Joven Amo
Un hombre inferior de 40 años encuentra el placer de la sumisión ante un chico de preparatoria. El muchacho lo usa para cumplir sus más perversos deseos..
Él había llegado a mi casa por sí solo. Me miraba sonriente en su uniforme de preparatoria. Estudiaba el último año. Tenía 17 años, un cuerpo envidiable, musculoso sin ser exagerado, su playera del uniforme apenas podía con esos pectorales y bíceps. Tomó la cerveza y bebía con tranquilidad.
—Entonces, ¿qué dices?— su actitud era prepotente. Abría las piernas mostrando su erección palpable en su pantalón de gabardina. Sabía lo que provocaba en mí. Demasiado bien dotado para alguien de su edad.
—¿Te gusta?— dijo confiado notando mi mirada en su paquete.
—Todo esto puede ser tuyo— sujetó su miembro sobre la tela, marcando bien esa enorme verga.
—¿Qué dices?— preguntó con insistencia. Afirmé en silencio y me incliné frente a él —Date gusto, perrita—
Sus cabellos negros chinos lucían perfectos con su undercut con líneas rectas. Le daban un toque de barrio, de salvaje. Su cuerpo musculoso, apretado en ese uniforme visiblemente una talla menor de la que debería. No es alto, mide 1.65m de alto, no es el gigante musculoso, es un chico joven de 17 años, que mantiene su cuerpo en buen estado pero no un fisicoculturista. Es más un musculoso de esos que se reúnen en el parque a hacer calistenia.
Sus tenis blancos Nike, Jordan 1, modelo clásico. Abro el cierre de su pantalón arrodillado frente a él mientras toma su cerveza. El calor que emana de su cuerpo lleva un aroma salvaje, fuerte, a macho, pero macho joven. Toma mi cabello con su mano y acerca mi rostro a su trusa negra, a su bulto. Restriega mi rostro —¿Te gusta?, claro que sí, a todas las perras les gusta mi verga—
Se pone de pie, deja caer su pantalón, y lo desliza suavemente por sus tenis. Cae al suelo, conmigo arrodillado en frente teniendo la visión de este Dios griego. Se quita la playera del uniforme muestra su abdomen marcado, su cuerpo maravilloso, su virilidad aún escondida torpemente tras la trusa negra que apenas logra contenerla. Es enorme, después la mediría, 25cm de pene duro y caliente.
—Te ves muy bien ahí arrodillada— Su pie me empuja en el pecho, caigo sobre mi espalda pisa mi pecho. Lo miro en toda su gloria mientras él presiona con su tenis sobre mi cuerpo —¿Estás excitado perra? ¿Te gusta?— No espera respuesta, me mira desde arriba —Abre la boca— obedezco y escupe en ella, me sabe deliciosa su saliva, viscosa, espesa. Se mueve, pisa mi ingle, aprieta mis genitales aún contenidos en mis ropas. —¿Tienes algo ahí abajo?— Cuestiona con prepotencia y superioridad —No siento nada— presiona más fuerte, aguanto el dolor, es un dolor que me produce más placer —Desnúdate, quiero ver— Ordena mientras se aleja para dejar la lata vacía sobre la mesa.
Me levanto y me desvisto desesperado, me quito la playera, el pants, la trusa blanca y expongo mi cuerpo de 40 años, no estoy en forma, tengo un vientre abultado, las tetas ligeramente caídas por la edad, no soy nada comparado con ese macho de 17 años que me ve divertido. Expongo mi pequeño pene 10cm erectos, duros sí, pero tan delgado como un dedo. Su risa invade la habitación, mira mis genitales —Hasta un niño la tiene más grande que tú— dice entre risas.
—En verdad eres una mierda patética, mírate, gorda, inútil, y patética, no eres un hombre, eres una basura— se acerca a mí y toma mi pene —Esto no es un pene, es una vergüenza— lo aprieta con fuerza, me lastima, pero mi pene salta en su mano excitado, suelta líquido preseminal como nunca en mi vida —Patética ¿te gusta que maltrate su salchicha inútil?—
—Sí— digo apenas como un gemido. Él sonríe complacido, baja su trusa negra mostrando su enorme verga unos segundos. Grande. Gruesa. No puede rodearla con su mano. —¿Te gusta?— Pregunta dominante sin soltar la mía que sostiene con dos dedos —Sí— Gimoteo. Las compara, una al lado de la otra —Mira no llegas ni a la mitad— sonríe burlón —Eres una mierda patética— golpea con su verga la mía, siento la diferencia de pesos —Ni siquiera medio hombre— agrega burlesco.
Me hace arrodillarme de nuevo tomándome de los hombros. No opongo resistencia, bajo hasta tener su verga frente a mi rostro. Es enorme. —Admira una verga de verdad— dice mientras se masturba frente a mí suavemente —Es enorme— sonríe ante mi observación —Sí, continúa perra— la miro y relamo mis labios —Nunca había visto una igual de grande, además es gruesa, como un tronco— mis observaciones lo excitan —No hay forma que pueda competir con eso, además eres joven seguro va a crecer más—
—Abre— ordena el chico. Poco a poco su enorme mástil invade mi boca. Es más de lo que puedo, abro al máximo y aun así mis dientes rosan su carne. Él continúa adueñándose centímetro a centímetro de mi cavidad, me inunda con su carne, llega al fondo y siento una arcada que trato de aguantar. Respiro por la nariz. A él no le importa. Su mirada fija en mi boca demuestra control, disfruta viendo cómo me ahogo con su carne. Una mirada sádica mientras entra más y más bajando por mi garganta, haciendo que se marque en mi cuello.
—Por eso me gustan las perras maduras, aguantan más— dice y siento orgullo —Mis compañeros de clase ya se estarían ahogando— agrega y mete más y más. Ahora lucho por respirar, por aguantar, tengo que demostrarle que yo sí aguanto su carne, que soy digno.
Llega tan profundo que mis ojos se llenan de lágrimas. Me mira sonriente cuando sus pocos bellos púbicos tapan mi nariz, cuando sus bolas tocan mi barbilla. —Mírate perra, la aguantas toda— dice sonriente, burlón, superior. —Te voy a follar la boca hasta correrme— advierte o amenaza. Toma mis cabellos y se retira un poco, empieza un vaivén. Sale y entra, a fondo, sus bolas se estrellan en mi barbilla, mi nariz en su pubis. —Qué rica boca tienes basura inútil— dice entre gemidos mientras lucho por respirar, por aguantar las arcadas, por dejarme ser usado, por complacerlo.
Me folla el rostro sin contemplación alguna, la saliva chorrea de mi barbilla y cae al suelo. Me usa como un juguete para su placer. Mi pene duro como nunca también mancha el suelo con líquido preseminal. Él gime, me mueve a su antojo. —Sí, perra traga, qué bien se siente— Cada vez es más brutal, sale casi por completo para entrar de golpe a fondo. Me usa. Soy usado. Y me encanta.
—Te voy a llenar de leche perra— dice mientras acelera —Te vas a tragar mi semen, vas a saber a qué sabe el semen de un hombre de verdad— dice entre bufidos. Me ahoga. Mis ojos lloran. Mis pulmones luchan por aire. Nada importa mi única función es recibir su semen, ser su depósito de semen.
—Traga perra— clava su verga más allá de donde había llegado nunca. Me ahogo mientras siento cómo su semen sale en chorro en mi garganta. Me ahogo con su leche. Trato de toser pero su verga me lo impide. Semen sale de mi nariz. Trago lo que puedo. Lucho por sobrevivir cada uno de sus 7 chorros de abundante semen. —Oh sí perra, qué delicia, muere ahogada en mi semen— dice en éxtasis y luego que termina la retira. Un hilo de su verga a mi boca marca la separación. No sé si es semen, o saliva. Toso, trato de recuperar el aliento. Perdí mi erección, pero nunca me he sentido tan excitado en mi vida.
Me mira, semen escurriendo de mi nariz. Mi boca abierta. Mis ojos llorosos. Se ríe —Te ves tan patética basura— sonríe —Vamos al baño, te voy a limpiar— dice entre risas y camina al baño de mi casa. Voy detrás. Veo su cuerpo perfecto, pequeño pero perfecto. Sus glúteos están marcados, su espalda luce viril acorde a su edad. Yo soy más alto 1.8 pero me siento tan pequeño a su lado.
—Arrodíllate en la ducha— ordena y lo hago. Apunta su pene a mi cara —Te voy a dejar bien limpia— dice con burla mientras el líquido dorado sale de la punta de su pene. Me baña. Me moja. Su orina es cálida, con un aroma intenso y un sabor fuerte. Cae en mi boca, en mi rostro, un chorro potente y continuo. —Qué rico ya tenía muchas ganas— dice relajado. Mi cabello se moja, mi pecho, rostro se limpia con su dorada lluvia. —¿Te gusta?— Asiento —Abre y traga— ordena y obedezco. Soy su urinal, soy lo que quiera que sea.
Mi pene se levanta, como prueba completa de mi humillación. Lo estoy disfrutando. Cada segundo me llena de gozo.
—Báñate pero hazlo rápido— Ordena cuando termina, y lo hago, —sobre todo limpia tu culo— agrega mientras sale del baño. Obedezco y salgo secándome con la toalla, está sentado en mi sala, desnudo salvo por sus Jordan 1 que lo hacen ver más sexy. Me mira —Buena perra, ven— me acerco —Mira el charco que dejaste— veo la mancha en el piso de líquido preseminal y saliva —Limpia tu casa, tienes invitados importantes, usa tu lengua— ordena y le miro cuestionante —¿Es mucho?— pregunta, con honestidad —Está bien usa una jerga, pero luego vienes a chupar mi verga—
Agradezco en silencio y voy rápido a limpiar la mancha. Mientras trabajo él está en el celular, chatea. Cuando termino y me acerco a chupar su verga que aún dormida es enorme al menos 15cm, ni aun así mi pene erecto compite, la mía prácticamente desaparece cuando no está erecta. Tiene razón no soy un hombre, él es como debe lucir un hombre. Chupo mientras él está en el celular.
Chupo mientras siento cómo su mástil crece en mi boca, en segundos vuelve a estar a tope y me es casi imposible meterla. En su lugar lamo y chupo. Noto la luz de su celular y el sonido de que tomó una foto, otra, un video. No me inmuto sigo, puede hacer lo que quiera, lo dejo.
—Qué tal se ve mi puta tragando mi verga— dice mientras graba un audio. Lo miro sin dejar mi tarea, dudas llegan a mi mente. —No mames qué perra, se ve que le encanta— una voz responde en un audio —Menuda puta, qué tiene 80 años— agrega otra —Comparte, también necesito una mamada así— dice uno más. Al menos 3 chicos han visto las fotos y video —El sábado, después del partido, la destrozamos hasta el domingo para saciarla— dice y mi pene erecto da un salto ante la expectativa
—Ya estás, le voy a reventar todo el culo— contesta la primera voz —La vamos a dejar tan abierta y llena de semen que se va a volver loca— agrega la segunda —Voy a guardarle toda mi leche para que se la trague— dice la última. Mi sentencia está fijada. Mi corazón late con fuerza. No puedo creer que esto esté pasando —Mis amigos de la prepa y yo te vamos a usar. Trae cerveza, tequila, vodka y tu culo bien limpio— dice, u ordena.
Asiento y sigo chupando —Ponte en 4 en el suelo, ábrete las nalgas con las manos y baja la espalda ofreciendo el culo— Obedezco, se levanta y me mira en esa posición —Di, mi culo los espera— Ordena y así en esa posición humillante, abriendo mis nalgas para mostrar mi ano lo hago —Mi culo los espera— Sé que está tomando un video. Sé que lo mandará al grupo. Y eso me llena de ganas
Pone un pie en mi rostro de lado mientras enseña su celular, emoticones, insultos, risas, audios, llena la sala. —Te traen ganas— Dice sonriente —Qué culo gordo— lee —Ya quiero ver mi semen escurriendo— comentario a comentario —Va a quedar tan abierto que nunca se va a volver a cerrar— su pie haciendo presión en mi rostro.
—Mira el menú — dice mientras baja de nuevo su cel para que vea la pantalla —Julián 17 años, 20cm— puedo ver un chico de piel oscura, cabello chino, ojos verdes, atlético, no tanto como él, pero de buen ver —Carlo 16 años, 18 cm— me enseña a otro chico de piel morena, ojos cafés, cabello alborotado, piernas gruesas de futbolista, sin abdomen marcado pero con grandes pectorales y brazos —Miguel 15 años, 15cm, es el que la tiene más chica, pero aún así es más hombre que tú— dice sonriente y veo un chico delgado, no escuálido, se ve que empieza a hacer ejercicio pero aún no está tonificado, blanco, de ojos verdes y cabello rubio oscuro.
Se pone detrás de mí —Ya quiero ver cómo te revientan— dice mientras deja el celular a un lado. Sus manos toman mis caderas. Sé que se viene. Trato de prepararme. Un escupitajo. Un empujón de sus caderas y el dolor me invade. Su pene me sodomiza sin miramientos. Mi carne se abre al enorme intruso. Es tan grande. Me penetra por completo. Ahogo un grito mientras levanto el culo y me desplomo del pecho. Duele. Mi cuerpo quiere huir, pero mi mente lo obliga a quedarse. Este es mi lugar. Esto es lo que soy. Una funda para su pene enorme. Para sus 25cm.
—Qué rico aprietas perra— dice, mientras empieza a bombear. Siento cómo arde mi culo. Su enorme verga es una viga de acero al rojo vivo que quema mis entrañas. Se mueve, no le importan mis puños presionados con fuerza hasta que mis nudillos están blancos. No le importa mi rostro de dolor. Es más, creo que eso lo hace disfrutar más.
Nunca me había sentido tan lleno, tan usado. Mi barriga duele, mi ano, y aun así mi pene está duro, escurriendo líquido preseminal. Estoy en un éxtasis masoquista. Este chico de preparatoria me hace sentir cosas que ningún otro hombre me había hecho sentir. La humillación, el dolor, se mezclan con el placer en un vino que me embriaga.
—El sábado te quiero limpio, con tu casa limpia cerda inútil— dice mientras entra y sale de mi culo adolorido. —Quiero botana, bebidas, son mis mejores amigos debes dar una buena impresión — sonríe mientras aumenta la velocidad —Te quiero en castidad, sé que tienes, he visto tu equis— dice altanero —La plana de metal, no quiero que ninguno de ellos vea esa patética protuberancia que tienes en las piernas— agrega humillándome mientras me sodomiza —Miguel es el más sádico, una vez le metió el puño a una perra porque no gimió cuando se la folló— dice con un tono de orgullo —Carlo te va a patear las bolas hasta cansarse y va a querer que chupes sus pies apestosos— dice entre risas. Jala mi cabello para darme más duro —Julián es tranquilo, pero siempre hemos querido hacer un dos romano— sonríe sádico —Tal vez seas la afortunada—
—Mañana te vas a meter tu dildo de 20cm, el grande negro— indica —te vas a grabar diciendo sus nombres, que te mueres por ser su puta— su pene me desgarra mientras él hace planes —Quiero que se vea cómo te lo metes, en castidad, siempre en castidad perra— me jala el cabello para mirarme a los ojos —¿entiendes?— afirmo —Sí amo— sonríe —joven amo— corrige —joven amo— me nalguea —Así me gusta, que no se te olvide que eres el juguete patético de chicos de menores de edad— Penetra hasta el fondo y me corro, no sé si por esa visión o por su verga llegando a donde nada ha llegado
—Qué rico perra, tu culo ordeña mi verga— dice ante las contracciones de mi orgasmo. Estoy vencido en el suelo mientras él me levanta de las caderas y me usa al ritmo que quiere. —Te voy a llenar el culo— Advierte y su pene empieza a soltar chorro tras chorro de semen caliente en mis entrañas. Lo siento. Quema. Ocho chorros fuertes chocan en mi intestino, me marca por dentro.
—Qué rico perra, me encanta tu culo— no le ha importado mi orgasmo, solo disfruta de mi cuerpo. Cae sobre mí. Su cabeza llega a mis hombros. Caigo en cuenta de su altura y aun así es más viril, más potente, más hombre de lo que nunca fui. —Qué buen culo— Se levanta sacando su pene de mí con un sonido de descorche, el semen sale tras él escurriendo por entre mis piernas, manchando mis bolas y llegando al suelo. Escucho el sonido de la cámara. No importa, no puedo moverme. Mi cerebro aún no entiende la mezcla de dolor y placer que siento. —Un culo aguantador y divino— dice al celular. —Mira es culo rojo, qué perro, ya quiero estar ahí— dice Miguel —Puta quiero también venirme en sus nalgas— agrega Julián —La vamos a bañar en semen de preparatoria— comenta Carlo —Sí, va a ser nuestra perra por siempre — dice mi amo. Mi joven amo.
Pone un pie en mi culo. Toma una foto. Me ordena abrir mis nalgas. Toma otra foto. Evidencia de mi sometimiento. De haber sido usado por él. Posa sacando la lengua. Enseñando dedo. Jugando con su obra como escenario para Instagram. —Toma perra, para que subas a tu equis, a tus seguidores les encantará— dice mientras me manda las fotos a WhatsApp.
Me levanto, se acerca a mí. Me acaricia la cabeza como un niño a un perro. —Eres perfecto para mí basura— dice con cariño. Me toma del cabello y me lleva a sus labios. Me besa. Salvaje, fuerte, muerde mis labios, invade mi boca con su lengua, no es un beso, es una sumisión oral.
—Buena perra— dice al separarse.

Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!