El «hetero» me folla en el museo
Un hetero de grindr me folla en el comedor del museo a plena luz del dia.
Era mediodía, me encontraba a mitad del turno de trabajo en el museo. Navegaba por grindr mientras esperaba para recepcionar turistas. Trabajamos en dupla, y el trabajo no es excesivo por lo que uno se puede dar esos lujos.
Flirtear es algo que me gusta mucho, y había un perfil, de un torso marcado y delgado. Me insinúo de la forma más directa posible, y él me sigue el juego. Envía fotos de su rostro, y joder, era guapísimo. Un flaite de cuerpo marcado, barbita afilada, vestimenta moderna… En otros países lo considerarían un chacal probablemente. Luego, fotos de su miembro, grueso, venoso…
Me pregunta si tengo sitio, y yo, fresco, le pregunto ¿Y en mi trabajo, te parece? Nos encerramos en el baño. Y le paso la ubicación. Lo que no pensé es que la idea le fascinaría, y me responde “En 15 minutos estoy allá”.
Inmediatamente le pregunto a mi dúo si no le molesta que salga a almorzar antes que él, que estaba un poco hambriento (de verga la verdad), y con su venia, me dirigí a mi objetivo.
El comedor de empleados se encuentra dentro de una biblioteca, y casualmente ese día se encontraba cerrada. Nada me iba a detener, especialmente con ese tremendo espécimen esperando por mí.
Me conseguí las llaves, y para mi sorpresa, me las dejaron en mano, con la condición de que las devolviese cuando terminase de comer… Bendito fui.
El chico llegó al museo, nos saludamos con discreción y me siguió hasta la biblioteca. Cerré con llaves por dentro, y nos dirigimos al comedor. No hubo necesidad de entrar al baño, ya que estábamos solos… Comenzamos a besarnos de inmediato, sin pausa, y él, posa mi mano sobre su miembro que agarró dureza en una fracción de segundos.
Me pongo de rodillas, mientras el desabrocha su cinturón, me mira con lascivia y me dice “sácalo, pero con tu boca”. Yo estaba extasiado, bajaba sus Calvin Klein con la boca, y de pronto “paf”. Su miembro ya en todo su largo me dio de lleno en la cara, él soltó un pequeño gemido, y yo inmediatamente le pasé la lengua.
¿Me puedo sentar? Preguntó. Asentí sin hablar, mientras él posaba su culo desnudo en una silla del comedor. Bajé sus pantalones por completo, y continué engullendo su miembro de lleno, mientras sentía como se le aceleraba la respiración.
Comencé a apretar sus pezones mientras mamaba, y eso al parecer lo encendió más aún, porque comenzó a gemir con más ganas. ¿Podemos sacarnos toda la ropa? Me preguntó. Eso ya era una zona de peligro, así que le dije que mejor no…
¿Me dejas ponértelo? Pregunta mientras manosea mi culo, y me baja los pantalones, sin esperar respuesta; no es necesario, ya la sabe. Le entrego un preservativo y lubricante, que siempre ando cargando en mi mochila por si surge alguna bendición como esta.
El chico se prepara, me prepara a mí, e inmediatamente se acuesta de lleno en el piso frío de baldosas, con los pantalones abajo y el miembro duro como piedra. “Siéntate”, me dice.
El olor a frutilla del lubricante inunda mis fosas nasales (bendito sea el que lo inventó, lo recomiendo a full). Me subo encima de él, y con un jugueteo empiezo a rozar su miembro con mi culo, lentamente, sacando cada pequeño gemido de su cuerpo mientras nos seguimos besando. Sé lo que estoy haciendo, y cuando me siento preparado, permito que su cabeza entre a mi interior. Un gemido ahogado sale de su cuerpo, mientras sus ojos se abren como en película porno, parecía extasiado.
Que apretado, murmuró. Me encanta.
Seguí moviendo la cadera lentamente, cosa que la cabeza y parte del tronco fueran metiéndose de a poco y de manera constante. Aquí el lubricante juega un papel clave, hay movimientos que no se pueden hacer con facilidad sin tenerlo.
Lo voy montando, con cautela, y sin que se lo espere, con un movimiento dejo que su miembro se introduzca hasta el fondo. Suelta un gemido sin ya contenerse, por lo que tengo que taparle la boca mientras lo monto. Una y otra vez, para su placer.
Yo también estaba en la gloria, me quité ya por completo el pantalón, y me puse en cuclillas, con su miembro debajo. Haciendo gala de mis buenas piernas, comencé a darle sentones uno tras otro, parecía que nadie se lo hubiera hecho jamás. El sonido de mi piel con su piel golpeaba frenéticamente, los aplausos sonaban en todo el comedor. Ya no me importaba, ni a él tampoco. Empezábamos a sudar.
Dejo que su miembro salga, mientras me poso encima de él. Unos segundos de descanso en realidad son buenos, mantienen el sexo interesante, y fluido. Nos besamos de forma frenética, lenguas chocando, mientras con mis manos tomo su cara. Ahí viene mi elemento sorpresa: haciendo gala de mis caderas, comienzo a moverme, y acomodar su miembro en posición, sin utilizar las manos, las tengo quietas en la misma posición mientras continuamos en el beso.
Unos segundos más tarde logro mi objetivo: su miembro encontró la cavidad, y yo, percatándome de esto, hago un pequeño movimiento hacia atrás y permito que entre en su totalidad de un solo golpe. (Este movimiento lo tienes que practicar, no cualquiera lo hace). El efecto fue inmediato, su cara era un deleite total, y comenzó a taladrar con fuerza mientras me sujetaba las caderas.
Yo soy un experto en no gemir, siempre follo de manera furtiva en lugares poco comunes, pero él parecía no poder pasar desapercibido. Sus embestidas eran frenéticas, y yo estaba pronto a acabar, y se lo hice saber.
Me bajé, y le quité el preservativo. Nos continuamos besando, mientras juego con sus pezones. En un impulso, comienzo a lamerlos y mordisquearlos, eso le encanta. Se masturba, y menciona que le falta poco.
Es mi momento de gloria, para eso vivo. Sigo apretando sus pezones con mis dedos, mientras bajo a mamar su gran miembro con presteza y agilidad.
“Ahí viene, pon la boquita” alcanza a decir, antes de que me den de lleno un par de chorros líquidos en toda la lengua. Continúo hasta la última gota, antes de tragar. Él suelta un enorme suspiro. Veo el reloj, ha pasado media hora… Me apresuro a acabar también, mientras el recobra el aliento.
Finalmente se pone de pie, y me pregunta por el baño. En lo que se va a limpiar, yo pongo el comedor en orden, limpio la marca de culo que dejó al sentarse en la silla, el semen del piso, y las gotas de sudor y lubricante que inundan el área.
Volvió para vestirse, dejó salir un suspiro “me encantó, podrías dejarme tu número”. A lo que yo respondí de manera afirmativa, no sin antes pedirle un último beso. Lo acompañé a la salida con las llaves que debía devolver, y regresé para aprovechar el poco tiempo que me quedaba de “almuerzo”.
¿Por qué siempre aquellos cuyo perfil de grindr dice “hetero” siempre son los más calientes?

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