de no haber sido que él mismo lo permitió.
Cuando aún acostado al abrir sus ojos, lo primero que se encontró fue mi mástil, parado, pensé en pedirme una explicación de lo sucedido, pero al verme a los ojos, supo instantáneamente cuál era mi deseo, por lo que, sin teatro alguno, tomó mi verga entre sus dedos y se dedicó a mamármela completamente.
Por un buen rato se puede decir que mi vecino disfrutó del placer de tener en su boca, toda mi verga, hasta que largué su buen chorro de leche, la que sin escrúpulo alguno a medida que seguía chupando, la iba tragando.
Al terminar, le di un fuerte beso, y le dije. “Lo de anoche y ahora es algo que siempre he deseado hacer contigo desde que te conocí en la oficina del administrador de la urbanización.”
Antes de que él pudiera decir nada, continué hablando. “Sé que fue tu primera vez, y espero que conmigo no sea la última. Los dos tenemos una química única entre nosotros dos, no sé qué tú opines, pero me encantaría seguir viéndonos, siempre y cuando tú así lo quieras, no me tienes que decir nada ahora, piénsalo y después hablamos, o sencillamente no nos volvemos a ver, lo que tú quieras, lo respetaré.”
Lo cierto es que nos hemos seguido viendo con cierta regularidad, él siempre se ha quedado en su papel de pasivo, ya que entiende que es el que mejor que le va.
Aunque no dudo que, si en algún momento decido actuar como activo, mi vecino lo acepte, en cuanto a mi mujer y mis hijas, entiendo que no tienen por qué enterarse, de lo sucedido entre mi vecino y yo.


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