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Bisexual, Dominación Hombres

 De Luis Alberto Carlos a “Caca Blanca “

las desventuras de un come mierda .

parte 1.

Todo empezó el día que mi esposa Laura, de 42 años, me confesó que llevaba más de un año follando con su novia Sofía, una mujer de 40 años dominante, alta, tatuada y sin piedad. Lo que no sabía es que no solo me iba a humillar… me iba a entregar como esclavo familiar completo.

La primera noche que las dos me sometieron juntas, Laura me miró con asco mientras yo estaba de rodillas desnudo.

—Desde hoy ya no eres mi marido. Eres nuestra perra sissy, nuestra toilet, nuestro juguete. ¿Entendido, Caca?

—Sí, Ama… —respondí temblando.

Sofía, con su voz grave y cruel, me escupió en la cara y dijo:

—Vamos a convertirte en la puta más asquerosa de la familia. Y no solo

nosotras dos… también van a participar tu suegra y tu bisabuela.

Sentí que el estómago se me cerraba. Mi suegra, Marta, tenía 64 años, era una mujer gruesa, sádica y con una vejiga y un intestino que parecían no tener fin. Y la bisabuela Rosa tenía 87 años, pero conservaba una mente retorcida y un sadismo que daba miedo.

La primera vez que me usaron todas juntas fue un sábado por la tarde.

Me habían vestido como la puta más patética posible: peluca rubia barata, maquillaje corrido, un plug anal con cola de cerda, bragas rosas con encaje que apenas cubrían mi jaula de castidad de 3 cm, y unas tetas de silicona baratas pegadas al pecho.

Estaba en el centro del salón, de rodillas.

Primero se acercó Laura, mi esposa. Me agarró del pelo y me metió la cara entre sus nalgas.

—Lame el sudor de mi culo, sissy. Hoy no me limpié después de cagar.

Lamió como un perro desesperado mientras escuchaba las risas de las cuatro mujeres.

Después fue el turno de Sofía. Ella era mucho más brutal. Se sentó completamente encima de mi cara y soltó un pedo largo y caliente directamente en mi boca.

—Respira hondo, toilet. Ese es tu perfume ahora.

Luego llegó mi suegra Marta. Se bajó las bragas lentamente, mostrando un culo enorme, celulítico y peludo. Se colocó encima de mí en cuclillas.

—Llevo tres días guardándomelo para ti, yerno degenerado.

No me dio tiempo ni a respirar. Un tronco grueso, largo y caliente empezó a salir directamente en mi boca abierta. Era amargo, pastoso y olía a muerte. Mientras cagaba, me miraba con desprecio:

—Traga, cerdo. Traga lo que sale de la madre de tu mujer. Esto es lo máximo que vas a probar de esta familia.

Me atragantaba, lloraba, pero Sofía me tenía agarrado del pelo para que no pudiera apartarme. Laura solo grababa con el móvil riéndose.

—Mirad cómo traga la mierda de su suegra… qué patético.

Cuando Marta terminó, se limpió el culo directamente con mi cara, restregando los restos por mis ojos, nariz y boca.

Pero aún faltaba lo peor.

La bisabuela Rosa, con sus 87 años, se acercó lentamente ayudada por un bastón. Se levantó el vestido y se bajó las enormes bragas blancas de abuela. Su culo era flácido, arrugado, con pelos blancos largos.

—Hace más de una semana que no cago bien, niñita —me dijo con voz temblorosa pero cruel—. Hoy vas a ser mi inodoro personal.

Se sentó directamente sobre mi boca abierta. Su ano arrugado se abrió y empezó a salir una mierda blanda, oscura, extremadamente amarga y con un olor que parecía podrido. Era tanta que me llenaba la boca, la nariz, me corría por las mejillas.

—Come, come, mi putita… —susurraba la anciana mientras se movía lentamente sobre mi cara—. Esto es lo que mereces por tener una polla tan pequeña y inútil.

Mientras yo me ahogaba entre la mierda de la bisabuela, las tres mujeres más jóvenes me meaban encima, en la jaula, en el pelo, en la cara. Laura me pisaba los huevos con sus tacones y Sofía me escupía constantemente.

Cuando terminaron, me dejaron tirado en el suelo, cubierto de mierda de cuatro generaciones de mujeres, llorando, con arcadas y completamente roto.

Laura se agachó, me miró a los ojos y sonrió con ternura falsa:

—Esto solo es el principio, Caca. A partir de ahora, cada vez que alguna de nosotras necesite cagar, tú vas a estar debajo. Vas a vivir comiendo mierda familiar. Vamos a sissificarte a hacerte un puto adicto a la verga completamente: hormonas, cirugías, tatuajes de “Toilet Familiar” y “Propiedad de las Mujeres de la Casa”.

Sofía añadió riendo:

—Y los fines de semana organizaremos “fiestas de alimentación” con todassus amigas. Vas a ser la sissy-scat más famosa del grupo.

La bisabuela, todavía con restos de mierda en el ano, me dio una última orden antes de irse a dormir:

—Mañana por la mañana quiero tu lengua dentro de mi culo antes de que me levante. Quiero que seas mi bidé humano personal.

Y mientras se iban las cuatro riendo y charlando como si nada, yo me quedé en el suelo, tragando los últimos restos, sabiendo que ya no había vuelta atrás.

Era, oficialmente, la puta sissy, el inodoro y el esclavo de mi esposa

bisexual, su novia, mi suegra… y mi bisabuela. Y lo peor de todo…

…es que una parte de mí ya no quería que esto terminara nunca.

Habían pasado cuatro meses desde aquella primera tarde.

Ya no quedaba nada del Carlos que fui. Me habían cambiado el nombre legalmente a “Caca Blanca»

Mi cara estaba permanentemente hinchada de golpes, mi cuerpo lleno de moretones, tatuajes y restos secos de mierda. Pesaba apenas 58 kilos. Me habían puesto hormonas femeninas a dosis brutales: 8 mg de estradiol al día más inyecciones de 200 mg de progesterona semanal. Mis tetas ya eran una talla 85C, blandas y caídas. Mi piel estaba suave, mi voz aguda y rota de tanto gritar y tragar.

Vivía literalmente dentro de una jaula para perros en el sótano, con un cartel encima que decía:

“Toilet Slave Familiar – Uso Gratuito”

Esa noche las cuatro mujeres decidieron que era el momento de la

“Ceremonia Final”.

Me sacaron arrastrándome del pelo. Estaba completamente depilado, pintado como una puta barata de circo: labios hinchados de colágeno, eyeliner corrido, peluca rubia sucia y un plug anal de 9 cm que llevaba metido desde hacía tres días.

Primero me ataron en una silla de parto invertida, con las piernas abiertas y el culo y la jaula de castidad expuestos.

Laura, mi ex-esposa, se acercó con una enorme polla negra de 28 cm y empezó a follarme sin piedad mientras me hablaba al oído:

—Hoy te vamos a romper el último pedazo de masculinidad que te queda, Caca Blanca.

Sofía se sentó sobre mi cara y empezó a mear. Una lluvia dorada caliente, espesa y con olor fuerte me inundó la boca. Tragué como un animal entrenado.

—Bebe, puta. Bebe la meada de tu dueña bisexual.

Mi suegra Marta y la bisabuela deRosa se turnaban para cagarme en el pecho y en la boca mientras Sofía me follaba la garganta con otra polla sucia. Estaba completamente cubierto de mierda fresca y orina. El olor era tan fuerte que se me metía hasta el cerebro.

Después de dos horas de scat, golden shower y pegging brutal, Laura se puso delante de mí con una jeringuilla enorme llena de hormonas.

—Esto es la dosis final, cerda. Vas a tener tetas como globos y el culo tan grande que no vas a poder cerrar las piernas.

Me inyectó directamente en las tetas y en las caderas. Sentí cómo el fuego me recorría el cuerpo.

Entonces llegó el momento que más temía y, a la vez, más me excitaba en mi degradación total.

Sofía trajo una tabla de cortar, un cuchillo afilado, alcohol y una bolsa de plástico.

Mi suegra Marta me agarró los huevos con fuerza y los estiró.

—Estos ya no te sirven para nada, maricón. Solo estorban. Laura me miró a los ojos por última vez con una sonrisa sádica:

—Di adiós a tu pija y a tus huevos, Caca Blanca. No me anestesiaron. Querían que lo sintiera todo.

Primero cortaron los huevos. Uno tras otro. Sentí un dolor indescriptible mientras los cortaban y caían en una bandeja metálica. La bisabuela Rosa los cogió, los olió y se los metió en la boca, masticándolos lentamente delante de mí mientras sonreía con su dentadura incompleta.

—Sabrosos… —murmuró la anciana.

Después Laura agarró mi polla encogida por las hormonas, la estiró todo lo que pudo y, de un solo corte limpio, me la cortó entera. La sangre brotó mientras yo gritaba como un animal. Sofía me metió un hierro al rojo en la herida para cauterizarla. Mientras todas se masturbaban y squirteaban

Me desmayé del dolor.

Cuando desperté, tres días después, tenía un coño rudimentario hecho con mi propia piel. Entre mis piernas solo había un agujero hinchado, cosido y con un piercing grande que decía “Public Toilet”.

Me habían subido aún más la dosis de hormonas. Mis tetas ya estaban en una 95D y mi culo se había vuelto enorme y redondo.

Pero lo peor… lo más humillante… llegó la última noche.

Me vistieron como la puta más barata y sucia del mundo: microfalda transparente llena de manchas de mierda seca, top que apenas cubría mis enormes tetas, tacones de 18 cm y una correa con un cartel que decía:

“Puta Barata Haitiana – 5 dólares la follada – Scat & Piss incluido”

Laura, Sofía, Marta y la bisabuela me llevaron al puerto en una furgoneta. Allí me esperaba un traficante haitiano enorme y asqueroso llamado Jean.

—Aquí tienes lo que pediste —dijo Laura entregándome como si fuera un perro—. Está completamente rota, sin polla, sin huevos, adicta a la mierda y a la humillación. Puedes usarla, venderla o alquilarla. No nos importa lo que le pase.

Jean me miró, me escupió en la cara y me metió dos dedos en el nuevo agujero que tenía entre las piernas.

—Esta puta blanca va a trabajar en el barrio más sucio de Puerto Príncipe. Va a vivir debajo de un puente, comiendo mierda de docenas de negros al día, bebiendo meada y durmiendo en su propia mierda.

Me metieron en una jaula dentro de un barco de carga junto con otras travestis putas maricas lesbiana femboy woke, todas destrozadas analmente

Mientras el barco zarpaba, las cuatro mujeres se quedaron en el muelle riendo y despidiéndose con la mano.

Laura gritó por última vez:

—¡Disfruta tu nueva vida como puta toilet haitiana, Caca Blanca! ¡Nunca vas a volver!

Y allí, en esa jaula, cubierto de mi propia mierda, con las hormonas quemando las venas, sin polla, sin huevos, con tetas enormes y un coño recién hecho, supe que mi destino final estaba sellado.

Iba a ser usada, abusada, cagada, meada y follada por cientos de hombres en los barrios más miserables de Haití hasta que mi cuerpo se rompiera del todo.

Y ya no me quedaba ni una sola lágrima.

Solo un agujero vacío… y el sabor eterno de la mierda de mi familia en la garganta.

continuara

Habían pasado cuatro meses desde aquella primera tarde. Ya no quedaba nada del Carlos que fui.

Me habían cambiado el nombre legalmente a “Caca Blanca”.

Mi cara estaba permanentemente hinchada de golpes, mi cuerpo lleno de moretones, tatuajes y restos secos de mierda. Pesaba apenas 58 kilos.

Me habían puesto hormonas femeninas a dosis brutales: 8 mg de estradiol al día más inyecciones de 200 mg de progesterona semanal. Mis tetas ya eran una talla 85C, blandas y caídas.

Mi piel estaba suave, mi voz aguda y rota de tanto gritar y tragar. Vivía literalmente dentro de una jaula para perros en el sótano, con un cartel encima que decía: Toilet Slave Familiar – Uso Libre las 24 horas

Esa noche las cuatro mujeres decidieron que era el momento de la “Ceremonia Final”. Me sacaron arrastrándome del pelo. Estaba completamente depilado, pintado como una puta barata de circo: labios hinchados de colágeno, eyeliner corrido, peluca rubia sucia y un plug anal de 9 cm que llevaba metido desde hacía tres días.

Primero me ataron en una silla de parto invertida, con las piernas abiertas y el culo y la jaula de castidad expuestos.

Laura, mi ex-esposa, se acercó con una enorme polla negra de 28 cm y empezó a follarme sin piedad mientras me hablaba al oído: —Hoy te vamos a romper el último pedazo de masculinidad que te queda, Caca Blanca.

Sofía se sentó sobre mi cara y empezó a mear. Una lluvia dorada caliente, espesa y con olor fuerte me inundó la boca.

Tragué como un animal entrenado (delicioso) tómala toda puta,  es terrible meada de tu dueña bisexual.

Mi suegra Marta y la bisabuela Rosa se turnaban para cagarme en el pecho y en la boca mientras Sofía me follaba la garganta con otra polla sucia.

Estaba completamente cubierto de mierda fresca y orina. El olor era tan fuerte que se me metía hasta el cerebro, la verga reventada de dura y los huevos a full. Después de dos horas de scat, golden shower y pegging brutal, Laura se puso delante de mí con una jeringuilla enorme llena de hormonas. —Esto es la dosis final, cerda.

Vas a tener tetas como globos y el culo tan grande que no vas a poder cerrar las piernas. Me inyectó directamente en las tetas y en las caderas. Sentí cómo el fuego me recorría el cuerpo.

Entonces llegó el momento que más temía y, a la vez, más me excitaba en mi degradación total.

Sofía trajo la tabla del asado, con restos de pollo, la limpió con el trapo de cocina y un cuchillo afilado, alcohol y una bolsa de plástico de tienda inglesa.

Mi suegra Marta me agarró los huevos con fuerza y los estiró. — Estos ya no te sirven para nada, maricón. Solo estorban. Que grande que están,  los chupo se los metió en la boca y se masturbo como un chimpancé del Congo.

Laura me miró a los ojos por última vez con una sonrisa sádica:

Todas se desvistieron y se tocaban las tetas y la concha, una paja brutal, estaba “on fire” 🔥

Di adiós a tu pija y a tus huevos, Caca Blanca, mientras las demás squirteaban y gritaban como perras.

No me anestesiaron. Querían que lo sintiera todo. Primero cortaron los huevos. Uno tras otro. Sentí un dolor indescriptible mientras los cortaban y caían en una pote de helado ex bebedero del perro.

La bisabuela Rosa los cogió, los olió, los condimento con el jugó de concha se los metió en la boca, masticándolos lentamente delante de mí mientras sonreía con su dentadura incompleta.

 —Sabrosos… —murmuró la anciana. Después Laura agarró mi polla encogida por las hormonas, la estiró todo lo que pudo y, de un solo corte limpio, me la cortó entera.

La sangre brotó mientras yo gritaba como un animal. todas se pajeaban frenéticas.

Sofía me metió un hierro al rojo en la herida para cauterizarla y en perineo muy cerca del culo.

Me desmayé del dolor. Cuando desperté, tres días después, tenía un coño rudimentario hecho con mi propia piel y los huevos del vecino transexual y con demencia senil, al que también lo caparon, y lo entregaron como insumos al carrito de hamburguesas de la esquina.

Entre mis piernas solo había un agujero hinchado, cosido y con un piercing grande que decía “Public Toilet”. Me habían subido aún más la dosis de hormonas. Mis tetas ya estaban en una 95D y mi culo se había vuelto enorme y redondo.

Pero lo peor… lo más humillante… llegó la última noche. Me vistieron como la puta más barata y sucia del mundo: microfalda transparente llena de manchas de mierda seca, top que apenas cubría mis enormes tetas, tacones de 18 cm y una correa con un cartel que decía: Puta Barata Haitiana – 5 dólares la follada – Scat & Piss incluido. Laura, Sofía, Marta y la bisabuela me llevaron al puerto en una furgoneta.

Allí me esperaba un traficante haitiano enorme y asqueroso llamado Jean. —Aquí tienes lo que pediste — dijo Laura entregándome como si fuera un perro—. Está completamente rota, sin polla, sin huevos, adicta a la mierda y a la humillación.

Puedes usarla, venderla o alquilarla. No nos importa lo que le pase. Jean me miró, me escupió en la cara y me metió dos dedos en el nuevo agujero que tenía entre las piernas. —Esta puta blanca va a trabajar en el barrio más sucio de Puerto Príncipe.

Va a vivir debajo de un puente, comiendo mierda de docenas de negros al día, bebiendo meada y durmiendo en su propia mierda.

Me metieron en una jaula dentro de un barco de carga junto con otras chicas destrozadas. Mientras el barco zarpaba, las cuatro mujeres se quedaron en el muelle riendo y despidiéndose con la mano. Laura gritó por última vez: —¡Disfruta tu nueva vida como puta toilet haitiana, Caca Blanca! ¡Nunca vas a volver!

Y allí, en esa jaula, cubierto de mi propia mierda, con las hormonas quemando las venas, sin polla, sin huevos, con tetas enormes y un coño recién hecho, supe que mi destino final estaba sellado.

Iba a ser usada, abusada, cagada, meada y follada por cientos de hombres en los barrios más miserables de Haití hasta que mi cuerpo se rompiera del todo.

Y ya no me quedaba ni una sola lágrima. Solo un agujero vacío… y el sabor eterno de la mierda de mi familia en la garganta. —  continuará

Vergamorcilla

5 Lecturas/11 junio, 2026/0 Comentarios/por Vergauy
Etiquetas: abuela, anal, bisexual, culo, follando, madre, puta, vecino
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