El vecino me preguntó ¿Y desde cuando te gusta vestirte y ser tratado como una mujer?
Un vecino al verlo vestido de mujer lo reconoce, lo invita a beber, termina comiéndole al culo y poniéndolo a mamar al joven que gustosamente se deja coger…..
Cuando llegue a la casa de las personas que me arrendaron una habitación, y me contrataron para que les cuidara la casa, mientras ellos estaban de viaje, jamás pensé que algo así me llegara a suceder.
Por lo que ya estando solo en la casa, me dio por curiosear, y lo que me encontré fue un sin número de vestidos, y de prendas íntimas femeninas, y un montón de videos porno.
Esa noche no hice otra cosa que masturbarme viendo algunos de los videos, al día siguiente como era sábado y no tenía clases, tal como me acosté o sea completamente desnudo, volví a seguir curioseando, fue cuando en una de esas, por estar de curioso, me dio por ver cómo me quedaban algunas de esas prendas íntimas.
El resto del día me lo pasé, midiéndome todas las prendas íntimas y vestidos que me encontré, mirándome en un gran espejo que había en su habitación, y hasta poniéndome en ocasiones algunas de las pelucas, además, de maquillarme.
En fin, al tiempo que yo me miraba las nalgas, también me dio por volverme a masturbar, y al rato por estar de ocioso comencé a ir penetrando mi culo, con un gran juguete de forma fálica que me encontré.
Durante varios días apenas regresaba de clases, me cambiaba de ropa, y también me dio por beber.
Pero al llegar el viernes en la noche, quizás por lo mucho que había bebido, se me ocurrió la gran idea de salir a la calle vestidito de chica.
Es verdad que ya era bien tarde, y no había un alma, pero el hacer eso me excitó como no tienen idea, al punto que en lugar de quedarme caminando por la calle cercana a la casa, me provocó llegar hasta la avenida, donde realmente si había ambiente, es decir autos, gente caminando, locales abiertos.
A mí lo que me hacía bien feliz, era que nadie se daba cuenta de que yo era un chico, hubo uno que otro tipo, que me dijo algo cuando yo pasé a su lado, moviendo las caderas, de la manera más coqueta que pude.
Pero de regreso a la casa, me topé con un vecino, un tipo algo mayor que yo, con el que en ocasiones había charlado, de cosas sin importancia.
En ese instante él se me quedó observando, se me acercó, y me dijo. “Me gustaría que tomásemos unas cervezas juntos.” En ese momento yo como que me olvidé de que estaba vestido de chica, y acepté sin más ni más.
Fuimos a un bar cercano, y ya estando en la mesa, él me ha preguntado. “¿Y desde cuando te gusta vestirte de mujer?”
Yo no supe ni que responderle, a pesar de lo que ya había bebido en la casa, sentí que me moría de vergüenza, no sé en qué estaba pensado yo, cuando acepté su invitación.
Fue cuando él, me dijo. “No te asustes, te ves de lo más linda, lo que sucede es que cuando te vi salir de la casa, no me fue difícil el reconocerte. Pero si lo prefieres en lugar de seguir bebiendo te acompaño a tú casa.”
En ese momento como que bajé la guardia, y le dije que no se fuera a reír de mí, y le expliqué que estando solo en la casa me dio curiosidad por ver cómo me vería vestido de mujer.
El vecino me dijo que me comprendía, ya que es algo que también se ha preguntado, pero que nunca había llegado más haya de pensarlo.
La cosa es que seguimos bebiendo, hasta que, en cierto momento, me sacó a bailar, y yo en lugar de decirle que no, acepté como todo un pendejo.
La cosa es que a medida que fuimos bailando, él me fue abrazando, y poco a poco acariciando todo mi cuerpo, yo no sé si sería lo mucho que yo había bebido hasta esos momentos.
Cuando de repente, me besó en lugar de rechazarlo, lo dejé que continuase, por lo que en cierta forma o manera disfruté de sentí su lengua dentro de mi boca, mientras me apretaba contra su cuerpo.
Cuando terminamos de bailar, él pagó la cuenta, y regresamos a la casa, durante todo el trayecto, el vecino me fue acariciando las nalgas, y besándome de igual forma.
La cosa es que apenas llegamos a la casa, lo que me provocó fue invitarlo a entrar, ya dentro nos seguimos besando, y acariciando en el sofá de la sala.
Quizás por lo mucho que yo había bebido, o porque en el fondo deseaba que sucediera algo más, fui deslizando una de mis manos por encima de la tela de su pantalón hasta que sentí su pedazo de carne.
De momento veo que él extrae su parado miembro, al tiempo que él colocó una de sus manos sobre mi nuca, y sin mucho esfuerzo de su parte hizo que mi pintarrajeada boca quedase a la altura de su verga.
De eso a que yo voluntariamente abriese mi boca y me dedicase primero a lamer el tallo de su miembro y posteriormente me dedicase a mamárselo, en cosa de pocos minutos.
A medida que yo gustosamente seguía mama que mama, en cierto momento me preguntaba, a mí mismo, como era posible que yo estuviera haciendo eso, pero al levantar la mirada, y ver su cara de felicidad, seguí mamando con muchas ganas.
Hasta que él retiró mi cara de su parada, y ensalivada verga, diciéndome. “Ahora lo que deseo es que me dejes penetrar por ese apretado culito”.
En lugar de negarme, lo que hice fue, darle la espalda, levantar la corta falda escocesa que tenía puesta, bajar los pantis y reclinándome sobre el sofá le ofrecí mis nalgas, como si fuera la cosa más normal del mundo.
Sentí su caliente glande, contra mi esfínter, al tiempo que lo escuché decirme tiernamente, que me relajara, para que no me fuera a doler.
No sé si fue que un par de horas antes, yo había estado disfrutando de un grueso frasco de champú, mientras me duchaba, introduciéndomelo por el culo una y otra vez, mientras me masturbaba.
La cosa es que desde luego que, si me dolió un poco, al principio, pero a medida que me fue enterrando todo su sabroso miembro, yo comencé a mover mis caderas, como nunca antes lo había hecho.
Sentía como su verga entraba y salía una y otra vez divinamente de mi culo, su boca me mordisqueaba la nuca, y el lóbulo de mi oreja, cuando no era que me decía que yo estaba bien rica.
Esa noche el vecino, me puso como le dio gusto y gana, cabeza abajo, y mi culo para arriba, también me hizo que me recostase boca arriba, y que separase mis piernas, mientras me sujetaba por los tobillos, enterrándome toda su verga, por entre mis nalgas.
En fin, hasta perdí la cuenta de las veces que se la volví a mamar, lo último que recuerdo de esa noche fue que acabó dentro de mi boca tragándome gran parte de su semen.
Cuando me levanté al siguiente día, aparte del dolor de cabeza, por lo mucho que bebí, no me acordaba de nada, por lo menos al principio, pero al verme en el espejo, comencé a recordar todo lo sucedido.
En parte quise echarle la culpa a él por haberse aprovechado de mí, pero a medida que comencé a ducharme, reconocí que yo bien pude evitar que todo eso me sucediera, y a medida que me duchaba, fui recordado como disfruté de todo lo que él me hizo.
Cuando vine saliendo de casa, me lo encontré a él, y sentí que me moría de vergüenza.
Él actuó como si nada, me saludo, y hasta me dijo algo acerca de una de las matas del jardín, luego se despidió, no sin antes decirme que le agradaría volver a pasar la noche conmigo.
Yo me quedé sin saber que decirle, me despedí, y me fui a la biblioteca de la universidad a terminar un trabajo.
De regreso a casa, me dije mil veces que no volvería dejarme hacer todo lo que él me hizo, pero apenas regresé a la casa, y al verlo por la ventana, no sé qué me dio, que de inmediato lo invité a pasar.
Una vez dentro le pedí que por favor esperase a que me duchara, la verdad es que lo de la ducha fue una excusa, la verdad es que después de ducharme, de inmediato me volví a vestir de nena, para atenderlo.
Lo mejor de todo fue que no me hizo falta tomar nada de alcohol, para que él y yo nos volviéramos a divertir.
Eventualmente los dueños de la casa regresaron de su viaje, por lo que, en lugar de hacerlo en la casa de ellos, lo hemos seguido haciendo en la casa de él.



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