Artemis quiso penetrarme a los 8 años pero no pudo nunca hacerlo.
Tenía 8 años y vivía en el campo aunque era de la ciudad, por una situación económica nos tocó ir a vivir a una finca cercana a un pueblo ubicado junto a una carretera y a un río en la provincia del Oro en Ecuador. Cuando llegamos al lugar con mis padre y hermanos fuimos a vivir en una casa ubicada.
Me quisieron abusar sexualmente a los 8 años.
Tenía 8 años y vivía en el campo aunque era de la ciudad, por una situación económica nos tocó ir a vivir a una finca cercana a un pueblo ubicado junto a una carretera y a un río en la provincia del Oro en Ecuador. Cuando llegamos al lugar con mis padre y hermanos fuimos a vivir en una casa ubicada en medio de la finca que pertenecía a un gran amigo de papá y que le había pedido que se la cuide, que él le pagaría un sueldo por vigilar a los trabajadores.
La finca era grande y tenía como cultivos banano, plátano, árboles frutales y cacao que cubría la mayor extensión de la misma.
Para llegar a ella desde el pueblo había que caminar aproximadamente dos kilómetros por el único camino que había y que estaba bordeando el río.
Junto a la finca donde vivíamos mi familia y yo había otra que estaba ubicada primero en el camino cuando se venía del pueblo antes de llegar al claro donde estaba la casa que habitabamos.
En esta finca vivía una familia de una señora viuda que tenía una hija de 20 años y un hijo de 15 años. Ella era blanca y muy bonita, se llamaba Clara y el era delgado de 1,70, blanco y también bien parecido.
Mis padres no inscribieron en la escuela del pueblo y mis hermanos mayores y yo asistíamos a clases todos los días y caminábamos el trayecto desde la finca hasta el pueblo y obligadamente pasábamos por la finca de los vecinos. El joven no iba a la escuela porque ya había terminado la primaria y se dedicaba a las labores del campo.
Yo era el menor de los cuatro hermanos, 3 varones de 15, 13 y 8 años que era yo y 1 hermana de 18 que le habían conseguido un trabajo en un almacén del pueblo.
En ese lugar, a pesar de que extrañavmos hábitos de la ciudad, nos adaptamos rápidamente, pues teníamos un río que para nosotros era una enorme piscina, árboles frutales de mango, guayaba, aguacate, ciruelas, naranja, mandarina entre otros a los que nos subíamos a bajar frutas siempre y cuando no tuvieran espinas como los naranjos, mandarina y limón. Pasábamos divertidos y la gente del lugar era sana.
Yo había notado que cuando pasaba por el camino para ir a la escuela o a comprar comestibles al pueblo, siempre Artemis, que asi se llamaba el hijo de la dueña de la finca vecina, me quedaba mirando hasta que me perdía en la curva del camino antes de llegar al pueblo. No había un solo día que no lo hiciera, se saludaba con mis hermanos, pero a mí solo me miraba y lo máximo que hacía era un movimiento de su cabeza de abajo hacia arriba, como diciéndome!que hay, te estoy esperando!…yo también le movía la cabeza y seguía mi camino.
Un día de vacaciones de la escuela y como ya mis padres habían cogido confianza y mis hermanos estaban ayudandole en los trabajos de la finca y mi hermana en el pueblo, me mandaron a mi a llevarle el almuerzo a mi hermana.
Empecé a caminar y cuando llegue frente a la entrada de la finca vecina, ahí estaba el con una gran escalera artesanal de las que hacen los carpinteros con madera.
Fue la primera vez que me habló.
Artemis: Que hay, a donde vas.
Yo con mi voz tímida: Voy a llevar el almuerzo a mi hermana.
Artemis: Voy a coger mangos, no quieres venir.
Yo: Si pero cuando regrese de dejarle el almuerzo a mi hermana.
Artemis: Bueno, aquí te espero ( me dijo con su voz ronca)
Yo: Bueno (Estaba emocionado por ir a coger mango y quería saber para que era la escalera.
Nota: Para algunos países el verbo coger es utilizado para referirse a tener sexo, acá en Ecuador se lo utiliza para referirse a agarrar, tomar, sujetar, recoger, etc, así que estaré diciendo este verbo como lo usamos acá.
Retomando el relato, emocionado le entregué el almuerzo a mi hermana y me dijo que fuera a casa y yo en mi inocencia le dije que iba a coger mangos con Artemis y ella me dijo bueno, coge unos mangos verdes para mí (los mangos verdes los comen curtidos con sal y limón, son deliciosos). Dije bueno, ya mi familia le tenía confianza al vecino.
Cuando llegue al lugar de encuentro, Artemis no estaba pero vi que en unos matorrales hacia adentro del camino se movía un árbol y creí que Artemis ya estaba por subir al árbol.
Me acerqué despacio y de pronto me asusté porque Artemis tenía los pantalones al tobillo y no sabía que era mientras tenía esa edad pero cuando crecí aprendí dos términos con respecto a eso, vulgarmente acá se dice hacerse la paja y masturbarse que es la palabra correcta.
Artemis se estaba haciendo la paja y tenía su verga parada grande y delgada. Unos 17 CM de una verga blanca, con la cabeza rosada y las bolas y la pelvis llenos de bellos rubios porque el era bien blanco.
Artemis tenía una mano, la izquierda en el pecho, co la que se frotaba y se pellizcaba las tetillas y con la otra se masturbaba y se sonaba la cabeza de su verga y luego se la llevaba a la boca, la lamia y la regresaba al pene para seguir haciendo el movimiento. Novia las caderas como que en su imaginación se estaba clavando a alguien y estoy seguro que pensaba en mi. Tenía los ojos cerrados y no se percató que yo estaba casi frente a él viendo lo que hacía.
Yo sentí una especie de temblor en todo mi cuerpo, palomitas en mi estómago y un poco de temor a que me viera pero aún así seguía mirandolo y empecé a sentir una sensación en mi verguita y se empezó a subir mi pantalocito corto.
Me describo aquí, a mis 8 años media aproximadamente 1,25 m. Era delgado, blanco, superaba en altura a muchos niños del sector porque vengo de una familia de gran estatura. A esa edad pensaban que tenía más edad, 12 años por lo menos.
Me vestían cuando no iba a la escuela con pantoloncillos cortos, con cintura con elástico que se podían bajar de un tirón. Esto era el vestido de los niños varones de ese pueblo y no se ponían calzoncillos. Solo las niñas usaban el mismo short pero con calzón debajo del mismo.
Sigo con el relato, Artemis seguí en su labor de pajearse y yo embelesado viendo su hermosa verga como está tiesa y roja en la cabeza, que no aguanté más y me bajé el pantalocillo y empecé a tocarme mi verguita con lo que sentía un cosquilleo rico.
Artemis empezó después de unos 10 minutos a eyacular y jadeaba como loco y botaba leche en cantidad haciendo unos sonidos guturales. Habrá lanzado unos cinco chorros de semen a un metro frente a él, luego con la mano limpio la cabeza de su verga y se la llevó a la boca y se lamió toda haciendo gestos de que le gustaba.
Artemis se agachó para subirse los pantalones y yo por subirme mi pantaloncillo me moví y moví el arbusto que estaba frente a él, donde me escondía.
Artemis me vió y yo asustado salí corriendo hacia el camino y el atrás mío logró alcanzarme y me abrazó fuertemente para que no me moviera y yo quería alojarme y no podía y el empezó a hablarme con su voz Rica pero suave y me decía
Artemis: Tranquilo Santiaguito no te asustes no es nada malo. Vamos a coger los mangos.
Aprovechaba para Subaru su verga a mi espalda que todavía estaba un poco dura.
Yo seguía renuente a ir porque era más adentro del camino en la finca de él y tenía miedo, pero me hablaba y me fue tranquilizando y tocandome mi pecho y masajeando mis hombros hasta que me convenció y me dijo:
Artemis: Vamos que te voy a enseñar muchas cosas cogiendo mangos.
Yo: Bueno vamos pero no me dejes solo por allá.
Artemis: No mi Santiaguito yo te voy a cuidar. Y emprendimos la camita, yo junto a Artemis lo seguía mientras el llevaba la escalera para subir al árbol.
Caminamos unos 100 m. finca adentro y llegamos junto a un árbol de mango frondoso donde él piso la escalera.
En el suelo junto al mango solo había abundantes hojas que formaban un colchón donde rebotaban los mangos maduros que caían del árbol.
Unos 15 m. más adentro de donde estaba el árbol había unos arbustos que tapaban un cerco hecho con caña guaduae en las cuatro paredes y techo de cade que estaba muy bien disimulado y que en el campo hacen para guardar herramientas agrícolas.
Artemis me dijo que me acerque al árbol para empezar a subir por la escalera y a mi me dió miedo porque estaba bien alto donde teníamos que subir a bajar los mangos, el dándose cuenta mi temor me dijo:
Artemis: No tengas miedo que yo te voy a proteger con mi cuerpo.
Yo: no me vas a dejar caer?
Artemis: No, te voy a cuidar mientras subimos.
Yo: Bueno, subamos…..y hasta donde vamos a subir?
Artemis: Hasta ésas tablas que están arriba.
Habían como tres tablas que formaban un piso como la casa del árbol.
Empezamos a subir y yo iba adentro y el afuera cubriendome con su cuerpo y haciendome sentir toda su verga en mi culo sobre el pantalón. Demoramos unos 5 minutos en subir por mi miedo hasta que llegamos a las tablas y el subió un poco más y me hizo sentar en las tablas y fue en ese momento que me di cuenta que había subido con la verga afuera, la que me choco en la cara y me hizo apartarme un poco, aunque siga cerca y tenía un olor como a cloro y a orine.
Artemis: Disculpa Santiaguito pero en la subida se me salió, pero como somos hombres no es un problema porque los dos tenemos lo mismo, ¡Verdad!
Yo solo atiné a decir: Si.
El no se guardo la verga y mientras hacia caer los mangos al piso parado sobre las tablas, no dejaba de rosar su verga que no se había guardado en el pantalón, por mi cara y el olor me estaba gustando.
Ya la tenía bien tiesa y le salía líquido preseminal, pero el no hacía nada por que yo le haga algo y se hacía el desentendido y solo me topaba la cara con su verga que yo trataba de esquivar, pero en una de esas esquivado mis labios rozaron la cabeza de su verga y dejó su precum en mis labios que le hice creer que me limpiaba con el dorso de la mano, aunque en un momento me pase la lengua por los labios y probé ese jugo saladito que me hizo sentir lo mismo que había sentido cuando lo vi masturbándose.
Después de un buen rato de bajar mangos el se sentó junto a mi y se tocó la verga tiesa y me preguntó:
Artemis: Quieres probar con tu boquita?
Yo: Movie la cabeza en señal de no y el insistió agarrando mi cabeza y llevándola su verga.
Quise resistir pero me gano en fuerza y puse mis labios sobre su verga que botaba líquido y entro ligeramente en mis labios.
Levante mi cabeza y le grite que no y el se asustó porque alguien podría oír mi grito.
Me tapo la boca y me dijo
Artemis: esta bien, tranquilo Santiaguito, pero no grites.
Luego le quitó la cáscara a un mango maduro y me lo dió para que coma y me lo comí hasta la Pepa que chupaba rico como si fuera la verga de Artemis.
El.al ver eso agarro otro mango maduro le quitó la cáscara y se lo sobo por toda su verga hasta las bolas y lo que sobró me lo dio para que comiera y con esa sensación que tenía me lo comí rápido.
Entonces él me dijo:
Artemis: Viste como te chupas te la pepa del mango si puedes chupar está verga con sabor a mango.
Yo: Pero tú verga es más grande que la pepa de mango.
Artemis: Pero chupa solo la cabeza.
Yo: me quedé pensativo un rato hasta que me decidí y le dije
Bueno, pero solo un poquito.
Artemis: Bueno, hasta cuando tú quieras.
Baje mi cara a su verga y me.meti la cabeza a mi boca y me chupaba todo el sabor a mango que le había quitado el olor a orine, pero que estaba revuelto con el sabor saludito del líquido preseminal.
Sentí un sabor rico y le empecé a coger el gusto y cada vez bajaba más hacia el tronco y lamía hasta su bolas que tenían mango.
De cuando en cuando el apartaba mi cabeza y seguía imprenandose mango para que yo siguiera mamandosela (por eso me encanta el mango).
Artemis: Así, sigue así, que rico, no muerdas, así no sin los dientes.
Y metía mi dedo índice a su boca para enseñarme a Marcelo.
Yo estaba encantado y el se aprovechaba tocando los cachetes de mi culo y sobando mi ano con su dedo.
Artemis: Así, sigue así, que rico, que rico, después quiero tu culito, verdad que vas a ser mío, vas a ser mi mujercita…
y empezaba a sentir como se agitaba y su verga palpitaba en mi boca y parecía que se le inflaba la cabeza hasta que sentí su semen caliente en mi boca y quise levantar la cabeza pero no pude porque el la mantenía con su mano aplastada sobre su verga.
Yo tenía la boca llena y él me soltó y yo no cerraba la boca y el semen se corría por la comisura de mis labios, el lo que hizo fue besarme y parte del semen se tragó el y parte me tragué yo.
Volví a lamer la verga y se la limpi todita ya sin sabor a mango.
Mi verguita estaba erecta y sentía ese cosquilleo que uno siente cuando está acabando pero sin que salga ningún líquido.
Artemis: Te gustó tu helado de mango.
Yo: Si estuvo rico.
Bajamos del árbol y recogimos los mangos en sacos y los pusimos en la carreta y luego el me dice.
Artemis:Quieres conocer mi casita de juegos.
Yo: Si, es esa que está allá? Señalando la ramada que están detrás de los arbustos.
Artemis: Si es mi pequeño escondite donde sueño con tener a mi mujercita.
Yo: Y porque no la tienes, en el pueblo hay bastante mujeres.
Artemis: No ésas no me gustan, me gustan, quiero tener una mujercita como tú que me haga lo que me hiciste arriba del árbol o algo más.
Yo: pero yo no soy mujercita.
Artemis: Te gustó lo que me hiciste arriba del árbol.
Yo: Si, me gustó.
Artemis: Y que te gustó más.
Yo: Cuando salió ese líquido blanco por hueco de tu pene y me.lo tragué.
Artemis: Eso te convirtió en mi mujercita.
Yo: Porqué, eso hacen las mujeres?
Artemis: Si, y tu me lo acabas de hacer por eso eres mi mujercita, pero no puedes decirle esto a nadie, ni a tus padres, no a tu hermanos, no a tus amigos. Es un secreto entre tú y yo. Yo ahora te voy a dar todas las frutas que quieras y te voy a llevar a pasear en mi bicicleta y el la carreta. Entendido Santiaguito?
Yo: Si, seré tu mujercita y será un secreto y no se lo diré a nadie pero tienes que cumplir con lo que me prometiste.
Llegamos a la casucha, entramos y estaba en penumbra porque por los árboles el sol no entraba por la juntas de las cañas y no se podía ver nada desde afuera hacia adentro porque los matorrales tapaban todo.
El prendió una lámpara de pilas y la dirigió hacia el techo y pude ver que habían cajones apilados como cama, y como asientos.
El se sentó en la cama y me jaló hacia él y yo caí en sus piernas.
Me besó y me enseñaba a abrir la boca para besar y se chupaba mi saliva y me hacía hacer lo mismo.
Yo: Todo esto hacen las mujercitas?
Artemis: Si y algunas otras cosas.
Yo: Y como debo decirte, porque mi mami le dice papi a mi papá.
Artemis: Tu también me tienes que decir Papi, papacitó, marido y respetar lo que yo te pida, recuerda que ya estamos casados.
Yo: Y cuando nos casamos?
Artemis: Cuando me chupaste la verga y acabé en tu boquita.
Yo: Bueno papi. Ya soy tu mujercita.
Artemis: Todavía falta algo para que seas mi mujercita completa.
Yo: Que?
Artemis: Tienes que darme el culito.
Yo: Te lo doy, cogelo.
Artemis: Si pero tengo que meterte lo en tu huequito.
Yo: No porque eso me va a doler mucho y no quiero. Ya no quiero ser tu mujercita.
Artemis, me abraza y me dice
Artemis: No mi amor va ser despacito para que no te duela.
Yo: No sé….me quedé pensativo.
Artemis me besa y luego me desnuda totalmente y sacá una ropa de niña y me pone calzones de niña, faldita de niña, y blusa de niña, me pinto los labios y me dijo que era la mujercita más linda y la primera que tendría para él.
Me empezó a besar y besaba mi pecho y mordisqueaba mis pezones, sentía una cosquilla en mi estómago y mi cuerpo temblaba, no se porque me gustaba lo que estaba haciendo.
Me fue retirando las prendas de niña que me había puesto, primero la blusa, luego la faldita y me dejó el calzón mientras besaba mi vientre tendido boca arriba sobre sus piernas y tenía su mano en mi raja y acariciaba la entrada de mi ano, hasta que mojo su dedo índice que era grande y me lo quiso meter en el ano y yo pegue un brinco y me solté de él. Le dije que no porque me dolía y que mi mamá me revisaba cuando estaba en el baño.
El se asustó y dijo.
Artemis: Bueno serás mi mujercita sin que te lo meta.
Yo le dije: Si, todo me gusta menos eso.
El asintió con la cabeza y me volvió a jalar hacia él y comienza a besarme nuevamente.
Me puso en cuatro, me lamió el ano y yo sentía rico pero cuando me pasaba el dedo le decía que cuidado, que eso no quería.
Me hizo arrodillar se bajó el pantalón y se le salió esa linda verga que ya me gustaba pero no para que me la clavara porque sentía un pánico de sudar frío.
Me puso a mamar, preguntó si le ponía mango y le dije que no. Se la chupaba con gusto, le mamaba las bolas según él, mi marido, mi papi, me enseñaba, aprendí a decirle¡Esta rica tu verga papito!, subía por su pelvis y me atragantaba con uno que otro pelo púbico rubio, ya que tenía una mata y el se encargaba de sacarlos de mi boca.
Le chupaba las tetillas, el cuello, su barbilla con pelos tipo chiva, su boca, su nariz y besaba su ojos.
Para compensar a mi macho me sentaba sobre su verga y entre su estómago y la raja dei culo lo hacia tocar el ano en un rico serrucho. Quería gritarle que me lo meta pero me daba miedo tremenda verga, si solo el dedo me dolió horrible sólo un poquito, con esa vergota me moriría.
Pero como su mujercita tenía que complacerlo para que acabará por tercera vez desde que lo vi masturbándose.
Le decía que estaba rico, dame más papi, dame más y el simulaba que me la estaba metiendo y ese roce de su verga con mi ano me hacía sentir en la gloria.
El tocaba mi pequeño pene circuncidado y yo sentía que me venía pero no botaba leche pero era un gusto increíble.
El empezó a sentir que ya se venía y me apretaba más empujando mis nalgas para que mi raja cubriera su pene.
Yo sentía que estaba haciendo mi papel de mujercita y le estaba dando el placer a mi marido.
Empezó a eyacular llenando su estómago y mi raja de los 5 o 6 chorros de semen. Era un hombre joven que había acabado tres veces en aproximadamente dos horas en que empiezo todo desde la masturbada que se pego primero y conmigo dos más.
Acabo gritando que estaba rico y que le encantaba mi culito.
Me dijo que me acerque a su cara me hizo vibrar mi espalda y me jalo para que mi raja quedará sobre su boca y lamía el semen que había en ella, mientras que yo lamía el que estaba en su estómago.
Terminamos rendidos y yo me quedé sobre su estómago limpiandole la verga de los restos de semen y el seguía sintiendo estertores.
Después de un rato me levanto, y el se levantó. Nos dimos un beso y yo le pregunté.
Yo: Te gusto marido lo que hicimos
Artemis: Si mi amor, ya sabes de esto a nadie.
Cogió un trapo, lo mojó con agua de un recipiente y empezó a limpiarme, luego lo hizo el y yo admiraba a mi macho. Era alto y guapo.
Me llevo a mi casa con los mangos, mi mamá preguntó dónde andaba y yo le dije que estaba cogiendo mangos con Artemis. Mi marido bajo dos sacos de mangos entre verdes y pintones y los colocó donde mi mamá le dijo.
Luego se marchó guiñando el ojo.
Esto duró bastante tiempo, el me llevaba al río, me llevaba a un cerro cercano a coger ciruelas y en todas partes teníamos ese sexo sano sin penetración porque le temia al dolor y él a que por eso mis padres descubrieran todo.
Cuando estábamos en su bicicleta me sentaba en el asiento delante de el y metía la mano debajo de mi pantalóncillo para soñar me el ano y yo se la retiraba porque tenía miedo que nos vean los otros chicos que nos acompañaban.
Me defendía de los muchachos más grandes cuando me querían pegar por cualquier cosa, no le gustaba que jugará a otras cosas que no fuera fútbol.
Yo tenía una enamoradita, una chica de dice años que conocí cuando yo cumplí 13 y mis padres la invitaron a la fiesta, con ella aprendí a tener erecciones y excitación por las chicas y hacíamos cositas cuando podía alejarme de Artemis y me iba con ella de excursión. Fue la primera chica con la que.perdi mi virginidad y ella conmigo.
Estaba enamorado de esta chica y empecé a alejarme de Artemis.
De vez en cuando nos vemos y yo lo hacía sentir bien como si mujercita, pero el no me reclamaba nada porque lo que no le gustaba era verme con chicos y cuando iba con mis amigos a coger ciruelas al cerro el aparecía de repente pensando en que yo podía estar haciendo con algún chico lo que hacía con él.
Nunca tuve nada que ver con otro hombre.
Nos quedamos en ese pueblo hasta que cumplí 15 años y nos tocaba ir a estudiar a la ciudad. Mis hermanos a la universidad y yo a un mejor colegio. Mi padre se recuperó de ese bajón económico y regresamos a nuestra casa en la ciudad.
No volví a ese pueblo en aproximadamente 20 años cuando yo ya era un profesional, con una pequeña empresa y después de algunas mujeres que pasaron por mi vida, me casé con mi amor de la infancia que aún estaba soltera y trabajaba en una empresa grande y cuya familia era de ese pueblo.
Con ella tengo dos hermos hijos, varón y mujer y un día después de 20 años, yo ya de 35 regresé con mi esposa y mis hijos de vacaciones a ese pueblo que había cambiado tanto.
Lo primero que hice fue preguntarle a mi suegro por Artemis y me dijo que seguía viviendo solo en su finca porque su mamá había fallecido y su hermana había migrado a Estados Unidos.
Pregunté si se había casado y mi suegro y mi cuñado sin sospechar nada, dijeron que había tenido varias novias pero ninguna le gustaban a la mamá y se las corria, además tenía que cuidarla a ella porque la hermana se había ido al extranjero.
Les dije que había sido un buen amigo mío y de mis hermanos y que me gustaría saludarlo.
Me dijeron que sería bueno porque el casi no sale de su casa y de su finca. Que lo ven cada 15 días que sale un sábado a tomar unas cervezas con los amigos de su época.
Artemis tendría unos 42 años pues era 7 años mayor que yo y me alegré cuando la familia de mi esposa me dijo que sería bueno que lo visitara porque siempre preguntaba por nosotros (por mi y mis hermanos).
Mi esposa dijo que ella no iría porque había intentado enamorarla y ella siempre estuvo enamorada de mi solamente.
Me dijo anda tú. Le dije que bueno que yo iría a visitarlo y así lo hice pero eso será motivo de otro relato.
Los nombres son supuesto pero la historia es verdad.
Esperó les guste.


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