El Aprendiz de Merlín 3
Esta es la 3era parte de las eroticas aventuras de Merlín y su aprendiz en su camino para ser un mago..
El sol ya estaba alto cuando Merlín decidió que la tercera lección no esperaría más. Jhonathan seguía atado al cabecero, cuerpo cubierto de sudor seco, semen y marcas moradas de dientes y dedos. El ano del aprendiz aún palpitaba, entreabierto, dejando escapar pequeños hilos blancos que se deslizaban por sus muslos. El joven respiraba agitado, ojos vidriosos, polla medio dura descansando sobre su vientre sucio.
Merlín chasqueó los dedos. Las cadenas de plata se tensaron más, obligando a Jhonathan a arquear la espalda, culo levantado y completamente expuesto. Un segundo hechizo hizo que un frasco de aceite encantado flotara hasta su mano: un líquido espeso, caliente, que ardía al contacto con la piel y multiplicaba cada sensación por diez.
—Hoy vas a aprender que la magia puede ser cruel… y deliciosa —dijo Merlín con una sonrisa oscura mientras vertía el aceite directamente sobre el agujero dilatado del chico.
El aceite cayó como lava. Jhonathan gritó, cuerpo sacudiéndose, el ano contrayéndose y abriéndose al mismo tiempo mientras el calor se extendía por dentro. Merlín no esperó: empujó cuatro dedos de golpe, follando el interior con rudeza, abriéndolo más, preparándolo. El aceite hacía que todo resbalara obscenamente, sonidos húmedos y chasquidos llenando la habitación.
—Maestro… por favor… —suplicó Jhonathan, voz rota.
Merlín sacó los dedos y alineó su polla, ahora más gruesa que nunca gracias a un hechizo de aumento que había susurrado. El glande hinchado, morado, goteando presemen, presionó contra el agujero y entró de un solo golpe salvaje, hasta las bolas. Jhonathan aulló, lágrimas saltando de sus ojos, el culo estirándose al límite alrededor de esa verga mágicamente engrosada.
Merlín empezó a follarlo sin piedad. Cada embestida era brutal, profunda, haciendo que el aceite salpicara y el semen de la noche anterior saliera expulsado en chorros blancos alrededor de su polla. La cama crujía como si fuera a romperse. El mago agarró las caderas del chico con fuerza, clavando las uñas, y lo usó como un juguete: sacándolo casi por completo y volviéndolo a empalar con violencia.
—Dime qué eres —gruñó Merlín, una mano bajando para apretar y masturbar la polla del aprendiz con saña.
—Soy… soy tu puto… tu aprendiz… tu agujero… —jadeó Jhonathan entre sollozos, caderas empujando hacia atrás, rogando más.
Merlín rio oscuramente y activó otro hechizo. De repente, el interior del culo de Jhonathan empezó a vibrar alrededor de la verga que lo follaba, como si miles de pequeñas lenguas lo lamieran desde dentro. El joven gritó de puro placer, cuerpo convulsionando, polla saltando y soltando presemen a chorros.
—No te corras todavía —ordenó Merlín, apretando la base de la polla del chico con un anillo mágico que apareció de la nada—. Solo cuando yo te llene por tercera vez.
El ritmo se volvió animal. Merlín follaba como un demonio, bolas chocando contra nalgas enrojecidas, sudor volando, el sonido de carne contra carne húmeda y sucia resonando en la torre. Cada embestida hacía que el aceite encantado ardiera más, que el placer se volviera casi doloroso. Jhonathan lloraba, gemía, suplicaba, su polla morada e hinchada sufriendo dentro del anillo mágico.
Merlín se inclinó, mordió el cuello del joven hasta hacerlo sangrar ligeramente y susurró contra su oreja:
—Vas a correrte tan fuerte que vas a manchar hasta el techo, cachorro.
Entonces liberó el anillo mágico y aceleró hasta el límite. Jhonathan explotó con un grito desgarrador: su polla disparó chorros potentes, espesos, que salpicaron su propio rostro, su pecho, las sábanas y hasta la pared detrás de la cama. El orgasmo fue tan intenso que todo su cuerpo se sacudió como poseído, ano apretando la polla de Merlín con fuerza brutal, ordeñándola.
Merlín rugió y se corrió dentro al mismo tiempo: chorros calientes, abundantes, interminables inundando el interior del chico, tanto que el semen empezó a salir a presión alrededor de su verga, creando un desastre blanco y espeso que goteaba sin parar.
Cuando terminó, Merlín se quedó enterrado hasta el fondo, respirando como un animal, sintiendo cómo el culo de Jhonathan seguía contrayéndose alrededor de él. Lentamente se retiró, admirando el espectáculo: el agujero ahora completamente destruido, rojo, hinchado, abierto como una boca, expulsando burbujas de semen y aceite con cada contracción.
Se inclinó, escupió dentro del desastre y lo selló con un beso sucio y profundo en el ano del chico, lamiendo su propia leche mientras Jhonathan temblaba y gemía incoherencias.
Luego se subió sobre él, metió su polla aún semidura en la boca del aprendiz y le ordenó:
—Límpiala. Hasta la última gota.
Jhonathan, exhausto, con los ojos en blanco de placer, obedeció, chupando y tragando todo lo que quedaba.
Merlín le acarició el cabello revuelto con una ternura casi peligrosa.
—Tercera lección terminada. Mañana… mañana te voy a follar delante del espejo mágico para que veas exactamente en qué te estás convirtiendo.
Jhonathan solo pudo gemir una palabra, voz rota y feliz:
—…Más…

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