El comienzo de todo 2 (final)
Esta es la continuación de mi relato llamado “el comienzo de todo” sin más que agregar les sigo contando mi experiencia.
Después de lo ocurrido en casa de mi amigo Jordan, Alejandro y yo dejamos de hablar por un tiempo, quizás por pena de lo sucedido. Eso pensé, pues ya luego volveríamos a juntarnos, pero esta vez en casa de Alejandro. Debo decir que casi no había interactuado con él después de lo que pasó, pero no estábamos peleados ni nada. Ese día habíamos acordado llegar a las 8 de la mañana un sábado para entregar un trabajo el lunes. Yo me alisté temprano para no llegar tarde ese sábado. Su casa quedaba relativamente cerca de la mía; solo caminé 15 minutos. Al llegar a su casa, él ya me esperaba sentado en el porche. Lo saludé y empezamos a hablar ahí, sentados en el porche de su casa, acerca de algún juego o anime, como siempre hablábamos. Luego nos fijamos en el reloj y vimos que había pasado media hora y nada que llegaba mi amigo Jordan. Debido a eso, me dice que va a llamarlo para preguntarle si va a venir o no. Seguidamente me invita a pasar a su casa. Yo, nervioso por si había alguien más en su sala, le pregunté:
—¿Están tus padres?
Él me dijo que no, que de hecho no había nadie. Al ser una persona tímida, me preocupé por si había gente, porque me daba pena hablar con desconocidos, pero al enterarme de que no había nadie me sentí más apenado por quedarme a solas con él. Al final me senté en el sillón de su casa y esperé a que él buscara su teléfono para llamar al amigo. Después de llamarlo, me dijo que Jordan había enfermado y no iba a venir, así que trabajaríamos solo los dos. Eso me hizo sentir un choque eléctrico en el pecho; me sentí muy apenado por quedarme a solas. Alejandro, al ser muy inteligente, empezó a trabajar bastante rápido y yo le ayudaba. Luego de un rato sacó de su nevera un jugo de naranja y me dio un vaso para que tomara. Ya cuando estaba casi terminado el trabajo, decidimos detenernos para descansar. Notaba que él había empezado a tocarse mucho el pene indirectamente, pero ya su erección lo delataba, a lo cual me pregunta cómo me sentía yo al estar a solas con él. Yo le dije que me sentía bastante apenado. Me hace otra pregunta diciendo:
—¿Y eso por qué?
A lo que yo respondo:
—Por tu erección y porque lo que hiciste aquella noche.
Él empieza a sonreír mientras pone su mano sobre mi hombro y dice:
—Pensé que te había gustado.
Yo le dije:
—Por supuesto que me gustó, pero no me dejaste hacer nada.
—Bueno, Dani, esta es tu oportunidad.
Seguidamente, el degenerado me pone la mano en la cabeza y me la pega contra su miembro (yo estaba sentado y él parado). Pude sentir cómo la cabeza de su verga me golpeó la nariz. En ese momento yo también me erecté y, ya más confianzudo por lo que hizo, puse mis manos en su short y se lo bajé, cosa que él no se esperaba porque se asustó. Luego le bajé el bóxer. Ambos nos pusimos rojos. Rápidamente me levanté del sillón y me arrodillé enfrente de él con el fin de hacerle una mamada. Ya me estaba haciendo agua la boca al ver su polla (era de 15 cm más o menos; era la primera vez que miraba una). Mi instinto rápidamente me hizo que le pusiera la mano en el tronco; seguidamente comencé a pajearlo mientras lo miraba. Recuerdo haber visto detenidamente su polla antes de pasarle la lengua. Nunca había mamado, pero sí había visto demasiados videos de cómo hacerlo, no era tan novato, así que empecé haciéndole cosquillas en el glande con la lengua. Él lo disfrutó mucho y se reía mucho, a lo cual yo también me reí, pero le decía que por qué no decía nada como la otra vez, a lo cual él solo me decía:
—Calla y haz lo tuyo, putita.
Dejé de solo pasar la lengua a empezar a chupar su cabeza (esa sensación de tu primera mamada es lo mejor). Seguí hasta empezar a mamársela a la mitad, cabeceando y apoyándome con la mano en su verga. Estaba deleitándome con su verga, no me detenía. Luego de unos minutos empecé a sentir sus manos sobre mi cabeza; empujaba hacia su verga mi cabeza haciendo que entrara más, a lo cual yo me ponía tenso porque no quería tener una arcada o vomitarle la verga. Al ver que yo me ponía duro, empezó a sacarme la verga de la boca y darme golpes con ella en la cara, cosa que me dolió un poco pero igual me calentó mucho. Me decía:
—No te pongas duro, deja que te llegue hasta la garganta, no seas lloroncita.
A lo cual me agarró de las manos para que no interfiriera, poniéndolas arriba estiradas y tomando cada una, haciéndome presión contra la pared sin escapatoria. Sabía que iba a culearme la boca, pero le hice caso cuando me dijo que abriera la boca, a lo cual él metió su polla completamente en mi boca. Seguidamente empezó a culearme la boca algo fuerte, al punto de darme arcadas y hacerme llorar mucho. Estaba bastante rojo y encharcado de lágrimas, porque lo hacía muy fuerte, pero yo no ponía resistencia porque también disfrutaba. Cada vez que entraba toda me asfixiaba, hasta que en una de esas la sacó de golpe y me soltó. Empezó a pajearse rápidamente apuntando hacia mi cara, diciéndome:
—Abre bien esa boca, zorra.
Yo obedecí, pero al final me la tiró en toda la cara más que todo. La primera vez que se vienen en tu cara sueles asustarte por sentir ese líquido caliente y espeso, pero ya luego hasta te lo comes. Alejandro quiso hacerme comérmelo, pero me dio asco y no lo hice. Luego me bromeó diciéndome que me quitara mi short y me pusiera en cuatro para que me culeara, cosa que me asustó, pero me dijo que era broma y nos reímos. Yo le bromeé diciéndole que ahora su polla iba a ser mía siempre, mientras se la apreté desprevenidamente. Él solo se rio y me dio un beso en la mejilla. Luego de esa aventura empezamos a hacer lo mismo seguidamente. Ahora los sábados le pedía permiso a mi mamá para siempre ir donde Alejandro, disque a jugar o hacer tarea, pero al rato de llegar a su casa me podías ver chupándosela mientras él estaba jugando en su teléfono. Mientras se la mamaba él se retorcía a veces de lo bien que lo hacía, y debido a esto él perdía en su juego, a lo cual yo me burlaba:
—¿Qué pasa, Alejandro? No servís.
A lo cual él respondía empujándome hacia su verga o tirándome y haciendo como si me fuera a penetrar, pero nunca lo hacía, hasta un día en el que sí me sentí muy atemorizado, en el que me tiró y me volteó como un animal, bajó mi short y me dio una fuerte nalgada. Me le puse a forcejear, pero me dominó y me tenía con su verga en mi culo, entre mis nalgas. Yo le supliqué casi llorando; al parecer eso lo alentaba más. Me dijo al oído:
—Hoy te voy a partir el culo, Danielita. Te ves tan asustada que no pareces ser la puta tragona.
Seguidamente me baja el bóxer y siento cómo me pone la punta de su polla en mi ano. En ese momento sentí mi más grande escalofrío. Volteé mi cabeza y le dije:
—Noooo, para, Alejandro, estu…
A media palabra sentí la punzada de su verga. Solo había entrado la cabeza, pero sentí el dolor de los mil demonios, ya que era mi primera vez y en seco prácticamente. Sacó la cabeza y empezó a escupirse la mano para medio lubricarla, pero igual no iba a servir de mucho. Yo seguí suplicando que ya parara cuando llegó la segunda punzada; esta vez entró un poco más de la cabeza y, ya estando así, metiendo un poco más, se quedó quieto, a lo cual le dije:
—Quédate así, no te muevas, por favor.
Pocos segundos después sentí el más fuerte golpe en mi cadera que jamás iba a olvidar. Ese sonido de aplauso me quedó en la mente. Empezó a culear fuerte; al parecer la dopamina que estaba sintiendo era tanta que me reventó el culo y sangré un poco. Yo estaba atacado, llorando y diciendo:
—Detente, Alejandro, para, para, para, por favor, nooo…
Eso entre sollozos y gemidos. Poco a poco iba sintiendo algo en mi pene que me estaba haciendo cosquillas y poco a poco el dolor disminuía; ya solo se me escuchaba gemir, a lo cual Alejandro me dijo:
—¿Qué pasa? ¿No querías que parara?
Yo no dije nada, hasta que él la sacó y me dijo que si la quería, que la buscara. Así que agarré su polla con mi mano y la metí de reversa, cosa que lo calentó brutal, a tal punto que inició a culearme de una manera tan salvaje que sonaba fuerte. Se me echó encima y empezó a culearme más fuerte y a besarme el hombro, luego el cuello, y empezó a morderme. Cuando ya estábamos en el clímax, a punto, él empezó a verme y yo a él; por inercia nos besamos mientras él lo hacía salvajemente, hasta darme la última chocada que hizo que se descargara dentro de mí. Sentí sus chorros calientes llenarme por dentro. Esa sensación tan deliciosa de estar lleno… no hay nada mejor que eso. Luego de eso pasaron algunas cosas más y no lo volví a ver porque me volví a mudar, pero Alejandro y yo fuimos unos traviesos.
Este es el final de este relato. Gracias por leerme.



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