«La amiga de mi prima me frotó su culo en la piscina y terminé follándola por detrás mientras mi prima estaba en el baño»
Empezaron los roces en el agua, las miradas cargadas de deseo y una película de terror que nos dejó a los tres en la misma cama. Mi prima delante, concentrada en la pantalla, mientras Camila se pegaba contra mí, frotando su culo perfecto y dejándome meter los dedos en su coño mojado. Lo que pasó des.
Parte Dos
Mi mano derecha siguió bajando despacio por su vientre plano y suave hasta llegar al borde de sus shorts cortos. Metí los dedos por debajo y descubrí que Camila no llevaba nada debajo. Su coño estaba completamente depilado, caliente y empapado. Apenas rocé su clítoris hinchado con la yema de los dedos, ella se estremeció y empujó su culo más fuerte contra mi verga, que ya palpitaba desesperada.
Empecé a frotarla en círculos lentos y suaves, sintiendo cómo se mojaba cada vez más. Con la mano izquierda seguía apretando y masajeando su teta firme, pellizcándole el pezón duro entre mis dedos. Camila respiraba agitada por la boca, tratando de controlarse para no gemir. Movía las caderas en círculos pequeños y disimulados, frotando toda la longitud de mi pene entre sus nalgas por encima de la tela fina de mi pantalón.
La tensión era insoportable. Metí un dedo entre sus labios mojados y lo hundí despacio hasta el fondo. Estaba apretadísima y ardiente por dentro. Lo moví adentro y afuera con ritmo constante mientras ella mordía la almohada para ahogar sus gemidos. Añadí un segundo dedo y empecé a follarla más rápido con ellos, curvándolos para tocar ese punto que la hacía temblar. Su coño hacía ruiditos húmedos que solo yo podía escuchar.
Laura seguía concentrada en la película, saltando con cada susto y comentando en voz baja, completamente ajena a que yo tenía dos dedos enterrados en el coño de su amiga y que Camila estaba a punto de correrse.
Camila giró un poco la cara hacia mí, con los ojos vidriosos de placer, y me susurró casi sin aliento:
—Estoy muy mojada… me tienes loca… quiero sentir tu verga ya…
Eso me prendió todavía más. Saqué los dedos, bajé rápidamente mi pantalón corto y liberé mi pene duro y palpitante. Lo puse entre sus nalgas calientes y empecé a frotarme contra ella, deslizando toda mi longitud por su raja empapada sin penetrarla todavía. Cada vez que la cabeza gruesa pasaba por su entrada, Camila empujaba hacia atrás con desesperación, intentando metérsela.
Estaba a punto de acomodarme para entrarle profundo cuando Laura se movió de repente y dijo:
—Voy al baño, ya vuelvo. No pausen la película.
En cuanto escuchamos la puerta del cuarto cerrarse, Camila no esperó ni un segundo. Se dio la vuelta rápido, me miró con pura lujuria y se bajó los shorts hasta las rodillas. Se puso en cuatro sobre la cama, levantó ese culo grande y perfecto, arqueando la espalda, y me susurró con voz ronca:
—Métemela ya… por favor… rápido, antes que vuelva Laura.
Yo me arrodillé detrás de ella, agarré mi verga por la base y froté la cabeza contra su coño mojado un par de veces. Luego empujé despacio, sintiendo cómo su apretado coño me iba tragando centímetro a centímetro. Estaba caliente, resbaladizo y me apretaba deliciosamente. Cuando estuve completamente dentro, Camila soltó un gemido ahogado y empujó hacia atrás para sentirme más profundo.
Empecé a moverme con estocadas lentas pero fuertes, agarrándola de las caderas mientras veía cómo su culo rebotaba contra mí. El sonido de nuestros cuerpos chocando se mezclaba con la película. Aceleré el ritmo, follándola más duro, y metí una mano debajo para frotarle el clítoris mientras la penetraba. Camila temblaba y apretaba las sábanas.
—Así… más fuerte… —susurraba entre gemidos.
Estábamos perdidos en el placer cuando escuchamos que la puerta del baño se abría a lo lejos…
—
Continuará….


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