El Aprendiz de Merlin 6: Lecciones
Lecciones, lecciones y más lecciones, todo bajo la estricta supervisión de Merlin.
Sexta parte
Merlín seguía enterrado hasta las bolas dentro de Morgana, follándola con embestidas lentas y profundas mientras su semen de antes se mezclaba con el aceite encantado y salía a borbotones alrededor de su verga gruesa. Jhonathan yacía a su lado, jadeando, con el culo todavía abierto y goteando. Morgana gemía como una puta en celo, tetas grandes rebotando, su propia polla trans dura y palpitando contra su vientre.
—Quieres mi poder… —gruñó Merlín, agarrándola por el cuello—. Pues vas a revivir exactamente cómo lo conseguiste la primera vez.
Chasqueó los dedos. Una niebla negra y brillante envolvió la habitación. Los ojos de Jhonathan y Morgana se pusieron blancos. Un hechizo de visión compartida los arrastró a los tres al pasado.
La torre era la misma, pero más oscura, más antigua. Merlin, joven y salvaje, tenía frente a él a su primer aprendiz: Morgan, un chico de diecinueve años, delgado, pálido, cabello negro revuelto y un culo virgen que temblaba de miedo y deseo. Todavía era completamente hombre: polla delgada y dura, testículos apretados, ano rosado y apretado que nunca había sido tocado.
—Desnúdate —ordenó el Merlin del pasado, voz ya cargada de la misma crueldad.
Morgan obedeció con manos temblorosas. Cuando quedó desnudo, Merlin lo tiró sobre la misma cama y le separó las nalgas con rudeza.
—Esta es la primera lección, cachorro. La magia se aprende con dolor y semen.
Sin aceite, sin piedad, Merlin escupió sobre el ano virgen y empujó su polla gruesa de un solo golpe brutal. Morgan gritó, uñas clavadas en las sábanas, lágrimas saltando mientras su agujero se abría por primera vez. Merlin no esperó: empezó a follarlo como un animal, cada embestida rompiendo más adentro, bolas chocando contra nalgas pálidas.
—Grita más fuerte —gruñó—. Quiero oír cómo se rompe tu virginidad.
Morgan sollozaba y gemía al mismo tiempo, su propia polla goteando presemen sobre la cama. Merlin lo masturbaba con saña mientras lo destrozaba, negándole el orgasmo una y otra vez con un anillo mágico.
Durante meses fue así. Cada noche Morgan era atado, boca abajo, culo en alto. Merlin lo follaba durante horas: primero suave para que se acostumbrara, luego brutal, luego con hechizos que hacían que su próstata vibrara y ardiera. Le llenaba el culo hasta que el semen blanco salía a chorros cuando se retiraba. Le follaba la garganta hasta que vomitaba saliva y presemen. Le obligaba a lamer su propio semen del suelo.
—Más profundo… maestro… por favor… —suplicaba Morgan cada vez, volviéndose adicto.
Pero el chico quería más poder. Una noche, después de que Merlin lo hubiera follado sin parar durante seis horas y lo hubiera llenado cuatro veces, Morgan, con el culo destrozado y rebosante de semen, susurró:
—Quiero ser más. Quiero un cuerpo que me dé aún más placer… y más poder.
Merlín, todavía con la polla dentro de él, rio oscuramente.
—Los hechizos de transformación son prohibidos. Te costarán tu polla… y tu alma.
Morgan, con los ojos brillantes de ambición y lujuria, asintió.
—Hazlo. Mientras me follas.
Merlín activó el ritual oscuro allí mismo. Siguió embistiendo el culo del chico mientras los hechizos negros envolvían su cuerpo. Morgan gritó de agonía y placer cuando su polla y testículos empezaron a encogerse, transformándose. Sus caderas se ensancharon, tetas grandes y pesadas crecieron en su pecho, su voz se volvió grave y femenina. Pero Merlin, con un último hechizo, dejó que la nueva polla trans de Morgana permaneciera: gruesa, venosa, más grande que antes, pero ahora sensible como un clítoris.
Cuando el ritual terminó, Morgana —ya ella— tenía el cuerpo escultural que tenía ahora: tetas enormes, culo redondo, polla dura y goteando. Merlin la folló con más fuerza que nunca, celebrando la nueva forma.
—Ahora eres mía de verdad —gruñó, corriéndose dentro por quinta vez esa noche.
Pero Morgana ya había probado el poder. Esa misma noche, mientras Merlin dormía exhausto, ella robó los grimorios oscuros y huyó, jurando que volvería a tomar todo.
La visión se disolvió. Volvieron al presente.
Merlín seguía dentro de Morgana, pero ahora follándola con renovada furia, como si estuviera castigando a la traidora que una vez fue su juguete favorito.
—¿Lo ves, zorra? —jadeó, embistiendo tan fuerte que la cama crujía—. Yo te creé. Yo te rompí el culo virgen, yo te di estas tetas y esta polla que tanto te gusta. Y ahora vienes a robarme.
Agarró la polla de Morgana y la masturbó con violencia mientras Jhonathan, aún bajo el efecto del hechizo, se arrastraba y empezaba a chuparle las tetas a Morgana, mordiendo los pezones hinchados.
Morgana gritaba, cuerpo convulsionando, culo apretando la verga de Merlin.
—¡Sí… maestro…! ¡Fóllame como entonces…! ¡Rómpeme otra vez…!
Merlín aceleró hasta el límite, gruñendo como bestia, y se corrió dentro de ella con chorros potentes y calientes, llenándola hasta que el semen salía a presión. Morgana explotó al mismo tiempo: su polla trans disparó chorros espesos que salpicaron la cara de Jhonathan y las sábanas.
Cuando terminaron, Merlín se retiró lentamente, admirando el desastre: el ano de Morgana completamente destruido, rebosante de su leche, igual que aquella primera noche de transformación.
Se inclinó sobre ella y le susurró al oído:
—Bienvenida de vuelta a tu pasado, aprendiz. Pero esta vez… no te dejaré escapar.
Morgana, temblando, con los ojos llenos de odio, placer y sumisión, solo pudo gemir:
—…Otra vez…

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