Descubrí que disfruto mucho mariconeando para bajar el estrés…
Un tipo que debido a una condición cardiaca de su madre, se ve en la necesidad de atender el negocio de su madre, lo que eventualmente le produce estrés, y sale de noche para controlar el estrés, y descubre que dejando que le den por el culo se le quita todo el estrés. .
Cuando a mi madre sufrió un ataque al corazón, debido a su condición durante el tiempo que estuvo hospitalizada, tuve que hacerme cargo de dirigir y administrar su negocio.
Aunque tengo la preparación académica, la verdad es que nada me había preparado, para lo que se me avecinaba, ya que comencé a ser víctima del estrés, que todo eso me generaba, y para colmo de males, no tenía donde ni con quien desahogarme.
Así que un viernes en la tarde, ya cuando comenzaba anochecer, y después de visitar en el hospital a mi madre, decidí ir al negocio y dejar mi auto estacionado ahí mientras me iba a relajar, y decidí entrar en algún pub, tomarme algo y luego marcharme a casa.
Pero la verdad es que no sé qué me sucedió, ya que desde que comencé a beber, como que no podía parar, de un pub fui a otro, y en el último en el que entré, ya con unas cuantas copas de más, y diciéndome a mí mismo que me iría a casa a penas me tomase un último trago.
Se me acercó un tipo, y comenzó a sacarme conversación, después de un rato me dijo, que yo le caía muy simpático, por lo que él y varios de sus amigos, iban a tener una fiesta, y que gustosamente me invitaba.
Yo no sé en qué diablos estaba yo pensando, que, sin conocerlo, me acuerdo que sonriendo le dije que, si aceptaba su invitación, la cosa es que, en el camino, creo que me preguntó algo, y como no sabía de qué me hablaba, lo único que se me ocurrió decirle fue, que ni idea tenía.
Así que apenas llegamos a una mansión, me encontré en compañía de seis hombres mayores, evidentemente extranjeros, de inmediato me di cuenta de que era al único que todos ellos estaban viendo, y de que dichos tipos eran demasiado confianzudos, ya que apenas sin conocerlos, comencé a sentir sus manos agarrándome las nalgas.
Fue cuando les pregunté que se habían pensado ellos que yo era, uno de ellos, sonriendo y con un fuerte acento extranjero me dijo. “Bueno si quieres como somos varios, te pagamos el doble.” Yo me quedé entre confundido, e indignado, ya que no tenía ni la menor idea, del porque pensaban evidentemente que yo era un mariconcito.
Ya estaba por marcharme, sin sacarlos de su error, cuando nada más de pensar lo que todos ellos pudieran hacer conmigo, me detuve justo antes de dirigirme a la puerta, lo cierto es que desde jovencito y antes de salir de la universidad, tenía sexo anal con alguno que otro de mis compañeros, maestro y hasta con profesores.
Por lo que mi loca mente comenzó a volar sola, imaginándome todo lo que me podía pasar, si me quedaba en ese lugar, fue cuando la gruesa voz de uno de esos hombres me preguntó. “¿Qué te pasa?”
Sonriendo y dándome la vuelta les dije al tiempo que, dejaba caer mi pantalón hasta el suelo. “Es que me siento algo mareado, pero ya se me pasa.” así que los dejé que me continuasen acariciando y agarrando por todas partes, al tiempo que algunos de ellos me fueron despojando de mi ropa interior, hasta que sentí una gruesa mano sobre uno de mis hombros, obligándome a que me agachase, rodeada todos ellos.
De eso a que me pusieran a mamar no pasó mucho tiempo, yo me dejé llevar por el gusto de sentirme deseado, no por uno sino por varios hombres adultos y seguramente llenos de energía, sin contar que, hasta esos momentos, ya llevaba mucho más de un año sin tener sexo.
Pero algo de lo que más disfruté fue el sentir como una de sus enormes vergas penetraba mi culo, casi hasta lloró de la alegría, sentía sus bocas chupando, besando y mordisqueando mi nuca, mis orejas, y hasta mis tetillas, además sus fuertes y vigorosas manos acariciaban todo mi cuerpo.
El placer que todos ellos a la vez me proporcionaban, era algo que jamás yo me hubiera llegado a imaginar, así que mientras ya fuera que tuviera enterrada una de esas enormes vergas dentro de mi culo, o mi boca, con mis manos masturbaba a algunos de ellos, y podía sentir lo fibroso de su miembro entre mis dedos.
El evidente contraste de nuestras pieles, también fue algo que me embelesó, viendo como aquellas enormes vergas, entraban y salían de mis sonrosadas nalgas y hasta de mi boca, en ocasiones a un mismo tiempo, la verdad es que movía mis caderas, lo más que pude, sentí alguna de sus manos apretando mi pequeño pene, hizo que en más de una ocasión sintiera que me viniera del placer.
Y algo que yo jamás pensé que podría llegar a disfrutar, fue del fuerte aroma de sus cuerpos, del raro sabor, entre dulce y salado, de su semen dentro de mi boca, en fin, el olor de su solo sudor me volvía todo loquito de placer.
Así que, en la madrugada, cuando en lugar de quedarme a dormir, tomé mis cosas, y me vestí, el tipo que me llevó hasta esa casa, aparte de lo mucho que me hizo disfrutar todo, me entregó una buena cantidad de billetes, lo cierto es que en un principio no pensaba aceptarla, la verdad es esa, pero me momento me puse a pensar, que un verdadero mariconcito no haría eso.
Sin pensarlo mucho los agarré los metí en mi bolsillo, y al llegar a la calle, de inmediato detuve a un taxi que me llevó hasta donde yo había dejado mi auto, fue cuando me di cuenta que el chofer del taxi, no dejaba de observarme por el espejo retrovisor.
Y nada más por joder, le pregunté con un tono de voz bastante afeminado. “Dime querido, si no tuviera dinero para pagarte, ¿cómo podríamos arreglárnoslas?” El deteniendo el auto, y volteándose hacia mí me dijo, con una sádica sonrisa. “Bueno mi amiguito, podemos buscar un lugar donde detener el auto, y después de que me dejes darte por el culo, y me mames la verga, quedaríamos a mano. ¿Conoces algún sitio por aquí que sea seguro?”
Yo le indiqué que metiera en taxi en la entrada del estacionamiento, casualmente es el local donde está el negocio de mi abuela, que como ya era de madrugada y además era sábado, el estacionamiento permanecería todo el día cerrado.
Así que una vez que estacionó, él se pasó para el asiento trasero, yo me volví a despojar de toda mi ropa, incluso hasta de mis ajustados interiores, sin pérdida de tiempo, yo me coloqué en cuatro patas sobre el asiento trasero, y comencé a sentir como su verga, comenzó a ir penetrándome y saliendo de mí ya abierto culo.
La verdad es que, a pesar de lo incomodo del lugar, lo disfruté, y bastante, ya que el tipo ese, a medida que no dejaba de meter y sacar su verga de entre mis nalgas, me agarró por mi pequeño miembro con sus sucias manos, apretándomelo con fuerza, hasta que yo, disfruté de una buena venida, dejando todo mi culo lleno de su semen.
Luego me bajé, me lavé las nalgas en una llave de agua, pero cuando ya estaba por vestirme él se paró frente a mi agarrando su gruesa verga, yo de inmediato me acordé que él deseaba que se la mamase así que después de lavarla con un poco de agua me la llevé a la boca y por un buen rato se la estuve mamando completamente desnudito hasta que nuevamente se vino pero dentro de mi garganta, haciendo que me tragase gran parte de su semen, luego como pude me vestí, y tras despedirme de él salí caminando, y no regresé a la entrada del estacionamiento hasta que estuve bien seguro de que el taxista se había marchado, fue cuando me di cuenta que seguramente había dejado mis interiores dentro del taxi.
Desde esa fecha, y después de que mi abuela fue dada de alta del hospital, ocasionalmente cuando me siento algo estresado, salga a uno de los principales hoteles a mariconear, perdón quiero decir a pasear, para para liberar un poco el estrés, claro que sin que ni mi abuela ni nadie de mi familia se enteré.




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