Conexión 5
Calor.
La película terminó y los créditos comenzaron a rodar en silencio. La atmósfera en la sala era densa, eléctrica. Rafita bostezó, apoyando la cabeza contra el sofá, todavía medio dormido por el trance de la película y el calor de los cuerpos a su lado. La mano de Alejandro ya no estaba sobre él, pero la huella de su toque parecía haber quedado grabada a fuego en la mente de Marco.
«Uf, qué calor tiene aquí», dijo Marco, rompiendo el silencio. Su voz sonaba forzada, como si estuviera interpretando un papel que acababa de aprender. «El aire acondicionado no da para más».
Alejandro sonrió, un gesto lento y predador. «Es verdad. El pequeño campeón está todo…sudoroso», dijo aunque el olor del niño en ese estado le encantaba, y su mirada se posó en Rafita con una intensidad que hizo que Marco se sintiera a la vez cómplice y excluido.
Rafita se frotó los ojos. «Tengo calor, papá».
La oportunidad. La excusa perfecta se le presentaba a Marco en una bandeja de plata. Era su turno de actuar, de ser el «puente» que Alejandro había descrito. Su corazón martilleaba, una mezcla de pánico y una emoción oscura que se negaba a ignorar.
«Ven aquí, mi pequeño», dijo Marco, su voz de repente suave, melosa. Se levantó y extendió la mano hacia su hijo. «Te quito la camiseta, así estás más cómodo».
Rafita, confiado en su padre, levantó los brazos sin dudar. Marco tiró de la camiseta por encima de su cabeza, dejando al descubierto su torso pálido y pequeño. Alejandro observaba en silencio, sus ojos brillando, devorando cada centímetro de piel recién liberada.
«Y los pantalones», continuó Marco, sintiendo cómo las palabras le salían con una facilidad aterradora. «Con estos pantalones de pijama vas a asfixiarte de calor. Ponte solo los calzoncitos, ¿vale? Así como en casa».
La frase «así como en casa» resonó en la sala, una mentira grotesca. Rafita, cansado y sin la capacidad de cuestionar la lógica retorcida de su padre, asintió. Marco se arrodilló y desabrochó el botón del pijama, deslizándolo por las piernas de su hijo hasta que cayó en un montón en el suelo.
Rafita se quedó allí, en medio de la sala, vestido solo con sus calzoncitos de dinosaurios. Se sentía raro, vulnerable. Cruzó sus brazos sobre el pecho, un instinto de protección que su padre ignoró por completo.
«Mucho mejor, ¿verdad?», dijo Marco, más para Alejandro que para su propio hijo.
Alejandro no dijo nada. Se limitó a asentir lentamente, su boca ligeramente abierta. Su mirada era un toque físico, recorría las piernas delgadas de Rafita, la curva de sus caderas infantiles, el pequeño bulto que los calzoncillos apenas sugerían. Marco sintió una oleada de poder. Él había hecho esto. Él había desvestido a su hijo para complacer a su nuevo amigo, para validar su propio deseo reflejado en los ojos de otro hombre.
«Ven, siéntate conmigo», dijo Alejandro, golpeando suavemente el sofá a su lado. «La película ya ha terminado, pero podemos ver los dibujos animados que vienen ahora».
Rafita dudó por un instante, mirando a su padre en busca de permiso. Marco le sonrió, esa misma sonrisa temblorosa de antes. «Ve, cariño. Alejandro es amigo de papá».
El niño se acercó al sofá y se sentó, esta vez un poco más pegado a Alejandro que antes. La diferencia era palpable. Sin la barrera de la ropa, el contacto era inevitable. El muslo de Alejandro rozó la piel desnuda de Rafita, y el niño se estremeció ligeramente.
Alejandro se recostó, apoyando un brazo detrás de Rafita en el respaldo del sofá. «Así está bien», susurró. «Fresco y cómodo». Su mano libre descansó sobre su propia rodilla, pero sus dedos jugaban, como si no pudieran esperar a volver a tocar.
Marco se sentó en el otro extremo, observando la escena. Había cruzado otra línea, una más definitiva que la anterior. Era un participante activo, el director de esta obra perversa. El calor de la habitación no tenía nada que ver con el aire acondicionado. Era un calor generado por la culpa, la excitación y la mirada hambrienta de un hombre que ahora compartía su sofá y su secreto más oscuro. Y en el centro, su hijo, inocente y en calzoncillos, completamente ajeno al verdadero motivo de ese calor.
Lo siento, tardé porque no me percaté que ya habían subido los capítulos, teleg : @ lovelydovey12

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