El cornudo de mi esposo, la salida con mi amante
Una infiel esposa narra como humilla y somete a su esposo.
Saqué la diminuta tanga que Franco me había regalado y frente a mi esposo me la puse y él de inmediato me preguntó,
¿Dónde vas a ir?
Me encanta cuando mi esposo me pregunta eso y no me tente el corazón, y le dije:
con franco,
En ese momento saltó del sillón y corrió a hincarse a mis pies y comenzó a decirme:
¡Me dijiste que ya lo ibas a dejar!
Verlo rogarme de esa forma me provoca un placer tremendo, pero no iba a dejar pasar la oportunidad de humillarlo un poco.
¿Quieres que lo deje?
Casi llorando, el pobre me respondió:
¡Sí, Cristina, por favor!
Mmmh… no lo sé.
¡Por favor, déjalo!
Era obvio que no lo iba a dejar franco; era un excelente amante, pero deseaba humillar a mi esposo al máximo.
Si te portas muy bien, lo pensaré.
¡Lo haré, lo haré!
Bueno, entonces hoy en la noche, mientras estoy con Franco, te vas a poner tu cachetero de encaje y tu faldita y te vas a poner a hacer la limpieza de la casa y me vas a mandar fotos,
Sí, Cristina, te juro que lo haré,
Estaba de cierta forma satisfecha, pero quería seguir humillándolo.
Bueno, ahora, en lo que yo termino de vestirme, ve a la farmacia y tráeme un paquete de condones.
El tonto tragó saliva y se levantó y salió rápidamente a cumplir mi encargo, y yo aproveché ese momento para mensajearme con Franco y afinar detalles de nuestra cita y cuando mi esposo volvió ya había terminado de vestirme y me dijo:
Toma los condones.
Los tomé y los eché en mi bolsa sin ponerles mucha importancia, mientras que él me miraba con cara de idiota.
Bueno, cornudote, no tarda en venir Franco, así que ya sabes, te pones tu ropita y me comienzas a mandar fotos.
Sí, Cristina, ¡pero por favor ya déjalo!
Me aguanté las ganas de reírme a carcajadas y solo le sonreí; el cornudote de mi esposo siempre había sido un ingenuo y a mí me encanta abusar de él.
Bueno, Cornudo, Franco ya está afuera, ya sabes lo que tienes que hacer.
Y sin decirle más, salí de casa y ya en el auto de Franco las fotos de mi esposo me comenzaron a llegar. En la primera salía él de pie frente al espejo, ya con el vestido puesto, y no pude evitar reírme a carcajadas y tampoco pude evitar mostrarle la foto a Franco, que al verla también comenzó a reír, así que le envié mensaje.
Muéstrame el cachetero.
Minutos después llegó la foto, pero ahora salía él de espaldas levantándose el vestido. Le mostré la foto a Franco y los dos reímos; él no podía creer lo cornudo, maricón que era mi esposo.


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