El eco de los moretones
Theo es un muchacho de 17 años que perdió a su madre, y su padre lo odia por ello, lo golpean en casa, y también en su escuela..
Capítulo 1 – Las mangas largas
Theo, un chico de 17 años, tez clara, castaño y de ojos color miel, mide 1.70, no es muy grande, es muy hermoso, lo heredó de su madre, quien falleció hace 2 años, en un accidente mientras iba por Theo. Su papá nunca se lo perdonó y se desquita con Theo de todas las maneras posibles.
La lluvia había comenzado antes del amanecer.
Theo odiaba los días lluviosos.
No porque se mojara.
Sino porque el frío hacía que las cicatrices dolieran más.
Subió la capucha de su sudadera gris y caminó hacia el colegio pues no vivia muy lejos, si acaso a unos 10 minutos, con la mirada fija en el suelo. Los audífonos no tenían música; simplemente evitaban que alguien intentara hablarle.
17 años, iba hacia el colegio
Y ya había aprendido una regla sencilla.
*Mientras menos te noten, mejor.*
Empujó la puerta del edificio de Ciencias Sociales y el bullicio lo envolvió de inmediato.
—Mira quién decidió salir de su cueva.
Theo cerró los ojos apenas un segundo.
No necesitaba girarse para reconocer esa voz.
Scott.
Estaba apoyado contra la pared, rodeado de tres amigos que parecían reír incluso antes de que él hablara.
—¿Otra vez con hoodie? —dijo Scott en voz alta—. Hermano, estamos a treinta grados. ¿No te asas ahí dentro?
Las risas llegaron enseguida.
Theo siguió caminando.
No respondió.
Nunca respondía.
—¿O es que debajo escondes algo? —continuó Scott mientras lo seguía unos pasos—. ¿Eres un vampiro? ¿Un mutante? ¿O simplemente eres demasiado feo para enseñar los brazos?
Más risas.
Theo apretó la correa de su mochila con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
No mires.
No hables.
Solo sigue caminando.
Funcionaba casi siempre.
Casi.
Scott se colocó frente a él, obligándolo a detenerse.
—¿Sabes qué es lo triste? —dijo inclinándose apenas hacia él—. Que ni siquiera da gracia molestarte. Pareces un cachorro abandonado.
Theo levantó la vista.
Por un segundo.
Solo uno.
Y Scott sonrió.
Había encontrado exactamente la reacción que buscaba.
—Eso.
Esa cara.
—Es la única expresión que tienes.
Uno de los profesores apareció al final del pasillo.
—¿Hay algún problema aquí?
Scott dio un paso atrás de inmediato.
—Para nada, profesor.
Simplemente estábamos hablando.
El profesor miró a Theo.
—¿Todo bien?
Theo asintió.
—Sí.
Era mentira.
Pero siempre decía lo mismo.
Porque explicar era más difícil que soportarlo.
—
Las clases terminaron casi al anochecer.
La lluvia seguía cayendo.
Theo esperó veinte minutos bajo el techo de la entrada para asegurarse de que la mayoría de los estudiantes ya se hubiera ido.
Menos personas.
Menos posibilidades de cruzarse con Scott.
Comenzó a caminar hacia la parada del autobús.
Cada paso lo acercaba más a casa.
Y eso era lo que más miedo le daba.
Sacó el teléfono.
Sin mensajes.
Ni uno solo.
Miró la hora.
8:17.
Su padre ya debía haber llegado.
Theo sintió un nudo en el estómago.
«Ojalá hoy no haya bebido.»
Era un pensamiento inútil.
Porque casi todas las noches lo hacía.
—
La puerta de la casa chirrió al abrirse.
Silencio.
Extraño.
Demasiado extraño.
Theo dejó la mochila junto a la entrada e intentó caminar sin hacer ruido.
Entonces percibió el olor.
Alcohol.
Muchísimo alcohol.
Cerró los ojos.
Ya era tarde.
—¿Dónde demonios estabas?
La voz de su padre salió desde la sala.
Grave.
Pastosa.
Theo respiró hondo antes de responder.
—En el colegio.
—¿Hasta esta hora?
—Tuvimos…
No terminó la frase.
El hombre dejó caer con fuerza la botella sobre la mesa y se levantó del sofá en un segundo, tenía sus pantalones desabrochados, theo lo noto pero no le puso mente.
—Siempre tienes una excusa.
Theo bajó la mirada.
Sabía que cualquier palabra podía empeorar las cosas.
Así que eligió el silencio.
Como siempre.
Y, por desgracia, el silencio tampoco era suficiente pues su padre lo tomo del cuello y le soltó una cachetada que le hizo mirar hacia otro lado.
Theo solo dijo ´´Por favor, por favor´´
No hubo respuesta; al contrario, su papá se molestó más, lo tomó del pelo, lo arrastró a su habitación. y lo empezó a golpear con un cinturón hasta que se cansó, para este punto, Theo tenía golpes en todo el cuerpo, luego su papá, le ordenó quitarse su ropa.
-Quitate la ropa.
Theo quedo viendo en blanco, sabia lo que eso significaba, aunque su papa nunca lo habia tocado de esa manera, otro golpe del cinturon se estampo con fuerza en su cintura.
-Que estas sordo! Que te quites la ropa, vas a aprender a llegar temprano a casa.
Theo sabia que se podia poner peor, asi que se quito la ropa, frente a su padre, quien estaba sentado en la cama, contrario a Theo, su Padre era un tipo muy blanco, muy alto de 1.80 y con una verga de 21 cm, luego su padre le ordeno acostarse boca abajo en la cama con sus piernas hacia el suelo.
-Te va a doler y mucho, pero no quiero ni un puto ruido o te ira peor.
Theo sabía lo que iba a pasar. El sonido de la cremayera de los pantalones y el sonido de los pantalones cayendo al suelo se lo confirmaron. No había adónde ir. Lo iban a violar esa noche y no había nada que pudiera hacer. A su padre no le interesó lubricarlo. Apunto su verga en direccion del ano de Theo y empezo a meterlo con mucha fuerza.
Theo empezò a llorar y mucho, querìa gritar, lo estaban desgarrando y no podia hacer nada, su padre puso sus 2 brazos sobre la cabeza de Theo, haciendo presiòn hacia la cama, le dolia horrible, luego su padre le saco la verga, le dio vuelta para ver su rostro mientras lo violaba, lo soltaba una que otra cachetada y se corrio dentro de el ano de theo. Le saco la verga de un solo movimiento, lo tiro al suelo. y le dijo
-Eso es para que no te olvides de quién manda aquí; ahora ve a hacer mi cena.
Theo intento recoger su ropa pero su padre no se lo permitiò, lo enviò desnudo y con semen y un poco sangre corriendo por su culo, su padre solo lo vio salir desnudo y recien violado, cruzo una linea, y definitivamente lo volveria a hacer.




Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!