MI HERMANITA ES SÓLO UN AGUJERO
Nadie me iba a quitar el protagonismo familiar.
MI HERMANITO ES SÓLO UN AGUJERO
«No tenía otro lugar donde poner mi leche»
Me dicen Mosca.
En este espacio contaré, para su ratoneo, todas mis historias. No esperen relatos apresurados.
La perversión es un arte y como tal, se merece un buen tratamiento. Si les gustan mis relatos, pueden contactarme al telegram: moscamark o al email [email protected] y con gusto, les haré trabajos personalizados y a pedido. Sin más, deseo profundamente, que tengan un buen orgasmo.
Los fines de semana mi mamá trabajaba como empleada doméstica en una quinta, y como no teníamos mucha plata, esos días me hacía cargo de Tahiel, mi hermanito menor. Todo comenzó cuando él tenía 5 años y yo 19.
Como siempre fui un hijo responsable, mi mamá no dudaba en dejarme a cargo de la casa. Ser hijo responsable no significa que no sea un hijo de puta, simplemente sé que cuando se hacen las cosas bien, la gente confía y para un hijo de puta sádico como yo, no hay mejor que la confianza.
Si hay algo que me gusta es tomar falopa y morbosear, mirar porno del más hard core y sacarme leche durante toda la noche. Como no soy un cachivache, nadie nunca se dio cuenta de mis vicios. Como tampoco se dieron cuenta de que cuando Tahiel era apenas un bebé, mientras le cambiaba los pañales yo disfrutaba de meterle lápices en el culito. Estaba un buen rato abriendo ese anito rosa, viendo como el dolor le hacía llenar los ojos de lágrimas y parando justo antes de que se largue a llorar. Yo siempre soñé con meter mi pija en esa colita inocente, pero sabía que no podía hacerlo así nomás, así que esperé el fin de semana correcto y arremetí.
Tahiel es un nene hermoso, de piel blanca casi transparente, ojos verdes (ambos lo tenemos) y una sonrisa perfecta, digna de comerciales. Su pancita es suave, su pelo rubio y lacio lo hacen parecer una nena, piernitas flacas que sostienen unos cachetitos redondos y perfectos, que esconden un ano rosa semi abierto que ruega por pija. Nació para que sea violado, eso es innegable.
Cuando se fue mamá y sus llaves cerraron la puerta de calle, yo me puse en marcha. Tahiel jugaba en su habitación con unos autitos que eran míos. Cuando entré a su pieza, me vio con sus ojitos verdes y sonriendo me preguntó «si jugaba con él». Yo sonreí y lo alcé a upa.
Yo: Si putito de mierda, voy a jugar con vos. Voy a jugar todo el fin de semana y más te vale que te portes bien.
Tahiel: Si! yo siempre me porto bien.
Yo: Más te vale.
Tahiel sintió como apretaba su cuerpo contra el mío e intentó zafarse, a lo que yo respondí tirándolo sobre su cama. Eso lo asustó y a mí me enardeció. Tahiel me miraba extrañado en su camita mientras yo me sacaba los pantalones y le mostraba mi pija. Tengo una buena pija, es ancha y venosa, con la cabeza bien rosada.
Yo: Que miras pendejito?
Tahiel: Porque te sacas la ropa?
Yo: Porque te voy a mostrar con lo que vamos a jugar – me agarré la pija y empecé a pajearme – Esto es tu nuevo juguete y en todo el fin de semana no vas a usar otro.
Tahiel: Mamá me dijo que esas son partes privadas
Yo: Mamá es una pelotuda y vos sos sólo un culito. Te vas a quedar acá y te vas a poner en bolas. Voy a mi pieza y vengo, cuando vuelvo quiero que estes desnudo sino te cago a trompadas.
Tahiel sin entender que pasaba me dijo que si con la cabeza, yo fui a mi pieza con la pija ya gomosa, abrí un cajón saqué una bolsa de merca. Volví casi corriendo a la habitación del putito y vaya mi sorpresa, me había hecho caso. Sobre el cubrecama de Pokémon estaba mi hermanito de 5 años, completamente desnudo y asustado. Peiné dos rayas de coca, las tomé y comencé a pajearme delante de él. Al toque se me puso dura, hinchada. Tahiel no sacaba la vista de mi pija. Estaba asombrado y claramente con miedo. Ya sin poder aguantarme me acerqué a él, y apoyándole la cabeza de la chota en la boquita, le agarré la cabeza y le dije:
Yo: Va a ser un fin de semana largo y vos vas a ser mi puta.
Continuará.

Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!