Los jueves son días especiales (III)
La historia de un padre y su pequeña hija de 5 años..
Me dicen Mosca.
En este espacio contaré, para su ratoneo, todas mis historias. No esperen relatos apresurados.
La perversión es un arte y como tal, se merece un buen tratamiento. Si les gusta el primer, de muchos relatos, pueden contactarme a [email protected] y con gusto, les haré trabajos personalizados y a pedido. Sin más, deseo profundamente, que tengan un buen orgasmo.
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Continuación….
Sebastián no aguantó más y enterró su enorme pija, en la conchita virginal de su pequeña hija. Sentía como la hinchada cabeza se abría paso dentro de su hija, quien comenzó a llorar de dolor. Nicolás, ayudó a su amigo y le tapó la boca a Paulita. Nicolás miraba como su amigo Sebastián acababa de empalar a la nena.
Nicolás: Ya tiene la mitad adentro la muy putita, seguro estás por romperle la telita. No pares, que le encanta
Sebastián: No sabes lo apretada que esta mi bebé. Se siente hermoso desgarrarla. La vamos a hacer mierda. ¿escuchaste putita? hoy te vamos ha destruir. Falta un poquito, aguanta pendeja de mierda que ya te rompo la telita.
Sebastián comenzó a bombear con violencia, Paulita se resistía como podía, pero no tenía la fuerza necesaria. Además Nicolás presionaba hacia abajo sus hombros, haciendo que la pija de su padre entré más profundo, Paulita sentía que aquella cosa la iba a partir por la mitad.
Se escuchó un pequeño ruido y el grito ahogado de la nenita, le hizo dar cuenta a Sebastián que había desvirgado por completo a su hija. Eso, en vez de aminorar las embestidas, hizo enloquecer a Sebastián que comenzó a cogérsela sin piedad. Paulita ya no reaccionaba, cada tanto largaba algún gemido, pero su cuerpo estaba dormido por el dolor.
Sebastián no paraba, sentía como su pija, la pija que dio la vida a esa nena, ahora le estaba acomodando las tripas. Sentía con enorme placer la humedad de su bebé, lo calentito que tenía la conchita, ahora completamente destruida y ensangrentada. Nicolás, veía aquel show con enorme placer, mientras se masturbaba y consumía enormes líneas de coca.
Nicolás: Uffff como aguanta Paulita. Nació para eso Sebastián… la hubiésemos estrenado antes. Dale, llénala de leche que después me la cojo yo…
Sebastián: No la concha de mi hija es mía, yo le di la vida y su conchita es mía. Vos rompele el orto.
Nicolás: Mucho mejor… parece que se desmayó del dolor. Jajaja, tomá dale un poco de merca así se despierta.
Sebastián sin dejar de bombear la conchita, puso el dedo en la bolsa y se lo metió en la boca a Paulita, que del asco despertó
Sebastián: Despertate pendeja de mierda, que quiero ver tus ojos mientras te cojemos. Escuchaste?
Paulita: Si… si papi…
Sebastián la levantó y la sacó de su pija, se podía ver su verga enorme y llena de sangre, palpitaba de placer. Tiró a Paulita al sillón y, tirándose sobre ella, se la metió de prepo de nuevo. La nena no tenía fuerzas, ya no lloraba, solo recibía la pija de su padre mirando un punto fijo.
Sebastián sintió que iba a explotar, la aplastó aún más y metiendo la pija más adentro de la nena, acabó siete enormes chorros de leche. Le daba morbo pensar que tal vez había bañado el corazón de su bebé en wasca. Salió despacio del cuerpito destrozado y mirando como el semen se escurría por esa conchita lastimada, mezclándose con sangre, le hizo un gesto a Nicolás para que continúe él.
Sebastián: Aún falta mucho….
Continuará…

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