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Dominación Hombres, Fantasías / Parodias, Gays

Destino de mi ano en un rapidito

De tenerlo cerradito y apretado a escurrir leche de un cráter .
Ponía la cam a algunos hombres por internet. Me gustaba escuchar sus comentarios sobre mi culo, redondito, duro, no tan grande; bastante suave y lampiño con una rajita más morena que el resto de mi piel y un anito apretado, como un asterisco de color entre rosa y morado.

Ese día estaba tan caliente que me puse las bragas que encontré por casa y empecé a grabar con el móvil mi culo. Estaba tirado en la cama cuando me salió una notificación de un interesado en quedar. Era de una app de citas. Se hacía llamar Mr Prolapper, un británico de esos, de padres interraciales. Sus fotos mostraban un buen cuerpo y un bulto en sus calzoncillos muy considerable.

No me gusta quedar con desconocidos. Así que pensé que lo mejor era invitarlo a vernos en la calle en el parque, en medio de gente. Le escribí pidiéndolo y esa tarde quedamos.

Apareció con su barbita de dos días, vaqueros y una camiseta de un concierto. Para nada parecía querer impresionarme, exceptuando sus deportivas que eran de marca y nada baratas. Medía más que yo y su cuerpo parecía musculado. Sobre todo por sus brazos. A ratos podía observar sus bíceps más grandes que los míos.

Hablamos un poco y entonces puso su mano en mi muslo y me dijo que no quería perder más tiempo.
– Estoy muy cachondo -se sobó el bulto de su entrepierna-. Llevo sin follar una semana, mi novia no está aquí.
Me miró como si esperara mi comprensión en ese tema y yo se la sobé mientras le decía:
– No te preocupes. Soy discreto. Tampoco quiero que esto lo sepa nadie.
Sonreí y él entonces me besó. Se levantó y me hizo señas para que lo siguiera. Fuimos a su coche y arrancó para ir a estacionar en medio de una calle alejada de la ciudad, a las afueras, sin afluencia de peatones ni tráfico.
Allí me observó como un animal apunto de saltar sobre su presa. Me quitó la camiseta y mientras yo le besaba y acariciaba, me bajó los pantalones. Quitándome las zapatillas, me quedé en calcetines y calzoncillos.
– Date la vuelta y mira por la ventanilla.
Lo miré a los ojos y me dí la vuelta y obedecí. Su gran mano sobre mi cabeza empujó mi mejilla contra el cristal. Entonces con la otra me bajó los calzoncillos dejando mi culo expuesto. Escupió en dos de sus dedos.
– Abre las piernas, puta.
– No soy ninguna puta. Puta lo será tú madre. Si vas a ponerte así no quiero hacer nada…- dije respirando acelerado, poniéndome nervioso. Me giré y aparté su mano con un movimiento de cabeza.
Él me soltó. Me miró con rabia. Y entonces agarró mi ropa. Bajó la ventanilla del coche y la tiró fuera.
– ¿Qué haces, estúpido? Imbécil
Me marcho.
Le increpé antes de bajar con solo los calzoncillos. Entonces él también se bajó y se echó sobre mí. Forcejeando me rompió el calzoncillo y se rió.
– Así te voy a dejar aquí, desnudo, para que cualquiera que te vea sepa que eres una puta en una zona de cruising.
Corrió delante de mí, recogió mi ropa y se metió al coche. Cerró las puertas con el cierre automático y yo le pegué patadas y puñetazos al coche. Así que arrancó y se fue.
Desnudo y a unos cuantos kilómetros de la ciudad, me di cuenta que el móvil y la cartera estaban en mi pantalón. El mismo que tenía el imbécil que se lo llevó en su coche.
Todavía sin decidir bien qué debía hacer, apareció otro coche y se detuvo a poca distancia. Al bajar la ventanilla se asomó un señor de mediana edad, por el lado izquierdo. Sin arrugas pero sin cabello. Afeitado y con las cejas canas en su mayoría. Por su acento, parecía inglés aunque hablase español:
– Tea sercu a la ciudad si me dejas azutadte ese culo de zotrha. ¿Aceptas?
– Me llevas a la ciudad, ¿por un par de azotes?
– Échate en mi regazo y te doy unos veinte
– Que no sean muy fuertes, por favor .
Asintió y yo entré y me eché desnudo encima de él, sobre el asiento del copiloto. Pero al alzar la vista para saludar al conductor, reconocí a mí cita de hacía unos minutos que se había robado mi ropa. Me sonrió y me sujetó de las manos. El otro, el mayor, me sujetó de la espalda y del culo y comenzó a azotarme:
– Mi hijo me ha contado lo que has hecho, a él y al coche. Las putas que no saben su lughar…PLAssdd (nalgada) …que no obidecen PLASSSSds (otra sobre mi piel suave) …que no saben parha qué están…Plassss (y otra)… ¿Tú lo sabes?-. Saber que eran padre e hijo, aunque quizá adoptado, me impresionó muchísimo, pero mi culito desnudo se estaba poniendo rojo por las nalgadas, así que yo gimiendo dije que sí. El hijo soltó uno de mis brazos y con esa mano acarició mi mentón y levantando mi cara hacia él me demandó:
– Dilo, di para que estás tú…
– Para complacer a los hombres y a sus pollas …
– ¿Con qué?
– Con todos mis agujeros
– Buena nena
Y me escupió. Entonces volvió a sujetarme fuertemente los brazos y a obligarme a estar estirado boca abajo. Colocó mi cara sobre su bulto y los brazos contra la puerta del conductor. El padre empezó a abrirme las nalgas y a separar los cachetes del culo, mostrándoselo a mi cita de antes.
– Mira ese culito, qué rajita tan joven y mira este anito. Seguro aprieta a mi dedo pequeño.
Sobo mi ano con su meñique y dejó caer su saliva de la boca a mi ano, mientras masajeaba por fuera. Comenzó a meter la punta del dedo. Yo gemí asustado.
– Mmmm, por favor, azota mi culo y dejadme ir. Solo son unas cuantas veces más, van tres. Por favor…deja mi ojete en paz…-gimoteé.
– Has sido mala. Has olvidado cuál es tu lughar y yo te lo voy a riecordar, puta zodthra de mier…

Metió su dedo meñique hasta los nudillos. Luego, metió otro dedo y me ardió la cola. Grité: «¡¡¡Para, cariño!!!, ¡Os la mamooo, os la mamooo!».
El hijo me frotaba el bulto de su entrepierna, cada vez más gordo, contra la cara como si me estuviera follando la cabeza. Sentado impulsaba su pelvis metiéndome empujones sin dejar que mi cabeza se deslizara al suelo entre sus piernas y sin soltar mis brazos, permanentemente estirados.
– Haberlo pensado antes, ahora te jodes, nenita.
El padre comenzó con una mano a apartar mi cachete del culo y con la otra a meter y sacar tres dedos dentro y fuera de mi ano con frenesí. Muy rápido. Yo gemía y movía el culo intentando salvarlo de ese ardor y opresión; pero el destino de mi ano quedó escrito cuando ha metido un cuarto dedo. Ahí sí lloré, porque una lágrima rodó sobre mi mejilla mientras me quejaba suplicando:
– Ay, papi, no más…soy solo una puta…una nena…sniff, sniff.
Me giré y miré a mi maltratador con ojitos húmedos de cordero que van a degollar. Pero sonrió y metió sus dedos hasta casi topar con la mano y una vez dentro los abrió, estirando los pliegues y mis anillos rugosos iniciales y los segundos suavecitos, microdesgarrándolos. Salió sangre en forma de gotitas muy pequeñas, que empezaron a manchar sus dedos, mientras los sacaba y los extraía con fuerza como si quisiera tirar de mis adentros. Grité y lloré sin dejar de mover el culo y entonces una mancha de semen emergió de la tela del vaquero mientras el hijo suspiraba y balbuceaba corriéndose. Pegó bien el bulto contra mi cara, restregándose.
– A ver, déjame ver cómo le ha quedado ese anito de zorra
El padre paró de penetrarme con los dedos, separó con ambas manos mi culo y dejó a plena vista lo que me había hecho. Yo temblaba. El otro suspiró y gimió cuando lo vio. Pero yo no sabía su aspecto. Entonces me soltó y me dijo que si me quedaba quieto, su padre me iba a tomar una foto.
– ¿Quieres ver cómo ha quedado tu ano? Quédate quietecito y te tomamos la foto para que lo veas…¿vale? ¿Vas a ser bueno y obediente como una nenita con vagina? -y volvió a gruñir. Yo respondí que sí y el padre agarró el móvil de la guantera y tomó fotos de mi ano desgarrado y ultrajado por sus dedos.
El hijo me ayudó a levantarme y me abrazó mientras me besaba en las mejillas.
– Ya está, ya está, ¿has aprendido tú lección? Ahora te soltaré, te daré tu ropa y cuando estés más alivada quedamos y me das tu culo, ¿a qué si?.
Yo gemía y jadeaba asintiendo con la cabeza y recibiendo sus besos y ese cariño después de un maltrato.
El entonces me hizo doblar la espalda y me indicó: – Mi daddy no se ha corrido, pon ese culo para que se pajee. No soy malo, si te la mete ahora va a dolerte, mi vida. Sólo empómpate que se vea bien la raja y tu ano abierto .
Y me morreó con lengua. Yo susurré que sí. «Vale, que se corra en mi culito». Accedí con voz entrecortada. Él no dejó que mirase atrás mientras su padre se pajeaba con mi culo hasta correrse. Entre sus jadeos, haciendo caer la leche en mi ano, suspiró: – MMMMM..humm, vaya culo… Ten, ten lechita, que se vaya dentro…
Y nuevamente con los dedos me tocaba la rajita y los introducía dentro para meter su semen en mi ano. Yo gemí asustado pero no los metió mucho ni más de uno. Entonces mientras el hijo me abrazaba fuerte, el padre tiró mi ropa fuera del coche. El hijo abrió la puerta de su lado para que bajase. Iba a bajar pasando por encima de su cuerpo cuando me ordenó que esperase.
– Espera, mira esto -puso la mano en mi cintura y con la otra abrió mi culo, luego agarró el móvil y tomó una foto una vez más de mi ano. Me la enseñó: «Así te ha quedado el culito».
Era un cráter semiabierto de piel hinchadita y colorada, con un charquito de semen que lo mojaba en medio del agujero.
– Cuando te cures ven a verme. Mándame DM.
Bajé del coche y arrancaron. Al pasar por mi lado el señor del asiento del copiloto bajó la ventanilla y me advirtió: – Cúrate bien, que tengo sífilis-. Y soltando una carcajada subió la ventanilla y se fueron. Nunca más supe de ellos y por lo menos pude ir al médico a tiempo, antes que su contagio fuera grave. Mi culito sanó, pero ahora mi médico sabe que tengo sexo con hombres.

5 Lecturas/14 septiembre, 2026/0 Comentarios/por Renepo
Etiquetas: cruising, follando, follar, hijo, madre, mayor, padre, sexo
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