Mi amigo me inicia como pasivo
Hola amigos, es mi primer relato por aquí, espero tener un buen recibimiento, gracias por leerme .
Soy un chico de piel clara, mido 1.77 y tengo un cuerpo delgado y fino. Mis hombros son estrechos, mi cintura es marcada y mis caderas tienen una curva suave y natural que siempre ha llamado la atención. Mis piernas son largas y tonificadas, y mi trasero es redondo, firme y prominente en comparación con mi complexión delgada. Tengo el cabello liso y oscuro que me cae ligeramente sobre la frente, unos ojos grandes y expresivos, y unos labios carnosos que contrastan con mi apariencia casi delicada. Aunque parezco frágil a simple vista, mi cuerpo responde con mucha sensibilidad al tacto. Esa es mi figura: un chico de rasgos suaves, piel suave y un culo que, sin exagerar, se ha convertido en el centro de muchas de mis fantasías y experiencias.
Dicho esto, puedo comenzar a contarles esta parte de mi vida.
Todo comenzó cuando cursaba el tercer año de secundaria. En aquella época yo era aún más delgado, tenía el cabello más largo y era extremadamente introvertido. Acababa de mudarme a otra ciudad, por lo que era el chico nuevo en la escuela. Durante la primera semana apenas hablaba con nadie.
Un día, mientras la mayoría de los alumnos jugaban afuera, me quedé en el aula y vi a dos chicos sacando cartas de Pokémon. Me acerqué con curiosidad. Ellos notaron mi interés y se ofrecieron a explicarme el juego. Así conocí a mis dos nuevos amigos: uno alto y de piel clara, y otro más bajo, moreno y de complexión fuerte.
Pronto descubrimos que teníamos muchos gustos en común: anime, videojuegos y series. Por fin había encontrado amigos en mi nueva escuela.
Con el paso de los días, las bromas entre el alto y yo se volvieron más constantes. Al principio solo eran cosquillas y burlas inocentes, pero un día, sin previo aviso, me tocó las nalgas con descaro.
—Tienes un buen culo —me dijo sonriendo.
Me sonrojé intensamente y le respondí entre nervioso y avergonzado: —¿Qué te pasa? No seas marica.
Él solo se rio y yo terminé riendo también. Sin embargo, algo dentro de mí había cambiado.
A partir de entonces, el alto empezó a llamarme “trapito”. Me mostró imágenes de Astolfo y otros personajes femboy. Al principio me hacía gracia, pero con el tiempo ese apodo comenzó a provocarme una extraña excitación. Me sonrojaba cada vez que me lo decía, y él lo notaba.
Una noche me escribió por WhatsApp: “Hola, cariño”. Luego me envió varias imágenes explícitas de chicos vestidos de forma afeminada. Me confesó que le gustaría verme así. Aunque le dije que eso nunca pasaría, la semilla ya estaba plantada. Empecé a investigar por mi cuenta, vi porno de traps y descubrí lo mucho que me excitaba la idea de ser penetrado.
Creé un perfil falso en Facebook bajo el nombre de “Teirumi Trapito” y subí fotos editadas donde lucía más femenino. Recibí decenas de mensajes y eso me encantó. También comencé a experimentar solo, aunque la primera vez que intenté meterme un dedo me dolió mucho.
Las cosas en la escuela siguieron escalando. El alto me tocaba la cintura y las nalgas cada vez que podía. Nos sentábamos juntos, nos abrazábamos y los rumores de que éramos pareja no nos molestaban.
El día clave fue cuando nos reunimos en la casa del moreno para terminar un trabajo grande. El moreno se fue a bañar y nos dejó solos en la sala. Yo estaba acostado en el sofá cuando el alto se abalanzó sobre mí haciéndome cosquillas. En segundos terminó encima de mí, en posición de misionero, con su cuerpo presionando el mío.
—Amor, estás muy linda hoy… —susurró excitado—. No sabes todo lo que quiero hacerte.
Intenté resistirme por vergüenza, pero mi cuerpo no cooperaba. Sentí su pene duro rozando mi culo por encima de la ropa mientras movía las caderas. Me besó la mejilla, luego el cuello y finalmente llegó a mis labios. Le correspondí el beso con ganas. Su lengua entró en mi boca mientras me sujetaba las muñecas.
De repente me dio la vuelta, dejándome boca abajo. Empezó a darme nalgadas fuertes que me hacían gemir.
—Puta… zorra… este culo es mío —gruñía mientras me apretaba las nalgas con fuerza.
Sentía su erección presionando contra mí. Me bajó los pantalones hasta las rodillas y pasó su mano entre mis glúteos. Por primera vez sentí sus dedos tocando directamente mi ano. Estaba temblando de excitación y miedo al mismo tiempo.
—Dime que quieres que te folle, trapito —me exigió al oído mientras frotaba su verga dura contra mi entrada.
En ese momento escuchamos que el moreno salía de la ducha y tuvimos que separarnos rápidamente, pero ambos sabíamos que ya no había vuelta atrás.


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