Mi fuerte experiencia con el sádico
Por andar de caliente, terminé ignorando los consejos de mi amigo y me enfrenté a una situación más intensa de lo que pude soportar.
Ya les he platicado de un par de ocasiones, mi primera vez con mi amigo Efraín, y cuando llevé a un maduro a descubrir sus límites, pero mis encuentros no siempre han sido bonitos, a veces me han tocado situaciones más intensas de lo que he podido soportar.
Lo que voy a contar ocurrió unos meses después de conocer a mi amigo Efraín, habíamos tenido unos 4 o 5 encuentros muy agradables, y cada vez llegábamos más lejos, Pero aunque yo estaba de vacaciones de la universidad, él seguía teniendo clases distintas, pues no había terminado sus materias y se encontraba en clases de verano.
Le pregunté por teléfono si tenía algún conocido que pudiera tener una sesión de Bondage, pues él estaría ocupado varias semanas y yo pronto entraría al nuevo semestre y ya no tendríamos tanto tiempo para coincidir. Efraín tardó un rato en contestarme pero su respuesta me dejó algo intrigado.
– Tengo varios conocidos que podría presentarte, pero yo preferiría que fuéramos a nuestro ritmo.
– Eso lo entiendo, pero tú estás ocupado y ya casi regreso a clases en la uni, ¿No habrá alguien a quien pueda contactar yo?
– Bueno… Si conozco a alguien, pero no te lo recomiendo
– Ah caray ¿Y eso por qué?
– Este amigo es algo «Sado», sus encuentros son muy buenos, Pero quizás no te gusten, a lo mejor no es para tí.
En ese momento su último mensaje me caló de cierta forma, ¿Me estaba subestimado o estaba alardeando de sus contactos y experiencias? Fue por ese motivo que le respondí de una forma algo brusca.
– Tú me pediste una sesión la primera vez, me animé y ahora ya estoy aquí, no me puedes meter este vicio y luego dejarme con las ganas cabrón.
– Cálmate Diego, solo te estoy avisando que a lo mejor no te va a gustar
– No voy a saberlo si no lo intento ¿No crees?
– Aún así, creo que es mejor que te esperes
– Te pregunto porque sabes más del tema, Pero si no tienes tiempo entonces voy a buscar un encuentro por mi cuenta.
En el momento no me dí cuenta pero estaba siendo un imbécil con Efraín, tardó un momento en contestarme y me pasó el contacto además de una última advertencia.
– Está bien, aquí tienes su número, xxx-xxx-xxxx, se llama Victor, pero ve con cuidado, dile que vas a de mi parte y que todavía eres principiante.
– Sale Efra, muchas gracias
Acto seguido, le mandé mensajes a este tal Víctor, no tardó mucho para que me respondiera y empezáramos a chatear. En resumen, me preguntó qué quería hacer, que había hecho antes con Efrain y me preguntó por mis límites y experiencias.
Yo fuí claro en lo que quería Pero he de admitir que no fuí del todo honesto, pues cuando me preguntó «Todavía eres principiante» le respondí que ya tenía ciertos encuentros, y que quería probar cosas nuevas. Básicamente, eché por la borda el consejo de Efrain, y bueno… Pensé que todo saldría bien.
Acordamos vernos al siguiente día en la mañana, me pasó la dirección de su casa y acordamos brevemente qué queríamos hacer, me dijo a qué hora llegar, cuál sería la palabra de seguridad (Pera) y cuánto tiempo tendríamos disponible.
De esa forma llegó el día siguiente, tomé el auto y fui a su domicilio, era un fraccionamiento residencial muy bonito, tenía caseta de vigilancia e incluso tuve que registrarme para poder acceder, era claro que era alguien de dinero. En cuanto llegué me llamó por teléfono, y me dió instrucciones.
– «Ya te vi, no te estaciones frente a mi casa, quédate en terreno de enfrente (vacío) y entra a casa sin tocar. Cuando entres, verás una canasta, te vas a quitar tu ropa y la vas a echar ahí, solo te quedas en trusa, te hincas frente a la puerta de entrada, no quiero que veas al frente, todo el tiempo vista al piso. Por último, me mandas un mensaje cuando estés listo, apagas tu teléfono y lo dejas en la misma canasta»
Vaya forma de empezar, y la verdad es que estaba bastante caliente, esa situación era completamente nueva y yo tenía expectativas de los encuentros con Efrain, así que estaba bastante emocionado por lo que hice lo que me pidió al pie de la letra. Bajé del auto, entré a su casa, ví la canasta que me dijo y seguí sus indicaciones, me quedé con la ropa interior, le mandé el mensaje, apagué mi teléfono y solo me quedé ahí de rodillas, esperando viendo al suelo.
No pasó mucho tiempo hasta que llegó Victor conmigo, lo escuché llegar pero no lo pude ver, pues ni siquiera había hablado y ya me estaba vendado los ojos con una especie de venda negra elástica. De igual forma, escuché el ruido de una cinta y empezó a amordazarme, no pasó mucho hasta que ya no pude ver o hablar, y posteriormente usó la misma cinta para amarrar mis manos de una manera algo descuidada.
– Te dije que que quitaras la ropa, puta.
Sentí una ligera bofetada, y sentí como me estaba quitando los calcetines, se me había olvidado que todavía los llevaba puestos.
– ¿No te dije que vinieras en tanga, estúpido?
Recuerdo brevemente que eso hablamos entre audios, pero no tenía ese tipo de ropa, y ya estaba amordazado, así que no le podía responder. Acto seguido, me agarró del boxer y lo jaló fuertemente hacia arriba, rasgándolo e incluso levantándome, y eso que no soy precisamente liviano, pesaría unos 90 kilos en ese entonces.
Eso me dolió, desde niño no me hacían «calzón chino» como broma, Pero esta vez, se sentía algo diferente, en cierta forma humillante.
– Camina – dijo mientras me llevaba a ciegas a través de su casa.
Pasamos por una especie de sala o recepción hasta una escalera, me fue guiando dónde pisar porque no podía ver nada, escuché que cerró un par de puertas y me pasó a una recámara, en dónde me dejó a un lado de una cama.
– Estás gordito, me gusta, Pero no me gusta que hayas traído ese estúpido boxer, te lo voy a quitar.
En ese momento, sentí como rasgó y rompió mi boxer con las manos, cuado simplemente me lo podía quitar, decidió arrancarlo de mis nalgas.
– Tengo un par de reglas más, uno, no vayas a hacer ruido, no grites, no llores, no me respondas, te quiero calladito y obediente – me dijo mientras me quitaba la mordaza de la boca – y dos, me vas a responder siempre que te hablé y vas a decir «señor» al final, ¿Entendiste?
– Si
No pasó ni un segundo cuando sentí una cachetada fuertísima, y posteriormente me jaló del cabello.
– ¿Si qué?
No podía hablar por el dolor, estaba sorprendido por el golpe, fue entonces cuando sacudió mi cabeza jalándome del pelo.
– ¿Cómo se dice?
– S-si, señor – pude decir apenas, tratando de reaccionar.
– Muy bien.
Las cosas mejoraron un poco, era hábil con las manos y frotaba mis nalgas, hombros y cabeza, me empezó a chupar los pezones y mi excitación crecía poco a poco. Creía que lo malo ya habría pasado, pero fue al contrario, porque sentí una fuerte mordida en el pezón, hecho que se inmediato me hizo quejarme.
– ¡Ah! ¡Duele!
Sin embargo, mi reclamo fue ahogado con una fuerte cachetada y de nuevo, bajó a mi otro pezón para repetir la dosis. Fue un dolor muy incómodo, era un dolor punzante y repentino que provocaba que me quitara de inmediato.
– ¡Quédate quieto pendejo!
De forma sorpresiva, recibí una de las nalgadas más fuertes de mi vida, golpe que de inmediato me hizo doblarme de dolor y gritar apretando los dientes, hecho que fue ahogado una vez más por Victor, quien metió a mi boca una especie de tela áspera y maloliente (probablemente un calcetín), la cual cubrió con cinta otra vez.
– Te dije que te quedaras callada puta.
Enseguida me empujó a la cama, amarró mis pies con la misma cinta, y a partir de ese momento ya no podía hablar o moverme. Escuché como chupó sus dedos y poco después los metía dentro de mi culo, sin siquiera darme tiempo a acostumbrarme, me dolió bastante.
Me volteó boca arriba en la cama y me agarró de los testiculos, hecho que de inmediato hizo que gimiera de dolor, a la vez que mordía mis pezones y provocaba que me moviera queriendo soltarme y quitarme.
Después de lamer mis pezones, sentí como un par de aparatos me apretaba por succión en los pezones y me provocaban un dolor leve y constante, como una ventosa de plástico.
Las ventosas se quedaron puestas en mis pezones y jalándome de los testículos, me dió la vuelta boca abajo, me olía el cuello, pasaba su lengua por mis orejas y cuello, la verdad, no me estaba gustando nada esa experiencia, estaba siendo muy incómoda y dolorosa, pero estaba tratando de aguantar.
Esa resistencia que estaba haciendo parecía agradarle a Víctor, quien tocaba mis pies y mis nalgas como si fueran un trofeo recién adquirido. Sin embargo, mi resistencia estaba punto de quebrarse cuando me levantó del cabello, me apretó los testiculos con bastante fuerza y me quitó las bombas de succión de los pezones y de inmediato empezó a morderlos como si fueran un chicle duro. Eso fue demasiado, era tanto dolor que aunque estuviera amordazado, lancé un grito ahogado que se escuchó por toda la habitación, mismo que nuevamente fue silenciado con otra fuerte cachetada.
– ¡Te dije que te calles puta! ¡Obedece!
En ese momento, sentí que algo pasó dentro mío, el poco placer que sentía se fue por completo y me dejó en pura desesperación, el dolor me había dejado aturdido y solo sentí como me echó de nuevo boca abajo en la cama, me dió fuertes nalgadas que ardían como una lija caliente y empecé a sentir un objeto de goma o plástico en mi trasero, seguido de un líquido resbaloso, frío y con olor a fresa, probablemente lubricante.
– Vamos a empezar con las bolas chinas, y luego ya pasamos con el dildo más pequeño.
Yo no alcanzaba a procesar todo lo que ocurría, era rápido y frenético, quizás era por el dolor Pero no podía pensar, no podía hacer nada, estaba indefenso y vulnerable. Me sentía horrible y no podía hacer nada al respecto.
Poco a poco fuí sintiendo como me entraban las bolas chinas en mi culo de una en una, Pero yo estaría muy apretado o muy tenso porque cada una que entraba era un tormento, un dolor increíble que me incomodaba y me hacía gemir bajo la mordaza, a pesar de las órdenes de Victor para no gritar.
Entrar de una en una, logré sentir hasta seis o siete dolores agudos, fue entonces hasta que sentí como esas bolas salían de mi ano hasta que nuevamente sentí algo por detrás.
– No vayas a gritar
Repentinamente, sentí un dolor horrible en mi culo, un dildo había sido presionado contra mi trasero y había entrado bastante dentro mío, el dolor fue inconmensurable, a pesar de estar amordazado, el gemido se escuchó por todos lados, empezé a sacudirme violentamente, quería soltarme con todas mis fuerzas, mis pies no podían separarse, mis manos estaban adormecidas y no reaccionaban, mis pezones y nalgas ardían y quemaban por el dolor de la piel y mi culo se había estirado de una forma impresionante, no podían ver nada, y por ese mismo motivo sentí todo mucho más o intenso, y usando cada una de mis fuerzas, abrí la boca todo lo que pude, logré soltar un poco de la cinta de mi boca y solo pude lanzar una única palabra apenas entendible.
– ¡¡¡ PERA !!!
En ese momento, todo paró, Victor ya no me estaba tocando pero seguía sintiendo el dildo dentro mío, el silencio era interrumpido por mi llanto, el cual salió y no lo pude detener, estaba llorando por la impotencia y la frustración, y aunque no quería llorar, no podía evitarlo, tanto dolor y esa frustración hizo que llorara ahogadamente bajo la mordaza. Pasó un momento hasta que salió el dildo de mi culo y nuevamente escuché la voz de Víctor.
– ¿Qué te pasa? ¿Puedes respirar?
Me quitó la mordaza nuevamente,.Pero lo único que podía gemir y decir era la misma palabra, ahora más leve y más clara.
– Pera, pera, pera – dije entre sollozos
– ¿Qué pasó? ¿No me habías dicho que ya te habían metido un dildo?
Cómo pude me recompuse y entre sollozos le respondí.
– N-no, yo quería probarlo, Pero no me habían metido uno antes.
– Maldito puto de mierda – contestó de nuevo.
Se levantó de la cama y empezó a dar pasos en la habitación mientras me hacía preguntas con cierta preocupación.
– ¿Me dijiste que Efrain te mandaba verdad?
– No me mandó el, Me compartió su número porque yo se lo pedí.
– ¿No decías que querías probar cosas nuevas?
– si, Pero estoy no, duele… Duele mucho, estoy no, por favor… Ya no….
Nuevamente lloré y Victor se quedó en silencio, no supe qué hizo en ese rato mientras dejé de llorar, pero unos minutos después, me volvió a jalar del pelo, Pero de una forma mucho menos agresiva.
– Abre la boca
Me volvió a meter otro trapo duro y maloliente a la boca y volvió a ponerme cinta para amordazarme.
– Me voy a meter a bañar, tú te quedas aquí, cálmate y cállate, vuelvo en un momento.
Dicho y hecho, se fue a la habitación de la lado, escuché cómo caía agua de una regadera mientras mi ano dejaba de palpitar y mientras mis manos se sentían cada vez más dormidas.
Pasaron unos minutos hasta que Victor salió de bañarse, escuché como se cambiaba de ropa, se ponía desodorante y me habló de nuevo mientras me volvía a poner más cinta para amarrar mis manos junto a mis pies.
– Ya me arruinaste el momento y me quedé con las ganas, imbecil de mierda, Pero tengo una idea para arreglar tu estupidez… voy a tener que salir un rato. Te vas a quedar castigado, nada de hacer ruido ni llorar. Y más te vale que te encuentre amarrado tal y como te dejo, si te quitas la venda, la mordaza o te encuentro en otra posición, te vas a arrepentir. ¿Me escuchaste puto de mierda?
Yo no pude decir ni hacer nada, simplemente lo escuché, pero nuevamente me volvió a abofetear, esta vez preguntando nuevamente para obligarme a responder.
– ¡Te estoy hablando marica! ¡¿Si me entendiste?!
Yo respondí moviendo la cabeza de arriba a abajo, y de esa forma, me puso una tela en la cabeza, me dejó acostado en la cama boca abajo, bajó las escaleras, y salió de su casa cerrando con llave.
En ese momento, estaba en contra de mi voluntad ahí amarrado, prácticamente secuestrado, mi erección inicial había desaparecido y ese ultimátum me había dejado de piedra, lo único que pude hacer fue esperar, poco a poco fuí recobrando mis pensamientos, el dolor fue desaparecido pero el cansancio en mis pies y manos fue aumentando. No podía ver, hablar o moverme, estaba completamente sometido.
Paso un buen rato, quizás un par de horas, hasta que nuevamente escuché la puerta de la casa, esta vez escuché un par de pasos, extras y eso me dió mucho temor, no sabía si era Víctor o alguien más de su casa, Pero fiel a sus instrucciones me mantuve en silencio, no dije nada, traté de mantener baja mi respiración para escuchar mejor, hasta que nuevamente se abrió la puerta de la habitación y escuché unos sonidos metálicos.
– Aquí está
Después de eso, escuché más pasos y ese sonido metálico como de cadenas, y fue entonces que alguien me fue quitando la venda de los ojos. Tenía mucho miedo, no sabía si se había enojado Victor o si había traído algo o a alguien para lastimarme, pero escuché una voz familiar que me hizo sentir mucho mejor al instante.
– Te dije que lo trataras bien.
– El estúpido ni aguantó nada, empezó a llorar como maricón y se me quitaron las ganas.
En ese momento me quitaron la venda de los ojos solo para darme cuenta de la extraña situación en ese lugar.
Por fin pude ver a Víctor en persona, era de unos 37 a 40 años, tenia el pelo negro, chino, piel morena, ojos cafés, labios delgados y complexión delgada y atlética, se notaba que iba al gimnasio. Tenía ropa deportiva, una playera azul, un pants gris y usaba lentes.
Lo más sorprendente es que no venía solo, Efraín también lo acompañaba aunque parecía estar en una situación parecida a la mía. Estaba desnudo igual que yo, esposado de manos atrás de la espalda, tenía una correa al cuello y estaba encadenado de los pies, de ahí venía ese sonido metálico.
– Pero quítale también la mordaza, quiero saber como está.
Victor hizo lo que Efrain le pidió y finalmente pude ver y hablar con normalidad, aunque ya estaba cansado de estar tanto tiempo amarrado.
– ¿Cómo estás Diego? ¿Estás bien?
– Si… Creo que sí, pero me duelen mucho las manos.
– ¿Desde qué hora lo tienes atado? – preguntó Efrain
– Poco después de las once de la mañana – Respondió Victor – pero ni aguanta nada, por eso te llamé.
Resulta que Victor se había frustrado porque yo le había dicho la palabra de seguridad, y aunque me iba a ignorar y me iba a coger de todos modos, se detuvo porque me vio llorar. Parece ser que se retractó al último momento. Mientras se bañaba, pensó en qué hacer y tuvo la idea de ir por Efrain para que tomara mi lugar en la sesión. Tardó cierto tiempo porque le llamó, le dijo la situación y lo esperó afuera de su escuela para llevarlo en mi lugar.
– Bueno, ya estoy aquí, ya suéltalo, mira, tiene las manos moradas.
– Ah no, todavía no – dijo Victor de una forma muy prepotente mientras se quitaba los lentes y me agarraba del cabello – primero me va a tener que pedir perdón de rodillas, me va a besar y chupar los pies, me va a mamar la verga, y va a hacer lo mismo contigo.
– ¿Está bien Diego? – preguntó Efrain.
– Si por favor – dije de nuevo – ya quiero irme a mi casa.
– Ah y una cosa más – añadió Victor mientras hablaba con Efraín – a cambio de tomar su lugar, vas a tener que mamarle la verga y sacarle la leche.
– No espera – dijo Efraín – sabes que eso no me gusta.
– O haces eso o ambos se quedan aquí amarrados hasta mañana.
Efraín volteó conmigo y me miró de forma entre burlona y de desaprobación. No podía decir en voz alta lo que pensaba pero claramente entendí lo que quiso decir «te lo dije».
– Está bien, pero suéltalo de las manos, ya las trae moradas y le va a quedar marca.
– Claro que no perrito – le dijo Victor a Efrain mientras se quitaba la ropa – tiene que aprender a no ser un hijo de puta calienta-huevos.
– Está bien pues – dijo Efrain mientras bajaba la cabeza y empezaba a chupar mi pene todo flácido y dormido.
El dolor de mis hombros y tobillos era punzante, me dolía todo y ya se me habían adormecido los dedos por completo, y poco a poco Efrain fue logrando que mi pene se pusiera erecto, mientras que Victor se acomodó y empezó a coger a Efrain que estaba haciendo lo posible por hacerme eyacular usando solo su boca.
– Échale ganas perrito – dijo Victor mientras metía su verga en el culo de mi amigo – tienes que salvar a tu amigo marica.
Yo estaba entre frustrado y apenado, Efraín me había dicho que no le gustaba mamar verga, pero con tal de sacarme de esa situación, él estaba haciendo lo posible por tomar mi lugar. Pasaron unos quince minutos hasta que llegué al clímax y finalmente eyaculé en la boca de Efrain.
– Muy bien hecho perrito – dijo Victor mientras grababa con su teléfono – déjame ver qué haya sacado leche.
Mi amigo abrió la boca y le mostró a nuestro captor que tenía mi semen en su boca.
– Que rico perrito, que obediente perrito tengo, este sí es un buen esclavo – dijo mientras le daba una fuerte nalgada a Efraín – ahora trágala.
– No, quiero escupir – replicó mi amigo.
– Si haces eso, los dos se quedan hasta mañana. Ya te lo dije perrito.
Una vez más Efraín me vio a lo ojos y con notable cara de asco se tomó mi semen.
– Uf, que rico, muy bien perrito, que obediente eres – le dijo Victor una vez más o mi amigo mientras lo amordazaba con cinta plateada.
– Por último – me dijo a mí – ponte de rodillas y pídeme perdón.
Hice lo que me pidió, y mientras tenía la cabeza en el suelo, me puso un pie en el suelo para que lo besara y lamiera mientras me pisaba con su otro pie, todo esto mientras Efraín estaba en un lado nuestro, observando todo. Después de un rato, me jaló el pelo de nuevo y me hizo abrir la boca para mamar su verga, era blanca, delgada un poco larga y tenía la cabeza ligeramente rosada. Me hizo chupar unos minutos más, hasta que en cierto punto sacó su verga, y me echó su semen en la cara, para terminar de esparcirlo y quedarme con ese olor impregnado.
– Por último, dale las gracias al perrito, que gracias a él tú vas a irte en cuanto te tomes su leche.
Repetí lo mismo con mi amigo, quien estaba amordazado y no me pudo hablar, pero me observaba con detenimiento cómo chupaba sus pies encadenados, su pene y cómo quedaba completamente exhausto. Afortunadamente, Efraín no eyaculó, pero hizo sonidos como si lo hubiera hecho y nuestro captor no lo verificó, pues estaba ocupado vendado los ojos de mi amigo.
– Muy bien – dijo mientras sacaba unas tijeras y cortaba la cinta que mantenía mis pies y manos atados – vuelvo en un momento, ¿Quieres hablar con el perrito?
Ni siquiera me dejó responder cuando le quitó de un jalón la mordaza a Efrain, y salió un momento del cuarto.
– ¿Estás bien? – me preguntó Efrain, aunque creo que el que debía haberlo preguntado era yo.
– Si, muchas gracias, y perdóname… No imaginé que esto podría pasar.
– Te dije que era sado, le gusta dominar y es muy brusco.
– ¿Vas a quedarte aquí?
– Claro que sí, no es broma, en verdad voy a quedarme en tu lugar, pero no hasta la tarde, hasta el Domingo.
En ese momento me asusté bastante, pues la sesión con Víctor la habíamos acordado un viernes en la mañana,
– Oye pero eso es mucho – intenté decirle.
– Cállate, ahí viene – dijo cuando escuchó una puerta cerrarse – vete a tu casa.
En ese momento, Victor llegó con un boxer nuevo todavía en su bolsa y me lo dió.
– Ten, para reponer el tuyo, ya vete, tu ropa está abajo.
En ese momento no pude decir nada, quería abrazar a Efrain al menos por haber ido a ayudarme, pero me dolía todo el cuerpo y apenas podía moverme. No sabía si pedir perdón o darle las gracias a mi amigo, y no me atrevía a decir nada enfrente de Víctor, no parecía peligroso Pero definitivamente daba miedo, al menos a mí.
Victor regreso con Efrain y mientras le tapaba la boca, yo salí de la habitación. Miré a mi alrededor, era una casa común y corriente, incluso había una habitación de un niño, probablemente el hijo de Victor, hecho que me inquietó bastante, ¿Cómo alguien podía hacer esas cosas en un lugar donde vivía su familia?
Bajé las escaleras y llegué a la entrada, saqué ese boxer de su empaque, me lo puse, me puse el resto de mi ropa, volví a encender mi teléfono y mientras salía de esa casa, ví en la entrada la ropa de mi amigo y su mochila, ví el reloj en mi teléfono, ya eran las 2 de la tarde, apenas habían pasado unas 3 horas.
En ese momento no podía pensar en nada más, los pezones me dolían horrible, el simple roce de la ropa me quemaba y apenas estaba recuperando la sensación de mis manos.
En cuanto pude manejar salí de ahí y manejé unos minutos hasta llegar a mi casa. Pasé directo a ducharme, me habían quedado marcas en las manos y una sensación de impotencia horrible, así que rápidamente me cambié y me quedé toda la tarde en mi habitación.
Hasta la tarde recibí un mensaje de Efrain en mi teléfono, por lo que rápidamente chateamos un poco.
– Hola, ya llegué a mi casa, todo está bien.
– ¡Qué bueno Efraín! ¿Qué te pasó? ¿Estás bien?
– Todo bien, una sesión normal,
– ¿Eso se te hace normal?
– Nuestras sesiones han sido muy relajadas, algo así es lo normal.
– ¿No me habías dicho que te ibas a quedar hasta el domingo con él? Eso me dijiste.
– Cálmate, deja te explico. Victor me llamó preocupado porque reaccionaste mal y se asustó, le dije que me esperara a que saliera de clases y que iría a ayudarle, pero para seguirle el juego hicimos un plan para hacer que «yo tomara tu lugar»
– Entonces, ¿Era mentira?
– Algo así. Su esposa llega a las seis, así que solo me quedé un rato más. Te dije que era algo intenso.
En ese momento me sentí bastante enojado, estaba agradecido con Efrain pero sus mensajes me hacían enfadar. Después de chatear un poco más, nos despedimos para irnos a hacer nuestros asuntos, y pensé que había terminado todo eso, pero un par de horas después, ya en la noche, recibí un mensaje de Víctor que decía algo más o menos así;
– Buena noche, ¿Estás bien? Quiero pedirte una disculpa, creo que me pasé un poco, pero no me habías dicho que no te habían cogido y yo creía que podía hacerte lo mismo que al perrito»
– Que tal, está bien, no pasa nada, yo también me dejé llevar.
– A la próxima hacemos algo más leve, te voy a compartir las fotos que tomé.
Sin embargo, era mucho para mí, así que tomé la decisión de eliminar el chat y bloquearlo, no tenía ganas de hablar con él, menos de ver las fotos de un momento en el que tuve verdadero miedo.
Gracias a esa experiencia he aprendido a medir mis impulsos y a limitarme, para no ir a hacer otra estupidez como esa, y a partir de ahí entendí que Efraín es una gran persona de confianza, algo malévolo y un depravado de mierda, pero un buen amigo a quien todavía estimo mucho.

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