Familia
Roberto es un hombre común, dueño de una casa en el campo que había comprado hace tiempo con el fin de estar cerca de su propia familia..
Hola que tal, no soy ningún experto en escritura así que cualquier retroalimentación que quieran dar sobre la forma de escritura entre otras cosas en los comentarios.
La veracidad de los relatos aquí contados quedan a discreción del que lo esté leyendo, dicho esto disfruten : )
El inicio de una familia
Roberto es un hombre común, dueño de una casa en el campo que había comprado hace tiempo con el fin de estar cerca de su propia familia. En ella vive con sus 2 hijos, un varoncito llamado Ruben y una niña pequeña llamada Lucia. Lamentablemente su esposa falleció durante el nacimiento de su hija cuando su hijo tenía unos 6 años, desde entonces viven solos, aunque va seguido de visita con su familia.
Durante su matrimonio, aunque no vivía lejos de su familia se había mantenido alejado debido a que su esposa no estaba muy de acuerdo con el estilo de vida liberal que ellos llevaban. Para ellos la ropa en realidad era opcional, era normal ver desnudo a los abuelos o ver por ahí corriendo a su pequeña sobrina desnuda enseñándole la vagina a toda la familia. Además de liberales también eran muy estrictos respecto a la obediencia a los mayores, Roberto y su hermana habían sido criado a punta de látigo y castigos físicos y humillaciones cuando se portaba mal.
Cuando nació su primer Hijo Ruben, Sofia le prohibió desnudarlo ante los demás, así como castigarlo físicamente, y aunque Roberto no estuvo del todo de acuerdo tampoco quería discutir con Sofia. Asi los primeros años fueron tranquilos, el pequeño se bañaba con sus papis y a veces corría desnudos por la casa, pero nada fuera de los normal.
El tiempo paso y Roberto había logrado convencer a Sofia de llevar a su hijo con su familia, pero aún no que se desnudara y aun en contra de la voluntad de ella había corregido a su hijo con la correa un par de veces, aunque nada cerca en comparación con los castigos que le solía dar su mamá que era estricta y muy cruel con los castigos que rayaban la tortura en especial con el que como varón se ensañaba mucho el.
Así el tiempo paso normal y aunque hubo ciertos momentos que Sofia no pudo controlar pudo mantener la familia relativamente normal al menos hasta su fallecimiento repentino.
El primer castigo de verdad
Roberto se consideraba un hombre paciente, aunque estricto cuando se trataba de corregir a sus hijos, para él su palabra era la ley y sus hijos tenían que cumplirla les guste o no. Así habían sido criados su hermana y el, como olvidar cuando tenía 11 años y su mama lo saco desnudo al patio, lo baño con agua fría y le dio con una vara en sus nalguitas hasta que estas quedaron rojas mientras su hermana, su papa y varios amiguitos del vecindario se habían detenido a presenciar el acontecimiento. A diferencia de su madre él había sido muy blando pues su esposa lo retenía y calmaba cuando estaba con vida, en esa época el desfogaba su ira abriéndole bien el coño y dejándole rojas las nalgas a ella a cambio de perdonar a su pequeño hijo cuando se portaba mal.
De las pocas veces que el pequeño Ruben de verdad sintió la ira de su padre cuando su mami aún estaba viva fue cuando por alguna razón a su pequeña mente se le ocurrió que sería buena idea agarrar un dinero que su papá había dejado en la mesa del comedor en una visita a la casa de su hermana.
El pequeño en ese entonces 6 años agarro el dinero y se lo guardo, un total de 100 dólares y salió a jugar con sus primos, un niño de 5 años en ese entonces y su prima mayor de 8, su primo bebe de 1 año estaba con su tía y su prima grande de en ese entonces 11 años estaba aparatada típico de la rebeldía de una nena entrando en la adolescencia
Entre juegos y correteos sin darse cuenta se le cayó el dinero y se le perdió. Ya escondiéndose el sol los nenes entraron a la casa todos sucios, todo iba normal hasta que Roberto comenzó a buscar su dinero. Le pregunto a su hermana carla.
– Oye Carla has visto el dinero que deje en la mesa?
– No para nada, y mi esposo aun no regresa de su trabajo. Dijo carla
Carla con su voz autoritaria le pregunto a sus hijos – Niños quien agarro el dinero que estaba en la mesa?
Los niños sabiendo que hacer eso conllevaría una paliza de parte de su mama y después de su papa negaron todos con la cabeza, hasta que Sara la mayor abrió la boca y delato a su primo.
– Yo vi a Ruben tomar un dinero de la mesa, dijo la pequeña puberta de 11 años.
Todo el ambiente se callo, los niños se pusieron pálidos pero a la vez aliviados pues no les iba a tocar la cueriza.
Roberto giro hacia su hijo y le pregunto – Es cierto hijo? Tu agarraste el dinero?
El pequeño Ruben ya con las piernas temblando y al borde del llanto solo tenía la cabeza agachada. Su mami no estaba ahi para ayudarlo y su tía no hacia más que meter cizaña.
– Vaya que sabes criar a tu hijo hermanito, dijo Carla mientras los niños ya se habían alejado de su primo y veían todo desde el mueble de la sala.
– Es culpa de Sofia, nunca me deja corregirlo como se debe, pero esta no se la voy a dejar pasar. Dijo Roberto mientras sacaba una vara de cuero de vaca, mismo que uso su madre incontables veces en el y su hermana y que ahora su hermana usaba con sus hijos.
– Quien te dijo que agarraras ese dinero. Dijo Roberto gritando y azotando el látigo contra la mesa mientras el pequeño Ruben no decía una palabra y no se atrevía a levantar la cabeza mientras se le rodaban las lagrimas
Roberto cansado y enojado agarro a su pequeño hijo de la oreja y le levanto la cabeza para acto seguido darle latigazos en sus nalguitas por encima de sus shortcitos. El pobre nene lloraba y se retorcía pero no podía zafarse de su papi. No fue hasta que Roberto decidió tomarse un descanso que soltó a su hijo y lo sentó en la silla del comedor. Sus primitos no parpadeaban mirando el escenario pero bien escondidos detrás del mueble de la sala.
- Gracias a tu madre la has tenido fácil hasta ahora, pero ella no está aquí ahora y te voy a dar una lección que te dure, Dijo Roberto mientras agarraba el látigo de nuevo después de haberse dado un descanso.
- Bájate el short y el calzoncillo, Dijo Roberto con voz autoritaria
El pequeño se agarró el short, pero no se atrevía a bajárselo, aunque Roberto venia de una familia liberal donde la desnudez era normal, cuando se caso con Sofia el se alejo de esas costumbres por ella y aunque el pequeño Ruben si había visto a sus primitos sin ropa un par de veces su mama nunca permitió andar desnudo y nadie fuera de sus papis habían visto su cuerpito.
- No lo voy a repetir quítate la ropa, ahorita te voy a dar un latigazo por cada dólar que me perdiste.
- Pero me van a ver, dijo el pequeño mientras las lagrimas rodaban por sus rosadas mejillas.
- Ni que tuvieras algo que enseñar, ahora bájate el short. Dijo Roberto ya gritando y alzando el látigo a punto de volver a darle otra paliza cuando el pequeño con sus manitos temblorosas comenzó a bajarse el short revelando unos calzoncillos tipo trusas de carritos que apenas si le cubrían sus nalguitas.
Su papi agarro y le quito su camisa dejándolo solo en calzoncillos expuesto a las miradas de su tía que no se perdía ni un segundo sentada disfrutando como al fin le daban una corrección adecuada a su sobrinito, y de sus primitos que aun escondidos tenían asientos de primera fila para ver al pequeño.
- Te dije que te quitaras todo, Dijo Roberto mientras su pequeño se sujetaba bien sus calzoncitos para que no se los bajaran.
Ya sin paciencia Roberto agarro a su nene del brazo y se sentó, colocándolo boca abajo encima de sus piernas. El pequeño con sus nalguitas ya doloridas puso sus pequeñas manos en un intento de cubrirse, pero su papi se las agarro con una sola de sus manos y procedió a darle múltiples latigazos que aun usando su calzoncito le dolían.
- ¿Por qué sigues desobedeciéndome? Decía Roberto mientras agitaba el látigo una y otra y otra vez con fuerza. No importa cuanto gritara o cuanto agitara sus piernitas el pequeño Ruben no podía zafarse del castigo de su papi.
Para cuando al fin se detuvieron los latigazos el pequeño ya había dejado de forcejear y su papi al fin lo soltó y lo puso de pie.
- Ahora te ordeno de nuevo, bájate el calzoncillo. Dijo Roberto mientras sostenía con fuerza el látigo como amenaza de retomar el castigo.
El pequeño Ruben ya con las nalguitas bien adoloridas y la carita bien roja comenzó a bajarse sus calzoncitos revelando un pubis aun sin un solo pelito, liso y tiernito y debajo de el penecito pequeñito aun para su edad.
- Es mas chiquito que el de Carlitos (Su primito de 1 año) – Dijo su primita Maria de 8 años mientras se reía junto con sus hermanos al verle su pequeño pajarito a su primito.
El pequeño Ruben era bajito para su edad y bien delgado, aunque sus nalguitas eran redondas y paraditas. Su pajarito no medio más 3cm estirándolo desde su prepucio mientras que el de su primito de 1 año media ya 3.6cm estirado, además sus bolitas eran chiquititas aun para su edad dando la apariencia de tener su escroto vacío y pegado a su cuerpito. Aunque el pequeño aun no entendía del todo el porque se reían de su pajarito le daba mucha vergüenza y se tapo a penas se sacó los calzoncillos aunque no duraría mucho pues su papi retomaría su castigo que aun no acababa.
- Date la vuelta y ponte contra la silla – dijo Roberto
- Por cada dólar que me perdiste te voy a dar un latigazo y donde me pongas las manos empezaremos de nuevo, entendiste? – Dijo mientras le dio un latigazo a sus ya marcadas y rojas nalguitas
- Si papi – Dijo el pequeño ya con la cara bien roja de tanto llorar y de la vergüenza de estar desnudito por primera vez frente a otras personas.
Asi comenzó el castigo y Roberto le dio el primer latigazo y luego el segundo y así siguió dándose pequeñas pausas de segundos, tomándose su tiempo para que pequeño hijo sienta bien los latigazos. En un momento dado el nene ya no pudo mas y se movió para su desgracia en el latigazo 67 lo que hizo que comenzaran de nuevo pero su papi ahora lo agarro y lo puso en sus piernas de nuevo, hasta que al fin llego al latigazo numero 100. Hace tiempo que ya no le salían lagrimas el pobre nene y sus nalguitas estaban prácticamente destrozadas, rojas y marcadas.
- Espero nunca olvides este castigo, nunca me vuelvas a desobedecer y menos agarrar lo que no es tuyo entendiste? Dijo Roberto
- Si papi, Dijo el pequeño
Habían pasado horas y el castigo al fin había terminado.

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