La amiga de mi prima me frotó el culo en la piscina y terminé agarrándole las tetas mientras mi prima veía la película
Todo empezó cuando llegó mi prima Laura con su amiga Camila. Desde el primer abrazo sentí la química. Roce tras roce en el agua, miradas cargadas de deseo y una película de terror que lo cambió todo. Mi prima delante, ajena a todo, mientras Camila se pegaba contra mí, frotando ese culo perfecto y d.
Hola gente este es mi primera historia y por respeto a los de la historia cambiaré los nombres.
Parte Uno
Una noche organicé una fiesta en mi casa con piscina. Llegaron varios amigos, pusimos música y todos estábamos relajados. De repente llegó mi prima Laura con su amiga Camila. Camila me vio desde lejos, sonrió y vino directo hacia mí. Me dio un abrazo fuerte, de esos que duran un segundo más de lo normal. Sentí sus tetas presionarse contra mi pecho y cómo su cuerpo se acomodó perfectamente contra el mío. Desde ese momento algo cambió en el ambiente.
Cuando todos se fueron, me quedé solo en la piscina con ella. El agua estaba tibia, la noche oscura y solo se oía el sonido de los grillos y nuestras respiraciones. Camila se acercó nadando despacio y se dio la vuelta, pegando su culo redondo y firme contra mí. Yo ya estaba empalmado y mi verga se acomodó justo entre sus nalgas por encima del traje de baño mojado. Ella movía las caderas muy suavecito, rozándome. En eso entró Laura buscando algo y sin querer nos empujó, haciendo que mi pene se frotara más fuerte contra ella. Camila soltó un gemidito bajito y miró hacia atrás con una sonrisa pícara.
Más tarde, ya era tarde y las chicas se quedaron a dormir. Después de cambiarnos, terminamos los tres en mi cama grande: yo en el medio, Camila a mi derecha y Laura a mi izquierda. Camila tenía puestos unos shorts cortitos de algodón que apenas le cubrían ese culazo. Me hice el dormido y me fui acercando poco a poco. Mi verga terminó pegada contra sus nalgas calientes. No estábamos completamente pegados, pero cada vez que ella se movía sentía el roce delicioso. Justo cuando la cosa se estaba poniendo más intensa, nos llamaron desde el otro cuarto para acomodarnos mejor y terminé yéndome a dormir a otro lado, dejando a las dos juntas.
Al día siguiente volvimos a la piscina. Mis padres estaban adentro en su cuarto, así que estábamos prácticamente solos. Laura y Camila ponían música y bailaban. Camila se movía especialmente provocativa: bajaba, subía y movía ese culo jugoso apuntando directo hacia mí. Nos agarrábamos de las manos, nos mirábamos a los ojos y el deseo se sentía pesado en el aire.
Cuando Camila fue a bañarse y salió solo con una toalla blanca enrollada en el cuerpo, pasé justo frente a ella en el pasillo. Me miró con esa mirada pícara, mordiéndose el labio inferior sin decir nada, y siguió caminando hacia el cuarto.
Esa noche los tres nos juntamos de nuevo para ver una película de terror. Apagamos las luces, pusimos la película y Camila se colocó en el medio. Yo quedé justo detrás de ella. Apenas empezaron los primeros sustos, ella se fue pegando más y más hasta que su espalda quedó completamente recostada contra mi pecho. Pasé mi brazo derecho por encima de ella y la abracé. Ella tomó mi mano y la apretó fuerte contra su cuerpo.
Después de un rato, bajé lentamente la mano izquierda… la metí por debajo de su camiseta suelta y agarré una de sus tetas. Estaba suave, caliente y llena. Sentí cómo su pezón se puso durísimo entre mis dedos mientras lo pellizcaba despacio. Camila empezó a respirar más agitada y empujaba su culo contra mi verga, que ya estaba dura como piedra. Movía las caderas en círculos lentos y disimulados, frotándose contra mí. Laura estaba concentrada en la película, sin enterarse de nada.
Camila giró un poquito la cara y me susurró al oído con voz temblorosa y bajita:
—Sigue… no pares, por favor…
Mi mano derecha empezó a bajar por su vientre, metiéndose poco a poco bajo la cintura de sus shorts…
—
Continuará….


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