El secuestro de un ángel 2
El alquiler.
El apartamento olía a humedad y a pintura fresca, una combinación que me recordaba mi triunfo. Con anterioridad había alquilado este lugar apartado en las afueras de la ciudad, y estaba preparado para seguirlo rentando si la situación lo requería. Las paredes desnudas y el suelo de linóleo frío creaban el ambiente perfecto para lo que tenía planeado. No creí que el plan funcionara tan bien desde el primer intento.
Para cuando llegamos al lugar, mi verga ya estaba erecta, deseosa, mi corazón exaltado y mi mente llena de mil ideas. El angelito, bueno, él estaba llorando silenciosamente, y cuando lo metí a la casa comenzó a llorar un poco más alto. Sus sollozos resonaban en los espacios vacíos del apartamento, creando una sinfonía de mi victoria.
– ¿Por qué lloras? – le pregunté mientras cerraba la puerta con llave. El clic metálico del cerrojo sonó como música a mis oídos.
– Es que extraño a mi mamá – respondió apenas con una voz audible, sus hombros temblando con cada sollozo.
– ¿Y quieres ir con ella? – le dije mientras me acerqué a él y acariciaba su rostro. Sentí la calidez de sus lágrimas bajo mis dedos.
– Yo me quiero ir con mi mamá – expresó sollozando, sus ojos café claro ahora inundados de tristeza.
– Pues si te quieres ir con tu mamá – expresé mientras me enderezaba un poco y continué – entonces… – le solté una bofetada fuerte que lo hizo caer al piso, terminé diciendo – tienes que hacer todo lo que yo te diga ahora, niño pendejo.
El sonido de mi mano contra su mejilla me excitó más de lo que esperaba. Cuando lo vi en el suelo, con su playerita blanca desordenada y una de sus sandalias torcida, me excitó muchísimo. Obviamente él se soltó en llanto y no me pude contener. Comencé a masturbarme metiendo mi mano en el pantalón, sintiendo la tela áspera contra mi piel erecta. Estuve así unos instantes, observándolo temblar en el suelo, y entonces me detuve. Lo agarré del brazo y lo levanté para llevarlo a la habitación, y lo lancé a la cama.
No sabía qué era lo que me estaba excitando tanto en ese momento. Quizá era verle llorar, o sus piernitas y la forma en como una de sus sandalias se le había caído. Debo decir que soy fetichista de esos piesitos pálidos que se le veían, tal vez me ponía caliente pensar que una mujer lloraba y buscaba a su niño mientras este estaba a punto de ser violado, y de tener una verga que se comería, o el hecho de que era mío en ese momento y me iba a dar mucho placer.
Después de un pequeño momento, el pequeño Elías sollozaba menos, y veía en sus ojitos hermosos un miedo de mí. Me senté en la cama mientras bajaba mi pantalón, dejando de momento mis bóxers puestos. Tenía un poco de mancha de líquido preseminal contrastando el color gris de ellos. Todo me parecía irreal, como si estuviera viviendo un sueño del que no quería despertar.
– Oye, Elías, ven aquí, niñito hermoso – le dije tranquilamente mientras me acariciaba la verga a través de los bóxers.
Pero él no se movió, se quedó hecho bolita en la cabecera de la cama pegado a una esquina, como un animalito asustado.
– Me quiero ir con mi mami – expresó soltando unas lágrimas pero sin hacer ruido, como si aprendiera que sus gritos no servían de nada.
Me di vuelta hacia él y lo tomé del pelo, jalando lo hacía mío. Gritó de nuevo mientras lloraba otra vez, y su dolor era mi éxtasis.
– Escucha pendejo, te dije que si querías ir con la zorra de tu mamá, me tenías que hacer caso – y así como lo había tomado del pelo lo comencé a besar mientras seguía llorando.
Sentía su carita húmeda por las lágrimas, sabía que él no lo estaba disfrutando, pero yo sí, y eso era lo que importaba. Sus pequeños labios sabían deliciosos, salados por sus lágrimas. Mientras lo besaba, puse su manita sobre mi verga que seguía tan erecta, lista para sacar mucha leche para dársela al bebé.
Lo solté por un momento y comencé a besarle las piernitas. Juro que eran tan dulces, su piel suave y cálida bajo mis labios. Le quité la otra sandalia y verlo así era bellísimo. Lamí todo eso, desde sus tobillos delicados hasta sus rodillas. Ese pequeño con playerita blanca y shorcito verde era un tesoro jodidamente hermoso.
Y ahí estaba, le bajé el shorcito saboreando desde sus piesitos hasta su cintura. Él temblaba, sin saber qué hacer.
– Ven, pon tu cara aquí – le dije apuntando a mis bóxers todavía húmedos, pero él me miró y dijo:
– Ya para, para por favor, llévame con mi mami – y sollozó una vez más.
Le sonreí. Su resistencia me excitaba aún más.
Tomé una cuerda que tenía preparada bajo el colchón y lo amarré de las manos, levantándolo hacia arriba y lo até con la cabezera de la cama. Me subí encima de él poniendo mi culo en su cara. Sí, aún tenía el bóxer puesto.
– Escucha puta, golfa, veniste para comerte mis huevos y hacer lo que yo quiera, no lo que tú quieras – reí un poco, mi eco resonando en la habitación.
Bajé mis bóxers aún frente a su cara, para que viera de cerca mi verga y le pegué un poco con la punta en sus labios suaves y pequeños.
– Mira estúpido mariconcito, esto te vas a comer ahorita, pero primero, vas a saborear mi culo – y me senté sobre él de nuevo.
Lo podía oír llorar y gemir, trataba de bajar sus manitas y lo veía mover sus piernitas, pero mi peso era mayor y el placer que sentía era excitante. Sólo podía gozar esa carita que se llenaba de los pelos de mi culo. Entonces me moví de nuevo, haciéndome un poco hacia atrás. Al verle, vi como él tosía y le volvía la respiración de nuevo. Mientras él todavía agitado, sollozaba.
Seguía encima de él, sentado en su pechito pálido.
– Ahora te vas a comer mi verga, niño precioso –
Le tomé del pelo y le dije:
– Abre la boca y saca la lengua –
Era irónico cómo el pequeño, a pesar de lo que vivía, se miraba distraído de mis órdenes. El pobre estaba en shock, buscando con su mirada a su madre y temblando.
Le jalé su hermoso pelo, castaño y revuelto, y le volví a hablar:
– ¿Que no oíste estúpido?, abre tu puta boca – le grité haciéndole volver. Pobre me sentía un poco mal, pero ni modo, así era esto.
Abrió su boquita jugosa y tan pronto la abrió le metí mi verga erecta y con preseminal. Él se comenzó a ahogar y a llorar al mismo tiempo.
Cada embestida que le daba a esa boquita que ya no era virgen de penes me prendía mucho, me hacía sentir en las nubes. Sí, esa boca era pequeña y suave, y en ese momento le veía los pelos de mis huevos rodeándole. Era una escena hermosa y yo tan excitado que me di cuenta, de tanto movimiento…
– ¿Acaso me acabo de correr? – pensé
Oh no, le había orinado. Vi cómo le escurría mi pipí por los lados y él se ahogaba. Qué lindo era verle la carita con signos de sexo por todos lados. Me paré y lo giré un poco para que sacara todo.
– Bien bebé, no te ahogaste, ahorita seguiremos, ahora vuelvo –
Era curioso ver al niño que ya casi no lloraba, se mantenía más en silencio, esperando a que su macho siguiera enseñándole a hacer cosas con una verga de adulto.
Me fui al baño y tomé mi teléfono. Pronto vi la noticia.
«Se solicita la colaboración de la gente para localizar al niño Elías Leonardo Silas Torres de 6 años, sustraído del parque del centro en turno de la mañana. El niño en cuestión es de tez blanca, ojos café y pelo castaño, de 105cm, vestía playera blanca, short verde y sandalias, de pie descubierto. Cualquier información será gratificada.»
Había una foto del niño, sonriendo a la luz del sol, y yo pensé: les faltó decir que es jodidamente sexy. Entre los comentarios, un vídeo de la mamá llorando desesperada. Y sólo se me ocurrió decir:
– No llores mujer, tu hijo sólo está disfrutando del sexo por ahora, hasta que le encante la verga –
Sonreí y guardé la foto del pequeño ángel. Esta noche sería inolvidable.

Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!