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Bisexual, Dominación Hombres, Intercambios / Trios

Clases de regularización 5

Honorato caminaba por los pasillos de la prepa como si el piso fuera suyo. La mano de Monica iba siempre entrelazada con la suya, pero ahora ella era quien a veces apretaba más fuerte, quien se acercaba a besarlo sin que él tuviera que iniciarlo. Desde la tarde en que se había metido en el culo de…
Capitulo 5: De mejor amigo a puto

Honorato caminaba por los pasillos de la prepa como si el piso fuera suyo. La mano de Monica iba siempre entrelazada con la suya, pero ahora ella era quien a veces apretaba más fuerte, quien se acercaba a besarlo sin que él tuviera que iniciarlo. Desde la tarde en que se había metido en el culo de Johan, algo había cambiado. Diego y Alberto le habían dado permiso explícito: podía cogérsela cuando quisiera, en la casa o fuera, siempre que avisara. Y Monica… Monica ya no se limitaba a dejarlo. Ahora buscaba su verga. En los recreos lo arrastraba detrás de los salones, le bajaba el cierre con prisa y se arrodillaba un momento solo para saborearlo. Por las noches, en las clases, se montaba sola y le pedía que la llenara.

 

—Me gusta cuando te pones así —le susurró un martes contra el oído, mientras él la embestía de pie contra la pared del baño de la casa—. Cuando te ves más macho. Cuando miras a Johan y sabes que le ganaste.

 

Honorato se sentía un campeón. Ya no era el virgen eterno. Ya no era el que se masturbaba pensando en tetas que nunca tocaba. Ahora tenía novia, tenía permiso de los maestros y había follado el culo de su mejor amigo. Cada vez que pasaba junto a Johan en el salón, le dedicaba una sonrisa ladeada, casi de lástima.

 

Johan, en cambio, vivía un infierno silencioso. La jaula de metal no se había quitado ni un segundo desde aquella clase. Juan se había quedado con la llave y parecía disfrutar cada día que pasaba. La novia de Johan, Isis, no dejaba de calentarlo. Le mandaba fotos en lencería, le pedía videollamadas en las que se tocaba, le decía “extraño tu verga” con voz dulce. Johan solo podía mirar la jaula, sentir cómo le apretaba los testículos hinchados y responder con excusas cada vez más flojas.

 

Una tarde, después de clases, logró hablar a solas con Juan en la entrada de la casa.

 

—Ya no aguanto —le dijo, la voz baja, casi rota—. Quítamela. Por favor. Isis me está matando.

 

Juan se apoyó en el marco de la puerta, brazos cruzados, la sonrisa de brackets apenas visible.

 

—Trae otra presa —respondió sin rodeos—. Una morra o un vato, me da igual. Alguien nuevo que pueda usar. El día que me la traigas, te quito la jaula. Hasta entonces… sigue sufriendo. Me gusta verte así.

 

Johan se quedó sin palabras. Honorato, que había escuchado desde el pasillo, solo se rió por lo bajo y se llevó a Monica de la mano hacia el cuarto de Alberto.

 

Monica, por su parte, se corrompía con cada semana. Ya no solo disfrutaba la verga de Honorato. Le encantaba la de Diego, gruesa y larga, y la de Alberto, ancha y pesada. Pero lo que más la mojaba era ver a Honorato volverse más dominante. Le excitaba verlo follar a otros, verlo ser follado, ver cómo humillaba a Johan con la mirada. Una noche, mientras Honorato la cogía por detrás y Diego le tenía la verga en la boca, ella se separó solo para decir:

 

—Quiero que lo humilles más. A Johan. Quiero verlo llorar de ganas mientras tú te corres dentro de mí.

 

Honorato solo asintió, embistiendo más fuerte.

 

El viernes por la tarde Diego los invitó a los tres.

 

—Mi banda toca esta noche en un bar del centro —dijo por mensaje de grupo—. Vengan. Después de la tocada seguimos en la casa. Alberto y Juan ya van a estar esperando. Johan… hoy conoces al resto del equipo.

 

Johan dudó hasta el último momento. La jaula le recordaba con cada paso que no tenía opción real. Al final fue.

 

El bar era un lugar de mala muerte en una calle lateral del centro. Huelía a cerveza derramada, a orines viejos en el baño y a humo de todo tipo: cigarro, mota, algo más químico que picaba en la garganta. La gente se empujaba. La luz era roja y baja. Diego estaba en el escenario con su guitarra, el cabello largo suelto, todo de negro, sudando bajo las luces. Cuando los vio llegar hizo un gesto con la cabeza y siguió tocando.

 

Honorato se movía por el lugar como si fuera dueño. Monica pegada a su brazo, besándolo cada pocos minutos. Johan iba un paso atrás, las manos en los bolsillos, sintiendo la jaula con cada movimiento. En un momento, mientras la banda tocaba un tema lento, Diego bajó del escenario entre canción y canción, se acercó a Johan por primera vez y lo miró de arriba abajo.

 

—Tú eres el de la jaula —dijo sin preámbulos, la voz grave, casi divertida—. Juan habló bien de ti. Dijo que tienes buen culo. Esta noche vamos a comprobarlo.

 

Johan no respondió. Solo apretó la mandíbula.

 

La tocada terminó cerca de la una de la mañana. Diego se despidió de la banda, se metió en el carro de Alberto que ya estaba esperando afuera, y los tres jóvenes subieron al de Juan. El trayecto hasta la casa fue silencioso. Solo se escuchaba la respiración de Monica, un poco agitada, y el tintineo metálico apenas audible de la jaula cada vez que el carro daba un bache.

 

En la casa los esperaban Alberto y Juan. La sala estaba preparada: luces bajas, el sillón grande desocupado, una toalla oscura extendida en el piso. Alberto cerró la puerta con llave en cuanto entraron.

 

—Bienvenidos a la segunda parte de la noche —dijo con su voz de maestro—. Honorato, ya tienes permiso de usar a Monica como quieras. Johan… hoy avanzamos con tu entrenamiento. Y Diego por fin te conoce en persona.

 

Diego se quitó la playera negra, el cuerpo delgado y pálido brillando un poco de sudor. Se acercó a Johan, le levantó la playera sin pedir permiso y le bajó el pantalón de un jalón. La jaula quedó expuesta bajo la luz tenue. Diego la miró, la tocó con dos dedos y se rió bajo.

 

—Bien puesta. Juan sabe lo que hace. Ahora quítate el resto. Todos.

 

Monica se desnudó sola, sin que se lo pidieran, y se arrodilló en el sillón como si ya supiera el orden. Honorato se sacó la ropa con prisa, la verga ya dura. Johan se desnudó más lento, la cara roja, la jaula colgando pesada entre las piernas.

 

Juan se colocó detrás de Johan y le habló al oído:

 

—Hoy no te voy a coger primero. Hoy va a ser Honorato otra vez. Pero esta vez delante de Diego. Y después Diego te va a probar. Si te portas bien… tal vez hablemos de la llave. O tal vez no.

 

Honorato no necesitó más instrucciones. Se colocó detrás de Johan, le escupió en el culo ya acostumbrado y empujó de un solo movimiento. Johan soltó un gemido ahogado. Honorato empezó a embestirlo con ritmo constante, las manos en las caderas de su mejor amigo, mirando a Monica mientras lo hacía. Ella se tocaba el clítoris, los ojos fijos en la escena, la boca entreabierta.

 

—Más fuerte —pidió Monica, la voz ronca—. Quiero oírlo.

 

Honorato obedeció. Las embestidas se volvieron más secas, más profundas. Diego se acercó, se arrodilló frente a Johan y le metió la verga enorme en la boca sin aviso. Johan se atragantó. Diego le agarró el cabello y empezó a usarle la garganta al mismo ritmo que Honorato le follaba el culo.

 

Alberto se sentó en el sillón y se masturbó despacio, observando.

 

—Así se hace un macho —comentó—. Uno que folla y que es follado. Uno que presume en la escuela y después viene aquí a demostrar.

 

Cuando Honorato sintió que se acercaba, se salió del culo de Johan, se colocó frente a Monica y se la embistió de un solo empujón. Ella gimió alto. Honorato la cogió con fuerza, las manos en sus tetas, mientras Diego seguía follándole la boca a Johan. Juan, detrás, le metía tres dedos al culo ya abierto de Johan y los movía en círculos.

 

—Córrete adentro de ella —ordenó Diego, sacando la verga de la boca de Johan—. Y después él limpia.

 

Honorato se corrió profundo dentro de Monica, gruñendo. Se quedó un momento embutido, respirando. Cuando se salió, el semen empezó a salir. Juan empujó a Johan de rodillas entre las piernas de Monica.

 

—Come. Todo. Como la otra vez.

 

Johan lamió y chupó, tragando el semen de su mejor amigo mezclado con los jugos de Monica. Diego se colocó detrás de él en ese momento y, sin avisar, empujó su verga enorme dentro del culo de Johan de un solo golpe. Johan gritó contra el coño de Monica. Diego no tuvo piedad. Empezó a sodomizarlo con embestidas largas y pesadas, el cabello largo cayéndole sobre la espalda.

 

—Buen culo —gruñó—. Juan tenía razón.

 

Alberto se levantó, se colocó frente a Johan y le metió la verga en la boca al mismo tiempo. Los dos maestros lo usaban mientras Honorato se sentaba en el sillón con Monica en su regazo, todavía goteando, mirando la escena con las piernas abiertas y los dedos en su propio clítoris.

 

—Míralo —le susurró Monica a Honorato—. Míralo cómo lo abren. Y tú fuiste el primero que se lo cogió. Eres más macho que él ahora.

 

Honorato sintió la verga ponerse dura otra vez solo de oírla.

 

Diego se corrió primero, profundo dentro del culo de Johan, llenándolo. Se salió y el semen le escurrió por los muslos. Alberto se corrió en su boca segundos después. Juan, que había estado mirando, se acercó con una botella de plástico ya medio llena de orines calientes y se la tendió a Johan.

 

—Bébetelo. Completo. A cambio… tal vez la próxima semana hablemos de la jaula. O tal vez no. Depende de qué tan bien te portes el resto de la noche.

 

Johan tomó la botella con manos temblorosas y bebió. El sabor amargo y salado le llenó la boca. Tragó hasta el final. Cuando terminó, Diego le pasó una mano por el cabello, casi con afecto.

 

—Bienvenido de verdad, Johan. Ahora sí eres parte de las clases.

 

Honorato, desde el sillón, miraba a su mejor amigo de rodillas, la cara manchada, el culo goteando semen de Diego, la jaula todavía cerrada. Monica se frotaba contra él, húmeda otra vez.

 

—Otra ronda —pidió ella en voz baja—. Quiero que me cojas mientras él te mira. Y quiero que le digas lo que es.

 

Honorato sonrió. Se sentía más macho que nunca. Y la noche apenas empezaba.

 

3 Lecturas/17 de octubre de 2026/0 Comentarios/por BiKarma
Etiquetas: amigo, baño, culo, escuela, follar, puto, semen, virgen
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