El viejo me prefiere a mí, simplemente porque jamás voy a salir preñado.
Un mariconcito consigue trabajo en una finca encargándose de la limpieza de la casa y cuidando a un niño de treinta años, hasta que el dueño de la finca lo pone a jugar frente a él con el niño lucha libre y termina siendo ensartado por el niño y el mismo viejo..
Me encontraba buscando trabajo, cuando mi madrina que me quiere mucho me comentó que en la finca que vendió el nuevo dueño estaba buscando a alguien que le ayudase con la limpieza de la casa, y ha cuidar a un chico, pero antes de seguir contándoles les diré que soy gay, pero en mi pueblo me llaman maricón, no tan solo porque me fascina vestirme de nena, sino que también me encanta que me traten como una, sobre todo en la cama aclarado ese pequeño detalle, les diré que apenas pude me dirigí a la finca que había sido de mi madrina con la esperanza de tener ese trabajo.
Apenas llegué en mi bicicleta, apareció un señor muy mayor, o por lo menos eso me pareció a mi en la puerta de la casona, yo aun no me había bajado de lo bici, cuando él me preguntó ¿Qué buscaba? De inmediato le dije que había venido porque mi madrina la que le vendió la finca me dijo que necesitaba a alguien que le ayudara en la casa, además que yo sabía cocinar y también lavar la ropa, además de que me podía encargar de toda la limpieza de la casa, fue cuando él me dijo que me bajara de la bici, y lo siguiera, yo en todo momento procure actuar bien machito, por miedo a que si se daba cuenta de que era mariquita, no me fuera a dar el trabajo, lo seguí y llegamos a la sala en donde había un tipo como de unos veintitantos años, sentado en el piso, en interiores jugando con unos carritos, y mientras yo con cierto asombro lo observaba el viejo me dijo. “Hay donde lo ves, es como un niño pequeño, es obediente, y tranquilo, solo que hay días en que prefiere no vestirse, como hoy. Una de tus labores si te quedas trabajando aquí va ser el cuidarlo, ver que se vista, que no se ensucie mucho, y darle de comer. ¿Estás de acuerdo?” pero de inmediato me dijo que, además si lo prefería podía quedarme a dormir dentro de la casa, pero cuando me dijo todo el dinero que me iba a ganar, sin pensarlo demasiado de inmediato le respondí que sí.
Lo único fue que apenas terminé de responderle de manera afirmativa, me comentó. “Entonces tú eres el ahijado de la doña que me vendió la finca, y te gusta vestirte de mujer.” Yo no sabía que responderle me puse todo nerviosito, y creo que hasta estuve a punto de ponerme a llorar, cuando él mismo viejo me dijo. “Te lo digo, porque aparte de que llevas el cabello bien largo, lo tienes limpio, además me di cuenta de que llevas la uñas pintadas de color rosa, y también me di cuenta de que te depilas incluso hasta las axilas, y me imagino que abajo también, además que usas pantis, en lugar de interiores, o por lo menos eso es lo que parece que llevas debajo de esos ajustados pantalones, pero eso a mí no me importa, es más si te gusta andar vestido así o de mujer, ese no es problema mío, lo que quiero es que trates bien al niño, lo demás con que limpies y cocines para los tres, es suficiente.”
Desde ese mismo día comencé a trabajar, y poco a poco me fui ganando la simpatía del niño, y al mismo tiempo poco a poco fui usando la ropita que a mi me gusta, y ya como a los dos meses, me sentía como la reina de esa casa, hasta que un día cuando me encontraba limpiando la sala me doy cuenta de que el niño, no se encontraba por todo eso, por lo que me dirigí a su cuarto y lo encontré, no se encontraba jugando con sus carritos, sino que se encontraba desnudo toqueteándose su miembro, la verdad es que nunca se lo había visto así, pero en ese momento me quedé completamente impresionado al vérselo, casi el doble de grueso y de largo que el mío, la verdad es que me quedé sin palabras al tenerlo frente a mí, sentado en el piso agarrándose su cosa, con toda la tranquilidad del mundo, no le llamé la atención, en lugar de eso me puse a jugar con sus carritos, y el se olvidó de lo que tenía entre sus dedos, luego lo ayudé a vestir, y no pasó más nada, solo que yo desde ese mismo instante no dejaba de pensar el aparato del niño, y como me sentiría yo sintiendo como esa cosa entrase y saliera de entre mis paradas nalguitas una y otra vez, y de la misma manera me imaginaba como sería el mamársela, claro que por miedo a que el viejo me fuera a despedir, no me atreví a hacer nada de eso.
Pero como a la semana, una noche después de cenar que nos encontrábamos en la sala, no me di cuenta, pero mientras que el niño se encontraba en el piso como siempre jugando con sus carritos, yo me encontraba embelesado viendo el enorme bulto entre sus piernas, cuando de momento el viejo me preguntó, si deseaba acompañarlo a tomarme una cerveza, como pensé que solo sería una le dije que sí, pero cuando vine a ver creo que yo solo me había tomado unas siete u ocho, por lo que me encontraba bastante mareado por no decir que borrachito, fue cuando el viejo me dijo “¿Él niño no se ha puesto a jugar a la lucha libre contigo? “lo cierto es que no, y eso fue lo que le respondí al viejo, fue cuando me dijo. “¿Tú quieres verlo contento?, has lo que te digo.” En esos momentos yo estaba usando una corta faldita escocesa roja con cuadros negros plisada, por lo que cuando el viejo me dijo tírate al piso y ponte como si fueras a gatear, y espera que yo le diga al niño que tú quieres jugar, tras terminar la cerveza que tenían en mis manos, hice todo como el viejo me ordenó, y casi de inmediato el niño se me fue encima, colocándose tras de mí y agarrándome entre sus brazos, en todo momento yo me había quedado quieto, hasta que el viejo me dijo ahora trata de zafarte, y fue cuando el niño comenzó apretarme contra su cuerpo y me llevé la sorpresa de mi vida, no esperaba que sucediera más nada, pero de momento que el niño me ha bajado los pantis, y sin demora alguna me ha clavado su gran verga dentro de mi culo, mientras que el viejo nos observaba plácidamente.
Al principio quise soltarme de verdad por lo asustado que me encontraba, pero apenas comencé a sentir ese sabroso dolor que me provocaba la enorme verga del niño entrando a mi culo, como que me rendí, y zas, que me la ha enterrado por completo, el viejo no dejaba de observarnos, pero de momento cuando lo volví a ver que me encuentro con su enorme verga frente a mi boca, y bueno no hay que ser un genio para saber que era lo que debía yo hacer, esa noche tanto el viejo como el niño me dieron por el culo y me pusieron a mamar sus vergas un sin número de veces, cuando no era el niño que me tenía bien clavado con su enorme verga, era el viejo quien me la metía y sacaba una y otra vez mientras que yo chillaba de place pidiéndoles a los dos que me dieran más y más duro por el culo y mi boca.
Desde ese día cada vez que el niño se le antoja que juguemos a la lucha libre, jugamos, y cuando el viejo regresa del campo y quiere que le de el culo o me ponga a mamar su verga así lo hago, luego me enteré que el viejo me prefiere a mí, simplemente porque jamás voy a salir preñado.

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