Cuidando a mi crush de 6 años. Parte 3
Se la saqué por completo y pude ver que ahora, su anito se veía un poquito más abierto y tenía rojito la entrada. Lo volví a puntear y mi glande entró rapidísimo. Mau se retorció y comenzó a seguir gimiendo..
Me levanté en la mañana y lo único que vi, fue a Mau frotando su culito en mi short. Anoche él durmió únicamente en trusa y yo con el short que tenía cuando me la mamó.
Me estaba dando la espalda mientras restregaba su anito en mi verga que iba creciendo.
Lo tomé de la cadera y él pegó el brinco.
— ¿Qué haces, pulga?
— Quiero que juguemos a lo que hacían los videos que vimos ayer.
Bendita sea mi idea. Quería que se la meta gracias a que le llamó la atención en el porno.
Lo tomé de la cabeza y le clavé un beso, aunque a los dos nos apestaba la boca por estar recién despiertos. No abría su boquita, solo hacía pucheritos como si fuera a dar un pico.
Yo ya llevaba la verga parada en mi short sin bóxer. Lo agarré de la cadera y lo estrella en la cama, para cambiar de lugar y estar arriba de él. Le comencé a besar el cuello haciendo que se ría y le quite su playera para poder besar su pecho. Él olía a ese perfume de bebé que me la estaba poniendo más dura.
Alcé sus piernas y le dije que las sostenga. Le quité su trusa y ahora sí lo tenía completamente desnudo para mí. Le abrí el culo y a la verga, me iba a derretir. Su anito se le veía bien cerrado y estaba clarito. Era una vista con madre de su perineo. Su anito estrecho y sus huevitos acostados.
Me acerqué a mamarle el culo, pero me detuvo.
— ¿Qué vas a hacer, Marco?
– Así como me chupaste el pene y sentí rico, así te voy a chupar tu colita y te va gustar. Así como lo vimos en los videos de ayer, ¿te acuerdas?
Asintió y proseguí. Le olí el anito y comencé primero a besar sus muslos, luego sus nalgas y comencé a mamarle su entradita.
Sabía delicioso, saladito y muy suave. Mau empezó a reírse pero luego puso esa carita de que le estaba encantando. Una carita de excitación bien rica viniendo de un niño tan pequeño. Después de un rato mamando y con su culito bien ensalivado, comencé a besar su entrepierna y subir a su boquita.
— ¿Te gustó?
Él no respondía, solo asentía con su carita de excitado.
– ¿Quieres que ya no juguemos? —le pregunté para que me responda y me dijera lo mucho que le encantaba—.
— No, sigue. Sí quiero jugar. —dijo susurrando—.
Me levanté y fui por crema. No tenía lubricante porque casi no tenía encuentros.
Le puse poquito en su entrada y me unté en el dedo. Comencé a masajear su anito por fuera, hice poquita presión y mi dedo comenzó a entrar. Escuché que se queje y me detuve. No quería lastimarlo y que ya no quisiera jugar, o que me acusara.
— ¿Más despacio? —le pregunté —. ¿Te dolió?
— Poquito.
Seguí metiendo mi dedo mientras el se quejaba levemente. Cuando tenía casi todo mi índice dentro, comencé a moverlo en círculos. Mau comenzó a gemir bien quedito. Su anito ya se había estirado un poquito, así que comencé a meter y sacar mi dedo.
Traía la verga babeando bien cabrón, hasta me dolía. A la verga, no podía creer que tanto tiempo soñando con él, por fin lo tenía a mi merced.
Saqué mi dedo y sonó su culito. Se lo volví a clavar y esta vez entró con más facilidad, seguí penetrando con mi dedo ahora más rápido. Mau suspiró fuertemente y comenzó a gemir más fuerte. El niño estaba bien caliente, se notaba en su carita y en su anito dilatándose. Bajé la velocidad y lo penetraba como al inicio.
— Hazlo como hace ratito. —me susurró—.
Comencé a meter mi dedo con más velocidad haciendo que el gima más fuerte. Metí el segundo dedo, ahora con super facilidad. Tenía el índice y el de en medio dentro, masajeando el interior. Mau hacía presión en sus esfinteres, apretando el culito a mi toque. Con ambos, seguí metiendo y sacando para estirar su culito. Con mucha paciencia, jugueteé con su anito por mucho tiempo.
Les juro que estaba a punto de correrme solo verlo, así que le saqué los dedos. Vi su mirada de confusión cuando no seguí.
– Tranquilo, ahora te voy a meter mi pene.
Me acomodé y me puse un poquito de crema en el glande. Lo estiré por todo la cabecita y el tronco.
Punteé y Mau comenzó a quejarse. No pude meter la cabecita, aún estaba muy estrecho. Me puse más cremita y volví a intentar. Mi verga solo se undía en sus nalguitas pero no entraba. No importaba, esa presión se sentía rica. Seguí punteando mientras yo siseaba y Mau veía atentamente mi verga. Muy despacio, comencé a hacer más presión en su entrada. Mau abrió su boquita en O y llevó sus manitas a mis piernas, intentando empujarme. Seguí punteando sosteniéndolo fuerte de la cadera, porque se quería safar. Finalmente, mi glande entró.
— Marco, me duele. Ya sácala. —comenzó a decir con la voz quebrada—.
— Espera pulga, se va a acostumbrar así como con mi dedo y vas a volver a sentir rico.
Me asintió dudando y siguió quejándose en voz baja, tampoco dejaba de empujarme con sus manitas. Mi glande ya podía entrar y salir, pero aunque intenté, no logré meter más. Pues también, eran 21cm y un nene de 6 años, no se mamen.
Comencé a embestirlo con solo mi glande en él, Mau comenzó a gemir fuertemente a cada vez que se la volvía a ensartar. Yo me sentía en el cielo. Mi cabecita estaba bien apretada en ese anito y aunque quería metérsela más, sabía que era demasiado para su primera vez. Estaba bien estrecho, hacía presión en mi glande y me hacía gemir fuertemente.
Mau me veía fijamente mientras yo lo seguía cogiendo.
— ¿Te gusta? —le pregunté bien excitado—.
— Sí…
Se la saqué por completo y pude ver que ahora, su anito se veía un poquito más abierto y tenía rojito la entrada. Lo volví a puntear y mi glande entró rapidísimo. Mau se retorció y comenzó a seguir gimiendo.
No me aguanté más, saqué mi verga y comencé a aventar mis mecos por todo su anito y culito. Gruñí y me dejé caer a su lado. Mau llevó su manita a mi verga y comenzó a masturbarme para luego metérsela hasta mi glande. Yo me retorcí y reí aún bien caliente.
— ¿Cómo lo viste? ¿Te gustó? —le pregunté cuando se acostó en mi brazo.
— Sí me dolió, pero al final se sentía rico.
— ¿Vamos a seguir jugando como hoy?
— ¡Sí! Pero, ¿después ya no me va doler?
— No, porque tu anito ya va estar estirado.
Nos fuimos a bañar y el resto del día, le dolía su culito así que no hicimos mucho.
Al día siguiente llegó su mamá y aunque yo tenía terror, Mau no habló sobre aquello que hicimos.


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