Mi hijo, mi único alivio parte 3
Yo estaba en el paraíso penetrando aquel apretado culito sin reparar en los llantos de mi hijo. Seguí penetrando mientras mi mano que aprisionaba a Dani se llenaba de sus lágrimas y saliva, pero solo unos minutos más bastaron para que esos gritos se transformarán en gemidos de mi pequeño. .
Parte 3 de Mi hijo, mi único alivio. Puedes encontrar la parte 2 aquí:
Abrí mis ojos. Dani estaba acostado dándome la espalda, estaba desnudo completamente y su culito redondo resaltaba sobre las mantas blancas. Redondo, blanquito y suavecito, todo aquello que me volvía loco. Necesito avanzar, pero Dani no aguantaba ni un dedo y eso era algo que debía trabajar.
Me levanté de la cama apurado. Dani tenía escuela y yo necesitaba buscar unos papeles que me había pedido mi jefe. No hubo tiempo de un mañanero como el que nos dábamos todos los días. Porque sí, aquella era nuestra rutina diaria. Dani ya se había vuelto descarado. Despertaba y sin decirle nada iba directo a mamar mi verga, cuando tomaba una siesta me levantaba él aferrado a mi miembro y siempre me la manoseaba cuando estábamos en el carro ya sea de ida o de vuelta de la escuela.
Yo vivía un sueño que hasta hace unas semanas jamás pensé tener. Cuando Dani no estaba, me la pasaba leyendo relatos y usando aquellos consejos con mi nene. Los únicos días que no hacíamos nada, era cuando mi esposa llegaba y pretendíamos ser los padre e hijo modelos que habíamos dejado de ser hace semanas.
– Cuando salgas de la escuela comeremos huevo, hijo. -Nos encontrábamos en el coche rumbo a su escuela, Dani iba rezongando por la falta de lechita de la mañana-. Iré a dejar unos papeles a mi jefe y no me dará tiempo de cocinar nada.
– ¿Ya volverás a trabajar, papi? -Dani iba de copiloto, llevaba su playera polo con su logotipo de la escuela y unos shorts azules oscuro, que apretaba su culito de manera deliciosa-.
– Nada, bebé. La carpintería ha tenido atrasos con la remodelación, pero mi jefe necesita unas notas de trabajos anteriores.
– ¿Y vamos a jugar a que me das lechita al rato? Hoy no jugamos, papito.
– Porque nos desvelamos jugando lo mismo anoche, bebé. Ninguno se levantó. -dije riendo y desacomodando su pelo-.
Seguí conduciendo y sonó mi teléfono que estaba pegado en un soporte de auto. Era un mensaje de mi jefe. Me estacioné inmediatamente en una zona de un terreno valdío y poco transitada.
Me confirmaba si llevaba las notas de cada cliente que me había pedido. Respondía muy pendiente al teléfono.
En eso sentí un peso en mi entrepierna y al fijarme era Dani, quien masajeaba mi verga en mi pantalón de mezclilla. Aquel toque, puso mi verga erecta de forma casi inmediata.
– Dani, aquí no. Nos pueden ver, bebé. -dije empujándolo a su asiento-.
– Pero está oscura las ventanas, papi.
– Sí, pero aún con polarizado se nota lo de adentro.
Seguía recibiendo mensajes insistentes de mi jefe, quité la mano de Dani y seguí contestando.
Dani haciendo caso omiso. Se inclinó más a mi entrepierna, me bajó el cierre y comenzó en búsqueda de mi miembro.
Aquello estaba mal. En cualquier momento alguien podría pasar y ver la situación. Sí, aquello era prácticamente un valdío, pero era riesgoso continuar y exponerme a que vean acto tan polémico.
Sin embargo, esos mensajes eran demasiado importantes para dejar a mi jefe esperando. Volteé hacia todo lados. Vacío. Eran las 8am, aquel lugar estaba completamente desierto.
Dejé que Dani tomara su premio negado esta mañana y continué con tan importante conversación.
Al fin pudo sacar mi verga del cierre y comenzó a reír cuando mi erección apuntaba completamente hacia arriba dura y ya con precum.
Dani tomó con su dedito las gotas que adornaban mi glande. Aquel tacto se sintió como una corriente por todo mi cuerpo. Río y se lo llevó a la boca. Agarró mi glande y comenzó a lamer únicamente la cabecita.
Comencé a suspirar y retorcerme del placer.
– Dani, rápido o nos verán. Dale, en lo que contesto.
Sin responderme, Dani siguió dando lengüeteazos a mi glande, mientras yo gemía y ponía expresión de excitación.
Tomó mi tronco y comenzó a masturbar mi verga durisíma. Se llevó mi verga a su boca, aunque únicamente llegó a la mitad de ella. Dani en unas semanas se había vuelto un mamador excepcional. Ya no usaba sus dientes y cada vez le entraba más verga en esa boquita.
– Ssss. Ay papi. ¿Quieres la lechita de papi?
– Uhjum. -Dani solo hacía sonidos, su boca estaba demasiado ocupada devorando la verga de su papi-.
Mientras veía los tres puntos suspensivos de mi jefe en nuestra conversación, tomé la cabecita de Dani y lo llevé hasta el fondo de mi verga. Gemí dejándome llevar por la sensación. Dani se atragantó y sacó mi verga de su boca para tomar aire. Tenía los ojos lagrimosos por el esfuerzo pero sonreía.
– Quiero lechita, papi. -dijo con una sonrisa completa-.
– Sí, amor. Síguele comiendo la verga a papi y te la doy.
Sonrió aún más y siguió mamando. Su boca se sentía humedamente tibia en mi verga. Su saliva corría por todo mi mástil. Llevé mi mano a su culito y comencé a acariciarlo sobre sus shorts. Cuando comenzó a sacarme suspiros por cada mamada, bajé su shortcito y su trusita, y llevé mi dedo a su anito. Comencé a acariciarlo suavemente y aunque de lo apretadito no podía insertarlo, Dani comenzó a estremecerse.
– Ay papi, hace cosquillas jajaja. -reclamaba Dani mientras mi dedo seguía acariciando su anito-.
Sentía mis huevos cargadisímos por no haberme deslechado en la mañana. Mi verga estaba hinchadisíma y sentía mi leche subir hasta mi glande.
Acabó la conversación con mi jefe y yo solo estaba disfrutando la mamada que mi nene me brindaba.
Cuando me percaté en los espejos que venía una persona, agaché a Dani y tomé el volante.
Rápidamente y con el corazón a mil, arranqué sacándole un susto a Dani.
Aquella escena no fue suficiente para bajarme la erección. ¿Qué era el susto de casi ser descubierto, a la escena de tu bebé de 7 años mamándote la verga en público?
Sentí como se hinchaba mi verga y mientras conducía varios chorros inundaron la boquita de Dani haciendo que me estremezca en mi asiento.
Volteó a verme con la boca llena y sonrió.
– Ahh, que rico papi. -Dani limpiaba cada resto de semen en mí-.
– Ya tomaste lechita, ya a la escuela. -Seguía conduciendo y mi verga perdía su dureza. Tomé un pañuelo de papel que mantengo en el carro y limpiélos restos que manchaban su rostro.
En un semáforo acomodé mi pito devuelta a mi pantalón y le dirigí una sonrisa a mi bello hijo.
Llegamos a su primaria. Dani bajó del coche y vi aquel culito menearse. Uff, me lo comería enfrente de todos si escuchara a mis pensamientos invasivos, aquel culito de niño era una maravilla. El culo de Dani estaba aprisionado en aquel short azul, que apenas le llegaba a la rodilla y debido al culo prominente de mi bebé, se le notaba demasiado. Al ver eso, me obligué a acomodar mi erección en mi pantalón, aquella escena amenazaba con formar un embarazoso bulto en mi entrepierna.
Lo dirigí a la entrada y le entregué su mochilita de Bluey.
– Cuando regreses, seguimos jugando, ¿vale? -le susurré en el oído-.
– ¡Sí! -brincó mi niño-.
Lo abracé y disimuladamente, posé mi mano en su culito y apreté una nalga.
Dani se levantó y se dirigió a su salón.
Regresé a casa e hice mis deberes de siempre. Seguía respondiendo mensajes de mi jefe, al parecer hubo un mal procedimiento en la remodelación de la carpintería, por lo tanto estaría más tiempo sin trabajo.
Suspiré hondo.
Tomé mis llaves y me dirigí a por Dani.
Estábamos en mi coche y él hablaba emocionado de su día hasta que llegamos a la casa.
– Cámbiate bebé, haré el huevito mientras.
– Sip. -tomó sus cosas y se fue a su cuarto-.
Prendí la estufa y comencé a hacer los huevos. Mi mente estaba en otro mundo, realmente me preocupaba estar sin trabajo más tiempo.
Veía fijamente y pensativo la sartén mientras revolvía el contenido.
Sentí peso en mi entrepierna.
Volteé y sin darme cuenta, Dani estaba de rodillas a un costado. Aún llevaba su uniforme, pero está vez descalzo.
– Jajaja. Ay bebé, espera a que termine de cocinar. -dije mirándolo mientras procuraba no mover peligrosamente la sartén-.
– Dame lechita, papi. Me gusta comémela.
– Ya vi, bebé. Pero deja a papi terminar la comida y jugamos después.
– ¿Qué piensas papi? Dice mi maestra, que siempre hay que hablar cuando sentimos algo y tú te ves molesto. ¿Estás molesto conmigo?
– No papi, jajaja. Simplemente ando pensando lo de mi trabajo, estaré al menos 2 meses más sin chamba.
– No te pongas triste, papi. Si como la lechita de tu pipí, ¿te sentirás mejor? -Dani me miró fijamente con mirada tierna mientras arrodillado seguía masajeando mi verga-.
Apagué la estufa y me volteé en dirección a mi bebé arrodillado. Se veía hermoso y no podía negarle nada de lo que me pidiera. Sí, soy un papá que consiente a su bebé y si el bebé quiere verga, pues no la negaría.
Sonreí morbosamente.
Bajé mi cierra y tiré de mis pantalones de mezclilla que acabaron en mis pantorrillas.
– Yo te lo quito, papi. -dijo Dani interrumpiendo como me quitaba el bóxer-.
Tomó mi bóxer blanco y tiró de él. Inmediatamente salió disparado mi pito completamente erecto y con pequeñas gotas de precum qué se empezaban a formar.
Tomé la base de mi verga y cacheteé el rostro de Dani con ella. Él solo sacaba su lengua y se reía del como jugaba con él.
Agarré su cabeza y lo restregué en mis huevotes cargados.
– ¿A qué huele, bebé? -dije torciendo la boca en señal de excitación-.
– A sudor, papi. Báñate jajaja
– Baña mis huevitos con tu boquita.
– Puaj. -dijo Dani riéndose pero llevando su lengua a mis dos testículos-.
Se metió un huevo a su boca y con su mano acariciaba el otro. Lo tomé con desesperación y lo restregué nuevamente en mis vellos recortados. Sentía su cálida respiración en mi cuerpo. Estaba vuelto loco, sentía todo el cuerpo caliente.
Dani llevó su lengua a mi uretra y lameó varias veces mi precum.
Abrió su boca y se llevó todo mi pito hasta pasada la mitad. Cerré los ojos suspirando y eché la cabeza para atrás. Sentía que perdía el equilibrio y me aferré a la estufa mientras bufaba. Era algo que solo Dani podía crear en mí, aquellas mamadas eran las mejores que recibía.
Salió de mi verga tratando de respirar y sonrió mientras la saliva corría por su barbilla y todo mi mástil.
– Uuuf bebé, ¿te gusta la verga de papi?
– Sí. Me gusta que me des lechita.
Aquellas frases que decía de su inocencia, eran las que más me prendían.
Tomé su cabeza y llevé mi verga a su boca insertándola con desesperación. Los sonidos de «chop» llenaron la cocina al ritmo de mis embestidas.
Se la saqué y toda su baba de mi niño chorreó por montones de mi verga, su boca y llegó hasta el piso. Él solo podía reír. Mi mente capturando cada imagen de la situación. ¿Quién hubiera dicho que antes sufría de no tener con quién descargar mi verga, cuando tenía a mi bebé de 7 en casita?
No me resistí. Lo levanté y lo volteé dándome la espalda. Lo cargué y en esa posición nos dividimos al sofá de la sala. Lo dejé en 4 y me agaché. Su culito se veía hermoso en su short escolar, le resaltaba el culo de lo apretadito que está. Llevé mis dos manos y comencé a masajear sus nalgas sobre el uniforme, mientras Dani me veía desde su hombro.
Le bajé el shortcito y vi la escena más hermosa. Un culito de niño redondito, lampiño y suave.
Acerqué mi rostro y suspiré. Olía a sudor de niño y eso me puso aun más duro. Acerqué mi lengua y di dos lenguatazos a sus glúteos. Abrí sus dos nalgas y me recibió un anito rojito y completamente apretado, era hermoso, más que cualquier vagina que haya visto. Comencé a devorar el ano de mi hijo mientras pateaba su entrada con mi lengua.
– Papi, ¿qué haces? Jajaja, me hace cosquillas.
– Es parte del juego amor, te va gustar.
Lamí un dedo y lo ensarté. Dani se estremeció y pidió que se lo saque.
– Va doler poquito, pero déjate bebé. Te va gustar.
– No papi, ya. Solo quiero lechita, este no me gusta.
Haciendo caso omiso, ensarté un segundo dedo haciendo que Dani comenzara a sollozar. Ensarté un tercero y Dani comenzó a retorcerse saliendo de la invasión de mis tres dedos.
– No papi, ya. -dijo sollozando-.
– Es que te tienes que acostumbrar bebé. Es un juego más divertido.
Dirigí mi glande justo en su hoyito y escupí manchando ambos. Embarré la saliva a toda mi verga e insarté.
Solo entró mi glande y Dani se estremeció. Uff, solo aquello era suficiente para hacerme venir, pero solo mi experiencia en el sexo me ayudó a aguantarme.
Tomé sus caderas y puntié con más fuerza, sacándole un gemido ahogado a Dani.
– Ay, papi. NO. SÁCALO. -suplicaba Dani con voz temblorosa-.
Cuando su interior ya se había acostumbrado a mi glande y poco más, volví a empujarlo más dentro. Se sentía espectacularmente suavecito, cálido y la presión de su hoyito me traía loco. Así logré ensartarlo por completo. Con amor, paciencia y práctica.
Saqué la mayor parte, dejando únicamente mi glande y volví a embestir. Dani gritó e intentó safarse. Así que lo tomé del rostro, tapándole la boca y seguí embistiendo mientras sus gritos eran sofocado por mi enorme mano.
Yo ya no escuchaba razones. Me había perdido en el anito de mi bebé, nuevamente no existía ni culpa ni redención a mis actos. Sentía como Dani intentaba safarse desesperadamente. Así que perdido en el momento, lo tomé fuertemente de las caderas y comencé a embestir con más fuerza mientras las súplicas de mi niño llenaban la sala.
Yo estaba en el paraíso penetrando aquel apretado culito sin reparar en los llantos de mi hijo. Seguí penetrando mientras mi mano que aprosionaba a Dani se llenaba de sus lágrimas y saliva, pero solo unos minutos más bastaron para que esos gritos se transformaran en gemidos de mi pequeño.
Retiré mi mano.
– ¿Te gusta?
Dani solo asintió mientras gemía fuertemente.
– ¿Te la saco?
– No papi. Se siente rico en mi colita. -dijo Dani entrecortadamente y conlos ojos rojos-.
Sonreí y lo nalgueé con tal fuerza que mi mano se quedó grabada en su culito.
Lo seguí embistiendo y aumenté mis movimientos de tal manera que Dani ya gritaba de excitación. Toda la sala se llenó de sus gemidos y el sonido de mi huevos golpeando sus culito blanquito.
– Papi, me voy a hacer pipí. Papi, de verdad.
Sonreí.
– Es porque te está gustando, bebé. O ¿no?
– Sí, papi.
Dani no pudo controlarse y soltó varios chorros de orina en el sofá.
Sentía mi leche subir a mi glande y rápidamente abandoné el interior de Dani. Al hacerlo se oyó el sonido de destape.
Volteé a Dani y lo senté en el sofá mientras masturbaba agresivamente mi pito.
– Ahí te va, amor. Tu lechita.
– Sí. -decía Dani en casi un susurró-.
Lo jalé del cabello y mis chorros brincaron llenando su rostro de mi lechita. Mi semen cayó en su boca, nariz e incluso sobre el ojo. Sonreí y recolecté cada gota para llevarla a la boca de Dani. Él la recibió como bebé a su biberón y dejó limpio mi dedo. Tomé su rostro y besé en la boca a mi pequeño.
Dani tomó mi verga aún erecta y como siempre, devoró cada gota restante.
– Ñam, ñam. -dijo Dani riendo-.
– ¿Te gustó? -dije tumbándome rendido en el sofá-.
– Sí papi. Al principio me dolió que me pusieras tu pipí en mi colita, hasta lloré. Pero luego se sentía rica.
– Ya ves, bebé. Confía en papi cuando te diga que te va a gustar.
Sonrió y se subió a mi regazo, esta vez él buscando el beso por iniciativa propia. Lo acepté y compartimos varios besos ahí abrazados.
Nos bañamos juntos, almorzamos y me dediqué a limpiar los restos de semen en el piso y la orina de Dani del sofá.
Dani y yo estábamos agotados y esa noche dormimos profundamente.
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