Ayudando a mi pequeña vecina II
Primero me probo, ahora me toca probarla.
A la mañana siguiente desperté con mucha culpa y remordimiento, por un momento incluso sentí miedo, ¿Qué pasaría si ella le decía algo a su mama? ¿o que se hubieran dado cuenta?. Cuando escuche la puerta, salte con algo de miedo, pensé que habría problemas, sin embargo mi corazón saltó pero de gusto al ver a Rosita en la entrada.
Parecía un encuentro normal, como si nada de lo que pasó el día anterior hubiera ocurrido. Ella estaba frente a mi, con un vestido amarillo floreado y su mochila pequeña. La hice pasar y comenzamos la mañana como de costumbre.
Con el pasar del tiempo, mi ansiedad y estrés fue reemplazado por calma y luego, por el morbo del día anterior. En cambio, ella parecía estar relajada, pero notaba que de repente se ponía nerviosa y un poco roja.
Después de haber repasado, ambos nos sentimos un poco abrumados y decidimos parar un poco, entonces le ofrecí tomar un descanso y mientras comer un aperitivo. Mientras comíamos la botana que tenía preparada y bebíamos refresco, ella me miraba:
- ¿Pasa algo? te noto pensativa
- No, nada Andy
- ¿Segura?
Ella titubeó un poco, me quedó claro que pensaba en el día anterior. Reflexione un momento y me decidí a avanzar un poco:
- Ok, dime ¿Quizás tiene que ver con lo que pasó ayer?
- ¿he? este, amm
- No pasa nada. Dime, ¿Te molesta lo de ayer?
Ella negó con la cabeza un poco apenada:
- Entiendo, y dime ¿Quieres verme de nuevo? Yo no tengo problema
Rosita miraba al suelo sonrojada, mientras yo me comenzaba a quitar la playera:
- No pasa nada, si no quieres no
- No no, esta bien, creo. Es que, no se porque me da curiosidad
- Bueno, es normal, a tu edad la curiosidad es muy insistente
Yo continué desanudándose ante la falta de una negativa, Rosita miraba y giraba la cabeza, como queriendo disimular. Finalmente, me quedé desnudo de nuevo frente a ella, con mi pene aún en postura flácida:
- ¿Ves? no tiene nada de malo, no me incomoda. Si quieres, puedes tocar y preguntar
Rosita asintió ligeramente, y puso una mano acariciando mi pene, después me preguntó sin mirarme:
- No está duro ¿Porque?
- Bueno, tengo que concentrarme un poco para que eso suceda
- Ah, entiendo
Estuvimos así unos momentos, ella sentada en mi silla, acariciando mi pene y testículos, yo observando como una niña de nueve me tocaba. Sentía la sangre subir a mi cabeza, ambas cabezas, pero traté de mantenerme sin erección, al menos no hasta mi siguiente jugada. Después de unos momento comencé a hablar:
- ¿Sabes Rosita? Creo que eres una niña muy linda
- Gracias
Susurro tímidamente:
- En serio, eres hermosa y linda, debo confesarte que estoy muy contento de que vinieras a estudiar conmigo, y no solo eso, me hace muy contento estar así frente a ti. No se, siento mucha confianza
Rosita guardaba silencio pero podía notar como se ruborizaba:
- Se que eres aun muy joven, pero tengo que decirte, me gustas mucho
Ella se exalto sutilmente, como si estuviera sorprendida, después sin mirarme susurro algo:
- Tambien, tambien me gustas
- ¿Qué? ¿De verdad?
- Si
Una capa de timidez y nerviosismo la envolvió en ese momento, ella era incapaz de mirarme, pero se podía palpar que ella sentía algo, entonces fue cuando levanté su cara para mirarla:
- ¿Estás bien?
- Si
- Estás nerviosa y un poco asustada ¿no?
- Ay, es que, no se, me siento confundida
- Te entiendo, es normal, estas desarrollándote y en el camino, nuevas sensaciones te sacuden. Pero no te preocupes, estás en un lugar seguro y puedes confiar en mí. Cuéntame, ¿Ya habías pensado en chicos antes?
- Si
- Es normal corazón, pero imagino que ahora tener uno frente a ti, al natural, debe ser algo que no esperabas que pasara
- Si, esto, esto es nuevo
- Y ¿te agrada?
- Creo que si
- Bueno, y dime, ¿Por qué piensas que te gusto? ¿Qué sientes al pensar en eso?
- No estoy segura, creo que eres guapo, y aunque eres mayor, algo me llama la atención de ti. No eres bobo como los compañeros de mi salón o mis primos, eres fuerte y alto, y no pareces un señor grande tampoco
- Jeje, me alegro con tus comentarios. ¿Sabes? no pensé que pudieras sentir eso
- Si, y dime ¿De veras te gusto?
- Mucho nena
- Pero soy mucho más chica que tú, ¿No te gustan las mujeres de tu edad?
La pregunta me tomó por sorpresa, sin embargo, supe responder:
- Bueno, en realidad, los gustos dependen de cada persona, dicen que lo normal es que cada persona con su edad, pero a veces eso no cuadra. Hay chicas de mi edad que son lindas, si, pero no son como tu, no tienen eso que tu tienes
- ¿Y qué es eso que yo tengo?
- No sabría decirte, pero haces que mi corazón late más rápido
- Asi me pasa
Dijo sorprendida:
- Cuando vengo, me siento nerviosa y por alguna razón me quiero ver bonita, busco mi mejor ropa, y trato de arreglarme bien
- Jeje, te entiendo, pero debes saber que eres bonita tal como eres, no necesitas ni ropa elegante ni peinados especiales, solo siendo tú es suficiente
Ambos nos quedamos mirándonos, entonces me arrodille un poco:
- Eres muy hermosa, y asi te quiero
- Gracias, eres muy lindo
- Oye, ¿Te gustaria probar un besito?
Ella se sonrojó de nuevo, después solo asintió. Entonces tomé su rostro y suavemente le di un beso en su boquita, ella correspondió apretando sus labios:
- ¿Te gustó?
- Si
- Bueno, ¿Qué tal otro?
Pasamos unos minutos, dándonos besitos de piquito, pero poco a poco iba colocando mi lengua un poco fuera de mi boca, tratando de enseñarle como era un beso en francés. Por dentro sentía que me quemaba, mis latidos eran tan fuertes que parecía que mi corazón saldría por mi pecho, y mi pene, comenzó a ganar forma y a soltar líquido preseminal, como cuando eres un adolescente y estas probando tus primeros besos.
Después del ultimo beso, la mire:
- Oye, ¿Qué te ha parecido?
- Se siente bien
- Si, yo tambien siento bonito
Ambos guardamos silencio, después la mire a los ojos:
- Ya que estamos confiando uno en el otro, y ya que me tienes desnudo frente a ti, podrías, este, quizá, podrías tu tambien quitarte tu ropa para mi
Ella solo un gemido sorprendida:
- Entiendo, puede ser algo intenso y fuerte para ti, es que solo pensé que si ya te mostré como soy, quizás podría ahora verte
- Es que, este, no se, me da cosita
- Jaja ¿Porque?
- No es correcto, me dijeron que no debía hacer esas cosas con extraños
- Y eso es correcto, pero no somos extraños. De hecho, podríamos ser novios, si tu quieres
Volvo a soltar un gemido, su rostro estaba rojo:
- ¿En serio?
- Si, me encantaría de hecho
- Wow, eso, eso es increíble
- Entonces ¿Qué dices?
- Si
Ambos nos abrazamos, aún yo seguía desnudo y luchaba con fuerza para no sobrepasar mis límites, pues en ese momento deseaba cargarla y llevarla a la cama para cogerla como nunca en mi vida, pero eso arruinaría todo. Por ello, decidí actuar con prudencia.
Nuevamente nos dimos unos besos, ella teniendo mas confianza, después la mire a los ojos:
- ¿Y bien? Ya que somos novios, ¿Podrías estar igual que yo?
- Ay, no se jiji, es que, me da mucha penita
- Jaja, ¿Pero por qué?
- No se, vayas a pensar que soy fea
- No no, para nada, de hecho siento que te ves aun mas hermosa sin ropita
- Pero aun no tengo chichis como una mujer, ¿Qué vas a pensar?
- Que eres muy hermosa
Mientras respondía eso, puse mi dedo sobre uno de sus bultitos, sutil y suavemente, con la intención de animarla y tranquilizarla a su vez. Tras unos segundos de silencio, ella asintió sonrojada, y ese gesto provocó una sensación de adrenalina y victoria que quería hacerme perder el control, pero sabía que debía ser sutil, delicado, desenvolver ese regalito de nueve años con sumo cuidado, como figura de porcelana.
Lo primero que hice fue levantar ese vestido, pudiendo ver por primera vez su cintura, su vientre, el cual era delgadito, su entrepierna la cubría una pantaleta blanca floreada y su busto, con un top blanco también. Tras sacar su vestido, acaricie su top por encima, podía sentir por encima de la tela sus pequeños bultitos de carne, un par de puntitos, señal de sus pezones erectos se comenzaban a notar, sin más, aunque usaba sus manos para evitarlo, le saque el top.
Sus pequeños limoncitos eran hermosos, un par de pequeñas y redonditas piezas decoradas con dos pezones pequeños y rosados, mi índice era mucho más grande. Ella trató de cubrirse pero apartó sus manos y comencé a chuparlas.
Cada lamida, cada beso con mis labios, fueron debilitando su poca resistencia, al punto en el que sus manos pasaron a estar a su lado. Mientras chupaba, mis manos comenzaban a explorar sus glúteos esponjosos y paraditos, bien redonditos. Ella soltaba gemidos suaves que se fueron intensificando cuando uno de mis dedos comenzó a rozar por encima de sus pequeños labios de su coñito. Su piel estaba enchinada:
- ¿Te sientes hermosa?
- Ay, no se, siento raro, como cosquillitas
- ¿Te gusta?
- Creo que si, ah
Seguí con mi labor de toque, ella arqueaba la espalda e instintivamente ella frotaba su vagina en mi dedo:
- Te esta gustando ¿verdad?
- Ah, si, siento unas cosquillas, como si me picara algo
- Bueno, déjame ver
Sin esperar aprobación, comencé a bajar la pantaleta descubriendo su feminidad que aún estaba pura y virgen. No era la primera vez que miraba una vagina sin vello, pero me cautivo que su pequeña sexualidad era lampiña por naturaleza, su línea, era apenas perceptible y sus labios exteriores eran diminutos. Sentí como si descubriera un tesoro:
- Mi niña, que preciosa cosita tienes
- ¿Si?
- Si mi vida, es hermosa tu cosita
- Ay, no se porque me dices esas cosas, pero siento muchas cosquillas ahí
- Es normal, te sientes emocionada porque estas dejando al descubierto algo que nos hará felices a ambos. Pero ven.
Me puse de pie, la tome de la mano y la encamine a mi sofá donde la gente y le pedí subir las piernas. La imagen de ella, sentada con sus piernas delgadas abiertas, usando aún sus tenis, me provocó la sensación más erótica posible. Me arrodille y comencé a explorar su pequeña y rosada parte. No paraba de imaginar lo delicioso que debía sentirse entrar en tan apretado orificio y mientras hurgaba, logre encontrar su himen, señal inequívoca de que era un territorio jamás explorado:
- Que imagen más encantadora mi amor
- ¿Te gusta?
- Si, demasiado
- ¿Por qué?
- Es difícil de explicar mi amor, pero esto es algo que a los hombres nos encanta. Ahora, ¿te acuerdas que ayer me chupaste y me hiciste sentir cosas ricas?
- Si
- Ahora me toca a mi hacerte sentir lo mismo
Acerque mi rostro a su entrepierna y suavemente besa y luego comencé a lamer. Ella comenzó a retorcerse y a gemir, disfrutando de mi lengua que parecía tener el mismo tamaño que su orificio. El rosa de mi lengua se perdía en el rosa de su interior. Los sonidos en la habitación eran de gemidos y de la piel que comenzaba a lubricar. Mi lengua poco a poco intensificar su labor, entrando poco a poco en ella:
- Ah, Andy, ay, ah, qué rico
Sus quejidos eran combustible para mi y sentía que pronto me terminaría por vaciar también, pero resistí con toda mi voluntad mientras mi lengua mojaba esa pequeña conchita. Era un placer tremendo tener ese bocado en mi lengua, y no me limitaba ahi, estiraba tanto como podía para entrar pero tambien para ir mas allá de esa rajita, buscando probar tambien su pequeño orificio anal que era aun mas apretado. Solo podía imaginar como seria el día en que mi pene entrara ahí y cuando saliera, mi liquido blanco viscoso escurriera.
Tras unos minutos de batalla, ella comenzó a arquearse más y gemir más sin filtro, finalmente sentí como un fluido caliente salía de su coñito, el cual probé y disfruté. Ella quedó con la respiración agitada y yo ya no pude aguantarme, por lo que inmediatamente me levanté y frente a ella, apuntando a su vagina, comencé a masturbarme, disparando instantáneamente mi semen frente a ella.
Ambos quedamos exhaustos, bañados en nuestro sudor y sintiendo el calor de ambos. La abrace y le di un beso suave:
- Eso, eso fue algo increíble
- Ay, si, me siento, ah, sentí como si volara
- ¿Te gustó?
- Si, mucho
Ambos descansamos al punto que nos dormimos por un momento en el sofá, quedando abrazados. El tiempo pasó rápido y era hora de irse a casa, por lo que nos pusimos de pie y nos vestimos:
- Eso fue increíble Rosita
- Si. ¿Eso hacen los novios?
- Si, y mas cosas
- ¿Qué cosas?
- Pues, mañana te puedo enseñar mi vida
- Ok
- Pero dos cosas mi amor. Uno, prométeme que será un secreto ¿Si?
- Si, pero ¿Por qué tiene que ser un secreto’
- Porque aun eres pequeña para tener novio y si alguien se entera, podríamos terminar en problemas y ya no nos dejarían ser novios
- Bueno
- Y claro, tampoco vayas a hacer esto con nadie, ni tus amigos, ni tus primos o algún otro hombre
- Si, eso ya lo sé, es porque soy tu novia ¿Verdad?
- Si
- Bueno, pero tu tampoco tengas una novia, solo yo soy tu única novia
- Claro, eres mi único amor
Después de tan astuto comentario, finalmente se fue a casa y yo, me quede con la sensación más increíble de mi vida, pero sabía que quería más.

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