• Link to X Link to X Link to X
  • Link to Telegram Link to Telegram Link to Telegram
  • Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.   Siguenos en X/Twitter
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Últimos Relatos
  • Publicar Relatos
  • Relatos Eróticos
    • Categorías de relatos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Menú Menú
(2 votos)
Bisexual, Dominación Hombres, Infidelidad

Clases de Regularización 6

Isis llevaba casi una semana sin dormir bien. Cada noche repasaba las mismas preguntas: ¿Por qué Johan ya no la tocaba? ¿Por qué se tensaba cada vez que ella le bajaba la mano al pantalón? ¿Por qué inventaba excusas cada vez más flojas?.
Continuación: Amigo carnudo y nuevas presas

Isis llevaba casi una semana sin dormir bien.

Cada noche repasaba las mismas preguntas: ¿Por qué Johan ya no la tocaba? ¿Por qué se tensaba cada vez que ella le bajaba la mano al pantalón? ¿Por qué inventaba excusas cada vez más flojas? Una tarde, después de clases, se encontró el mensaje de Honorato otra vez en el celular:

«Si de verdad quieres sentir que alguien te presta atención, mañana a las cinco. La casa donde tomo las clases de regularización. Nadie de la prepa. Si no te late, no aparezcas. Pero si vas… vas a notar la diferencia.»

Estuvo a punto de responderle que se fuera a la mierda. Después borró el mensaje de respuesta y se quedó mirando la pantalla. Al día siguiente dudó hasta el último segundo frente a la puerta de la casa. El dedo se quedó congelado sobre el botón del timbre casi dos minutos. Respiró hondo, lo presionó y esperó.

Diego abrió. Cabello largo suelto, playera negra, olor a tabaco y a algo dulce que no identificó.

—Hola. Pasa. Honorato ya está adentro. ¿Todo bien? Se te nota que vienes con la cabeza a mil.

Isis entró, mirando a los lados como si esperara que alguien la reconociera.

—No sé si debería estar aquí, la verdad. Johan… está súper raro últimamente. Ya no me toca. Cada vez que intento algo se aparta o inventa que le duele algo. Y yo… estoy harta, pero también me siento culpable de estar aquí.

Diego cerró la puerta con calma y le hizo un gesto hacia el sillón.

—Nadie te va a obligar a quedarte. Si en cualquier momento quieres irte, te abro la puerta y se acabó. Pero mientras estés aquí, por lo menos relájate un poco. Honorato, pásale el porro. Está suave.

Honorato estaba sentado en el sillón grande, sin camisa, con una sonrisa tranquila. Le tendió el porro ya prendido.

—Primera vez que fumas, ¿verdad? —preguntó, mirándola a los ojos—. Dale dos caladas nomas. Despacio. Te va a bajar la ansiedad y te va a ayudar a soltar el cuerpo. Si no te late el sabor, lo dejas.

Isis dudó, tomó el porro, dio la primera calada, tosió fuerte, se rió un poco nerviosa y dio la segunda más profunda. El humo le subió rápido a la cabeza. Las luces se volvieron más cálidas y el cuerpo se le puso pesado y ligero al mismo tiempo. Diego se acercó por detrás, le apartó el cabello del cuello con cuidado y le habló bajito, cerca del oído:

—Hoy te vamos a coger los dos. Honorato por delante. Yo por detrás. Sin condón. Es la primera vez que alguien te la mete por el culo, ¿no? Se te nota en la cara.

Isis tragó saliva, la voz un poco ronca por el humo.

—Sí… nunca… nadie me ha tocado ahí. Ni siquiera con los dedos. Johan nunca quiso intentar nada de eso.

—Entonces vamos a ir despacio —dijo Diego, todavía detrás de ella—. Si en algún momento duele de más o quieres que pare, lo dices claro. No hay pedo. ¿De acuerdo?

—De acuerdo… —susurró ella.

La acostaron en el sillón grande. Honorato se colocó entre sus piernas, le abrió los labios del coño con los dedos y empujó lento, mirándola a la cara todo el tiempo.

—Estás bien mojada… ¿cuánto tiempo llevabas sin que te tocaran de verdad?

—Como… tres semanas —admitió ella, la respiración ya entrecortada—. Johan ya no quiere. O no puede. No sé.

Diego, detrás, le escupió en el culo con calma. Le metió un dedo, después dos, abriéndola con paciencia mientras le hablaba en tono bajo y constante:

—Respira hondo. Empuja un poquito hacia abajo… así, perfecto. Ahora voy a empezar a entrar. Despacio. Si duele, me aprietas el brazo.

La cabeza de su verga empujó. Isis abrió la boca en un gemido largo, las uñas clavándose en los hombros de Honorato.

—Duele… mierda, duele… está muy grueso…

—Lo sé —respondió Diego, la voz grave pero calmada—. Se pone mejor en un momento. Ahora vamos a movernos juntos. Cuando Honorato entre, yo me retiro un poco. Cuando yo empuje, él se sale casi completo. Así no te sientes tan llena de golpe. ¿Lista?

—Sí… creo que sí…

Empezaron en contrapeso. Isis, cada vez más colocada por el porro, dejó de quejarse y empezó a pedir más entre gemidos. Les decía que no pararan, que siguieran, que se sintiera todavía más llena. Honorato se corrió primero, profundo dentro de su coño, sin condón, gruñendo contra su cuello. Diego lo siguió minutos después, llenándole el culo por primera vez con embestidas cortas y pesadas. Cuando se salieron, el semen de ambos le bajaba por los muslos mezclado.

—Ahora sí sabes cómo se siente que te atiendan de verdad —le susurró Honorato, todavía encima de ella, acariciándole el cabello—. Y Johan no tiene por qué enterarse… a menos que tú quieras contárselo.

Isis solo asintió, todavía temblando, sin saber todavía cuánto iba a cambiar esa noche para todos.

Al día siguiente, en el recreo, Honorato se acercó a Johan cerca de las escaleras. Llevaba las manos en los bolsillos y esa sonrisa nueva que ya no pedía permiso.

—Oye. Sobre lo de la jaula… te voy a ayudar. Pero vamos a hacerlo bien y con calma. Primero Carlos. Está solo todo el tiempo, necesita que alguien le hable. Si nos acercamos los dos, baja la guardia más rápido. Después hablamos del segundo.

Johan lo miró con desconfianza, cruzándose de brazos.

—¿Por qué me ayudas de verdad? Podrías dejarme pudrirme con esta cosa puesta y reírte. ¿Qué ganas tú?

—Gano que dejemos de estar a mano —respondió Honorato sin rodeos—. Y gano que Carlos es fácil. Después del primero, el segundo va a ser más interesante. Confía un poco.

Se acercaron a Carlos juntos esa misma semana. Honorato empezó hablando de un juego nuevo y de cartas raras que “había visto en un grupo de Facebook”. Johan le habló de que conocían a alguien que podía enseñarle a defenderse de los que lo molestaban en los pasillos. Carlos, al principio desconfiado y mirando hacia todos lados, terminó aceptando ir al gym “solo a ver”.

Juan los recibió con la sonrisa de brackets de siempre, cruzado de brazos.

—Hoy les enseño lo básico —dijo—. Cómo salir de un agarre por detrás, cómo usar el peso del otro a tu favor. Carlos, ven para acá. Tú eres el que más lo necesita ahora mismo.

Cada vez que sujetaba a Carlos por la espalda para demostrarle una llave, la mano le bajaba un poco más de la cuenta, rozándole el abdomen y el elástico del bóxer. Carlos se ponía duro y lo disimulaba apretando los muslos con fuerza. Juan lo notaba y sonreía sin comentar nada en voz alta.

Al final de la sesión entraron los tres a las regaderas. El agua caliente corría y el vapor llenaba el espacio. Juan se acercó a Carlos bajo el chorro y le habló lo suficientemente claro para que Johan, en la regadera de al lado, escuchara cada palabra sin esfuerzo:

—Hoy vas a aprender otra cosa. Cómo chupar una verga de verdad. No como en el porno, donde todo se ve fácil. Como se hace aquí. Abre la boca. Despacio. Usa la lengua primero, después los labios. Yo te voy guiando.

Carlos dudó solo un segundo, el agua corriéndole por la cara.

—Yo… nunca he hecho eso. Nunca.

—Lo sé —respondió Juan con calma—. Por eso te estoy enseñando ahora. Abre. Si en algún momento quieres parar, me aprietas la pierna.

Carlos se arrodilló sobre el azulejo mojado. La verga de Juan desapareció poco a poco en su boca. Al principio se atragantó, tosió, le salieron lágrimas. Después encontró un ritmo torpe pero constante. Cuando Juan se corrió, Carlos tragó casi todo, todavía de rodillas, el agua caliente limpiándole la barbilla.

Al salir del gym, Carlos iba callado y con la cabeza baja. Estaba convencido de que Johan no se había enterado de lo que pasó bajo el chorro. Pero sentía una necesidad urgente y extraña de apegarse a ellos dos, de volverse su amigo de verdad, para que nadie volviera a molestarlo en los pasillos.

La segunda presa fue idea de Honorato.

—Que sea Ricardo —le dijo a Johan una tarde mientras caminaban hacia la casa, las manos en los bolsillos—. Ese wey se burlaba de mí desde primero de prepa. Decía que él sí se iba a coger a Monica, que yo nunca iba a pasar de virgen. Que le iba a ganar fácil. Quiero que sea él. Y quiero cogérmelo yo. Rudo. Sin piedad.

Johan miró el piso un momento, pensativo.

—Si lo hacemos, Juan va a querer marcar territorio también. No se va a quedar solo mirando.

—Que lo marque —respondió Honorato—. Yo igual me lo cojo. Y quiero que sienta cada embestida.

Ricardo cayó fácil con la promesa de mota buena y de “una casa donde nadie jode”. Llegaron los cuatro. Fumaron en la sala. Ricardo hablaba de más, como siempre: de la moto, de las morras que “se había cogido sin ni siquiera intentarlo”, de lo fácil que era todo para él. De fondo, desde el cuarto de arriba, se escuchaban gemidos claros de mujer y el sonido rítmico de piel contra piel.

—¿Quién es esa? —preguntó Ricardo, ya colocado, señalando el techo con la barbilla.

Juan soltó el humo despacio, casi con pereza.

—La novia de uno de los maestros. A veces viene por la tarde. No le hagas caso. Sigue fumando.

Minutos después bajaron Diego, Alberto y Monica, los tres desnudos. Monica todavía tenía semen bajándole por los muslos y una sonrisa floja. Ricardo se quedó helado, el porro a medio camino de la boca.

—Mierda… son los maestros… y la Monica del salón…

Demasiado tarde. La mota era fuerte y estaba mezclada con algo más. Juan y Honorato lo guiaron al sillón grande. Honorato se colocó detrás de él, le escupió en el culo y empujó sin mucha preparación, con fuerza.

—Esto es por todas las veces que te burlaste de mí —le gruñó al oído mientras lo embestía con ganas—. Por decir que me ibas a quitar a Monica. Por reírte de que yo nunca iba a dejar de ser virgen. ¿Te acuerdas? Ahora cállate y aguanta.

Juan se colocó enfrente y le metió la verga en la boca al mismo tiempo.

—Relájate la garganta. Entre más te pongas tenso, más duele. Y no muerdas.

Lo usaron sin piedad. Honorato lo cogía rudo, las nalgadas secas y fuertes, hasta que Ricardo solo gemía y bababa alrededor de la verga de Juan. Cuando terminaron, Juan sacó la jaula de metal y se la colocó con movimientos precisos. El clic del candado sonó definitivo en el silencio de la sala.

Días después Johan volvió a buscar a Isis. Ella lo recibió en su casa, un poco nerviosa, evitando mirarlo a los ojos demasiado tiempo. Se acostaron. Cuando entró notó de inmediato que estaba más abierta, más suelta de lo que recordaba. Y algo más: rastros de semen seco en el interior. El olor era distinto, más espeso.

Se detuvo un segundo, todavía dentro de ella, y la miró a la cara.

—¿Pasa algo? —preguntó Isis, la voz un poco tensa—. ¿Por qué te detuviste?

Johan tragó saliva.

—Nada. Solo… se siente diferente. Más… abierta.

Ella apartó la mirada.

—No sé de qué hablas. Sigue.

Johan siguió. La cogió más despacio de lo normal, prestando atención a cada sensación. La sospecha de Honorato le dio una vuelta completa en la cabeza… y, para su propia confusión, se le puso todavía más dura. Cuando se corrió, se quedó encima de ella un rato largo, respirando contra su cuello, dándose cuenta de que tal vez le gustaba la idea. Tal vez le excitaba pensar que otro se la había cogido primero y que ella había vuelto con él después.

Esa misma noche Johan buscó a Alberto. Lo esperó afuera de la casa hasta que el maestro salió a tirar la basura.

—Necesito que me la metas —le dijo sin rodeos, la voz baja y casi rota—. Y que me dejes algo puesto. No aguanto la idea de estar vacío por dentro. Por favor.

Alberto lo miró un segundo en silencio y después asintió.

—Pasa. El cuarto de arriba está libre. Y tengo algo que quiero que veas mientras lo hacemos.

Lo llevó de la mano como a un alumno más. Encendió la televisión del mueble y puso un video. En la pantalla apareció Isis, en el mismo sillón de la sala, siendo cogida por Honorato y Diego. Se veía perfectamente claro: Honorato por delante, Diego por detrás. Se escuchaba la voz de Diego, calmada pero firme:

—Dile que te cogemos mejor que tu novio. Dilo en voz alta. Que se escuche.

Isis, colocada y gemidora, obedeció entre jadeos largos:

—Me  cogen mejor… por favor, no paren… se siente más rico… Honorato es más hombre que Johan… por favor, síganme cogiendo… no paren…

Johan se quedó mirando la pantalla, la boca seca, la respiración cada vez más acelerada. Alberto lo dobló sobre la cama, lo abrió con los dedos y lo folló despacio mientras el video seguía reproduciéndose. Cada vez que Isis pedía más en la grabación, Alberto empujaba más profundo y le hablaba al oído con voz de maestro:

—Escúchala bien. Está pidiendo las vergas de los que sí la atienden. Está diciendo que tu amigo es más hombre que tú. Y tú estás aquí, con la mía adentro, viéndolo todo. ¿Te gusta? ¿Te gusta saber que tu novia prefiere esto? ¿Te gusta ser el que llega después?

Johan solo pudo gemir contra la almohada, la cara caliente. Cuando Alberto se corrió dentro de él, se salió con calma y le metió el plug negro con base de diamante falso hasta el fondo.

—Así te quedas —dijo, dándole una palmada seca en la nalga—. Para que cada vez que te sientes en la prepa, lo sientas adentro. Y para que no se te olvide lo que acabas de ver… ni quién manda de verdad, aunque ya no lleves jaula.

Johan se quedó boca abajo en la cama, el plug dentro, la imagen de Isis pidiendo las vergas de Honorato y Diego todavía quemándole la cabeza. Y, por primera vez en mucho tiempo, no estaba seguro de si odiaba esa sensación… o si la necesitaba para poder seguir respirando al día siguiente.

 

7 Lecturas/22 de octubre de 2026/0 Comentarios/por BiKarma
Etiquetas: alumno, amigo, cogiendo, culo, novia, semen, verga, virgen
Compartir esta entrada
  • Facebook Facebook Compartir en Facebook
  • X-twitter X-twitter Compartir en X
  • Whatsapp Whatsapp Compartir en WhatsApp
  • Paper-plane Paper-plane Compartir en Telegram
Quizás te interese
Mis inicios, Trabajador 4. El 13 años yo 9.
La travesía II – la finca
GORDITA MADURA IBAGUEREÑA.
Me folle a mi madre
REACTIVANDO LA SEXUALIDAD
mi desvirgue comienza en la etapa adolescente con 13 años, yo inocente pensando en las notas y en una chica hermosa
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Siguenos en X/Twitter

Buscar relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.584)
  • Dominación Hombres (5.080)
  • Dominación Mujeres (3.586)
  • Fantasías / Parodias (4.093)
  • Fetichismo (3.287)
  • Gays (23.985)
  • Heterosexual (9.645)
  • Incestos en Familia (20.541)
  • Infidelidad (5.045)
  • Intercambios / Trios (3.581)
  • Lesbiana (1.297)
  • Masturbacion Femenina (1.213)
  • Masturbacion Masculina (2.363)
  • Orgias (2.445)
  • Sado Bondage Hombre (525)
  • Sado Bondage Mujer (233)
  • Sexo con Madur@s (5.173)
  • Sexo Virtual (301)
  • Travestis / Transexuales (2.717)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.899)
  • Zoofilia Hombre (2.445)
  • Zoofilia Mujer (1.780)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Link to X Link to X Link to X
  • Link to Telegram Link to Telegram Link to Telegram
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba