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Dominación Hombres, Dominación Mujeres, Heterosexual

La hermana de mi amigo. 1/4

Lo que comenzó como simples visitas a casa de uno de mis mejores amigos y partidas de Mario Kart, terminó convirtiéndose en algo mucho más peligroso..
Manuel es uno de mis mejores amigos. Lo conocí gracias a mi papá; trabajaban juntos y un día lo invitó a comer a nuestra casa. Desde entonces congeniamos perfecto; los dos somos fanáticos de la cultura pop, los videojuegos, las películas, las series, etc.

 

Cuando nos conocimos, él tenía unos treinta y cuatro años y yo unos veintisiete.

 

Tiempo después mis papás y yo fuimos a visitarlo. En aquel entonces su casa era bastante sencilla, aunque con los años la remodelaron por completo: construyeron un segundo piso y terminó convirtiéndose en una casa amplia y moderna donde actualmente vive toda su familia.

 

Manuel tiene dos hermanos y una hermana. Él es el mayor.

 

Y justamente esta historia es sobre su hermana: Aracely.

 

La primera vez que la vi fue aquel día de la visita. Honestamente no le presté demasiada atención; de hecho ni siquiera convivió mucho con nosotros ese día.

 

Pero para no hacer larga la historia, voy a adelantarme a la parte donde todo empezó a ponerse… interesante.

 

Pasaron unos años. Tal vez tres, quizá un poco más, hasta que volví a visitarlos.

 

Ese día Manuel no estaba, así que me recibieron su mamá y Aracely.

 

Y fue imposible no fijarme en ella.

 

Por esos meses trabajaba como instructora de Zumba y era evidente. Llevaba unos leggings negros ajustados y ropa deportiva que marcaba perfectamente su figura.

 

En un momento tuvo que subir a su cuarto.

 

La vi alejarse escaleras arriba y no pude evitar quedarme mirando el movimiento de sus caderas.

 

Sentí un calor inmediato recorriéndome el cuerpo.

 

Intenté ignorarlo. Sabía perfectamente que no debía pensar en ella de esa manera.

 

Aracely no es una mujer escandalosamente hermosa, pero tiene algo que inevitablemente llama la atención. Piel clara, cabello negro y lacio que cae varios centímetros debajo de los hombros, una cintura marcada y curvas bastante pronunciadas.

 

Y definitivamente lo que más resalta es su cuerpo de la cintura hacia abajo: piernas gruesas y un trasero amplio imposible de ignorar.

 

Está casada y tiene dos hijos: uno de diez años y otro de diecisiete. Siempre me he llevado bien con ellos; de hecho, a veces jugamos Nintendo cuando voy de visita.

 

Su esposo trabaja como eléctrico automotriz y pasa gran parte del tiempo viajando por cuestiones de trabajo. Monterrey, Chihuahua, Mexicali… depende de dónde lo necesiten. A veces pasa semanas enteras fuera y, cuando regresa, rara vez permanece más de una semana antes de volver a salir.

 

Con el tiempo mis visitas comenzaron a hacerse más frecuentes y la confianza con toda la familia creció bastante.

 

Fue entonces cuando empecé a acercarme a Aracely.

 

Las bromas comenzaron a ser más constantes con cada visita.

 

Hace unos meses estábamos jugando Mario Kart en la sala. Todos terminamos amontonados en el sillón grande y yo me senté junto a ella, del lado izquierdo.

 

Ara era pésima jugando. Tan así, que todos terminamos la carrera mucho antes que ella.

 

Se movía exageradamente cada vez que daba una vuelta, gritaba, se reía y agitaba el control como si eso fuera a salvarla de perder.

 

La cercanía terminó nublándome el juicio…

 

Primero fueron roces, pero luego aproveché uno de sus movimientos para deslizar lentamente la mano entre el cojín y su cuerpo.

 

Traté de ser muy cuidadoso para que nadie pudiera darse cuenta de nada.

 

Ella seguía totalmente concentrada en la carrera, moviéndose de un lado a otro entre gritos y risas mientras yo, poco a poco, terminaba hundiendo la mano cada vez más.

 

La carne caliente y suave terminó tragándose mi palma por completo.

 

Me quedé quieto, con el corazón latiéndome con fuerza, mientras ella seguía jugando como si nada.

 

La carrera estaba terminando y retiré mi mano con mucho cuidado, actuando normal.

 

Empezamos otra partida.

 

Todos terminamos la carrera mucho antes que ella y mientras seguía moviéndose desesperadamente frente a la pantalla… aproveché para volver a hacerlo.

 

Esta vez ella giró ligeramente el rostro hacia mí por un segundo.

 

No dijo nada.

 

Solo siguió jugando y gritando.

Así nos pasamos toda la tarde.

 

Se hizo tarde y regresé a mi casa con la adrenalina a mil y la imagen de ella en mi cabeza.

 

Un par de semanas después me invitaron a comer.

 

Y ocurrió otra vez.

 

Terminamos jugando en la sala, entre risas, empujones y gritos por las carreras.

 

Y nuevamente mi mano acabó deslizándose justo donde no debía.

 

En medio del alboroto alguien propuso comprar botanas.

 

Yo me ofrecí a comprarlas.

Y casi de inmediato Ara volteó hacia mí y dijo:

 

—Yo te acompaño.

 

Intenté actuar normal, aunque por dentro estaba bastante nervioso.

 

Salimos de la casa y caminamos varios metros sin decir absolutamente nada.

 

La tensión era incómoda. Para romperla empecé a burlarme de lo mala que era jugando.

 

Ella soltó una risa y comenzó a seguirme el juego.

 

Poco a poco el ambiente se relajó.

 

Pero todo cambió cuando regresábamos.

 

Estábamos a unos metros de su casa cuando Aracely se detuvo de golpe.

 

Yo me detuve inmediatamente.

 

Entonces se giró hacia mí.

 

Sus ojos se clavaron en los míos.

 

Ya no estaba sonriendo.

 

Había algo distinto en esa mirada. Algo que volvió a ponerme nervioso al instante.

 

El ruido de la calle pareció desaparecer por completo.

 

Y fue ahí cuando sentí verdadero miedo de lo que pudiera pasar después…

19 Lecturas/20 mayo, 2026/0 Comentarios/por Azmodan
Etiquetas: amigo, amigos, esposo, hermana, hermanos, hijos, mayor, mujer
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