La Nena Cartonera 1
Esa nena sucia me miraba de reojo en el autobús mientras apoyaba su gordo culo contra la pared del mismo y sujetaba una bolsa llena de cartones..
Subió al autobús en medio de la noche, apenas debía alcanzar el metro cuarenta de estatura y los 12 años de edad. Me miró de reojo mientras arrastraba una enorme bolsa llena de cartones. Debía ser una nena cartonera o peleadora. Está sucia por el trabajo del día, su carita algo agraciada tenía manchas de mugre y su cabello estaba grasoso, pero aún así, su figura esbelta pero bien formada, con un culo perfectamente moldeado y redondeado y esas pequeñas tetas en formación movieron algo en mí mente y en mis pantalones.
—Hola nena, ¿A dónde llevas esos cartones?— le pregunté con una sonrisa poniéndome de pie y acercándome a ella mientras el autobús continuaba su marcha.
—Son para que mamá los venda. — Me respondió con una sonrisa leve que denotaba cansancio por el arduo trabajo que debió haber hecho ese día.
—Debes estar cansada de tanto buscar, ¿Comiste algo?
—No señor, no tenía dinero para comprar nada y hasta terminar de llenar la bolsa no debo volver a casa. — Me dijo con un tono melancólico en su voz.
Ahí mí verga pálpito, tenía una buena excusa para llevarla a dónde quisiera y divertirme un rato.
—Ven, —le dije tendiendo mí mano. —Te invito algo de comer, vamos.
Ella me miró un poco insegura, pero al ver mí insistencia asintió y tomó mí mano, ahí la sujeté gentilmente y pedí la parada en el autobús mientras cargaba la bolsa de cartones en mí hombro.
Bajamos en el lugar perfecto, un tramo algo vacío de campo y montaña, ahí apenas hay un par de casas, así que comenzamos nuestra caminata nocturna mientras la introducía en la oscuridad.
—¿Que hace una nena tan linda recogiendo cartones en la calle, acaso no sabes que es peligroso?— le dije sin mostrar mis deseos de tomarla ahí mismo y probar esa concha bañada de sudor de un día completo.
—Pues mamá dice que debo ayudarla, entonces eso hago. ¿A dónde vamos?— preguntó.
—Pues a un lugar que conozco, ahí sirven buenos postres.
Caminamos tomados de la mano hasta llegar a un baldío donde nadie podría ver y por nada de lo que sucedería entre nosotros. Ahí dejé caer la bolsa de cartones y tomé a la pequeña de la cintura.
—Mira, quiero ir contigo a cenar, pero antes debes darme las gracias de un modo especial.
—¿Que modo?— preguntó con cara de cansancio.
—Pues tienes que jugar conmigo— dije tomándola de la mejilla y acercando su rostro al mío y besé su mugrosa mejilla.
Ella no mostró resistencia, así que continúe mí jugada y comencé a besar su boca. Ella solo estaba quieta, pero lentamente levantó sus brazos para darme un abrazo mientras abría suavemente su boca para darle paso a mí lengua.
Sonreí y comencé a atacar su boca, la besaba salvajemente mientras dejaba caer mis manos hasta su delicioso culo cubierto por un sucio pant gris. Ahí introduje mis manos y sentí entre mis dedos el excitante tacto de la tela de sus bragitas de nena.
Fin de la parte 1.
Espero que hayas disfrutado este relato, pronto traeré la continuación.



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