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Dominación Hombres, Gays, Travestis / Transexuales

La conversión 4

Héctor encendió la televisión grande y puso un video titulado “Sissy Hypnosis – Deep Slut Training”. La pantalla mostró a una mujer con voz muy suave y seductora, con una música peculiar de fondo y imágenes de chicos siendo feminizados y usados sexualmente….

Después del intenso entrenamiento de garganta, tenía la mandíbula adolorida y la barbilla cubierta de saliva. Héctor me miró con satisfacción mientras guardaba el dildo.

— Limpia eso con la lengua —ordenó.

Obedecí, lamiendo el dildo de arriba abajo mientras él me observaba.

— Vas progresando. Te espero en la sala. Vamos a ver algo más interesante.

Me dirigí a la sala y arrodillé frente al sillón dónde estaba sentado. Héctor encendió la televisión y puso una compilación de videos de sissy hypnosis y entrenamiento. Imágenes de chicos transformados en chicas sumisas, gimiendo, practicando voz femenina, siendo usados y humillados. Subió el volumen.

Héctor desabrochó el pantalón, sacó su verga y comenzó a masturbarse mientras veía los videos.

— Mira bien la pantalla —me dijo—. Eso es lo que quiero que seas. Una putita obediente, sumisa, linda y siempre lista para servir a otros hombres.

Su verga gruesa estaba completamente dura. El olor a sudor masculino seguía fuerte en la habitación. Yo estaba arrodillado a su lado, solo con las bragas negras, viendo cómo se jalaba la verga mientras veía los videos.

De pronto, Héctor me agarró del cabello y me acercó más.

— Abre la boca.

Escupió directamente dentro de mi boca. Un escupitajo grueso y caliente cayó sobre mi lengua.

— Traga.

Tragué con vergüenza. Héctor sonrió.

— Buena perra. Abre de nuevo.

Escupió otra vez, esta vez más abundante, y parte me cayó en los labios y barbilla. Me sentía completamente degradado, pero mi jaula goteaba sin control, me excitaba lo que estaba sucediendo y aunque una parte de mí quería llorar, mi cuerpo me traicionaba.

Héctor siguió masturbándose más rápido, respirando pesado, mientras seguía viendo los videos y escupiéndome de vez en cuando en la cara y el pecho.

— Mírate… arrodillado, depilado, con bragas y recibiendo escupitajos como una cualquiera. Esto es solo el principio de lo que vas a ser.

Después de varios minutos gruñó fuerte y se corrió abundantemente dentro de un plato blanco que había dejado preparado. Chorros gruesos, blancos y calientes llenaron el plato. Cuando terminó, respiró hondo y me miró.

— La cena está servida — Come —ordenó con voz fría—. Quiero que te comas todo.

Tomé el plato y empecé a lamer el semen de Héctor. En todo momento lo miré y escuché reírse.

— Se ve que lo disfrutas eh.  Come, perra. Come como si fuera lo mejor que has probado en tu vida.

Tenía lágrimas de vergüenza en los ojos, pero también una excitación tan fuerte que la jaula me dolía terriblemente. Cada vez que lamía el plato, gemía porque mi verga pulsaba dentro de la jaula de castidad.

— ¿Te gusta? —preguntó con burla—. ¿Te gusta comer mi semen como una perra hambrienta?

— Sí… —susurré, humillado.

— Más fuerte.

— ¡Sí! Me gusta… —dije con voz temblorosa.

Héctor soltó una risa baja.

— Patético. Pero me encanta verte así.

Cuando terminé tenía el sabor de su semen impregnado en la boca. Héctor me limpió la barbilla con el dedo y me lo metió en la boca para que lo chupara.

— Buen chica. Ahora ve a lavarte la cara y regresa a la habitación. Hoy dormirás en el piso otra vez, solo con las bragas puestas.

El domingo por la mañana fue relativamente “tranquilo”. Me despertó temprano para que le preparara el desayuno y limpiara la casa con solo las bragas puestas. Me corrigió varias veces la forma de caminar y de agacharme. Cada vez que pasaba cerca de él me daba una nalgada fuerte y decía cosas como:

— Camina más como una chica. Mueve esas caderas.

Después del almuerzo, Héctor me llevó a la sala y cerró las cortinas.

— Hoy vamos a empezar de verdad con tu entrenamiento —dijo con tono serio—. Quítate las bragas y arrodíllate.

Obedecí. Estaba completamente desnudo, depilado y enjaulado frente a él.

Héctor encendió la televisión grande y puso un video titulado “Sissy Hypnosis – Deep Slut Training”. La pantalla mostró a una mujer con voz muy suave y seductora, con una música peculiar de fondo y imágenes de chicos siendo feminizados y usados sexualmente.

— Vas a ver todo el video sin apartar la mirada —ordenó—. Y vas a repetir en voz alta todo lo que yo te diga.

Se sentó en el sillón justo frente a mí y empezó a tocarme con el pie, rozando mi jaula y mis huevos mientras el video comenzaba.

La voz de la mujer en el video decía lentamente:

“Eres una chica… tu verga ya no importa… solo existe tu culo…”

— Repite —ordenó Héctor.

— Soy… una chica… mi verga ya no importa… —repetí con vergüenza.

Héctor sonrió, sacó su verga y empezó a masturbarse lentamente mientras me veía.

— Más fuerte. Y abre más las piernas.

Obedecí. La voz del video continuaba:

“Te excita obedecer… te excita ser usada… eres una perra sissy…”

— Repite —dijo Héctor, ahora tocándome el ano con los dedos.

— Me excita obedecer… me excita ser usada… soy una perra sissy… —gemí mientras de manera automática llevaba mis dedos y empezaba jugar con mi ano como si fuera una vagina.

Mientras me tocaba el culo y repetía las frases, Héctor seguía masturbándose con la otra mano.

— Sigue repitiendo todo lo que dice el video —ordenó.

La voz femenina se volvió más intensa:

“Tu culo es tu vagina… necesitas verga… eres una puta… una zorra… una sissy…”

— ¡Mi culo es mi vagina! —gemí más alto—. ¡Necesito verga! ¡Soy una puta… soy una zorra… soy una sissy!

Mi jaula chorreaba sin parar. Estaba al borde del orgasmo solo con sus dedos y las palabras del video.

— Gime más fuerte —me exigió—. Quiero oír lo puta que eres.

— ¡Ahh! ¡Soy una perra sissy! ¡Necesito verga! ¡Por favor! —grité, completamente perdido en la humillación y el placer.

Me tocaba con los dedos y los metía un poco, pero me sentía vacío y desesperado. Se masturbó más rápido frente a mi cara y se corrió con fuerza dentro de un plato.

— Ahora come —ordenó, mezclando su semen con un poco de yogurt que había traído—. Come mientras sigues repitiendo las frases del video.

Me arrodillé y empecé a comer su semen mezclado con el yogurt, repitiendo entre bocados:

— Soy una sissy… me excita obedecer… mi culo es mi vagina… soy una puta…

Héctor me grababa con el teléfono, visiblemente excitado por mi degradación.

— Muy bien, Sofía —dijo de pronto, usando el nombre por primera vez—. Ese va a ser tu nombre aquí a partir de ahora. Sofía, la putita sissy de Héctor.

Sentí un escalofrío fuerte al escuchar mi nuevo nombre.

Cuando terminé de comer, Héctor me miró con satisfacción.

— Puedes vestirte y regresar a tu casa. Hoy te dejo ir más temprano. Pero tienes tareas importantes para esta semana.

Me entregó unas bragas y me dijo que me mandaría más contenido para ver.

— Todos los días vas a escuchar mínimo dos audios de hipnosis sissy que te voy a mandar. Quiero que practiques tu voz, que camines como chica en tu casa y que uses bragas debajo de tu ropa normal todos los días. También vas a entrenar tu garganta con el dildo todos los días.

Me miró fijamente a los ojos.

— El próximo viernes quiero ver avances claros, Sofía. Si no los veo, voy a ponerte castigos mucho más duros. ¿Entendido?

— Sí… —respondí, aún con el sabor de su semen en la boca.

— Buena chica.

Me vestí en silencio y salí de su departamento.

Mientras conducía de regreso a casa, no dejaba de repetir en mi cabeza las frases del video y el nombre que Héctor me había dado.

“Sofía…”

Tenía miedo de lo rápido que todo estaba avanzando.

Tenía vergüenza de lo mucho que me había excitado.

Pero sobre todo, tenía terror de darme cuenta de que una parte de mí ya estaba deseando el próximo viernes.

El miércoles fue el día en que todo empezó a salirse realmente de control.

En el trabajo estuve distraído todo el día. No podía dejar de pensar en las palabras de Héctor del sábado:

“Quiero que esta colita sea como una vagina siempre húmeda… lista para recibir hombres.”

Durante el almuerzo, sentado en el baño de la oficina, abrí discretamente el navegador de mi teléfono y busqué plugs anales. Estuve casi veinte minutos dudando, con el corazón acelerado, hasta que finalmente elegí uno mediano de silicona suave con base ancha y un lubricante a base de agua de buena calidad. Pagué con envío express para que llegara esa misma tarde.

Cuando salí del trabajo, corrí prácticamente a casa. El paquete ya estaba esperando frente a mi puerta. Lo tomé con manos temblorosas y entré rápidamente.

Lo primero que hice fue quitarme toda la ropa y ponerme solo las bragas negras que Héctor me había dado. Me miré en el espejo del baño: completamente depilado, con bragas, la jaula visible. Me veía ridículo… y eso me excitó.

Me arrodillé frente al espejo grande de mi habitación y abrí el paquete. Saqué el plug y el lubricante. El plug se sentía pesado en mi mano. Recordé las palabras de Héctor mientras me dedeaba:

“Quiero esta colita siempre bien húmeda…”

Con mucha vergüenza, me puse en cuatro frente al espejo, bajé las bragas hasta las rodillas y me apliqué una cantidad generosa de lubricante en el ano. Empecé a masajearme con un dedo, luego con dos, respirando agitado.

— Tengo que estar siempre húmedo… —susurré para mí mismo, repitiendo una de las frases de los audios.

Poco a poco introduje la punta del plug. Gemí bajito al sentir la presión. Era más grueso de lo que esperaba. Empujé lentamente, respirando profundo, hasta que la base quedó pegada contra mi piel. El plug me llenaba por completo.

Me puse de pie y caminé por la habitación. Cada paso hacía que el plug presionara dentro de mí. Me sentía lleno, abierto, vulnerable. Me excitaba tanto que la jaula goteaba constantemente.

No me detuve ahí.

Primero, me puse frente al espejo y practiqué mi voz femenina durante casi veinte minutos:

— Soy Sofía… soy la putita de Héctor… mi culito está siempre mojado para él…

Luego abrí la cámara del teléfono y grabé un video corto (sin mostrar mi cara). Me puse en cuatro, moví las caderas y hablé con voz suave:

— Mira cómo llevo el plug que compré… quiero que mi culo esté siempre listo para ti…

No le envié el video. Lo guardé en una carpeta oculta, temblando de vergüenza y excitación.

Después me puse unas medias cortas negras que tenía en el cajón y caminé por toda la casa solo con bragas, medias y el plug puesto, practicando pasos cortos y movimiento de caderas, tal como Héctor me había corregido.

Finalmente, me acosté en la cama boca arriba, con las piernas abiertas, y puse uno de los audios más intensos que Héctor me había mandado. Mientras la voz decía “Eres una sissy… tu culo es tu coño… necesitas ser follada…”, empecé a mover el plug lentamente dentro de mí con una mano.

Me corrí sin tocar mi jaula. Un orgasmo largo, profundo y humillante que me dejó temblando y con lágrimas en los ojos.

Después de limpiarme, me quedé sentado en el borde de la cama, todavía con el plug puesto, mirando al vacío.

— ¿Qué estoy haciendo? —susurré.

Pero incluso mientras lo decía, ya estaba pensando en ponerme el plug otra vez antes de dormir.

El jueves la obsesión ya era incontrolable.

Me desperté con el plug todavía puesto desde la noche anterior. Lo había dejado toda la noche, tal como imaginé que Héctor querría. Al levantarme sentí una presión constante y profunda que me hacía gemir bajito.

En el trabajo estuve extremadamente distraído. Cada vez que me movía sentía el plug (me lo había puesto de nuevo antes de salir de casa). Por la tarde, apenas llegué a mi departamento, me desnudé excepto por las bragas y me puse frente al espejo.

Esa tarde tomé varias iniciativas por mi cuenta:

Primero, practiqué mi voz durante casi cuarenta minutos. Repetía frases completas con tono suave y femenino:

  • “Hola, soy Sofía… la putita personal de Héctor…”
  • “Mi culito está siempre húmedo y listo para servir…”
  • “Por favor, úsame como quieras…”

Luego saqué el dildo y entrené mi garganta durante casi 35 minutos. Intenté llegar más profundo que nunca. Grabé un video corto (sin mostrar mi cara) donde se veía cómo entraba y salía el dildo de mi boca mientras gemía suavemente.

Me corrí dos veces esa noche sin tocar mi jaula, solo moviendo el plug y repitiendo en voz alta:

— Soy una sissy… soy la perra de Héctor… mi culo es mi coño…

El viernes por la mañana recibí el nuevo plug más grande. Apenas lo abrí, me encerré en mi habitación.

Me depilé de nuevo cuidadosamente (aunque ya casi no tenía vello), me puse las bragas rosadas y me apliqué lubricante generosamente. Esta vez introduje el plug nuevo. Era notablemente más grueso. Gemí fuerte mientras entraba, sintiendo cómo me abría más. Una vez dentro, activé la vibración baja y me quedé varios minutos disfrutando la sensación.

Tomé más iniciativas:

  • Me probé unos tacones bajos que había comprado discretamente por internet durante la semana. Caminé por toda la casa durante casi una hora, practicando postura, movimiento de caderas y pasos cortos.
  • Me maquillé por primera vez: solo un poco de corrector, rubor suave y brillo labial transparente. Me miré al espejo durante mucho rato. Me veía… diferente. Suave. Sumiso.

Guardé el video, nervioso pero extrañamente orgulloso.

Por la tarde, antes de ir a casa de Héctor, me duché, me depilé otra vez, me puse las bragas más bonitas que tenía (unas negras de encaje), el plug grande puesto, y encima ropa normal. Me sentía extremadamente consciente de mi cuerpo: suave, depilado, con bragas y el plug presionándome por dentro.

Mientras conducía hacia la casa de Héctor, mi corazón latía con fuerza. Estaba aterrado y excitado al mismo tiempo.

Había pasado toda la semana entrenando como una sissy obediente.

Había comprado plugs, practicado voz, caminado con tacones y grabado videos humillantes por iniciativa propia.

Ya no sabía hasta qué punto lo estaba haciendo por miedo…

y hasta qué punto lo estaba haciendo porque realmente lo deseaba.

Continuará…

Gracias por leerme, espero que les haya gustado y aún tengo mucho más para continuar esta historia. Les dejo mi telegram: @bnsss123

3 Lecturas/14 agosto, 2026/0 Comentarios/por lilcsiss12
Etiquetas: baño, culito, culo, orgasmo, puta, putita, semen, vagina
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