Don pancho Parte 2 Mi boca su adiccion
Despues de probar mi culo ahora quiere probar solo mi boca.
Un mes después…
Habían pasado exactamente 30 días desde aquella noche loca con Don Pancho y su hijo. Yo había vuelto a mi rutina de trabajo en la ciudad, pero cada noche recibía mensajes de Don Pancho: fotos de su verga semierecta, audios gimiendo mi nombre y mensajes cortos pero directos: “Te extraño perrita”, “Mi verga ya no se aguanta sin tu boca”, “Ven pronto, mi vieja”.
Ese viernes decidí tomarme el fin de semana libre y manejé directo al rancho. Apenas estacioné el auto frente a su casa, Don Pancho salió con una sonrisa de oreja a oreja. Ya traía solo un short viejo, sin camisa, y se le marcaba claramente el bulto.
Don Pancho: ¡Por fin llegaste, amor! Ven pa’ca…
Me jaló del brazo apenas bajé y me plantó un beso profundo, metiendo lengua con hambre. Sus manos grandes me apretaron el culo por encima del pantalón.
Yo: Jajaja, qué ansioso, Don Pancho. ¿Me extrañaste tanto?
Don Pancho: Más de lo que te imaginas, cabrón. Este mes solo me pajeé pensando en ti. Pero ya no quiero solo cogerte… quiero probar algo diferente.
Me llevó adentro. La casa olía a café recién hecho y a él. Cerró la puerta con llave y me miró serio pero excitado.
Don Pancho: Mira, Fer… yo me enamoré de tu culo, ¿verdad? Ese culito apretado me tiene loco, me vuelve loco cómo aprieta mi verga y cómo se traga toda mi leche. Ahora quiero ver si también me enamoro de tu boca. Quiero que me la chupes todo el día. Desde que amanezca hasta que anochezca. Sin parar. Quiero que tu boquita sea mi puta favorita y ver si me enamoro más de ella que de tu culo.
Me quedé un poco sorprendido, pero la verdad me calentó mucho escucharlo hablar así.
Yo: ¿Todo el día, Don? ¿Sin parar?
Don Pancho: Todo el puto día, mi vida. Vas a ser mi mamadora oficial. Te voy a dar de comer, de tomar, pero tu boca no se va a despegar de mi verga casi nunca. Quiero correrme en tu garganta, en tu cara, en tu lengua… y ver si termino más enamorado de esa boquita caliente que de ese culo rico. ¿Aceptas, mi perra?
Yo: (sonriendo y ya arrodillándome) Acepto, mi viejo. Hoy soy solo tu mamadora.
Don Pancho se bajó el short de un jalón. Su verga de 20 cm ya estaba medio dura, gruesa y pesada. Me tomó de la cabeza con suavidad pero firme.
Don Pancho: Empieza entonces, amor. Despacio… quiero sentir cada lamida.
Me la metí completa a la boca desde el principio. Estaba tibia, con ese sabor a hombre maduro que tanto me gustaba. Empecé a chupar lento, con mucha saliva, recorriendo cada vena con la lengua. Él gemía bajito y me acariciaba el pelo.
Pasaron las horas…
Primero en la cocina: mientras él preparaba huevos con chorizo, yo estaba debajo de la mesa, mamándosela despacio. Cada vez que se venía, me tragaba todo sin desperdiciar una gota.
Don Pancho: Mmmm… qué boca tan obediente. Sigue, mi vida… no pares aunque esté cocinando.
Después en el corral: mientras él daba de comer a los animales, yo estaba de rodillas en la tierra, chupando y lamiendo sus huevos pesados. El sol nos pegaba y él sudaba, pero yo no paraba.
Don Pancho: ¡Qué rico, cabrón! Tu boca es pura miel… creo que ya me estoy enamorando más de ella que de tu culo, eh.
Al mediodía me sentó en el sillón de la sala, se recostó y me puso entre sus piernas. Estuvimos casi dos horas seguidas. Yo mamaba, lamía, besaba el glande, le hacía garganta profunda y él solo gemía y me decía cosas sucias.
Don Pancho: Mírate… toda baboseado por mi verga. Eres mi puta favorita, Fer. Esa boquita me tiene loco… chúpamela más fuerte, quiero correrme otra vez.
Y se venía. A veces me llenaba la boca, otras me pintaba la cara y yo recogía todo con los dedos y me lo tragaba mirándolo a los ojos.
Por la tarde me llevó a la cama. Me acostó boca arriba con la cabeza colgando del borde y me folló la boca como si fuera un culo. Entraba y salía con fuerza, sus huevos me golpeaban la frente.
Don Pancho: ¡Toma, mi amor! Toda la verga en esa garganta… ¿te gusta que te use la boca todo el día? Dime que sí…
Yo: (con la boca llena) Sssííí… me encanta, mi viejo…
Cuando ya estaba anocheciendo, después de la quinta o sexta corrida del día, Don Pancho estaba exhausto pero feliz. Me subió a la cama, me abrazó por detrás y me besó el cuello.
Don Pancho: Tienes razón… me enamoré de tu culo el primer día… pero hoy me enamoré más de tu boca. Esa boquita es adictiva, Fer. Quiero que vengas cada fin de semana y me la des todo el sábado y domingo. ¿Aceptas ser mi mamadora oficial?
Yo: (sonriendo, con la voz ronca de tanto chupar) Acepto, Don Pancho. Tu boca-esclavo personal.
Él me apretó contra su cuerpo y sentí su verga, todavía medio dura, rozándome el culo.
Don Pancho: Mañana repetimos… pero ahora quiero cogerte ese culito que tanto amo. Para que no se ponga celoso.
Y así terminó el primer día de “prueba”. Pero ambos sabíamos que esto apenas empezaba… y que yo volvería cada vez que me llamara.


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