El profesor de kinder
La historia de un profesor que queda encantado por un alumnito suyo.
El sol se filtraba por las cortinas de color pastel del salón de clases, bañando en luz dorada los juguetes dispersos por el suelo de madera. Nos sentíamos como en casa. Yo, el profesor de kinder, llevaba ya dos años dando clase y sabía que mi trabajo era mucho más que enseñar a escribir o a contar hasta diez; era crear un mundo seguro donde nadie tuviera que preocuparse por nada.
Los niños entraban con su uniforme impecable y sus mochilas llenas de juguetes, listos para el día.
Yo me dirigía hacia la esquina del aula donde solía trabajar con niños pequeños, de cinco años exactos. Eran tiernos, inocentes, y eso era lo que más me gustaba. Había una chica pequeña, rubia con ojos grandes como manzanas y una sonrisa que iluminaba todo el salón, muy línda, pero mi atención no se centró en ella.
Sino en Sebas, de nombre Sebastián. Tenía un cabello despeinado que le caía en mechones sobre la frente, y una sonrisa que parecía haber sido pintada al óleo: inmaculado y de tez morena clara, solo interrumpida por un pequeño lunar justo debajo de su ojo izquierdo. Llevaba un suéter verde que le quedaba un poco largo en las manos, y a veces se movía como si fuera un niño pequeño dentro de un cuerpo mayor. Sus ojos eran de un miel profundo, llenos de curiosidad y de una dulzura que parecía invitar a que le protegiesen.
Sebas era lindo, sí, pero no exagerado. Su belleza no era la de un modelo de pasarela; era la de un niño normal, de los que te daban ganas de abrazar y de proteger. Cuando él te miraba, sentías como si estuvieras viendo el mundo a través de unos ojos limpios, sin máscaras, sin juicios, y eso era lo que más me atraía. Sebas era el niño que nunca me molestaba, que siempre esperaba su turno, y que, curiosamente, siempre me miraba con una mezcla de confianza y lealtad absoluta. Me sentía atraído por esa inocencia que emanaba de él, como si fuera un premio que yo tenía la suerte de tener cada día.
Los días se sucedían y mi atención se centraba cada vez más en él. Empecé a crear pequeños rituales solo para nosotros dos. Durante la hora de la siesta, cuando los otros niños se quedaban dormidos en sus colchonetas, yo le decía a Sebas que podía quedarse despierto un poco más para «ayudarme» a ordenar los cuentos.
Se sentía especial, importante. Le daba un libro de ilustraciones de animales y le pedía que me dijera sus nombres, aunque ya los supiera. Su voz suave y su dedo pequeño señalando las imágenes me hipnotizaban.
Una tarde, mientras estábamos en nuestro rincón, me acerqué un poco más. «Sebas», le susurré, «¿sabes que eres mi ayudante favorito?».
Él asintió con los ojos muy abiertos, sintiendo el orgullo de ser el elegido.
Sentí el calor de su pequeño cuerpo y, sin pensarlo demasiado, dejé mi mano descansar un segundo sobre su pierna. No fue nada, un gesto insignificante para un niño, pero para mi fue diferente. Mi cuerpo se tensó apenas un instante, una micro-contracción que casi nadie notaría, pero yo mismo la sentí. Me quedé quieto, sin saber qué hacer, con la mirada fija en él.
Por un momento tuve un apice de temor, pensando que quizá el sería de los que prestan atención a ese tipo de detalles pero, el confiaba en mí, yo era su profesor, la figura de autoridad que representaba la seguridad. Así que hizo lo que los niños hacen cuando no entienden, nada. Volvió a señalar los animales en el libro, como si mi mano en su pierna fuera lo más normal del mundo.
Ese fue el primer paso. Yo, desde mi perspectiva, sentía que estaba construyendo un vínculo especial, una conexión que me hacía sentir de una manera que nadie más me había hecho sentir.
Él, desde la suya, estaba ignorando esa extraña sensación en su interior, a normalizar el contacto de mi piel con la suya, porque si el profe lo hacía, debía estar bien.
El salón de clases seguía siendo un lugar colorido y feliz para todos, pero para nosotros dos, en ese rincón secreto, las reglas estaban empezando a cambiar.
Esto es sólo el principio, espero vayan disfrutando el resto.
Tlgm @aidan9boy



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Mi nuevo tele, por cambio de nombre @lovelydovey12